Crítica de José Antonio Cantón del concierto protagonizado por Johanna Malangré y Esther Yoo con la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia
Femenino musical
Por José Antonio Cantón
Murcia, 05-VI-2026. Auditorio Regional ‘Víctor Villegas’. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Solista: Esther Yoo (violín). Directora: Johanna Malangré. Obras de Béla Bartók, Zoltán Kodály y Sergéi Prokófiev.
Una de las particularidades que han llamado la atención del décimo concierto de temporada de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (ÖSRM) es que ha sido protagonizado por dos jóvenes intérpretes que se encuentran en un momento óptimo de progresión en la trayectoria de su carrera artística: la violinista norteamericana de origen coreano, Esther Yoo, y la alemana Johanna Malangré en la dirección musical, obteniendo ambas un gran éxito en esta oportunidad, conseguido con dos muy características composiciones de Prokófiev; la Primera Sinfonía en Re, Op. 25 “Clásica” y el Primer concierto para violín en Re, Op.19, y las Danzas folclóricas rumanas, Sz. 68 de Béla Bartók además de las Variaciones del pavo real de Zoltán Kodály, obras bien escogidas por su complementariedad que completaban la segunda parte del programa.
Lo primero que se percibía fue la serenidad del tempo adoptado por la directora en la sinfonía, que sólo cambió a más determinante ritmo en el movimiento final en el que resaltó su espíritu popular ruso desde sus arpegios y acordes quebrados que favorecían de manera especial su forma de rondó, lo que permitió que la orquesta brillara en todas sus capacidades técnicas, después de la nitidez métrica que ofreció en la gavota anterior ante la definida cinética de la directora, cualidad de su importante función impulsora que puso siempre al servicio de un eficaz y coherente resultado musical, actitud que, consecuentemente, reportaba en todo momento claridad a la lectura de la obra.
A este efecto se añadía la incorporación de Esther Yoo en el concierto de violín constituyéndose un resolutivo tándem concertante en su diálogo con Johanna Malangré. Así destacaron el lirismo del primer tema del Andantino que lo abre, contrastándolo con el cromatismo dado al segundo antes del pasaje de recapitulación. La conjunción entre las dos intérpretes se puso más de manifiesto en el virtuosismo que requiere el movimiento central con sus numerosos y repentinos cambios de articulación y acento. En él, la poderosa expresividad de la solista trascendía manifestándose en todas sus posibilidades, dejando las sensaciones de un sarcasmo burlón envuelto en ciertas fuerzas siniestras previo al ponderado planteamiento que asumió para desarrollar el tercer tiempo al retomar de nuevo el carácter tranquilo y lírico del primero, pero aderezado con un color armónico añadido resultante de la ingeniosa integración temática que supo distinguir y se volvía a producir en la proporcionada coda con la que se cierra la obra, que provocó unos más intensos aplausos del público, a los que la solista respondió con la interpretación de uno de los movimientos más líricos, pacíficos y bellos de toda la producción de Juan Sebastián Bach para violín solo, que permitió al auditorio disfrutar en toda su plenitud del extraordinario sonido de su instrumento construido por el mítico lutier Antonio Stradivari el año 1704 y que es conocido con el sobrenombre de “Prince Obolensky”.
Dos obras de marcada inspiración folclórica húngara como las mencionadas anteriormente ocuparon la segunda parte del concierto. En la primera, constituida por siete danzas, la directora se mostró más relajada en el gesto, favoreciendo así el carácter de cada una de ellas. De este modo se pudo percibir el cromatismo misterioso de la tercera en la exótica melodía de sus registros agudos, resaltando todo el sabor y el encanto de sus sones gitanos, como también ocurrió con la polka antes de las dos últimas, que transmitió de manera espontáneamente distendida mejorando la expresividad del hemisferio izquierdo de su cuerpo, lo que facilitaba gráficamente una más natural y directa percepción en el oyente.
La actuación de Johanna Malangré llegó a su momento culminante con la dirección de las Variaciones del pavo real de Zoltán Kodály, llevando las tres primeras a un proceso de intensificación gradual de emocionalidad favorecida por los ritmos sincopados y entrecortados que propone el autor en sus pentagramas. Quiso resaltar el crecimiento de la tensión dramática de la obra a partir de la cuarta, estimulando especialmente la intervención de los metales de la quinta y la sexta para adentrarse en todo un concepto impresionista en las restantes que integran esta obra, toda una muestra de la enorme capacidad de orquestación de este gran compositor húngaro, como se pudo demostrar con la actuación de la ÖSRM, que hacía honor y justificaba ampliamente el momento dulce al que ha llegado en este fin de temporada al extraer con máxima efectividad técnica y artística la diáfana lo mejor del modo de conducir de Johanna Malangré, directora que, entendiendo que se encuentra aún en un periodo de decantación experiencial, manifiesta las mejores cualidades para progresar en su carrera.
Foto: OSRM
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