CODALARIO, la Revista de Música Clásica
Está viendo:

IRIA FOLGADO, oboísta:  «Tocando, ante todo tengo que ser yo misma»

  • Comparte en Facebook
  • Comparte en Twitter
  • txcomparte_whatsapp
Autor: Pablo Sánchez Quinteiro
1 de mayo de 2026

Pablo Sánchez Quinteiro entrevista a la oboísta Iria Folgado para la portada de Codalario durante el mes de mayo de 2026

Iria Folgado

IRIA FOLGADO: «Tocando, ante todo tengo que ser yo misma»

Una entrevista de Pablo Sánchez Quinteiro | Foto: Clara Evens
Galicia no es solo un lugar al que se vuelve: para muchos músicos es también un territorio al que se regresa con la música como forma de diálogo. Este es el caso de Iria Folgado, una de las intérpretes gallegas con mayor proyección internacional de su generación. Tras una sólida formación en Berlín —incluida su etapa como academista de la Orquesta Filarmónica de Berlín—, Iria ocupa actualmente la plaza de corno inglés en la Konzerthausorchester Berlin, desde donde ha desarrollado una intensa actividad artística en algunos de los principales escenarios europeos. Sin embargo, lejos de desvincularse de su tierra, Iria mantiene un vínculo constante con Galicia, al que ahora se suma un proyecto muy personal: Son de Breogán, un disco y una gira que la traen de nuevo a casa acompañada por cuatro músicos gallegos de primerísimo nivel internacional. Un regreso que no es solo geográfico, sino también emocional y artístico, y que invita a reflexionar sobre su identidad, memoria y madurez musical. Con motivo de esta gira, conversamos con Iria Folgado para hablar de su proyecto, de su trayectoria y de Galicia: de cómo se mira el origen cuando se ha construido una carrera lejos de él.

No es habitual verle aquí por tu tierra con frecuencia, pero cada vez que viene lo hace regalándono música. En este caso presentando en nuevas ciudades su proyecto estrella, “Son de Breogán”.

Efectivamente, el disco se grabó durante una residencia artística en el Festival “Música no Claustro” de Tui. La primera gira del CD, que tuvo lugar el siguiente verano, la quise empezar en mi pueblo, San Sadurniño, en Ferrolterra. Después fuimos al Barco de Valdeorras. Más adelante, en octubre lo presentamos en la Fundación Juan March. Abrimos el ciclo con el programa y dimos dos conciertos allí y también en Ciudad Real. El de esta gira va a ser el décimo concierto ya. 

¿Qué significa para usted tocar en Galicia, en su tierra, después de tantos años desarrollando su carrera fuera?

Me fui con 18 años a Alemania para estudiar, al Bachelor y el Master, con lo que ya son 10 años fuera. Crear este proyecto de Ecos, tan relacionado con Galicia y poder interpretarlo aquí, es un placer para nosotros sobre todo porque permite mostrar todo lo que hemos aprendido fuera, lo que hacemos cada día y que sin embargo no tenemos la oportunidad de traerlo a casa tan fácilmente. Creé este proyecto no sólo para poder traer la música que hacemos fuera a casa; también para tocar con músicos gallegos que se unen a él, porque también es muy especial para ellos, tocar para sus familias, para sus familias, vecinos y para la sociedad gallega en general.

¿Cambia algo cuando lo interpreta en Galicia? ¿Nota una recepción distinta, una escucha diferente, o incluso una implicación emocional especial por parte del público?

Sí, yo creo que sí, porque la figura de Breogán, a partir de la que nace el CD, es conocida por todo el mundo aquí, en Galicia. Es normal que la gente se identifique con la música y que esta le resulte evocadora pues, aunque son obras de compositores clásicos, éstas tienen un toque de folclore tradicional, tanto inglés como irlandés. Esto hace que la gente aquí sienta a través de la música clásica algo que les resulta familiar. Pero es una música tan bonita que yo creo que da igual el público, si es de Madrid o es de Galicia. Yo creo que a todo el mundo le acaba gustando y lo acaba disfrutando. Por ejemplo, cuando tocamos en la Juan March, tuvimos bastante éxito. La gente incluso entre los movimientos decía bravo y aplaudía. Se veía que se sentía muy partícipe en el concierto con nosotros, que se emocionaba, que había una conexión. Y eso también es muy bonito, ver que públicos que a lo mejor no tienen tanta relación con este tipo de música, también disfrutan de ella. Ya es no solo que, por ejemplo, aquí, que nos conocen -tanto a mí como a mis compañeros, a Raquel, a Sara- sea lógico que solo por vernos en el escenario sientan una emoción, pero si además les gusta el concierto pues doble emoción. Pero también es bonito ver que yendo a sitios donde no nos conocen tanto también disfrutan con nosotros.

¿En qué momento sintió la necesidad de articular un proyecto que dialogase de forma tan directa con la idea de origen, raíz y pertenencia? 

Fue una sorpresa en cierto modo. Todo empezó en el 2021, cuando participé por primera vez en el festival Música no claustro en Tui. Allí fui partícipe de una residencia artística donde me dieron una carta blanca que incluía un concierto de mi elección. Entonces pensé; tenemos en Tui a las hermanas Areal; pues me apetece hacer algo con cuerdas, un cuarteto, por ejemplo. Podemos hacer el Britten, podemos tocar el Mozart y, además, también en ese momento, Fernando Buide arregló para nosotros un Adagio para corno inglés a partir del movimiento lento de uno de los primeros cuartetos de cuerda que escribió. Lo escribió para nosotros y de hecho lo estrenamos en el festival.

Hubo muy buena conexión entre nosotros y los fundadores del festival, Beatriz Fontán y Samuel Diz, que también son los creadores de la editorial Poliédrica -discográfica que crea sus propios proyectos de investigación, siempre muy interesantes. Y a raíz de ello me propusieron: “¿Iria, te apetece grabar un CD?”. Y la verdad que me dije “Algo nuevo, para mí, ¡adelante!” (se ríe). Fue ahí como empezó todo. Desde 2021, aun pasaron dos años hasta que grabamos el disco el 2023. Fueron años de pensar que podíamos hacer. Como el proyecto había nacido en el festival con cuarteto de cuerda me dije; pues vamos a tirar por esa rama. Como Britten y Buide eran fijos, saqué a Mozart fuera de la “pota”, por así decirlo, porque quería hacer algo más diferente que encajara más con Britten y Buide. Después de mucho mirar y buscar compositores me decanté por la época de Britten, compositores del siglo XX. En esa época hubo una gran admiración en Inglaterra por el oboe porque había un gran oboísta en lo que en aquel tiempo era la London Symphony, aunque no se denominaba así. Se trataba de Leon Goosens, primer oboe de la orquesta. Había una gran admiración hacia él; era el oboísta del momento. Muchos alumnos de composición o jóvenes compositores le dedicaban obras. Así surgió en Inglaterra mucha música de cámara para cuarteto de cuerda y oboe y entre ellas obras de compositores como Arnold Bax, la compositora Elizabeth Maconchy y Ralph Vaughan Williams. Todos conectados entre sí: Maconchy fue alumna de Vaughan Williams y hubo de hecho un concurso de música de cámara en el que Maconchy compitió con Britten y le ganó. Finalmente me dije: “Tengo esta constelación de compositores ingleses, ¿Ahora como la uno con Buide?”. Pensé, Ralph Vaughan Williams es como el Bartok de Inglaterra que viajó por toda la campiña inglesa grabando música tradicional, folclore, para luego utilizar y plasmar esas ideas en su música. Después, tanto Maconchy como Bax tenían una enorme admiración por Irlanda. De hecho, Bach estuvo viviendo en Irlanda muchos años y Maconchy decía que era mitad inglesa, mitad irlandesa. Toda esa influencia estaba presente también en la música de ambos. Fue ahí donde de repente surgió la imagen de Breogán, y utilizar la leyenda de ese rey celta que construye una alta torre desde la que su hijo Ith mira hacia al mar y descubre unas islas que quiere descubrir. Es así como esa unión intercultural entre las islas británicas y Galicia se convierte en el hilo conductor del CD.

Su instrumento —el oboe y, muy especialmente, el corno inglés— tienen una voz muy particular: introspectiva, melancólica, profundamente expresiva. ¿Siente que ese color instrumental conecta de algún modo con el imaginario sonoro que asocia a Galicia?

Sí, sin duda. Tanto el oboe como el corno, que tiene un sonido muy dulce, conectan. Quizás el oboe puede estar más dirigido a una música más enérgica, porque a su lado el corno inglés es completamente melancolía pura y dura. Lo podemos ver en cualquier solo orquestal en que el corno va a tener uno de los mejores momentos de la sinfonía, casi siempre tristes o melancólicos. Aunque sean felices siempre el corno va a tener esa parte, no amarga, pero sí introspectiva.

«Es cierto que, con la situación actual, a nivel mundial y europeo, la financiación ha bajado; en Alemania también ha disminuido notablemente»

Contenido bloqueado por la configuración de cookies.

Como en la Novena de Dvorak o el Concierto en sol de Ravel.

Sí. En las obras de este disco se plasma muy bien la diferencia entre el oboe y el corno inglés. Por ejemplo, en Buide que es un Adagio de un carácter más oscuro y frío está escrito para el corno ya que es un estilo más melancólico, más tristón. Y las obras con oboe, aunque tienen momentos dulces ya son obras más enérgicas. Por ejemplo, el Bax, con la giga irlandesa, más juguetona, más enérgica. Pero también tiene su parte más dulce en otros momentos como por ejemplo en Elisabeth Maconhy que ya es una obra también bastante oscura, hasta tétrica por momentos, y ahí el oboe se puede transformar y dar ese carácter como más duro que probablemente en el corno ingles se quedaría corto de energía. Por suerte es un repertorio que se adapta muy bien a estos instrumentos y creo que ambos, oboe y corno, representan bien los distintos estilos que se quieren mostrar en el disco.

Se acompañas en esta gira de cuatro músicos gallegos con una sólida trayectoria internacional. ¿Cómo se gestó esta colaboración y qué buscaba, musical y humanamente, en el equipo que te rodea en este proyecto?

Al ser un proyecto que creé para mí, también quería egoístamente, en el buen sentido, pasármelo bien. Y si podía ser con amigos pues aún mejor y si aún por encima tengo la suerte de tener amigos que tocan espectacular, pues lógicamente tenía que ser con ellos. En aquel momento el disco lo grabé con Raquel y Sara Areal en los violines, Yago Dominguez al cello y con Héctor Cámara en la viola. Después, durante las giras, no todo el mundo puede estar presente porque, por ejemplo, ya sabemos que Raquel ahora mismo está muy ocupada; Sara por suerte siempre pudo encontrar hueco con la Sinfónica de Galicia; Yago tiene su propio trío en Basilea, pero por suerte pudo tocar con nosotros en octubre y noviembre aunque ahora no puede y Héctor sí que está muy liado, pero por suerte, para este último proyecto encontramos a Marta Rodríguez que justo es de Lugo y que ya conocíamos de la Orquesta Joven de la Sinfónica de Galicia, y finalmente Millán Abeledo que es miembro de la Real Filharmonía de Galicia. Son gente que toca muy bien pero también quise buscar un elenco con el que también nos divirtiéramos; que no solo fuera disfrutar con la música sino también pudiéramos entendernos bien. Iban a ser muchas horas de ensayo y, con la gira, también muchas horas de viaje. Creo que es muy importante tener una buena conexión, ya no solo profesional sino personal para poder disfrutar al cien por cien. 

Siento esto como algo tan personal que quería que lo que yo estoy ahora mismo experimentando también lo pudiera experimentar gente cercana a mí. Lo que es crear un disco, grabarlo, todo lo que he aprendido en este proceso seguramente mis compañeros también lo han aprendido. Y si en un futuro ellos también tienen las mismas oportunidades de un grabar un disco con todo lo que conlleva: músicos, programa. que sonoridades quieres, etc. son muchos conocimientos que a lo mejor en una primera vez no sabe uno como abordarlos. Al ser un proyecto tan familiar todos estuvimos desde un principio presentes en cada proceso: lo que es la grabación, la selección y el estudio de las partituras que queremos hacer, lo que no. Ha sido un trabajo muy profesional, pero al mismo tiempo muy familiar y casero con lo cual hemos vivido un aprendizaje muy intenso. Si aparte de lo que yo he aprendido, mis compañeros también pueden tener esa experiencia, pues bienvenido sea.

Cada regreso es también una forma de medir el paso del tiempo. Cuando vuelve a Galicia, ¿qué sensaciones trae consigo? ¿Percibe cambios en el entorno musical y cultural, o siente que, en el fondo, todo permanece más o menos igual?

En el mundo artístico en general no sabría decirte. Donde sí he visto un cambio, por ejemplo, ha sido en la Sinfónica de Galicia. Yo crecí aquí, con todos los proyectos pedagógicos de la OSG y gracias a ellos yo supe que quería tocar en una orquesta. Me dieron todas las oportunidades del mundo para crecer. Por eso, a mí me gustaría que eso siguiera siendo así para todas las generaciones que vienen. Es triste ver como cada vez hay menos financiación para los proyectos didácticos y que estos no se puedan apoyar como se hacían en mi tiempo y que ayudaron a crear una generación enorme de músicos como Raquel, como Sara, como yo, Yago. Toda la gente que está tocando hoy conmigo en este disco o este concierto hemos pasado por ahí. Eso significa mucho. Me gustaría seguir viendo que funciona, que hay esos tres encuentros por año, que los niños y los jóvenes músicos siguen interesados por hacer pruebas.

Un proceso que en su caso te permitió llegar a actuar de solista con la Joven de la Sinfónica de Galicia [OJSG] y posteriormente colaborar asiduamente con la OSG junto a tan grandes oboístas como David Villa y Casey Hill. Mirando atrás, ¿Qué le aportaron? ¿Cree que sin esa red de formación, apoyo institucional y esas oportunidades su carrera habría podido llegar hasta donde ha llegado?

Yo crecí ahí, con ellos. Fueron como mi escuela en prácticas. Pero no sólo eso; Casey fue mi profesor particular desde los 15 años hasta los 18. Nos veíamos cada una o dos semanas. Fue por supuesto una referencia a la hora de interpretar, pero también un gran apoyo como profesor. Con él de verdad creí en mi desde el primer momento. Él me dijo; esto tú lo puedes conseguir, esto lo tú lo puedes hacer. Y ya no sólo en clases, sino que también me dio la oportunidad de poder tocar con ellos, David y Casey, en la orquesta siendo una adolescente. Eso claro, también es un subidón para cualquier niño que se quiere dedicar a esto y que está echando muchas horas día tras día. Tener estas oportunidades hace que no veas tan lejano dedicarte a esto. Y si lo ves cercano, esto te impulsa a lucharlo ¿No? Y si por encima te alientan y valoran tu trabajo, todo resulta tan gratificante. Aunque después es cierto que el estudio solitario sí puede llegar a ser frustrante. Pero fue una época súper bonita en mi vida, que siempre recuerdo y siempre estoy súper agradecida por todas las oportunidades que nos dieron. 

Y si lo comparas con otras comunidades autónomas ves que no siempre es así. Por ejemplo, cuando llegué a Berlin, mi mejor amiga que era de Castilla la Mancha y que tocaba la trompa estaba sorprendidísima de todas las oportunidades que teníamos en Galicia para explotar el talento musical. Me di cuenta de que en otras comunidades no las había o incluso no las hay actualmente. Por eso hay que seguir luchando porque esto hizo mucho bien, ya no solo para la gente que se ha dedicado profesionalmente a la música sino también para crear nuevas generaciones de melómanos a los que les gusta la música y que serán un nuevo público para el futuro de la orquesta sinfónica. Un público joven y además entendido, que le interesa y que valora el trabajo o que, ¿por qué no? simplemente van a disfrutar del concierto y pasar un buen rato. 

«Gracias a los proyectos pedagógicos de la Sinfónica de Galicia supe que quería tocar en una orquesta. Me dieron todas las oportunidades del mundo para crecer. Por eso, a mí me gustaría que eso siguiera siendo así para todas las generaciones que vienen»

Que los jóvenes músicos puedan disfrutar de una experiencia orquestal tan intensa y continua es todo un lujo. Y volviendo a tus comienzos: ¿Cómo llega el oboe a tu vida? ¿Había un entorno musical en tu familia o fue una elección más bien personal? 

El comienzo fue muy abstracto, fue todo al azar. Primeramente, porque yo no me iba a presentar a las pruebas de conservatorio ni nada parecido. De hecho, empecé a los nueve años cuando normalmente se empieza a los ocho. La cuestión fue que un compañero de clase empezó a los ocho en su conservatorio y su madre, que era la tutora de nuestra clase, no sé muy bien el porqué, me dijo: “Iria, yo creo que debías ir al conservatorio que seguramente te va a gustar”. Yo siempre fui una niña muy creativa que hacía muchas actividades, pero claro, nunca había surgido la oportunidad de la música. Se lo dije a mi madre y ella me animó a probar. Me apunté, hice las pruebas de acceso y ¡Saqué un cinto raspado!

Sólo pensar que una artista de tu talla estuvo al borde de quedarse fuera del mundo de la música sólo por una décima… ¡Da mucho que pensar!

(Riéndose) Nunca se sabe; igual hice un progreso muy grande después. Como sabes, cada instrumento tenía un límite de plazas con lo que la nota buscaba ordenar la elección de instrumento. Cuanto más arriba en la lista, mayor preferencia para escoger. A mí me atraía lo mítico: piano, percusión, saxofón, instrumentos conocidos para un niño. Pero claro, cuando llegó mi momento de elegir, todos los instrumentos que los niños conocen ya habían volado. Sólo quedaban el oboe, el fagot, la tuba, el acordeón, el contrabajo, el arpa, la gaita, que también se estudia en Ferrol. Entonces dije: “Mamá, no sé qué voy a escoger entre todos estos”, pero claro, vi que había un instrumento más pequeño que el resto; el oboe, y al momento lo elegí ¡Sin saber ni cómo sonaba! Fue un comienzo muy surrealista, pero que me ha dado tantas alegrías. Es interesante porque nunca sabes que hubiera pasado si yo hubiese elegido otro instrumento. A lo mejor hubiera sido similar, porque si de verdad te gusta el instrumento, da igual que sea uno u otro ¡No deja de ser un instrumento; por eso tiene ese nombre! 

¿Recuerda el momento en el que ese instrumento dejó de ser “uno más” y empezó a convertirse en algo central?

Pues desde el primer momento que empecé a tocar el oboe, siempre me gustó. Y la verdad es que desde siempre tuve mucha facilidad para el instrumento. Del primer año ya me pasaron directamente al tercer año. Como me iba tan bien y aprendía rápido me acuerdo de que ese verano me dijeron: apréndete todo lo de lenguaje de segundo, te hacemos una mini prueba para comprobar tu nivel y te pasamos a tercero. Pasé el verano estudiando segundo de elemental. Fui también a un profesor particular que me ayudó porque en casa nadie me podía ayudar. Mi madre me animaba una y otra vez a tocar. Como al principio sólo tocábamos con la caña y teníamos que contar los segundos que podíamos soplar, yo le decía “¡Mamá ponte conmigo a contar!”. Yo soplaba y mi madre contaba uno o dos, y cada vez había que soplar más segundos. Pero eso era lo único que me podían ayudar en casa ¡Pero ya era algo! 

Tener en casa el apoyo es muy importante. 

Sí, desde luego. No sólo ayudarte, sino también que cuando no te apetece, te digan: hay que hacerlo y hay que hacerlo todos los días un poquito. Unido a que se me daba bien y que siempre tuve una constancia en el estudio, me ayudó mucho a que después todo saliera bastante bien. Desde el principio siempre me gustó la música y como mis referentes eran mis profes, yo pronto sentí que quería ser profesor de oboe. “Quiero dedicarme a la música para ser profesor de conservatorio” decía, pero claro, cuando entré en la Orquesta Joven de la Sinfónica de Galicia, y tuve mi primer contacto con la orquesta, al momento me dije: “¡No quiero ser profe, yo quiero tocar en orquesta!”. Fue un cambio de chip con 15 años. Sentí que quería hacer orquesta, quedarme por ese lado de la carrera. Al entrar en la orquesta tuve más contacto con David Villa y Casey Hill, con los que tomé clases, sobre todo con Casey que, como ya dije, era como mi profesor más propiamente dicho. 

Y paso a paso, en el 2014 se va a Alemania, a la Hans Eissler, y además ni más ni menos que con Dominik Wollenweber, el mítico corno inglés de la Filarmónica de Berlín.

Fue un periodo que lo recuerdo con cariño, pero fue un cambio notable. Yo venía de un profesor como Casey, que para mí era como mi segundo padre, el padre oboístico ¿Sabes?, que me cuidaba, que estaba pendiente de todo, y de repente fue como encontrarme con una escuela que funcionaba de forma completamente diferente, por ejemplo, mucho más individualizada. Fue por así decirlo un poco shock. Pero tuve mucha suerte porque Dominik ha sido un profesor que me ha marcado para siempre. Es una persona a la que admiro y le respeto y es al primero que todavía le pregunto si necesito consejo o cualquier otra cosa. Y todavía me sigo poniendo nerviosa si me viene a escuchar a algún concierto. Me digo “Dios, está ahí Dominik” y eso ya me mete, no presión, pero me hace decirme, ¡Tienes que tocar muy bien! Fue un cambio muy grande pasar de una persona como Casey, a la que, claro, le tengo tanta admiración, pero con él que tenía un trato muy cercano, a tener un profesor al que has visto siempre en la televisión, en los vídeos, y al que pasas de repente a tener a tu lado enseñándote. Te dices: “¡Dios mío, me está hablando y me está contando como tocar el oboe!” Fue un cambio brutal, pero aprendí muchísimo sobre lo que es el concepto del sonido, la musicalidad, etc. Ya con Casey fue un chute de conocimiento, de musicalidad enorme, y a quien le debo muchas cosas que me facilitaron el futuro, pero después, Dominik retocó todo eso al máximo: el concepto del sonido, lo densa que puede ser la musicalidad, esos pequeños toques que le puedes dar a la música para que suene diferente, para marcar la diferencia. Sabe muy bien cómo explotar la fuerza de cada alumno. Uno de los consejos que me daba era decirme; en el concierto tú estás ahí, en tu atril, y te tiene que dar igual lo que te venga. Tú eres una piedra y de ahí no te mueve nadie. Y yo siempre me digo: vale, tengo que hacer esto, soy una piedra, de aquí no me mueve nadie (se ríe). Como él ha tenido tantas experiencias tocando lo mejor de lo mejorcito, enfrentándose semana tras semana a solos con esa orquesta de tan altísimo nivel, todo ese conocimiento, ese saber estar -que para él será rutina porque es su orquesta y son sus compañeros- ha significado muchísimo para mí.

¿Cómo describiría su enseñanza? ¿Estaba centrada en la técnica y la práctica orquestal o incorporaba también una visión más amplia, estética e incluso intelectual de la música?

Sí, era algo global. La técnica del instrumento es muy importante, pero yo creo que al final todo lo que es mental y psicológico es esencial para nosotros. De hecho, ahora mismo se está hablando mucho más de lo que es el aprendizaje mental, los coaching, etc. Ahora sí que se habla con mucha más profundidad de este tema, del que antes nos hablaba. Me acuerdo cuando empecé mi “bachelor”, en mi universidad, que si tenías ahí un poco de bajonazo, nadie te decía: “¿Y por qué no hablas con alguien para que te ayude?”, sino que no te quedaba más remedio que seguir, tirar para adelante. Creo que ahora sí que esto ya funciona bastante bien porque, al igual que los deportistas, los músicos estamos sometidos a mucha presión. No tenemos que operar a nadie, ni vidas de gente en nuestras manos, pero es una presión diferente, y yo creo que esto también debería tratarse. Al igual que un deportista de élite, nosotros también somos músicos de élite. Estos temas deberían hablarse de una manera mucho más abierta para que todo el mundo sepa que hay más opciones de ayuda, que simplemente decirle a la persona. “Tú tira “palante”, sé fuerte y malo será” (se ríe). Es fundamental que pueda haber un apoyo y entrenamiento mental para poder enfrentarse a cualquier situación que te venga.

De hecho, su instrumento exige un control físico y emocional muy específico. ¿Cómo cuida ese equilibrio a largo plazo?

Lo que es difícil en el corno inglés es, sobre todo, que estás sola. Normalmente tus momentos de tocar son solos. Momentos en que de repente todo el mundo se centra en ti, tienes todo el foco. Y esto es muy duro. Muchas veces pasas de no tocar nada, por ejemplo en las sinfonías de Shostakovich, donde estás a lo mejor una página entera sin tocar, a tener un solo de cuatro minutos. 

«Lo que es difícil en el corno inglés es, sobre todo, que estás sola»

Contenido bloqueado por la configuración de cookies.

En el primer movimiento de la Octava sinfonía, por ejemplo.

Me acuerdo preparándolo con Dominik, que tiene tanta experiencia en él, decirme: “Iria, antes de ese solo tienes que respirar bien, muy bien, entra en contacto con la silla”. ¿Por qué? Porque hay tanto volumen en orquestal, tanto sonido, que hasta te puedes marear de los nervios cuando de repente, tras tantísimo volumen, se hace el silencio y tienes que tocar. Te puede dar un “chungo” ahí, sin exagerar. No te queda más remedio que controlar; si quieres, moverte un poco, o lo que sea, pero buscar un truco para poder respirar y tocar. Me preparó muy bien para eso, porque es algo que te viene y viene fuerte, ¿Sabes? Y ese es el problema; bueno, no es problema porque a mí me encanta, lo disfruto, pero también siempre es difícil. Es como el Largo de la Novena de Dvorak. Tocas todo el tiempo de segundo oboe y de repente, la primera nota que das con el corno es el solo. No sabes cómo te va a reaccionar la caña, estás fría, etc. Sería mucho más fácil si tocaras siempre el corno. Ya está caliente el instrumento, la embocadura es la misma, pero de repente tener cambiar de oboe a corno es una de las dificultades del instrumento. Es algo a lo que hay que ir acostumbrándose poco a poco. La clave es que, si lo disfrutas y lo pasas bien, lo llevas mejor, porque si encima lo pasas mal, mejor olvídate (se ríe). 

Su solo de la Octava de Shostakovich con su orquesta está grabado y doy fé de que te encoge el alma verlo y escucharlo.

Exacto, y más que nada, porque ese solo, a principio del 2021, fue el último proyecto antes de mi votación para pasar el año de prueba, con lo que aún había una presión añadida más. 

Y más allá de lo psicológico, el corno inglés ¿No es muy exigente físicamente? O es un mito lo que se dice de que desgasta al músico mucho más que otros instrumentos de viento.

Pues no lo sé. Yo sólo lo puedo comparar con el oboe. Cansa más, porque demanda mucha más energía al ser más grande, necesita más aire, etc., y sobre todo, es un instrumento que suena un poco como si estuviera tapado. Esto obliga a trabajar con una proyección diferente, más intensa, pero al mismo tiempo el sonido aún lo quieres tener redondo, con lo que hay que hacer un gran trabajo. Es un instrumento muy limitado. Pienso que para tocarlo bien, hay que especializarse a fondo y conocer qué quieres sacar del instrumento, qué sonoridad, qué proyección. La afinación, por ejemplo, es mucho menos estable que la del oboe.

«El corno inglés demanda mucha más energía que el oboe al ser más grande, necesita más aire, etc., y sobre todo, es un instrumento que suena un poco como si estuviera tapado. Esto obliga a trabajar con una proyección diferente»

Pero a usted siempre se le ve muy cómoda con él.

Estoy cómoda, porque me he metido en él muy a fondo. Cuando se me mete una cosa en la cabeza, la creo y digo hay que hacerla (se ríe). Yo siempre quería ser primer oboe, en la joven siempre toqué de primer oboe, pero una vez mi profe me escuchó tocar el corno y me dijo: “Iria, tú tienes que ser corno inglés”. Y yo me dije, vale, lo que me tú me digas va a misa. Y eso es lo que hice. 

¿Fue Casey?

No, Dominik. Me dijo, tienes una facilidad con el corno que no tiene mucha gente. Y yo me dije, vale, y me compré un corno por si me surgiese algún proyecto. Al poco entré en la academia de la Filarmónica de Berlín en septiembre y poco después, en enero apareció la prueba de corno en mi orquesta del Konzerthaus. Me dije, aunque acabo de empezar la academia la haré por probar... y la gané. 

Yse vio dividida, porque la academia también es una oportunidad muy atractiva.

Sí, pero al poco vino el coronavirus y me pude quedar más tiempo en la Academia. Pero sí lo fue. 

De todos modos, ha colaborado y sigue colaborando muy a menudo con la Filarmónica de Berlín. 

Sí, por suerte me tienen bastante de mano y si necesitan oboe o corno me llaman.

«Si en la Filarmónica de Berlín necesitan oboe o corno inglés me llaman»

¿No es un problema para su orquesta?

Para nada, todo lo contrario. De hecho, es lo normal. Somos siete orquestas profesionales en activo en Berlín con lo que muchos músicos nos vamos rotando. Si se necesita uno extra o un compañero está enfermo, en seguida te llaman, Iria ¿Puedes venir a tocar? Y con que puedas ese concierto es muy fácil. Es lo bueno de que haya tanta actividad cultural. Hay mucha variedad orquestal, no solo con tu orquesta, sino con otras. Y la verdad es que te da mucha vida, porque no siempre estás anclada en un mismo sitio, en un mismo grupo de personas, sino que tu grupo puede ser muy diferente.

¿Qué se siente al tocar con la Filarmónica de Berlín, en una de las secciones de oboes más emblemáticas del mundo, con no solo grandes músicos de orquesta, sino también solistas? Formar parte de ese sonido, de esa tradición. ¿Fue una experiencia más deslumbrante o más exigente emocionalmente?

Más que nada, para mí fue un sueño, y es que, claro, vas a Berlín para estudiar con Dominik con el sueño remoto de que, a lo mejor, en un futuro podrías entrar ahí. Yo quería hacer como el caminito (se ríe). Pero, claro, el camino no tiene por qué ser siempre exacto, del dicho al hecho hay un trecho. Tengo muchos compañeros de clase que también se habían presentado a las pruebas, y lógicamente no todos entramos en la Academia. Es muy difícil, pero yo tuve suerte… entre comillas. Suerte en ese momento porque fui yo la elegida para ganar. En esas pruebas el nivel es siempre enorme. Tienes que tocar muy bien en ese momento y que ellos digan, es lo que queremos. Que ellos vean que esta chica está ahora expresando o mostrando algo que a nosotros nos gusta o que es compatible con la forma en que nosotros tocamos, o creemos que esta chica puede aprender de nosotros mucho, porque no deja de ser algo formativo… aunque al final tiene que ser algo superprofesional, porque claro, tocas en la temporada con ellos, en realidad no vas allí a aprender. Si vas allí a aprender, mal asunto (se ríe). Bueno, tienes que ser un estudiante muy “pro”, por así decirlo.

Y sobre cómo me sentía; Pues para mí era como decir, wow, ¡Estoy aquí sentada! Es una sensación de sorpresa, de decirme, esto siempre lo he visto desde fuera, y ahora estoy yo aquí sentada. La verdad es que impone, pero al mismo tiempo me digo, hay que disfrutarlo a tope. No puedo dejar ahora mismo que los nervios o lo que sea lo estropeen. Sí que hubo algunas semanas de tener un poquito más de presión. Depende de la atmósfera de los músicos en esa semana, o depende del director. Si ellos están relajados, pues tú te sientes relajada, entre comillas. Todo se transmite. Por suerte el grupo de oboes es superamable conmigo. Siempre me trataron muy bien. Es una suerte poder seguir colaborando con ellos tras acabar la academia. Hice incluso un tour por Europa con ellos. Estoy muy contenta, ha sido muy importante para mí. 

«Somos siete orquestas profesionales en activo en Berlín con lo que muchos músicos nos vamos rotando»

Y sobre su orquesta del Konzerthausorchester Berlin que para muchos será menos conocida, pero que, sin embargo, es una orquesta de gran tradición -fue la Orquesta Sinfónica de Berlín, contrapartida a la Filarmónica en la zona este ¿Qué nos cuenta? ¿La conocía? ¿Había tenido contacto previo con ellos? 

Sí tenía, porque es como la orquesta sinfónica que está en el centro, con su mítico edificio, iba a escucharla a menudo. Pero claro, yo acababa de empezar la academia y fue un poco como decirme: ¿Hago la prueba o no?, porque también quería seguir disfrutando de la academia. Pero era una plaza muy buena y en Berlín. Algo que no sale todos los días. Me dije: “Si lo que quiero es quedarme aquí, pues por qué no”. Además, era de solista y corno inglés. Llamaba la atención, y me dije, bueno pues me preparo y me presento. Puede ser una meta para estos 6 meses, y después -como no tenía pensado ganar- pues sigo con la Academia.

Pienso que la academia me dio el último empuje, ya no sólo técnicamente, sino de confianza, para decirme: “Jo, Iria, si estás tocando aquí, cómo no vas a poder tocar simplemente -entre comillas-, una prueba”. Tú te presentas, tocas como quieras y no es como un concierto, te vas para casa y en dos días de prueba ya pasó todo. Hay que tomárselo así, porque si llegas a la prueba y estás nerviosa, tendrás excesiva adrenalina. Hay que intentar tomárselo de la manera más normal posible. No hacerlo más complicado de lo que es. Al fin al cabo, tocar es algo que haces todos los días y para lo que llevas preparándote durante meses. Pero sí, claro que es complicado, y lo estoy contando de una manera muy fácil.

Debió ser muy duro.

Pues no te creas, y en parte porque justo la semana anterior estaba tocando la Sinfonía nº 6 de Mahler con la Filarmónica de Berlín, y tenía tantas cosas que hacer y preparar… que estaba todo el día tocando. Ensayos por la mañana, pausas entre ensayos, trabajo con mi mentor de la academia, Andreas Wittmann, que me daba clase. Recuerdo estar con ensayo, clase, ensayo, estudiar un poquito, y concierto jueves, viernes y sábado. Fue además uno de los mejores conciertos de mi vida con la adrenalina a cien. Dirigía Petrenko. Era todo espectacular, con ensayos intensísimos, sin tiempo para estudiar, pero también para no comerte la cabeza. Tras el concierto, el lunes y el martes era la prueba. Iba tan cansada qué te dices, adelante y lo que sea. Yo creo que es peor cuando tienes mucho tiempo libre para comerte la cabeza, que cuando estás muy ocupada y si por encima es con proyectos buenos, que disfrutas, que te motivas más a ti mismo, y dices, venga, adelante con todo.

¿Y qué nos puede destacar de la orquesta del Konzerhaus?

Estoy muy contenta en ella porque se respira un ambiente muy amable, sin apenas estrés entre colegas. Y además, ahora tenemos una directora nueva, Joana Mallwitz, que está teniendo una acogida enorme en Berlín. La sala siempre está llena; la gente la admira muchísimo. Podría haber mucho más estrés o un ambiente más tóxico, ¿No?, porque a veces puede pasar en orquestas, pero en mi orquesta en realidad no, y eso es algo que agradezco muchísimo, porque hace muy fácil todos los ensayos, el día a día, hablar con los colegas. Además, ahora mismo está entrando mucha gente nueva, porque la orquesta se está renovando. Es también un aliciente tener compañeros jóvenes nuevos, que tengan ganas de tocar, que motivan a los que ya llevan unos añitos en la orquesta. Creo que ahora mismo es un muy buen momento.

Antes de Mallwitz estuvieron Ivan Fischer y Cristoph Eschenbach. Seguro que fue también un lujo tocar estos directores.

Sí, y Fischer también sigue viniendo bastante, porque es director honorario de la orquesta. Tengo un recuerdo enorme de tocar la Sinfonia nº 3 de Mahler  con Fischer. También la toqué con la Berliner y la verdad es que la disfruté más con mi orquesta (se ríe). 

¿Se puede decir quien fue el director? 

Lorenzo... Fue una atmósfera diferente. Hacerla con Fischer en su orquesta le echó una magia espectacular.

Con Mallwitz habéis grabado entre otros proyectos las sinfonías de Weil. ¿Estuvo en ese proyecto tan interesante?

No, porque no tienen corno. Y no suelo hacer casi nunca oboe si no hay corno. Sólo cuando hay un papel fuerte de corno, como en la Sinfonia nº 9 de Dvorak, donde hago también el segundo oboe. Pero cuando sólo hay dos oboes siempre libro, lo cual está muy bien porque me da mucho tiempo libre para hacer otras cosas. Y como la gente también sabe que estoy a menudo libre y que respondo bien, pues me llaman a menudo.

«Ahora tenemos una directora nueva, Joana Mallwitz, que está teniendo una acogida enorme en Berlín. La sala siempre está llena; la gente la admira muchísimo»

Contenido bloqueado por la configuración de cookies.

Al final, fue buena elección el corno inglés. Y cambiando de tema, a lo largo de tu trayectoria ha participado en varios concursos internacionales y de hecho obtuvo un premio importante en la Primavera de Praga. ¿Qué papel han jugado los concursos en su carrera? ¿Los ha vivido como una necesidad profesional, como un reto personal o también como una forma de medirte contigo misma?

Pues siempre los he hecho como para mí misma, para marcarme retos en la vida. Y lo son realmente porque nunca en la vida vas a estar estudiando diez obras al mismo tiempo. Obras de diferentes géneros, de diferentes estilos, en muchos casos obras que nunca en tu vida vas a querer estudiar porque no son las que quieres tocar para ti, en casa, por diversión, o por lo que sea. Pero un concurso te obliga a estudiar esas obras que nunca estudiarías, ¿no? Siempre me los tome primariamente como eso. Después, si hay algún premio, pues bienvenido sea. 

He tenido la suerte de que siempre que he ido a algún concurso, siempre ha habido muy buena atmósfera. No soy muy partícipe de los concursos, porque al final, como todo en el mundo de la música es muy subjetivo. Todo depende de lo que el jurado tenga como ideal, de oboísta, de sonido, de musicalidad, etc. En los jurados hay personalidades muy diferentes, que pueden pensar de formas muy distintas, con lo cual es mucho más difícil llegar a un voto conjunto y además, no deja de ser un voto de número. Por eso, siempre los tomé para mí misma, para mejorar, porque de hecho es como correr una maratón. Nunca vas a preparar una maratón si no la corres de verdad. Nunca vas a estudiar diez obras al mismo tiempo, a la vez que haces tu trabajo de orquesta o tus otros proyectos si al final no te presentas. Y ya no solo simplemente por la preparación, que a veces la aprovechas más o menos, sino porque  que ésta siempre te va a permitir sacar muchas cosas de ti misma. Te permite conocerte mucho más a ti misma. Y también es beneficioso enfrentarse a los días de concurso, no sólo a la hora de tocar sino también a la hora de socializar. Es muy importante verlo como lo que es, como un concurso, sin que por ello no haya que tratar bien a la gente. Es importante que los concursantes se apoyen, tratarse de una manera normal como personas que venimos aquí a tocar y ya se verá. No de una manera competitiva. Que podamos aprender los unos de los otros.

Y sí, conseguí varios premios. Llegué a la semifinal del Praga esa primavera y obtuve el premio a la mejor interpretación de la obra contemporánea que, entré nosotros, me dejó asombrada, porque siempre toco mal en los concursos la obra contemporánea. Siempre es donde me dicen que no. Pero este fue justo al revés. Al final fue Mención de Honor. Si tienes premios, está muy bien, pero lo importante es el trabajo que has hecho. Todos los participantes nos hemos esforzado a tope; tanto yo como los que no se han llevado ni un premio o no han pasado de rondas. O sea, que hay que verlos con los pies en la tierra. Al final, los concursos están muy bien y te pueden ayudar en tu carrera artística, pero no lo dicen todo. Es muy importante cómo te mueves, qué personalidad tienes, lo que quieras expresar, qué proyecto musical tienes, contactos etc. O sea, que tener el primer premio del concurso X no te va a hacer la carrera más fácil. Sí te da más visibilidad en ese momento, pero a más largo plazo hay que ir trabajando poco a poco. 

«Los concursos están muy bien y te pueden ayudar en tu carrera artística, pero no lo dicen todo. Es muy importante cómo te mueves, qué personalidad tienes, lo que quieras expresar, qué proyecto musical tienes, contactos etc.»

¿Incluso puede que suceda lo contrario, que si en un concurso quiere ser demasiado usted misma o expresar demasiado esto pueda ir en contra suya?

Efectivamente, eso es lo que pasa, tanto en pruebas orquestales como en concursos. Cuanto más muestres tu personalidad o tus ideas, no vas a poder pasar por todos los marcos de todo el mundo, ¿No? Si tú eres más neutro puedes pasar por más filtros, más mentes, porque vas a ser más compatible con todo tipo de pensamientos. Pero si tú muestras una personalidad potente, con carácter, algo diferente, no le vas a gustar a todo el mundo necesariamente. Si haces algo más homogéneo pues yo creo que es mucho más fácil que le gustes a la gente y…  yo neutra lo soy difícilmente (se ríe). Primeramente, porque no lo quiero ser y además, yo quiero crear algo musical, quiero vender una idea, quiero crear una obra artística de alguna manera. Hacer las cosas simplemente como las siento y como quiero expresarlas en ese momento. No puedo de repente decirme, ahora vas a tocar como un robot o simplemente musical pero más neutra. Si hago eso, no sería yo; para eso me quedo en mi casa. Tocando, ante todo tengo que ser yo misma. A quien le guste bien y a quien no, no.

Desde tu posición actual, ¿cómo valoras la situación musical en Alemania en comparación con España? ¿Eres optimista respecto al futuro de ambos contextos o percibes diferencias estructurales difíciles de salvar?

Pues ya de entrada lo que comentábamos al principio: en una sola ciudad Berlín, tenemos siete orquestas. Sabemos que es una situación excepcional porque el muro hizo que las orquestas se duplicasen, pero aun así, aunque no hubiera habido muro habría dos óperas una sinfónica, una orquesta de radio, o sea, serían como mínimo cuatro orquestas en pleno funcionamiento. En comparación con España, como mucho Madrid, Barcelona, Valencia se acercarían. 

«Si tú muestras una personalidad potente, con carácter, algo diferente, no le vas a gustar a todo el mundo necesariamente»

Y no al mismo nivel.

Bueno, a ver, hace mucho tiempo que no escucho a las orquestas en España, pero seguro que también estamos a un nivel buenísimo. Pero más allá de eso, la mayor diferencia es que vas por las calles de Berlín y en cada farola, o en cada hito de publicidad te encuentras carteles de conciertos de todo tipo, tanto en la Philarmonie, como el Konzerthaus, la orquesta de la radio, óperas, cámara, etc. La música clásica está muy metida en la sociedad. Sí se puede notar el efecto de menor público joven y quizás esté descendiendo el público en general, pero también se trabaja muchísimo para crear nuevos formatos de concierto que atraigan a nuevos públicos. Ahora, por ejemplo, gracias a nuestra nueva directora Joanna Mallwitz hemos traído un público muy nuevo a Konzerthaus. Y es que de repente es la primera directora mujer Chef Dirigent en una orquesta de Berlín y esto para mucha gente de la población berlinesa fue como un cambio muy importante. Como una progresión en la sociedad. Contar con una mujer directora titular se ha visto como una evolución social en el mundo de la música clásica. Y se nota en que hay mucha gente que la admira, ya no sólo por lo que musicalmente puede hacer con nosotros como directora, sino también por lo que su trayectoria representa. Todas esas cuestiones se valoran muchísimo y están presentes en la televisión y en los medios de comunicación, y esto genera una respuesta muy fuerte por parte del público.

Hay también conciertos didácticos muy interesantes en muchas orquestas, con numerosos proyectos educativos. Se está haciendo un buen trabajo para que la gente siga respondiendo y asistiendo a los conciertos y se mantenga ese vínculo con el público. No se trata solo de fidelidad, sino de que la orquesta siga siendo una parte viva de la sociedad.

Es cierto que, con la situación actual, a nivel mundial y europeo, la financiación ha bajado; en Alemania también ha disminuido notablemente. Sin embargo, no nos afecta directamente de forma inmediata, al menos no hasta el punto de impedir, por ejemplo, la realización de una gira. A lo mejor esta tiene que ser más pequeña o por ejemplo en Konzerthaus puede que se cancele un festival con una compositora contemporánea, pero aún así son cosas puntuales. Pero hay que tener cuidado y hay que seguir luchando para que la cultura siga siendo completamente rica como ha sido hasta ahora. Que no se pierda ningún derecho para los músicos, aunque de momento en ese sentido no ha habido retroceso. En definitiva, creo que la mayor diferencia es simplemente eso, lo mucho más que está integrada la música y la cultura en la sociedad.

«Vas por las calles de Berlín y en cada farola, o en cada hito de publicidad te encuentras carteles de conciertos de todo tipo, tanto en la Philarmonie, como el Konzerthaus, la orquesta de la radio, óperas, cámara, etc.»

En los últimos años se observa una presencia creciente de músicos españoles en orquestas alemanas y europeas ocupando puestos de gran responsabilidad. ¿A qué cree que se debe este fenómeno: a una mejora real en la enseñanza musical, a la proliferación de orquestas jóvenes o simplemente a que los españoles tenemos un don especial para la música?

Pues no digo que no. Seguramente tenemos un talento ¿Por qué no? Somos personas que vivimos con emoción todo lo que nos gusta. Creo que eso también ayuda muchísimo a desarrollar nuestra creatividad, a desarrollarnos la musicalidad. Fíjate, ahora que estoy fuera y veo un poco cómo funciona el sistema pedagógico en Alemania, pienso que España le da mil vueltas. El sistema educativo musical es muy exigente en España. En otros ámbitos no lo sé, pero en lo musical, por ejemplo, en Alemania no hay conservatorios, hay escuelas de música y funcionan de forma muy diferente. El profesor de instrumento tiene que dar también solfeo al principio y muchas veces solo tienen media hora de clase. Cuando en España ya desde primero tenemos solfeo, tenemos instrumento, tenemos conjunto, que ya nos permite tocar con otras personas, etc. Esto hace que el sistema pedagógico de música en España sea muy duro, porque, claro, es casi como si estás cursando una escuela paralela al instituto. Hay una carga de trabajo enorme, pero el resultado es muy bueno.

Con el sistema que tenemos, si tienes la suerte de tener un profesor que te apoya, que te enseña bien, que explota el talento que puedas tener y te enseña técnicamente lo que tienes que aprender, tienes muchas posibilidades de hacer una buena carrera. Y por supuesto las orquestas. Por ejemplo, en Galicia la Sinfónica, la Orquesta Joven y la Filharmonía, aportaron muchísimo a que se generara una cantera de músicos buenísima. 

Pero sí, el sistema pedagógico en España está muy bien. Sobre el Superior ya no estoy tan informada, pues nunca lo cursé aquí, pero por lo que escucho sí que veo que hay una carga de trabajo de teóricas muy grande, que al final, si tú te vas a dedicar a tocar un instrumento te dificulta pasar horas con tu instrumento. No digo que no deba haber otras asignaturas, pero se debería de priorizar tocar. O sea, yo creo que en el Profesional la carga teórica está bien, porque te permite llegar al superior con una noción de cómo analizar y entender la música que después te van a ayudar a encarar y a entender muchos problemas. Vas a tener nociones armónicas o de solfeo, que en el Superior te van a evitar gastar el tiempo con cuestiones teóricas. Hay muchas cosas que ya vas a tener muy claras, armónicamente. Si uno tiene la noción armónica, esto te va a ayudar muchísimo más para frasear o para entender la música en sí. Si todos son conocimientos ya están asentados, el superior o el bachelor afuera, van a ser mucho más fáciles de sobrellevar.

En Alemania empiezan casi en el Superior a hacer todos estos estudios. Antes están muy limitados, para mi manera de ver. También es cierto que en Ferrol tuve profesores de armonía y de análisis muy buenos, que nos enseñaron muy bien. Me acuerdo de que eran exámenes de análisis de tres horas, en los que había que analizar las partituras, establecer relaciones, etc. Eran exámenes en los que yo aprendí muchísimo y muy duros, porque además uno está cursando el bachillerato al mismo tiempo. Por eso creo que no tenemos nada que envidiar. Y yo creo que todo eso está dando sus frutos, porque ahora vemos cuánto talento español hay afuera. Y eso es porque algo está funcionando bien ¡Y casi todos los centros son públicos! No son ejemplos aislados.

En su momento fue duro para mí por la gran carga de trabajo, pero ahora mismo que me dedico a la música lo agradezco. Cuando cursé el bachelor en Alemania, únicamente tenía que aprender a traducir los términos, porque las nociones ya estaban en mi cabeza. Simplemente tenía que aprender los nombres. No era algo completamente nuevo para mí. Para los alemanes eran sin embargo cuestiones nuevas o que sólo habían dado muy ligeramente, por encima. 

«Ahora que estoy fuera y veo un poco cómo funciona el sistema pedagógico en Alemania, pienso que España le da mil vueltas. El sistema educativo musical es muy exigente en España»

¿Y qué proyectos de futuro tiene a corto plazo?

Queremos seguir con Ecos de Breogán. Estamos pendientes de algunas fechas, pero nos encantaría seguir moviendo el proyecto por todo lo que conlleva, por volver a juntarnos y tocar este repertorio muchas más veces. Cada concierto es una experiencia nueva y una alegría. Así que ojalá salgan más fechas. 

Voy además a trabajar dos meses con la Mahler Chamber Orchestra. Todo el mes de marzo participo en el Festival de Baden-Baden donde tocamos Lohengrin y  música de cámara, con la Gran Partita de Mozart y el War Requiem de Britten. Un mes intenso; después una semana en Berlín, para después irme otra vez de tour con ellos, a Estados Unidos.

¿Con Yuja Wang?

Sí, exacto, con Yuja Wang, sí. Vamos de tour veinte días. Diez días en Los Ángeles, y después vamos a Chicago, San Francisco, Nueva York. A Florida también. Después me vuelvo a Berlín una semana y al poco tiempo toco de solista con mi orquesta el Concierto de Martinu. Va a ser una detrás de otra. Y ya finalmente, terminar la temporada con Konzerthaus. Y en verano, proyectos que sigan viniendo, pero hasta entonces la agenda ya está muy llena. Estoy bastante comprometida (se ríe).

Y a más largo plazo, ¿Te planteas retornar a Galicia o te ves jubilándote en Berlín?

No lo sé. Es muy difícil decirlo. Estoy muy arraigada a Galicia, pero por suerte, mi trabajo me permite venir fácilmente a casa, con lo que no siento esa morriña tan fuerte. Es llevable. Si solo pudiera venir dos veces al año, no sería tan fácil. Pero cada dos meses me dejo caer por aquí o vienen mis padres, o si hago algún concierto, me paso dos días antes por casa. Pero volverme es difícil porque estoy en un momento bueno allá, con muchas experiencias buenas, de oportunidades increíbles. Sé que si me vengo para aquí las oportunidades podrían cerrarse de alguna manera, porque, aunque tuviera alguna oferta interesante de vez en cuando, aquí estamos muy esquinados en Europa. No es tan fácil como si vives en el centro de Europa. 

Estos mismos proyectos que has contado, viviendo aquí serían más difíciles.

Sí, serían más difícil. Y ya no solo eso, sino también las condiciones de trabajo y la libertad, de poder tener tiempo libre aquí no son iguales. No hay tanta flexibilidad, ¿No? Tener tantas semanas libres aquí es muy difícil. En este momento priorizo mi vida profesional y el poder aprovechar y exprimir todas las experiencias a tope, pero no sé si voy a querer priorizar eso durante toda mi vida. A lo mejor, en unos años priorizo el estar en casa, con mi familia, con mis padres, porque sí es difícil la distancia y más aún siendo hija única. Sé que mis padres no van a estar solos y yo sé que podré volver, pero siempre es un tema que está ahí detrás, rondándote en la cabeza, pensar que me van a necesitar en casa algún momento. Sé que mis padres, ellos me lo dicen, no van a estar para toda la vida y mi vida va a seguir. Pero imagínate que vengo para aquí y estoy en casa, u no soy feliz del todo porque a lo mejor me falta esa actividad a la que estaba acostumbrada. Es muy difícil. La historia es vivir el momento y como músico creo que no podemos nunca asegurar como va a ser nuestra vida, porque siempre puede salir algo que te cambia todo, ¿No? Una oportunidad nueva o algo personal que te cambie la vida o que te haga decir, click, estoy cansada de la oscuridad de Berlín. No digo que Galicia sea mucho más soleada, pero hay mucha más luz (se ríe). Pero si me vengo para España será sólo para venir a Galicia. Sólo Galicia. 

¿Te llamen de donde te llamen?

Sí. Sería difícil. Pero yo para estar en una ciudad agobiada como es Madrid o Barcelona me quedo en Berlín que no tiene ese agobio de ciudad capital. No hay esa aglomeración de gente. Yo siempre digo, estoy en un pueblo grande. Para vivir está muy bien.

Foto: Clara Evens

  • Comparte en Facebook
  • Comparte en Twitter
  • txcomparte_whatsapp

Compartir

<< volver

Búsqueda en los contenidos de la web

Buscador

Newsletter

Darse alta y baja en el boletín electrónico