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Crítica: James Conlon dirige las cuatro sinfonías de Schumann en Bolonia

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Autor: Magda Ruggeri Marchetti
24 de mayo de 2021

Primavera sinfónica

Por Magda Ruggeri Marchetti
Bolonia. Auditorium Manzoni 13 y 19-V-2021. Temporada Sinfónica del Teatro Comunale. Cuatro sinfonías de Robert Schumann. Orquesta del Teatro Comunale. Director: James Conlon.

   Tras el largo período de cierre por la crisis pandémica, el sábado 15 de mayo el Auditorium Manzoni ha podido acoger el primero de siete conciertos de la temporada Sinfónica 2021 del Teatro Comunale de Bolonia, titulada «Primavera sinfónica», casi para subrayar el renacimiento de la musica en vivo. Presentando la temporada, el Director general Fulvio Macciardi ha declarado que «el Teatro acoge al público en seguridad y puede volver así a expresar su importante función cultural y social». El escenario se ha prolongado más de dos metros hacia el patio de butacas para garantizar la obligada distancia mutua entre los instrumentistas y de éstos con el público. El Director general ha dado las gracias a los presentes, y en especial al alcalde Virginio Merola, expresando su satisfacción por una reapertura que espera definitiva. 

  Ha subido al podio el estadounidense James Conlon, una de las batutas más estimadas de la actualidad: ha dirigido las principales orquestas sinfónicas estadounidenses y europeas, ha recibido numerosos premios, cuatro doctorados honorarios y la «Legión de Honor» de manos del presidente francés Jacques Chirac. A su vez el actual presidente S. Mattarella le ha nombrado «Commendatore Ordine al Merito della Repubblica Italiana». Director musical de la Ópera de Los Ángeles desde 2006 y Asesor artístico de la Baltimore Symphony Orchestra a partir del próximo septiembre, ha dirigido con pericia las Sinfonías de Robert Schumann exaltando su sensibilidad romántica. 

   La Sinfonía nº1 «Primavera», compuesta por Schumann en 1841 en uno de sus raros momentos de sosiego gracias al amor de Clara, fue inspirada por la lectura de una oda del poeta Adolf Böttger sobre la primavera. El propio compositor escribió que «la primavera reanima al hombre incluso en la edad más avanzada y cada año la recibe con renovada sopresa». Ejecutada en Leipzig el 31 de marzo del mismo año bajo la dirección de Mendelssohn, que en el curso de los ensayos había aportado algunos retoques técnicos a la partitura, presenta evidentes referencias a la música de Beethoven y, en menor medida, de Schubert, pero se distingue por la unidad temática y por la especial fascinación tímbrica. Trompas y trompetas abren la Sinfonía a la que hace eco la orquesta completa, magistralmente dirigida por Conlon en una alternancia de instrumentos: clarinetes y flautas parecen imitar el canto de los pájaros -seguidos por un momento de fuerza que recuerda la introducción- para continuar con otra melodía a cargo de los violines, los violoncelos y el oboe y terminar con gran energía rítmica. Todo contribuye a crear la sensación de frescura y espontaneidad de la naturaleza que se despierta.


   J. Conlon ha dirigido a continuación la Sinfonía n.3, «Renana», compuesta por Schumann poco después de su llegada a Dusseldorf, donde se le había llamado para recibir el prestigioso encargo de Musikdirector. Estrenada el 6 de febrero de 1851 bajo la dirección del propio compositor, obtuvo inmediatamente un gran éxito. El Rhin constituye el eje de la inspiración y el hilo conductor de los cinco movimientos de los que el primero y el último hacen de marco para los centrales. En el tercer movimiento clarinetes y fagots crean una atmósfera de calma que contrasta con el carácter festivo y solemne de la composición. Habiendo entrado en la catedral de Colonia durante la ceremonia de consagración del Arzobispo von Geissel como cardenal, quedó impresionado por la majestuosidad de la construcción gótica hasta el punto de hacer de ella el centro del cuarto movimiento, donde emplea en el tema principal los metales reforzados por los trombones y en el segundo las cuerdas.

    En la segunda velada dedicada a Schumann, la Orquesta del Teatro Comunale, de nuevo bajo la dirección de J. Conlon, ha presentado las otras dos Sinfonías del compositor alemán. Comenzada hacia finales de 1845, la Sinfonía n.2 se terminó y ejecutó en Leipzig bajo la dirección de Mendelssohn el 8 de noviembre del año sucesivo a causa de la incipiente enfermedad del compositor. «Refleja la resistencia del espíritu frente a las condiciones físicas», había escrito el músico, y en efecto en esta composición se nota el combate psíquico del hombre, el ímpetu de una fuerza interior que le empuja a luchar, la exaltación de la victoria obtenida. La orquesta, magistralmente dirigida por Conlon, ha interpretado con sentimiento y capacidad técnica las varias partes de la Sinfonía. Al primer movimiento, lento, melódico y contemplativo sucede el allegro vivace. En el adagio espressivo del tercero el sonido de los violines, a los que sigue el eco melancólico del oboe, crea una melodía conmovedora que queda en el corazón de quien la escucha, para pasar a continuación a una conclusión triunfal.

   Finalmente se ha ejecutado la Sinfonía n.4, cuya génesis es más bien compleja: compuesta en 1841 recogió escaso éxito y el consiguiente abandono del propio compositor que la retomó solo diez años después con una nueva orquestación. Esta versión se estrenó en el Festival de la Baja Renania en Dusseldorf en 1853. Es la Sinfonía que más se distancia de los modelos clásicos y que subraya la continua búsqueda expresiva del compositor: los movimientos se encadenan sin interrupción mientras los temas circulan libremente en ellos. El primer movimiento comienza lento con las cuerdas seguidas de los contrabajos que preparan el tema lírico donde prevalece el sonido del oboe. Siguen los violines y a continuación toda la orquesta en crescendo. Constante y magnífica la alternancia de temas melancólicos, superados por la fuerza de una instrumentación total en la que la orquesta parece desencadenarse. Una mención especial merece la destreza de los músicos que, bajo la guía experta del maestro Conlon, han sabido alternar momentos tristes, confiados principalmente a las cuerdas, con otros gozosos, casi eufóricos, a cargo especialmente de los metales y los timbales. 

   En ambas veladas el público entusiasmado ha aplaudido y ovacionado repetidamente al Maestro y a toda la orquesta clamando bis no concedidos, y finalmente obligado a abandonar la sala al apagarse las luces.

Foto: Michele Lapini

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