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Crítica: Jesús López Cobos dirige obras de Schumann y Dvorak con la Sinfónica de Castilla y León

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Autor: Agustín Achúcarro
21 de marzo de 2017

CUATRO TROMPAS PARA LOAR A SCHUMANN

   Por Agustín Achúcarro
Valladolid. 16-III-2017. Auditorio de Valladolid. Temporada de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Robert Schumann, Manfred, op.115 y Pieza de concierto para cuatro trompas, y Sinfonía Nº6, op. 60 de Dvorák. Dirección: Jesús López Cobos.

   Jesús López Cobos puso especial énfasis en ese carácter de la música de Schumann que tiende a trasmitir sentimientos que nos hablan de su propia individualidad. La Pieza de concierto para cuatro trompas permitió escuchar a los trompistas de la OSCyL en una complicada labor de solistas. José Miguel Asensi, Carlos Balaguer, Emilio Climent y Martín Naveira lograron un sonido que les daba relevancia como solistas al tiempo que no les desvinculaba de la orquesta.  

   Afrontaron con efectividad los pasajes rápidos y estuvieron lúcidos a la hora de enlazar el discurso musical entre ellos, sin que se produjeran precipitaciones, ni momentos vacíos, de manera que la música fluyó sin parones. Quedó patente un empaste bien trabado entre los cuatro instrumentistas, basado en una tímbrica compacta y equilibrada, y no menos acertados estuvieron a la hora de abordar las melodías, de manera muy especial en la Romanza central.

   Al término de la obra tuvieron un detalle de compañerismo al dirigirse al puesto que ocupaba en la orquesta su compañero de sección José Manuel González para compartir con él su éxito, ya que éste no intervino como solista porque sortearon quien no formaría parte del cuarteto. Le dedicaron la obra fuera de programa, Oblivion de Piazzolla, que interpretaron ante los insistentes aplausos.

   Antes López Cobos planteó una versión de la Obertura Manfred sin fisuras ante la vorágine de sonidos llenos de energía y tensiones. Una partitura romántica, llevada como tal. Algo que aunque puede parecer una obviedad intenta transmitir el que a veces esta música se interpreta bajo un enfoque clásico, lo que choca con su carácter expresivo.  

   En la Sinfonía Nº6 de Dvorák López Cobos sacó a relucir el colorido propio de esta sinfonía, poniendo énfasis en la melodía y la fructífera relación entre las distintas secciones de la orquesta, en un ámbito de originalidad y acentuada expresión. En el primer movimiento se cuidó la polifonía orquestal y el efecto que provoca la culminación de este tiempo, entre una apoteosis sonora y un pianísimo. López Cobos le dio al Scherzo: Furiant, ese intenso punto rítmico que posee en función de la danza campesina bohemia de la que deriva. Resultó muy plausible cómo abordaron su diálogo las maderas y cómo se produjo el accelerando conclusivo. En el movimiento final destacaron la fluidez al abordar la repetición de ideas y temas, sin que decayera el tempo, y la brillantez con que director y orquesta terminaron la sinfonía.

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