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Crítica: José María Moreno, Don Krim y Víctor Del Valle con la Filarmónica de Málaga

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Autor: José Antonio Cantón
22 de junio de 2022

José María Moreno se pone al frente de la Orquesta Filarmónica de Málaga para ofrecer su versión de obras de Bernstein, Gershwin, Lieberson y Márquez

José María Moreno y Don Krim con la Filarmónica de Málaga

Emocional canto de poemas de Neruda

Por José Antonio Cantón
Málaga, 17-VI-2022. Teatro Cervantes. Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM). Solistas: Don Krim (contratenor) y Víctor del Valle (piano). Director: José María Moreno. Obras de Bernstein, Gershwin, Lieberson y Márquez.

   El concierto que cerraba la temporada regular de la OFM tenía un aliciente significativo cual era la incursión en su programa de un muy esencial ciclo de canciones del compositor neoyorquino Peter Lieberson (1946-2011) dedicado a su esposa, la soprano Lorraine Hunt Lieberson, sobre cinco poemas del Premio Nobel de Literatura el chileno Pablo Neruda, todos ellos pertenecientes a su colección, Cien sonetos de amor. La versátil voz del contratenor Don Krim, se manifestaba como la más adecuada para Neruda Songs, título de esta obra que requiere se tenga un determinante carácter lírico-dramático vocal, que aporta con distinguida identificación este cantante también nacido en Nueva York.

   Sobre una atmósfera de ternura melancólica, José María Moreno esparcía pinceladas de disonancia cobriza, frases a medio terminar, temblores y trémolos que brillaban y se desvanecían de esta composición tan personal de Lieberson, como si la orquesta se sumergiera y esquivara para seguir los contornos emocionales de la línea vocal que se adapta a esta expresión y fondo poéticos, pareciendo vincular lo terrenal con lo celestial, parecidamente a la visión budista que aspira a esa deseable armonía cósmica entre el hombre, el cielo y la tierra. La actuación tuvo sus momentos culminantes en el cuarto y quinto sonetos, correspondientes a los números ochenta y uno y noventa y dos, respectivamente (Y ahora eres mía y Amor mío, si muero y tú no), en los que la compenetración entre el cantante y el director llegaron a trascender el apasionamiento de esta obra más allá de las connotaciones puramente musicales, al fundirse sonido y palabra en una sola realidad artística. Ante el sobrecogimiento que se sentía en la sala, tardaron unos segundos en romper los primeros aplausos, que fueron creciendo en intensidad como resultado del mérito de una interpretación de alto nivel artístico y elevado sentido emocional, en la que la excelsa poética de Neruda quedaba de manifiesto en toda su dimensión estética al ser enriquecida por un tratamiento musical perfectamente integrado en el contenido de los mensajes de los textos. Como respuesta al reconocimiento del público, Don Krim cantó a capela un espiritual afro-americano con enorme autenticidad estilística y rica aportación melismática.

   Esta interpretación crucial de la velada fue precedida por la obertura de Candide de Leonard Bernstein en la que se manifestó el riesgo que implica arrancar un instrumento orquestal con esta obra que requiere una precisión camerística en ritmo y sonido. Conforme iba transcurriendo, el director encajaba su discurso llegando a normalizar su respuesta en un esplendente crescendo final.

   El músico veleño Víctor del Valle, pianista y profesor del Conservatorio Superior de Música de Málaga, abría el apartado dedicado a George Gershwin con la sugestiva Rhapsody y Blue que desarrolló con un controlado estilo de abandono siguiendo el grado de libertad jazzística que destila esta obra en la que la orquesta mantuvo siempre esa sincopada vibración rítmica que requiere. El solista tuvo el acierto de aprovechar las inconveniencias de volumen, entonación y afinación del instrumento para aproximarse a las sonoridades pianísticas propias del jazz que se vive y hace en los típicos clubs jazzísticos neoyorquinos, estimulando así la imaginación del oyente. 

   Mejores sensaciones dejó la interpretación del poema sinfónico Un americano en París al que el maestro José María Moreno dio una marcada orientación impresionista generando una sugestiva imagen sonora para el espectador, que podía sentir el bullicio urbano de la capital francesa, intención que tuvo su punto álgido en la coda con la que la orquesta ofreció un destacado esfuerzo de conjunción siguiendo el dinamismo cinético de su titular. Con tal actitud, el director marcó el famoso Danzón nº 2 del mejicano Arturo Márquez que cerraba el programa, dejando una sensación festera y divertida en el público que salía del cervantino teatro malagueño reflejando jovialidad y contento.

Foto: Filarmónica de Málaga

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