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JOSEP MARIA GUIX, compositor: 'Primar a un artista no debería suponer eclipsar la producción de otros'

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10 de mayo de 2018

JOSEP MARIA GUIX, compositor: ´Primar a un artista no debería suponer eclipsar la producción de otros´

   Una entrevista de Ruth Prieto
Es usted uno de los compositores residentes del Palau de la Música Catalana la próxima temporada 2018/2019, ¿qué nos puede contar este proyecto?

Personalmente, me alegra el hecho de que se programe mi música en una sala cargada de historia, y a lo largo de toda una temporada. Compartir espacio y ciclo con algunos de los músicos más notables del panorama internacional es un verdadero honor. Sería necesario aclarar que la nomenclatura oficial que utiliza el Palau es la de compositor “invitado”, igual que se han programado también artistas invitados –Miquel Barceló y Antoni Llena- y un poeta invitado –Màrius Sampere. Ello implica que, más que una estancia y un trabajo de interacción a lo largo de un año con intérpretes fijos, se prima la presencia de mi música en los conciertos.

¿Qué nos vamos a encontrar de su música en la próxima temporada en el Palau?, ¿qué obras se van a estrenar?, ¿qué obras se van a reponer?, ¿en qué actividades y proyectos paralelos va a participar usted?

A lo largo de diez conciertos, tendremos ocasión de escuchar algunas páginas de mi catálogo más reciente. Las obras sinfónicas programadas por la Orquesta Sinfónica del Vallés serán estreno absoluto. También algunas obras de cámara, como Llàgrimes de tardor, para violín y piano – obra que todavía tengo que escribir -, para el concierto de Abel Tomàs y Josep Maria Colom. Finalmente, sonará por primera vez en público Jardín seco, para conjunto instrumental, composición que recientemente ha grabado la London Sinfonietta para mi próximo CD monográfico con Neu Records.

He tenido la fortuna de que mi música ha ido reponiéndose con frecuencia en los conciertos. Así, determinadas obras, como mis Tres haikus per a cello i piano – que se han interpretado ¡en más de doscientas ocasiones!-, volverán a escucharse ahora. También los Three haikus for String Quartet o el trío Slowly... in Mist –estrenado en la Semana de Música Religiosa de Cuenca en su día, han sido programadas a menudo. Incluso se producirá algo insólito: la misma obra, Stella, se podrá escuchar en tres ocasiones interpretada por tres pianistas magníficos (Maria Canyigueral, Jordi Masó y Josep M. Colom). Entiendo que todo ello puede ser considerado un verdadero privilegio.

Curiosamente, no habrá conciertos centrados en el clarinete –a solo o en combinación reducida-, instrumento para el que he compuesto bastantes piezas, y para el que no ha surgido la oportunidad, esta vez. Paralelamente a la actividad concertística, está programada en octubre una conferencia alrededor de mi música, bajo el título “Sonido y esencia. Naturaleza y música”.

Es usted catalán y va a ser compositor la próxima temporada de una de las instituciones musicales más importantes de Cataluña, ¿esto de ser profeta en su tierra, le hace ilusión?, ¿cómo lo está viviendo?

Me viene a la cabeza la afirmación de Stravinsky según la cual, para todo compositor, la sinceridad es una característica sine qua non que, a la vez, no garantiza absolutamente nada. El reconocimiento por parte de una institución de referencia no me va a convertir ni en mejor ni peor compositor. Profetizar, no profetizo. Entre otras razones, porque los profetas suelen tener desenlaces fatídicos -¡vade retro!-, y todavía me siento con energía para llevar a buen puerto un montón de proyectos futuros. Como comentaba antes, me siento privilegiado y, en efecto, me ilusiona muchísimo que se hayan acordado de mí y de mi música.

El otro compositor residente es Philip Glass, ¿qué evento, concierto conjunto, conferencia etc. está previsto con él?

En principio, y más allá de compartir programa en el concierto de Patricia de No junto a Vesko Stambolov y en el de los BCN216, no hay ninguna otra interacción prevista. De hecho –y por lo que se comentó en la rueda de prensa-, Glass solamente estará en Barcelona un par de días, para su intervención como pianista. Igual que sucede con los otros artistas invitados, se trataría básicamente de destacar un nombre y centrarse en su obra, más que en la realización de seminarios, proyectos en común, etc. En este sentido, tal vez sería interesante, de cara al futuro, obtener un mayor provecho de estos protagonismos a través de la colaboración con otras instituciones –centros de enseñanza superior, por ejemplo- con el fin de impartir algunos cursos y permitir el acceso de los alumnos a compositores con una importante trayectoria a sus espaldas. Esa misma idea sería también aconsejable con algunos de los intérpretes que nos visitan -¿se imaginan un curso de dirección con Gardiner o de canto con la Bartoli, y ensayos abiertos?

Por supuesto, la posibilidad de facilitar colaboraciones a nivel creativo entre los diversos compositores, pintores y poetas invitados podría dar pie a trabajos relevantes en más de un ámbito artístico. También es cierto que para que fuese posible, debería planificarse de antemano y con mucho tiempo para dar pie a afinidades.

Muchas personas del mundo de la música me vienen comentando desde hace años que ven en usted un gran compositor, aunque no siempre esto haya quedado patente en programaciones y encargos todas las veces que a uno le hubiera gustado. ¿Ayudan este tipo de acciones como ser compositor invitado a dar visibilidad a un compositor?, ¿esto es importante?

Evidentemente, el hecho de figurar de manera preeminente en una sala de conciertos de relevancia internacional contribuye a dar relieve a un nombre. Ahora bien, igual que sucede con las conmemoraciones, ya se trate de Velázquez o de Granados, el peligro radica en que solamente se destaquen sus obras ese año, y no de forma habitual. Primar a un artista no debería suponer eclipsar la producción de otros. Deberíamos tratar de sumar. Siempre. Y deberíamos, a mi entender, contar con una programación en la que la música de hoy -sea cual sea su tendencia estilística- quede representada, con compositores e intérpretes de aquí y de fuera. Y por supuesto revisitar aquellas músicas que son faros deslumbrantes y a las que no siempre se les hace justicia en las salas -Josquin, Gesualdo, Zelenka, Blasco de Nebra, Janaceck, Ligeti…

Por otra parte, parece que, en nuestra sociedad, si no apareces en los medios y en las redes, no existes. Sin embargo, eso mismo no garantiza absolutamente nada. El libro más vendido no tiene por qué ser el mejor –de hecho, suele suceder lo contrario. Ahora bien, si la publicidad implícita da pie a que surjan proyectos y encargos de interés, bienvenida sea.

El hecho de que mi nombre haya empezado a figurar relativamente tarde en las programaciones tal vez se deba a que inicié mi actividad como compositor mucho más tarde que otros colegas. Por otra parte, durante los años que gestioné Nous Sons en el Auditori de Barcelona, establecí como principio que nunca programaría mi música ni daría pie a transacciones que favoreciesen ser programado en otro lugar a cambio de un contrato en el festival que yo dirigía. Quizás muchos intérpretes descubrieron ulteriormente que yo también escribía.

Pero desgraciadamente de ‘visibilidad’ no se come, estas cosas ¿se traducen luego en encargos y en trabajo remunerado? ¿Hay algún “encargo oficial al compositor catalán invitado?

Cuando el electricista nos viene a casa para solucionar un problema y nos cobra, por media hora de trabajo, 90€ -eso sí, con desplazamiento e IVA incluidos-, no nos quejamos, y lo asumimos como algo completamente normal. Por el contrario, a la visita del médico de la Seguridad Social le restamos importancia porque es gratuita –o por lo menos no abonamos el importe de la factura in situ. Machado siempre viene en nuestra ayuda: “Todo necio / confunde valor y precio”.

Con el párrafo anterior puede resumirse la situación generalizada del compositor contemporáneo, al menos por nuestras latitudes. Al autor se le supone una abnegación fuera de toda duda y casi siempre por amor al arte. No obstante, para componer uno necesita, entre otras cosas, de una serie de horas –de una cierta gracia y de conocimientos adquiridos también, claro está-, y ese tiempo debe financiarse de algún modo. En caso contrario, en lugar de considerar la composición una actividad profesional, se la reduce a la categoría de afición, y al hecho de programar las obras, a una especie de favor. A la vez, se ningunea lo propio por comparación con lo foráneo –y, por favor, no caigamos en lo contrario tampoco: creer que lo de casa es superior a lo ajeno.

A nivel oficial no hay ningún encargo. Otra cosa es que, ante la posibilidad de interpretar una obra sinfónica con una orquesta de dimensiones habituales –y puesto que también se ha programado una obra para una plantilla extendida, mis Imatges d’un món efímer, ejecutada por la Orquestra del Liceu con Josep Pons a la batuta-, sugerí a los responsables de la OSV solicitar financiación para componer algo nuevo. Así, gracias al cojín económico que suponen las ayudas a la creación de la Fundación Autor-AEOS – ¡espero que nos la otorguen!- emprenderé la composición de un nuevo trabajo orquestal.

También barajo la composición de una breve obra para coro mixto y violoncello, que se estrenaría en el Concierto de Sant Esteve –y que al emitirse por televisión y radio supone unos ingresos extra en concepto de derechos de autor.

No deja de ser significativo que el proceso sea a la inversa de cualquier otra actividad profesional: “primero escriba, y luego ya veremos si cobra algo”. Al abogado y al gestor avanzamos una provisión de fondos. El compositor parece que deba trabajar a fondo perdido –que por supuesto abonará él mismo en horas de dedicación.

¿Le queda una sensación agridulce con todo esto?

Me siento feliz por la difusión que van a recibir mis obras, ese es el principal sentimiento. Tal vez diría que me quedo con un cierto desasosiego ante el hecho de no poder disponer de tiempo completo para la composición y que, por tanto, eso se traduzca en un mayor número de piezas de nueva creación. La composición estará siempre por delante de otras muchas cosas, pero como decimos aquí “cal fer bullir l’olla”.

Muchas veces se estrenan obras contemporáneas y no se vuelven nunca más a programar, ¿qué le parece esa “política cultural” de encargar obras y no apoyar la programación de compositores que algunas instituciones tienen?, ¿las residencias sirven para contrarrestar esto.

Entramos en un debate eterno que admite múltiples facetas. ¿Vivimos en una sociedad preocupada realmente por la música? ¿Asistimos a los conciertos para escuchar o tan solo lo hacemos como acto social? ¿Tiene lógica aglutinar los estrenos en ciclos de música contemporánea de manera exclusiva? ¿Nos interesa –y me centro sobre todo en salas financiadas públicamente- tan solo el lleno absoluto o por el contrario podemos permitirnos un cierto déficit económico a cambio de una programación más arriesgada? ¿Debe, la música en vivo, “venderse” con otros envoltorios más o menos superfluos -proyecciones de películas, mapping sobre las paredes de los auditorios, etc.-? ¿Es imprescindible salir de los espacios habituales y buscar nuevos públicos en otros ámbitos artísticos?

Las respuestas a las cuestiones anteriores deberían condicionar la política cultural de un país. Si se apuesta por la Cultura, uno debe arriesgarse y tener claro que, a nivel económico, la inversión será ruinosa. Sin embargo, el beneficio desde el punto de vista de la formación de una persona, de un ciudadano -las Humanidades, eso que “no sirve para nada”-, será inconmensurable.

Hubo un tiempo en que intérpretes (Gould, Menuhin, Pollini, Abbado...) e instituciones programaban obras de diversos períodos históricos y se asumía una función pedagógica, más allá del valor estrictamente musical de cada composición. Bien es cierto que, con la tendencia a la especialización (música antigua, clásica, contemporánea...), cada vez resulta más complicado llevarlo a término.

Sigo creyendo, sin embargo, que tiene más sentido programar obras “clásicas” (incluido el siglo XX-XXI) al lado de nuevas músicas. Para el compositor –para mí, al menos- supone un verdadero reto: prefiero desempeñar el papel de “telonero” de Beethoven, de Stravinsky o de Ligeti que figurar en un concierto con obras exclusivamente de colegas vivos. Creo, además, que para el público supone también un mayor grado de interés.

Por supuesto no se trataría de recurrir, de nuevo, a la típica programación aséptica en que aparece un estreno, un concierto para solista y orquesta, y una sinfonía en la segunda parte, sin ninguna relación entre las propuestas.

De todas formas, soy consciente de que en nuestros días y por una serie de circunstancias, si no fuese por determinados festivales o ciclos especializados, sería muy complicado poder disfrutar de algunas de las composiciones más recientes.

¿Cuál sería la estructura para un compositor en residencia “ideal”?, ¿qué cosas estaría bien incluir, quitar, sugerir?

Las fórmulas habituales, bien sea la de “compositor invitado”, la de la “carta blanca” o la de la “residencia”, implican planteamientos diferentes y, sobre todo, resultados –y riesgos- bien distintos: desde el músico como protagonista a través de sus obras hasta el compositor que ejerce las funciones de programador –con el ánimo de que se comprenda mucho mejor su trayectoria.

A mi entender, lo más importante consistiría en asegurar la subsistencia y favorecer un entorno de concentración para que fuese posible dedicarse exclusivamente a la composición –ello no excluye la posibilidad de dar conferencias o clases durante un período determinado. Disponer de un grupo de intérpretes –también de colegas o técnicos- con los que consultar, experimentar e intercambiar pareceres es, sin duda, una experiencia extremadamente valiosa. Mucho me temo, no obstante, que esto solo sucede si el compositor dispone de una herencia formidable, de un buen patrimonio inmobiliario para alquilar o de un título nobiliario que le garantice una pensión vitalicia.

Salvo que sea imprescindible el uso de nuevas tecnologías –y se requiera el apoyo de un centro específico, con sus ingenieros, sus aparatos y herramientas, etc.- o que se trate de un proyecto relacionado con un espacio concreto –una espacialización, una dramaturgia-, no creo que resulte determinante estar físicamente en un lugar o en otro. Para componer solamente se necesita tiempo, buenas ideas y el “saber cómo” imprescindible en cada materia artística.

Foto: May Zircus

Autor:Ruth Prieto
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