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Crítica: James Conlon en el Festival de Granada con la JONDE

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Autor: José Antonio Cantón
22 de junio de 2021
James Conlon en el Palacio de Carlos V en Granada

Perfeccionando formación

Por José Antonio Cantón
Granada, 21-VI-2021. Palacio de Carlos V de la Alhambra. LXX Festival Internacional de Música y Danza de Granada. Joven Orquesta Nacional de España (JONDE). Director: James Conlon. Obras de Johannes Brahms y Robert Schumann.

   Bajo la dirección de uno de los músicos estadounidenses más versátiles de su generación como es James Conlon, la Joven Orquesta Nacional de España [JONDE] se ha presentado en el ciclo ‘Conciertos de Palacio’ del festival granadino el Día Europeo de la Música, interpretando las respectivas Cuartas sinfonías de Schumann y Brahms, por ese orden, que han servido para enriquecer la formación de la actual promoción de esta institución orquestal que, desde el año 1983, ha venido sosteniendo la última etapa académica de gran cantidad de instrumentistas españoles, brindándoles la posibilidad de adquirir la necesaria experiencia para tocar profesionalmente repertorio orquestal. En el caso que nos ocupa han sido dos composiciones del más puro romanticismo las que se han programado para desarrollar tan importante función.

   James Conlon ha asumido tal cometido desde un conocimiento pleno de las obras tanto en su aspecto estructural como medio pedagógico, dada la rica formulación de sus contenidos. Así hay que considerar la orientación didáctica transmitida en su dirección de la segunda versión de la Cuarta Sinfonía en re menor, op. 120 que Schumann dedicó al gran violinista húngaro Joseph Joachim. Su esposa Clara fue dedicataria de la primera. 

Palacio de Carlos V de La Alhambra de Granada

   Desde la lenta introducción del primer movimiento, el director fue reafirmando el sonido hasta llevar a la orquesta a un grado de intensidad realmente notable antes de entrar en el lirismo de la Romanza, en la que acentuó su carácter liederístico. Conduciendo sin solución de continuidad como pide el autor, se adentró en el Scherzo sacando el máximo partido expresivo a los violonchelos que, junto con los contrabajos, fueron los instrumentos de cuerda que se manifestaron con mayor eficacia técnica y nivel artístico, efecto confirmado por la belleza conseguida en el enlace con el Presto final. Éste lo construyó el maestro enfatizando constantemente la esencial diferenciación de su contenido temático cuidando sistemáticamente la intensidad de su gradación dinámica hasta la coda final.

   Con similares planteamientos abordó la ejecución de la Sinfonía en mi menor, Op. 98 de Brahms, obra de esencial dramatismo que requiere la asunción de una especie de trance emocional mantenido ya desde la exposición de su Allegro inicial. Posiblemente la juventud de esta orquesta no está aún preparada para ahondar en la trascendencia expresiva de sus temas y sustanciales ideas motívicas secundarias, pero sí se percibió en los músicos una atenta y positiva predisposición para materializar en música las indicaciones del maestro Conlon, comprometiéndose con tendente rigor de lectura en su variado contrapunto hasta llegar a responder con cierta eficacia la intensidad de su contrastante coda. El Andante fue expresado con distinguida nobleza, permitiendo que la poética de su discurso fluyera con un sentido rítmico cadencioso bien punteado antes de que la cuerda mostrara uno de sus mejores momentos, alcanzando con ponderado brío un hermoso y distinguido canto.  El director quiso que los músicos se escucharan con atención a sí mismos en las distintas tensiones como medio para alcanzar la cohesiva musicalidad deseable en todo instrumento orquestal. Se produjo entonces el pasaje más elocuente de este concierto, al que seguiría en buena factura la recapitulada conclusión del tercer movimiento, un Allegro giocoso que exige un profunda elaboración en el tratamiento de sus ricos motivos. Terminó la exposición de la sinfonía resintiéndose la difícil coherencia que requiere la variada diversidad del enérgico allegro final. De alguna manera, se echaba en falta un mayor trabajo de preparación y ensayo, lo que vino a resentir de alguna manera la rica inspiración que encierra este tiempo, que debe entenderse como portador y rúbrica de una composición orquestal llena de una irrefrenable vitalidad musical de condensado romanticismo.

Fotos: Festival de Granada / Fermín Rodríguez

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