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José Bros, '25 años de rigor, profesionalidad y honestidad'. Por Jordi Pujal

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Autor: Jordi Pujal
5 de marzo de 2017

25 AÑOS DE RIGOR, PROFESIONALIDAD Y HONESTIDAD

   Por Jordi Pujal
25 años de impecable servicio a la causa lírica es activo de máximo respeto, al alcance solo de ARTISTAS serios, rigurosos, profesionales y responsables. En definitiva, una declaración de principios que define a la perfección la trayectoria y la personalidad del tenor Josep Bros Jiménez (Barcelona, 1965).

   Afortunadamente he vivido personalmente esta trayectoria muy de cerca (yo también barcelonés, el Liceu de por medio, pertenecemos a la misma década...). Sin ánimo de presunción por mi parte, me gustaría compartir algunos momentos de su carrera ilustrativos de cuanto he expuesto.

   Estamos todos de acuerdo en que el 9 de noviembre de 1992 es la fecha clave en el despegue de la carrera de Bros: Teatre del Liceu, debut de Edita Gruberová (verdadero y reverenciado ídolo liceista) en el rol de Anna Bolena, dirección musical de una autoridad en el repertorio belcantista como Richard Bonynge, Joan Sutherland entre el público y el recuerdo del memorable debut de la misma Gruberová como Elisabetta en Roberto Devereux en ese mismo escenario en octubre/noviembre de 1990. Se comprende que la expectación fuera máxima, incluso a nivel internacional (y en aquella época no era fácil que trascendieran este tipo de cosas: no teníamos a nuestro alcance ni internet ni las redes sociales, y para difundir había que ‘picar piedra’). Ese 9 de noviembre el teatro estaba lleno hasta la bandera y las zonas de asientos de cuarto y quinto piso sin numerar (popularmente conocidas como “la general”) ocupadas a tope. Se hizo el anuncio que, por repentina indisposición de Fernando de la Mora, el rol de Percy iba a ser interpretado por Josep Bros… Expectación máxima porque, aunque muchos aficionados sabíamos de sus primeros pasos artísticos, para el gran público era un desconocido… Y ¡caramba si convenció! La ovación tras su cabaletta del segundo acto fue de antología: una bella historia de amor y compromiso con el teatro de su ciudad había empezado.

   Antes, en cualquier caso, le habíamos escuchado en recitales de alumnos de su querido maestro Jaime Francisco Puig (gran docente hoy olvidado, maestro de Aragall, Carreras y María Gallego, la esposa de Bros, entre otros), en las pruebas eliminatorias del Concurso Viñas en que había participado, etc. Nunca dejaba indiferente a la audiencia. Y era habitual verle acompañando a la Gallego -quien se anunciaba como María José Gallego, entonces su novia-, magnífica soprano lírica en plena carrera internacional (su presencia en el Liceu era constante, por fortuna).

   Con anterioridad al antes citado momento de consagración ya había disfrutado de Bros profesionalmente en producciones dels Amics de l’Òpera de Sabadell de Don Pasquale (un Ernesto tenista junto a Enric Serra, Sung-Eun Kim -brillante soprano coreana ganadora del Concurso Viñas 1991, habitual en la casa- y Santos Ariño) y Don Giovanni (es agradable recordar la gran voz de Pilar Torreblanca, compañera de reparto en esas funciones). Ya entonces su  sentido del fraseo y del decir estaban ahí: su ‘savoir faire’. La cosa, pues, prometía.

   En esa misma época había cantado ya en Palma de Mallorca, Las Palmas de Gran Canaria y en otros teatros españoles: en Barcelona recibíamos con entusiasmo las noticias de sus actuaciones.

   El 27 de noviembre de 1992, tras su imprevisto Percy, volvió a pisar las tablas del coliseo de las Ramblas participando en un recital junto a Antoni Comas, Lauren Flanigan, Kristine Jepson y el añorado Miguel López Galindo ‘Miguelón’, acompañados al piano por Enrique Ricci, entonces maestro asistente del Liceu. A modo de curiosidad mencionar que una de las intervenciones más destacadas de Bros fue cantando una vibrantísima versión de “La danza” rossiniana y que su arrebatado Werther estaba ya ahí.

   El siguiente hito de su carrera que viví fue su Fenton en la versión concertante que de Falstaff se hizo en el Palau de la Música de Valencia en febrero de 1993. ¡Abróchense los cinturones porque la cosa prometía! Giuseppe Taddei, Renata Scotto, Fiorenza Cossotto, Paolo Gavanelli, Piero de Palma, Josep Ruiz, Ivo Vinco y Sylvia Corbacho. Dirigió la orquesta Manuel Galduf. ¿Y quién fue su Nanetta? Pues ni más ni menos que la suya propia, entonces ya María Gallego. Pareja de enamorados ‘de disco’, éxito apoteósico y corroborar que no es imprescindible un gran aparato escenográfico para hacer verdadero teatro musical. Y Bros, cámara de video en ristre, filmando todo lo que acontencía ‘dietro le quinte’ al término de la velada. ¡Delicioso!

   En agosto de 1993 mi primer contacto con su magnífico Nemorino: en el Festival de Peralada en la divertida producción de Mario Gas (estrenada años antes en el Teatre Grec de Montjuïc y germen de la que se repondrá en el Liceu en la próxima temporada), con Leontina Vaduva, Joan Pons, Pons, Chausson y Milagros Poblador en Giannetta. Pese a las malas pasadas causadas por la climatología (hubo que aplazar la función) éxito merecidísimo para todos. La carrera de nuestro tenor se disparaba ya.

   A partir de aquí, y dada la envergadura adquirida por su carrera, sería farragoso un detalle exhaustivo de sus actuaciones. Destacaría la confirmación del ejemplar tándem Gruberová-Bros que tantas noches de gloria me ha dado: sus continuadas apariciones juntos en Barcelona -bien en el Palau de la Música durante las temporadas en el exilio por la reconstrucción del teatro, bien en el nuevo teatro- en “Sonnambula”, “Linda di Chamounix”, “Puritani”, “Lucia di Lammermoor”, “Lucrezia Borgia”, “Anna Bolena”; en Viena (“Puritani”, “Borgia”, “Devereux”), Múnich (“Borgia”, “Devereux”, “La straniera”), en Madrid (“Lucia”, “Devereux”), en Hamburgo (“Bolena”, “Borgia”), en Dresden (“Bolena” y “Borgia”). También es obligado mencionar su Fernando de “La favorita” (también en su versión francesa), espléndidamente cantado en Las Palmas (Obraztsova, feliz debut del tenor en este rol), Barcelona (con Gloria Scalchi y la Zajick), Oviedo (Zajick), Teatro Real (Ganassi), Viena (Luciana D’Intino) y Pamplona (Elisabetta Fiorillo). Y otras asunciones belcantistas grabadas en mi memoria serían su Leicester de “Stuarda” en Venecia (con Cedolins y Ganassi), su Elvino en el Real (con Moreno y Bonynge a la batuta), su “Devereux” liceista (Sánchez, Zajick y Servile), su Percy bilbaino (con Anderson y Cornetti), sus Edgardos liceistas (Anderson, Cantarero, Ciofi) o su reciente “Duca d’Alba” ovetense (Òdena y Katzarava).

   Pero no sólo de bel canto vive el operómano y Bros ha sido fantástico intérprete de un repertorio ecléctico, servido siempre con generosidad, honestidad, que afronta sin red, ni trampa ni cartón. Su servicio a la causa de la zarzuela en Madrid, Oviedo o Barcelona con sus versiones inolvidables de “Tabernera”, “La bruja” y “Doña Francisquita”, en que su talento actoral florecía a la perfección, es digna de encomio. Incluso podríamos catalogarle de tenor arrietano por su contribución en la causa del compositor de Puente de la Reina (“Marina” -en el Festival de Peralada con Cantarero y en Palma de Mallorca- e “Ildegonda” y “La conquista di Granata” en el Teatro Real). En la ópera francesa ha dejado su impronta a partir de aquel primigenio “Faust” de Palma de Mallorca, Nadir en “Los pescadores de perlas” (¡en el Teatre Grec de Montjuïc en 1992, alternando con Marcello Giordani, bajo la dirección de Bertrand de Billy!), “Manon” (Múnich con Volgaridou) y su carismático Werther (con Ganassi en Nápoles, Koch en el Teatro Real, Gubisch en el Liceu). Se ha atrevido asimismo con la ópera rusa: memorable su Lensky en “Eugen Onegin” (Palma de Mallorca en mayo de 2015 junto a Cedolins), tras cuya interpretación de “Kuda, kuda” el teatro ‘se vino abajo’. Su única aventura rossiniana fue su Belfiore liceista en el “Viaggio a Reims” de 2003 (bajo la batuta de López Cobos): ahí descubrimos con alborozo el innato sentido cómico de Bros, al que siempre habíamos asociado con personajes dolientes, trágicos y románticos. Su exquisito dueto con Corinna/de la Merced está grabado en la memoria de muchos aficionados (y, afortunadamente, conservado en DVD). Otro acto de generosidad para con su Liceu fue su Cantante Italiano en “Der Rosenkavalier”. Brillantes asimismo sus interpretaciones verdianas (Alfredo en el Teatro Real y Viena, su Adorno liceista -un auténtico regalo-sorpresa para la afición toda vez que sustituyó al titular con menos de 24 horas de aviso-, su Duca -Teatro Real-). Y también ha servido a la causa mozartiana (Belmonte junto a Cantarero o su Tamino en el Teatre Victòria barcelonés durante la época de reconstrucción del coliseo de la Rambla).

   Y, ‘last but not least’, su retrato de Rodolfo en “La bohème”, espíritu romántico servido con un fraseo impecable (también aquí hubo regalo liceista en la función del 7 de julio de 2016) y que en breve retomará en Sevilla. Y en este punto es imprescindible mencionar las funciones palmesanas de “La bohème” en abril de 2012: junto a Rodolfo Bros, Mimì Gallego, en su última actuación operística. Un regalo para ellos, para la afición y para quienes quieren bien a esta pareja modélica. ¡Bravi!

   Por los roles interpretados, pues, vemos la evolución vocal experimentada por Bros en el transcurso de estos 25 años. Una evolución lógica y coherente, con los cambios vocales inherentes al paso del tiempo, pero que le permitirán retomar su paradigmático Nemorino en la próxima temporada.

   Cuando el Gran Teatre del Liceu tuvo la loable iniciativa de retomar la tradición de otorgar sus Medallas de Oro eché en falta, durante los tres años en que se entregaron, la de Bros y en tal sentido expresé mi queja. Felizmente, y con  motivo de su 25º aniversario liceista, el próximo 26 de noviembre podremos resarcirnos.

   Como exponía al principio, este artículo ha intentado exponer esta trayectoria impoluta a través de mis recuerdos personales. Obviamente, son mis apreciaciones y es lógico que no coincidan con las de los lectores. Pero, y disculpen mi atrevimiento, me permito aventurar que muchos de quienes han disfrutado de Bros en vivo habrán recibido un ‘feedback’ similar al mío. El arte no tiene fronteras y cuando Bros está en escena algo sucede. Gràcies, Josep, i per molts anys!

Fotografía: Pablo Lorenzana/Codalario

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