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Crítica: Recital de Javier Camarena en el Teatro Real

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Autor: Raúl Chamorro Mena
18 de enero de 2021

Éxito desmesurado

Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 15-I-2021. Teatro Real. Recital Javier Camarena, tenor. Orquesta titular del Teatro Real. Director: Iván López Reynoso. Obras de Ferdinand Hérold, Charles Gounod, Édouard Lalo, Jacques Offenbach, Gaetano Donizetti, Gioachino Rossini y Armando Manzanero.

   Mientras Alemania cierra sine die todos sus teatros, los italianos siguen clausurados y las funciones en vivo se sustituyen en casi todo el Mundo por streaming y videos de los archivos, el Teatro Real mantiene irredento, afortunadamente, su programación e incluso añade recitales extraordinarios.

   Evento importante para el tenor Javier Camarena, pues suponía su regreso al Teatro Real cuyo público tanto le admira, después de una crisis vocal que tuvo como antecedentes en Madrid su Gualtiero de Il Pirata en diciembre de 2019 y un accidentado recital en el Auditorio Nacional el pasado mes de febrero de 2020 previo al cierre de teatros y restricciones varias como consecuencia de la pandemia del Covid 19.


   La primera parte del programa -dedicada a la ópera francesa- se abrió con la magnífica obertura de la ópera cómica Zampa ou la fiancée de marbre de Ferdinand Hérold. Justo es aplaudir la programación de este estupendo fragmento de rara escucha, aunque la interpretación de Iván López Reynoso al frente de la orquesta titular del Teatro Real atesoró más entusiasmo que elegancia, con una exposición y articulación más bien borrosas y cierta tendencia al vulgar aparato sonoro. Esta predominancia de lo bandístico y la falta de finura fueron la tónica de las oberturas de La Belle Hélène de Offenbach y Roberto Devereux de Donizetti, mientras la de L’italiana in Algeri de Rossini se benefició de ese brío juvenil de la batuta, que conviene al impulso rítmico y el crescendo rossinianos. Eso sí, es justo resaltar que a diferencia de lo que solía ocurrir antaño en este tipo de recitales, que cuentan con escasez de ensayos, la orquesta del teatro Real sonó aceptablemente, con una cuerda un punto débil, bien es verdad, pero una buena prestación de las maderas, destacando el clarinete solista en la obertura de Zampa y el oboe en el fragmento de Offenbach.

   Una calurosa y amplia ovación saludó a Javier Camarena en su regreso al Teatro Real como muestra del cariño que le tiene su público, no en vano es la única estrella de la ópera actual que ha logrado fidelizar el recinto de la Plaza de Oriente. La cavatina «Ah leve toi soleil» de Romeo y Julieta de Gounod puso de relieve a un tenor inseguro, con el sonido sin liberar y nada cómodo en los ascensos, que se resolvieron con apoyo en una nota anterior (portamento di sotto, al objeto de asegurar la nota), sin punta y un tanto forzados. Mejor resultó la aubade de Mylio de la ópera Le roi d’Ys de Lalo escanciada con gusto por el tenor y con un par de ascensos en falsettone, desvaído el primero de ellos, con más timbre y apoyo el segundo. Las dos últimas intervenciones de Camarena en la primera parte correspondieron a ópera francesa de autor italiano, en este caso el genial bergamasco Gaetano Donizetti. En primer lugar, la grand opera Dom Sébastien Roi de Portugal, de la que el tenor mexicano ofreció la espinosa aria «Seul sur la terre», más conocida en su versión italiana «Deserto in terra» interpretada y grabada por eximios tenores incluidos Enrico Caruso y el propio Alfredo Kraus en su disco «The incomparable Alfredo Kraus» registrado por el inigualable tenor canario bien superada la sesentena. Camarena mostró en la exigente pieza, que su registro agudo, una de sus armas genuinas, se iba asentando, aunque sin terminar de ganar esas notas la expansión y el brillo que otrora ostentaron. «Je suis joyeux» –«Allegro io son» en la versión italiana- de la ópera cómica Rita ou le mari battu permitió a Camarena mostrar su tan particular como eficaz bis cómica, plena de desenvoltura y comunicatividad, como puso de relieve en su día en su exitoso debut en el Teatro Real con La fille du regiment del propio Donizetti. Previamente, el tenor mexicano se dirigió al público para referirse a la pesadilla que en forma de pandemia asola el Mundo en los últimos meses, agradecer al Teatro Real su admirable contumacia en seguir manteniendo sus espectáculos y programación y reivindicar la importancia de la cultura en cualquier sociedad que se pretenda civilizada.


   En la segunda parte dedicada a la lírica italiana, concretamente a dos de sus emblemas como son Gioachino Rossini y Gaetano Donizetti, Camarena abordó el aria de Lindoro «Ah come il cor di giubilo» del acto segundo de L’ italiana in Algeri con su indudable estilo belcantista y buen gusto. A continuación, una pieza agudísima y de endiablada agilidad como corresponde al tenor que la estrenó, Giovanni David, la cavatina «S’ella m’è ognor fedele» de Ricciardo e Zoraide, que ya interpretó el tenor mexicano en el Real en su Gala del día 13 de noviembre de 2019 con mejores resultados. Incluso esta vez sólo cantó una estrofa de la cabaletta a diferencia de aquella ocasión en que, además, añadió unas atractivas variaciones (como debe ser) en el da capo.

   Además de puntal del melodrama italiano, Gaetano Donizetti fue un gran compositor de ópera cómica. Si en la primera parte del evento pudimos apreciar una muestra de ello con el fragmento de Rita, en la segunda una obra maestra como Don Pasquale, última gran ópera buffa italiana hasta que Il grande vecchio, el maestro Verdi, legara a la humanidad su testamento teatral, Falstaff y posteriormente, otro genio como Puccini ofreciera con Gianni Schicchi su genial aportación a un género tan emblemático dentro de la ópera italiana.

   De tal modo, la fabulosa escena de Ernesto, Introducción orquestal, magnífica, con el  solo de trompeta, recitativo «Povero Ernesto», Aria «Cercherò lontana terra»  y cabaletta (sólo una estrofa) «E se fia che d’altro oggetto», fue bien delineada por el tenor mexicano con buen legato, corrección estilística y un fraseo cuidado, pero al que le falta ese punto de variedad y fantasía para lograr ese abandono que requiere el declamado elegíaco, melancólico, tan Donizettianos. Un buen sobreagudo culminó la cabaletta y provocó una cerrada ovación del público.

   Otro fragmento espléndido, fruto de la inagotable inspiración Donizettiana, supuso el punto final del concierto. La gran escena del protagonista de la ópera Roberto Devereux en el tercer acto: Introducción orquestal, igualmente magnífica, Recitativo «Ed ancor la termenda porta», Aria «Come uno spirto angelico» y cabaletta «Bagnato il sen di lagrime». Camarena terminó bien el recital, pues fue su mejor prestación, junto con el aria de Rita, ya que su entrega, concepto de la línea y un fraseo, sin ese punto de gran clase, pero siempre efusivo y comunicativo, se unieron a una emisión más liberada, que ganó brillo y presencia sonora para elevar esta gran escena a brillante broche del concierto. Por descontado, que fue acogida con una estruendosa ovación del público.


   Ante las interminables ovaciones, Camarena concedió una única propina con Angel Rodríguez al piano y que sirvió como homenaje del tenor al gran Armando Manzanero recientemente fallecido, con la interpretación de una de sus grandes canciones, «Esta tarde ví llover». Las ovaciones del público continuaron de forma desaforada, el tenor las agradecía, pasaban los minutos, pero la audiencia no logró que Camarena regalara alguna otra propina además de la referida. 

Fotos: Javier del Real / Teatro Real

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