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JAMES ROSS, director: 'El modelo de la orquesta como cooperativa es una opción que puede reconvertir la gestión orquestal'

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22 de septiembre de 2017

JAMES ROSS, director: ´El modelo de la orquesta como cooperativa es una opción que puede reconvertir la gestión orquestal´

   Una entrevista de Albert Ferrer Flamarich
El pedagogo, trompista y director de orquesta James Ross (Boston, 1959) se incorpora esta temporada como director titular de la Orquesta Sinfónica del Vallés con un contrato por tres años. Ross dirigirá seis de los trece programas de la próxima temporada de Sinfónicos al Palau presentada la semana pasada en Barcelona. James Ross estudió con Kurt Masur, Seiji Ozawa y Leonard Bernstein. Ha sido director asistente de la Orquesta Sinfónica de Boston y del director William Christie en el conjunto ‘Les Arts Florissant’, y ha desarrollado una carrera como trompa solista bajo la dirección de Kurt Masur en la Orquestra Gedwandhaus de Leipzig. Ha dirigido como invitado varias orquestas como la Gewandhaus de Leipzig, la Sinfónica de Utah, la Ciudad de Granada, la Sinfónica de Galicia, la Neubrandenburger Philharmonie y la Filarmónica de Binghamton.

Tras los programas interpretados la temporada anterior, 2016-17, la penúltima vez que usted se puso al frente de la OSV fue con un programa integrado por obras de compositores rusos la temporada 2010/11, ¿qué le ha parecido la ciudad y su vida cultural? ¿Y cómo ha encontrado la orquestra?  

La vida de ciudades como Barcelona y Sabadel me da una sensación de bien estar constante, incluso si pasan por momentos y periodos de reto. Creo que la cantidad de turistas comprensiblemente enamorados de Barcelona como cuidad del mundo, puede hacer que los catalanes mismos se sientan inundados.  Pero a su vez esto genera un marco de crecimiento social porque buena parte de este turismo es cultural. Esta realidad apoya el futuro del Vallés abierta a nuevas líneas artísticas y de gestión, algunas modernas como otras orquestas mundiales. En este sentido, la Orquesta Sinfónica del Vallés ha sabido profundizar en su poder comunicativo, su sonido, su conjunto y, especialmente, su identidad. La etapa con mi admirado Rubén Gimeno durante siete temporadas lo corrobora en la calidad del trabajo musical realizada y en su personalidad sensible e impactante.

Usted, además ha coincidido en etapas anteriores con varios componentes de la actual plantilla de la Sinfónica...

Mi primera estancia en España fue con la Orquesta Sinfónica de Galicia en La Coruña entre 1994 y 2000. Rubén Gimeno y yo trabajamos juntos con la Joven Orquesta de la Sinfónica (llamaba entonces La Escuela de Práctica Orquestal). En varios de nuestros cursos contábamos con Teimuraz Janikashvili como líder de esa formación y que hasta hace poco también ha sido el concertino de la OSV.

¿Cómo conoció la Orquesta Sinfónica del Vallés?

Fue en un concierto de Brahms en 2005 y posteriormente en el festival de valses de 2006 con la que ofrecí ese programa numerosas veces aquel año. El feedback fue buen y pasados más de diez años conservo la impresión de conocer la vida de esta orquesta desde hace mucho tiempo ya.

Efectivamente usted fue trompista en la Sinfónica de Galicia bajo la dirección Víctor Pablo Pérez como titular, y director invitado de la propia OSV, qu además le brindó las primeras oportunidades en España como director de orquesta. ¿Cómo llegó a Galicia?

Efectivamente. Pasaba por un momento de cambio en mi vida dentro de mi etapa en la Universidad de Yale y de repente era como si algo me estaba llamando buscar algo nuevo. Dos amigos españoles me llamaron con sugerencias de oportunidades aquí, entre ellas la plaza como trompista principal sustituto en Galicia. Al llegar encontré una situación lleno de posibilidades para mí que duró seis años gracias a la generosidad de Víctor Pablo y la orquesta.  

La Sinfónica del Vallés es una formación muy peculiar en su gestión al no estar financiada mayoritariamente por dinero público y al funcionar como cooperativa. Por su experiencia en todo el mundo y en particular en los Estados Unidos, ¿cree que el modelo futuro de las orquestas va en la línea de lo que es la OSV?

Opino que algo en la estructura de las orquestas como organizaciones debe cambiar. Demasiado de los talentos, la energía y la ambición de los músicos de orquesta queda sin explotar. Muy pocos de los músicos de las orquestas normales tienen el control de las decisiones que se hacen (repertorio, arcos, fraseos, sueldo, etc.). Si faltan las sonrisas realizando música, falta algo fundamental. El modelo de la orquesta como cooperativa es una de las opciones que puede reconvertir la gestión orquestal como un espacio de creatividad y de crecimiento para los músicos.  

Realmente los equilibrios de repertorio de esta orquesta son memorables. Por un lado sabe integrar el gran canon y las demandas más populares. Por otro sabe ofrecer formatos nuevos a esta tipología de concierto. Y finalmente sabe reinventarse constantemente con programas como el dedicado a la música de cine o la reposición de Pedro y el lobo de Prokofiev que se ofrecerá en marzo. ¿Personalmente y en relación a esta temporada hay alguna obra por la que sienta una especial afinidad o ilusión dirigirla, más allá del reto musical que suponen todas?

Junto a Jordi Cos, el presidente de la OSV, hemos trabajado mucho para formar mi contribución musical esta primera temporada como titular.  Tengo un ánimo claro para todos mis programas.  Creo que uno de las razones porque la orquesta buscaba una relación conmigo era por mi experiencia creando conciertos que rompan las normas de como se actúa un orquesta. Algunos elementos de este “recomponer el ritual del concierto” estarán presentes conmigo, pero si he de expresar una motivación especial por alguno de los programas creo que la combinación de la Novena de Beethoven incluyendo el Concierto para piano, batucada y orquesta “Al límite” de Ricardo Llorca el próximo 23 de septiembre o el concierto de Peer Gynt de Grieg semiescenificado y el solista de flauta Mathieu Dufour (!) de enero me entusiasman especialmente.  

En este sentido permítame recordar que recientemente el sello discográfico Naxos ha comercializado un disco en el que usted dirige la National Orchestral Institute Philharmonic e interpreta obras de compositores norteamericanos como Samuel Barber, Randall Thompson y el joven Samuel Adams. En futuras temporadas, ¿hay algún compositor o repertorio por el que intentará apostar a partir de la temporada 2017/18? ¿Quizá norteamericano? ¿Quizá español?

La historia de música americana, igual como lo de Cataluña y España, es rica en obras excelentes, muchas de las cuales son desconocidas para los propios espectadores de cada ámbito. No es mi deseo forzar un aprecio aquí de una música orquestal, a menudo excelente, pero que América aún no ha abrazado convenientemente. No obstante, si puedo contribuir a que el público catalán se enamore de su propia historia de compositores antiguos o contemporáneos, la haré. Una prueba es que esta temporada interpretaremos obras de Albert Guinovart, tenemos pensado hacer lo mismo con Salvador Brotons y con el joven compositor gallego Fernando Buide.  Con todo, no escondo mi predilección por compositores americanos poco conocidos como Charles Griffes, Carl Ruggles, Mason Bates, Stephen Stucky, e incluso Leroy Anderson (al lado de Copland, Gershwin o el actual John Adams protagonista junto Randall-Thompson y Barber de este disco que Naxos ha comercializado recientemente. Me gustaría poder presentarlos en las temporadas con la OSV.

En su trayectoria como titular, Rubén Gimeno ha dirigió los últimos años uno de los cuatro títulos de las temporadas de los Amigos de la Ópera de Sabadel. ¿Le veremos a usted también dirigiendo ópera?

Naturalmente se habla de eso pero todavía no hemos resuelto la cuestión.  

A grandes rasgos, ¿cuál será su objetivo como director titular las tres temporadas de su contrato?

Mi objetivo será animar y apoyar la orquesta desde dentro para tomar responsabilidad para su propia felicidad, su crecimiento musical y humano, para potenciar su propia creatividad y su capacidad de innovación como conjunto instrumental. En este sentido insisto que el mundo de la música clásica está dentro del proceso de inventar su propio futuro y conectar con su herencia y su presente musicales. Es un proceso en el que es obvio para alguien como que a pesar de haber estado en España algunos años, vengo de fuera. En lo político, Cataluña también está en esta línea: reconsidera su posición en el mundo, su conexión al pasado, su estructura política y busca cambios. Cuando pienso en el futuro de esta orquesta no lo hago pensando en el mío o en el de la orquesta en si misma. Lo hago pensando en el futuro de la forma del arte.

Sí, esta es una época de cambios en la que el arte es un vehículo fundamental como apuntaba la filósofa Marina Garcés en un texto sobre la OSV.

Efectivamente. Quiero que nuestro público de Sabadel, de Barcelona y de todas las poblaciones donde ofrezcamos conciertos puedan oír y sentir lo moderno, vivo y significativo que es este legado cultural de lo que llamamos música clásica. Con el arte, podemos crecer cualitativamente como seres humanos.

Autor:Albert Ferrer Flamarich
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