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CRÍTICA: JOAQUÍN ACHÚCARRO VUELVE A DAR MUESTRAS DE SU MAESTRÍA PIANÍSTICA EN EL AUDITORIO DE ZARAGOZA. Por Alejandro Martínez

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17 de diciembre de 2012
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 EL ESFUERZO DE UN MAESTRO

Joaquín Achúcarro. Auditorio de Zaragoza (Sala Mozart). 13/12/2012. Obras de Chopin, Debussy y Ravel.

      El pasado jueves Joaquin Achúcarro regresó al Auditorio de Zaragoza para cerrar con su recital el XV Ciclo de Grandes Solistas Pilar Bayona. El concierto, presentado como homenaje a la citada Pilar Bayona, ofreció la oportunidad de escuchar un programa compuesto por obras de Chopin, Debussy y Ravel. Antes de dar paso a la ejecución de las piezas que formaban la primera mitad, Achúcarro tomó la palabra para compartir con el publico sus recuerdos sobre Pilar Bayona. Ésta, nos dijo, cuando él todavía era un niño, solía acudir casi cada año a ofrecer un recital para la Sociedad Filarmónica de Bilbao. Con motivo de esas estancias, Bayona solía cenar en casa de los padres del propio Achúcarro, y nada más llegar, lo primero que hacía era sentarse al piano para amenizar la reunión. El ya octogenario pianista bilbaíno recordaba haber escuchado por vez primera el 'Scarbo' del Gaspard de la nuit de Ravel precisamente en una de esas veladas. El arte de la pianista aragonesa habría sido para él uno de los primeros y más importantes estímulos que, a la postre, le llevarían a decidir desarrollar una carrera como pianista.
      La primera mitad del concierto estuvo dedicada a Chopin. Achúcarro varió el orden previsto, situando los Nocturnos después de la Fantasía, lo que nos permitió degustar esa perfecta disposición técnica que sirve de sustento a una recreación emocional, con una naturalidad y sencillez que sólo están al alcance de los que las encuentran a fuerza de trabajo y perseverancia. Destacó singularmente la luminosa melancolía de los Nocturnos, planteados con lentitud y reflexividad, pero sin concesiones sentimentalistas, sin edulcorar el acento, llevados por una seguridad ejecutiva que parecía detener el tiempo. En el resto de piezas de Chopin, el maestro vasco demostró su capacidad comunicativa y su  gran versatilidad, resultando enérgico y contundente o ligero y volátil, según correspondiera.

 

      En la reanudación del concierto, Achúcarro realizó algunos comentarios previos a cada una de las piezas que componían la segunda mitad de su recital, un recurso que demasiadas veces suele quedar un tanto fuera de contexto o rozar lo intrascendente pero que, en su caso, resultaron tan atinados como entrañables. Su Debussy fluyó con un cromatismo intachable y poético. Pero donde lució su arte de gran pianista fue en el Gaspard de la nuit de Ravel, una pieza por la que siente  una especial predilección. Su lectura dejó momentos de autentico virtuosismo, comenzando por el ensoñador primer movimiento, 'Ondine', pero sobre todo en 'Le Gibet', donde demostró un apabullante manejo y medida del tiempo, la dosificación exacta de la tensión que Ravel destila en esa partitura. Redondeó la noche con un intenso 'Scarbo', interpretado con todo el cuerpo, con toda el alma, como si se sintiese poseído por ese ser demoniaco que da nombre al movimiento.
      Sabemos que la ejecución de algunos pasajes a lo largo de la velada no fue perfecta. A sus cumplidos ochenta años, la frescura de manos de Achúcarro es envidiable, aunque se advirtieron un par de notas titubeantes aquí y allá, leves dudas en escasos pasajes... Peccata minuta, no les quepa la menor duda. Cuando la madurez y el convencimiento de un intérprete se apoderan de un recital, la pura resolución técnica es algo que cabe relativizar, sobre todo cuando hablamos de los márgenes que concede la excelencia. 
      Cuando el artista salió a saludar se dio una situacion ciertamente simpática. Achúcarro cayó en la cuenta, como buena parte de los asistentes, de que había omitido de la segunda parte el preludio Général Lavine - excentrique de Debussy, precisamente uno de los que había glosado en su alocución. Lo interpretó acto seguido y ofreció dos propinas ante la calurosa (y merecida) acogida del, por otro lado, escaso público (no mucho más de entre 500 y 600 personas en la Sala Mozart).
      En conjunto, un recital magnifico, a cargo de un pianista consumado, un veterano que no necesita demostrar su buen hacer, pero que a pesar de ello, por puro amor al piano, lo confirma una y otra vez con actuaciones como la del pasado jueves. Un estupendo broche a un irregular XV Ciclo de Grandes Solistas, con importantes altibajos, a pesar de haber contado con algunos grandes nombres como Achúcarro, Perianes, Sokolov o Zacharias. Se adjuntó al programa de mano de este recital (sin notas y comentarios, como es ya costumbre en esta casa, por desgracia), un avance del próximo ciclo Ciclo de Grandes Solistas Pilar Bayona, donde se anuncia la presencia de Lang Lang, Arcadi Volodos, Ivo Pogorelich, Brenno Ambrosini, Behdoz Abduraimov o Kathia Bunaitishvili, entre otros.

 

Autor:Alejandro Martínez
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