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Crítica: Concierto de Iván Martín y el Galdós Ensemble en la Primavera Barroca del CNDM en Oviedo

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25 de mayo de 2015

GANÓ BACH, CON IVÁN MARTÍN

Por Aurelio M. Seco
Oviedo. 20/5/15. Sala de Cámara del Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. Ciclo Primavera Barroca, del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM). Galdós Ensemble. Piano: Iván Martín. Obras de Antonio Soler y Johann Sebastian Bach.

   Interesante y atractivo el concierto ofrecido en Oviedo por el Galdós Ensemble, a las órdenes del pianista español Iván Martín, que visitó el ciclo Primavera Barroca del Centro Nacional de Difusión Musical en calidad de solista y concertador, para llenar la velada de notables interpretaciones de obras de Bach y Soler. Fue una pena el escaso público, porque para este ciclo de conciertos centrados en la música del Barroco es un verdadero lujo contar con Iván Martín, pianista brillante que está llevando su carrera con una modestia mediática que creemos no hace justicia a su gran calidad como intérprete.

   Los que acudimos a la sala de cámara del Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo disfrutamos de un meritorio combate artístico entre lo antiguo y lo moderno, entre Bach y Soler, entre los partidarios de la música interpretada con instrumentos y afinación pretéritos y los que responden mejor ante un piano moderno, tensionado a 442 vibraciones por segundo. Ganó Bach, desde luego, la musicalidad de la perspectiva moderna, e Iván Martín quien, con su magisterio técnico, se convirtió en el principal protagonista interpretativo de una velada que ofreció la oportunidad de oír por primera vez en España el Concierto para teclado en re menor, BWV 1059 de Bach, una obra en la que nos sorprendió encontrar escrito en fa mayor, el bellísimo tiempo lento del Concierto para teclado en fa menor BWV 1056.

    Las versiones resultaron convincentes, refinadas y estuvieron llevadas por la elegancia de estilo que siempre luce este pianista, incluso a la hora de ornamentar la partitura. No resultó acertada, sin embargo, la mezcla de criterios antiguos en los instrumentos de cuerda agudos, con el estilo y sonoridad emanadas del piano moderno. O se opta por un camino, o por otro, pero no por el de en medio cuando los terrenos son tan dispares. Las sutiles desafinaciones de la cuerda y la sonoridad áspera, de timbre arisco de los violines, no resultaron un acomodo digno para la dulce sonoridad del Steinway. Se separaron, como el agua y el aceite, ambos estilos y estéticas. Nos hubiera gustado más observar el uso de arcos y estilo modernos en todas las cuerdas, sin ningún tipo de complejo. Venimos de escuchar un sonido más adecuado en los violines de la Orquesta Nacional de España, a las órdenes de Giovanni Antonini, a quien vimos dirigir el sábado el Réquiem de Mozart.

   Destacamos del Galdós Ensemble, un conjunto compuesto por profesionales solventes, la labor del contrabajo, siempre apasionada y musical. El uso del laúd tampoco nos pareció necesario siempre, aunque en cada pieza se tocase con notable gusto. Concluimos nuestro comentario con la Sonata nº 48 en do menor, de Soler, estimulante preludio solista que Iván Martín dibujó con maestría técnica y gran naturalidad.

Autor:Aurelio M. Seco
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