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JOSEP PONS: «Mi sueño sigue siendo seguir ilusionando al público como si fuera una criatura»

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Autor: Óscar del Saz
27 de agosto de 2026

Óscar del Saz entrevista al director de orquesta español Josep Pons para Codalario 

Josep Pons

JOSEP PONS: «Mi sueño sigue siendo seguir ilusionando al público como si fuera una criatura»

Una entrevista de Óscar del Saz
Josep Pons (1957), reciente exdirector musical del Gran Teatre del Liceu (desde 2012), fue elegido Director Titular y Artístico de la «Deutsche Radio Philharmonie» en la temporada 2025-26. A lo largo de estos años ha dirigido una cuarentena de títulos, con especial atención a las grandes obras del repertorio de los siglos XIX y XX, como el ciclo del Anillo del Nibelungo, Tristán e Isolda, Parsifal o Lohengrin de Wagner, Elektra de Richard Strauss, Wozzeck de Alban Berg o Pelléas et Mélisande de Debussy, y también de otros estilos como la trilogía Da Ponte de Mozart o Rodelinda de Händel, además de varias estrenos. Es Director Honorífico de la Orquesta y Coro Nacionales de España (OCNE), donde fue director titular y artístico de 2003 a 2012, y también de la Orquesta Ciudad de Granada (1993-2003). Fue fundador de la Orquestra de Cambra Teatre Lliure, de la que fue director titular de 1985 a 1997, y de la JONC (Jove Orquestra Nacional de Catalunya), de la que es «Director fundador». En 1992 fue Director Musical ejecutivo de las ceremonias de los Juegos Olímpicos «Barcelona-92».

Después de su salida como director artístico del Liceu… Qué sintió en ese último concierto dirigiendo coros y orquesta tan queridas por Ud.

Pues fue un programa muy preparado y para nada baladí. Es decir, de forma premeditada quería que fuera la Octava de Mahler. Primero, por la obra en sí, porque creo que constituye toda una tesis sinfónica. Como corresponde al Liceu, evidentemente, tuvimos un final operístico y yo podía haberme despedido con la ópera, pero pensamos que era bueno hacer una despedida sinfónica también, desligando la orquesta del foso.

Mi trabajo en estos años ha sido, esencialmente, la visibilidad, porque las orquestas de ópera están en el foso, y son -la mayoría- “anónimas”, y no conocemos las caras de los instrumentistas. Es fundamental que para que un buen teatro funcione debe tener unos cuerpos estables de primer nivel y éste era mi principal cometido que he conseguido y, por eso me interesaba en mi despedida empoderar esta idea: cuerpos estables, felices y conocidos que ahora el público, la ciudad, amara.

Esto lo verbalicé hace 14 años, y habré acertado o no en el dibujo, en el esquema y en el plan… Pero este plan viene de más allá, pues ya pasó en la ONE, pasó en Granada, ha pasado siempre. De ese plan podré realizar un 50 por 100, un 70, un 80 o un cien por cien, pero donde pongo la brújula no me desvío ni un grado.

Y desde el punto de vista emocional, claro que sentí cosas, aunque yo siempre me centro más en enfrentar el trabajo y la dificultad -en concreto la de esta magnífica obra-, que volvió a representar un nuevo éxito, ya que no es habitualmente programada.

«Como corresponde al Liceu, evidentemente, tuvimos un final operístico y yo podía haberme despedido con la ópera, pero pensamos que era bueno hacer una despedida sinfónica también, desligando la orquesta del foso»

¿Pero pudo desdoblarse y atender tanto a sus sentimientos como en asegurar la parte interpretativa? 

Pues mire, yo era muy consciente de que la obra era la adecuada, pero el espacio no. Y eso que en la segunda parte, la del Fausto, ya tiene un carácter mucho más operístico. Pero en toda la primera parte Mahler pretendía reflejar la armonía de las esferas celestes, una auténtica polifonía de las esferas, que no de la Humanidad, que fueran los planetas y los cuerpos celestes los que se pusieran a cantar.

Soy consciente de que se necesitó más espacio, algo como el Cinemascope, que te permite entender de forma sonora el primer coro, el segundo coro, el tercero de los niños… Pero si -en cambio- tienes todo eso al final de un “tubo”, al fondo, obtienes una única mezcla, algo que se convierte en “monoaural”.

Por lo tanto, había una componente de cabeza fría, pero sabiendo todo lo que se ha volcado el Liceu en prepararme, y que yo se lo agradezco con el alma… Ojalá todas las despedidas después de más de 14 años fueran así, donde se respiraba amor… Por eso -y aunque me preguntaron- preferí no decir ninguna palabra ni al principio ni al final. Eso es marca de la casa en mí. 

Y le explico, lo vivo, pero la emoción, digamos, me viene retardada, los días y las semanas de después, no el en el momento. Igual es un exceso de querer controlar la emoción, ya que me cuesta mucho exteriorizarla en el momento. Así es mi carácter: vivo la música intensamente, pero lo hago para que -sobre todo- el público se emocione y la conciencia sentimental es, en mí, de forma intermitente durante la interpretación.

Me pasó hace poco con los Gurrelieder y La canción de la Tierra, en los que sí que quise hacer consciente el disfrute y la emoción, y estiré esa sensación todo lo que pude porque tuve la percepción de no saber cuándo sería la próxima vez que las dirigiría… Afortunadamente, yo las he dirigido muchas veces, pero no es lo habitual, entre otras cosas porque son obras carísimas. En suma, que puedo parecer insensible pero en realidad no lo soy.

«Ojalá todas las despedidas después de más de 14 años fueran como la del Liceu, donde se respiraba amor»

Usted ha sido elegido la temporada pasada como Director Titular y Artístico de la «Deutsche Radio Philharmonie». Comienza la próxima Temporada con Debussy y Ravel y Javier Perianes… ¿Por qué ha eligido este comienzo? ¿Cree que se ha perdido la referencia a los “Pilares de Europa” ya que ha tomado este título como hilo conductor?

Tengo la fortuna de que las orquestas en las que he sido titular me han nombrado honorario, algo que agradezco infinitamente. Pero mi mundo son los músicos, mis valedores son los músicos… 

Acepté trabajar con esta orquesta, que es la tercera vez que me ofrecían la titularidad… Es una orquesta extraordinaria, que toca admirablemente bien y acepté porque son una orquesta de radio, que pienso que es un plus añadido. Los conciertos se dan en directo absolutamente todos, y después se dan en streaming.

Contestando a su pregunta… Efectivamente, la referencia a esos Pilares se ha perdido totalmente… Mi mundo es casi renacentista, o sea, como el del recuerdo que Victoria de los Ángeles me mencionaba… Me hablaba muchas veces de Roger Désormière, y me decía, “¿a ti te hubiera gustado vivir aquella época, verdad?”… Y claro que sí. Pienso que me hubiera gustado estar donde el foco estaba puesto en el Humanismo, en la Cultura.

¿Qué distingue, en esencia, el trabajar en una orquesta de radiodifusión?

Tenemos a nuestra disposición 3 técnicos que trabajan siempre con nosotros, para el concierto y entre bambalinas. Todo funciona y va medidísimo, como un reloj. Yo tengo la experiencia de la BBC, siempre tan profesionales, donde me preguntaron cómo se pronunciaba exactamente mi nombre delante de una fonetista, unido a la gran cantidad de grabaciones en su fonoteca…

Las casas de radiodifusión se lo toman muy en serio, porque no es una orquesta que la sufraga la radio, sino que la radio manda…, o sea, yo no puedo salir a escena hasta que el regidor no me dice “¡ahora!” porque siempre hay -y el público ya lo sabe-, un locutor o comentarista que está leyendo en la radio.

La radiodifusión aquí nos ayuda mucho, y alberga muchas iniciativas, como la creación del “Fórum Europa”, foro de debate sobre diversos temas en formato podcast.

«Me hubiera gustado estar donde el foco estaba puesto en el Humanismo, en la Cultura»

Ha comentado Ud que quiere repensar desde cero el formato tradicional de concierto. Si pudiera borrar todo lo existente y diseñar una experiencia nueva, ¿qué sería lo primero que desaparecería?

Las diversas formas de expresión escénica, digamos, el teatro de drama en texto con actores, el mimo, el teatro de títeres, el circo incluso (véase lo impensable del Cirque du Soleil actual trasplantado a antaño)… Un museo, la ópera, el mundo sinfónico… De todas estas formas de expresión artística, pienso que la ópera es quizá la que, después de los museos, es la que ha tenido mayor evolución. Lo de los museos es impresionante. 

Hace 50, 60 años, decíamos “museo”, era una palabra que definía algo anquilosado, lo “museístico” era algo que no se movía. Ahora hacemos viajes para ir a una ciudad, para ver museos. Yo que he estado en Madrid 10 años, tiene un regalo de los dioses en ese sentido. Los sábados por la mañana, que era el único espacio que tenía libre, me veía, el Thyssen, El Prado, el Reina Sofía, La Caixa, y también otros museos más pequeños, los de algunos bancos, etc. 

Su transformación -color de las paredes, ambientación lumínica, olores, etc.- ha sido al servicio de los cuadros que hay allí colgados… Es una maravilla, no sólo una experiencia visual, sino es una experiencia estética inmersiva. Después vas a la tienda del museo y te lo comprarías todo, desde la goma al lápiz, a la bolsa, al jersey, al libro. Te lo comprarías todo… Lo que han evolucionado los museos no tienen nombre y la ópera también. 

¿Y en la ópera?

Nombres propios ha tenido la ópera en Madrid: Mortier cambió el curso de la ópera. Gustará o no gustará… Pero creó y trabajó con unos colaboradores que cambiaron el panorama de la ópera. Quizá ahora el cambio es exagerado y forzado por los directores de escena… De hecho, el que canta es al que piden que se mueva más (risas).

Y a lo que iba… La música sinfónica ha evolucionado a nivel de pensamiento musical y hemos tenido, pues sí, las típicas corrientes interpretativas. Muchas influencias, pero sólo sobre el lenguaje. 

«Mortier cambió el curso de la ópera. Gustará o no gustará… Pero creó y trabajó con unos colaboradores que cambiaron el panorama de la ópera»

Pero usted se refirió hace poco a cambiar cómo se hacen las cosas en el mundo sinfónico…

Obviamente, el mundo sinfónico ha tenido una evolución… Rameau, Mozart, Haydn… Todo ello con un número determinado de músicos, un número determinado de claves, de instrumentos, un número determinado de octavas en la partitura, unas salas adecuadas al volumen generado..., e incluso una vestimenta y un protocolo adecuados a la época. La vestimenta era el traje de gala de la época y el protocolo era también según la época. 

Es la evolución del lenguaje, que evolucionan los instrumentos o la evolución de los instrumentos que precipita el nuevo lenguaje. Pero la cuestión es que cambian los instrumentos y cambia el lenguaje. Cambian las salas de conciertos (berlín , Madrid, etc.), que cada vez son más grandes para poder tener esta cantidad de sonido… Hasta la Revolución Industrial. Véase Wagner, por ejemplo… Y aquí se aprieta el “pause”, se pone todo en “standby” y se petrifica o cógela el modelo, sin ningún movimiento posterior. Ahora es todo idéntico a como se ha hecho siempre…

Antes se era mucho más creativo en los conciertos, la música contemporánea de ese momento se interpretaba mucho más: Celibidache tocaba Hindemith, los estrenos de Stravinsky eran seguidos a nivel planetario, los de Schoenberg también. Ahora es todo más prosaico: asistencia de una escala social parecida, concierto y cena… Siempre lo mismo. No ha evolucionado y tendrá que cambiar.

¿Cuál es su forma de enfocar una obra dada?

Mi trabajo es el estudio de la partitura, el leer sobre la partitura, el intentar entender la partitura, leer, intentar entender lo que está escrito y lo que no está escrito, descubrir… Ahora estoy con Ravel, y debo transmitir mi concepción sobre él a los músicos… Y eso que es una orquesta francesa [la del Capitolio Toulouse] que conoce perfectamente este repertorio, y ellos tendrán su pensar sobre la obra, pero debo intentar convencerlos de que mi camino, el que les propongo, les va a seducir, sabiendo que cualquier elección significa que descartas centenares de opciones, como cuando te casas con una persona y has descartado el resto de la Humanidad. Si la magia aparece, como les digo a mis músicos, aparece en el riesgo, no en la confortabilidad. Mariss Jansons decía “o vida confortable, o ser músico”.

«Antes se era mucho más creativo en los conciertos. Ahora es todo más prosaico»

Lo que ocurre quizá es que nadie quiere dar ese paso a arriesgar a cambiar porque no quiere tocar “lo que funciona”… ¿Ud daría ese paso?

Yo lo he dado varias veces, y pueden parecer detalles, pero son cosas importantes, de fidelidad al compositor... El primer Amor brujo que hicimos…, cuya partitura de 1915 nos cayó en las manos por un milagro, cuyos materiales encontró Antonio Gallego. Yo estaba en Italia y comprobamos que Falla había hecho la pieza con cantaora, pero nunca más hasta entonces… Así lo recuperamos nosotros y fuimos los primeros en volverlo a hacer así. 

Cuando llego a la Orquesta de Granada, de las primeras cosas que hago es que voy a un recital de Enrique Morente en el auditorio, del que quedé profundamente alucinado. Alguien debía realizar un acercamiento al flamenco desde la música clásica… Antes he dicho que no me emocionaba inmediatamente con la música clásica como sí me emocioné con el flamenco… Y por eso lo incluí en conciertos y establecimos una muy buena relación… Incluso hicimos un disco con Tomatito que obtuvo un Grammy Latino…

¿Y tiene pensado algo revolucionario ahora en Alemania?

El planteamiento es claro, yo hago una propuesta, y puedo acertar o no. Mi fórmula es “meter una sacudida” de vez en cuando para remover el repertorio y, si puedo, un poco los cimientos. Propongo siempre mi visión más por “producciones” que por “programas”. Obviamente, si no tuviéramos a Bach, a Mozart, a Haydn, a Beethoven..., a los músicos ya nos hubieran echado del paraíso. La verdad es que los músicos por nosotros mismos, no nos aguantaría nadie.

¿Puede desarrollar lo que ha creado un poco más?

Sí. He creado -lo que yo llamo- unas “esferas”, en las que una puede tener 10 programas, la otra puede tener 2, y la de más allá puede tener 3, pero debe cumplirse que una obra ayude a la otra y un programa ayude al otro, donde pueda ir todo el mundo pero cuyas temáticas te entren por una neurona diferente cada vez, de modo que el público prefiera y guste de “reconocer” en vez de “conocer”.

Una esfera completa es, por ejemplo, es Hildegard von Bingen, siglo XII, que es de Alemania, de la zona de nuestra Orquesta. El monasterio que creó está a 50 km de nuestra sede. Y no todos saben que von Bingen, que es una gran doctora medieval, o sea, una gran influencia en la iglesia, pero en el mundo. Fue músico, poetisa, mística -tuvo experiencias místicas-, era naturalista y feminista. 

Ella describe por primera vez el orgasmo femenino siendo monja, porque también era médico…, y es la primera mujer que firma una obra musical monódica. Seguramente, muchas otras escribieron antes, pero ahí ha quedado ese hecho.

Pues he creado un espacio de 3 semanas, a modo de  festival, que se llama “Universo Hildegard von Bingen”, donde hacemos acercamientos a Messiaen, Ravel, la “Wassermusik” de Telemann, “La tempesta di mare”, de Vivaldi como elemento naturalista cercano a von Bingen… Hay esferas más grandes y pequeñas, que abarcan más o menos ámbitos que intersecan a otros universos. La más grande se titula “Visiones de Europa”, muy de moda en este tiempo en el que sí creo que Europa está denostada, la Europa por la que nadie da nada, pero de la que opino que es la solución al Mundo…

«Mi fórmula es “meter una sacudida” de vez en cuando para remover el repertorio y, si puedo, un poco los cimientos»

¿Cómo sería esa solución según lo ve Ud?

Sí, ya sabemos de China, ya sabemos de América, ya sabemos de Rusia. Pienso que Europa debe ser la solución, pero igual es que estamos dormidos… Pero por eso yo lo reivindico: Demos el espacio y la presencia a la Europa de siempre 

Como director artístico he diseñado, en visiones o esferas, distintos enfoques de Europa para cada temporada. Stefan Zweig y su libro El mundo de ayer. Memorias de un europeo es una de ellas, porque habla de que Europa es la que más y mejor ha contribuido a la Humanidad: la confortabilidad, la seguridad, el bienestar, el arte, este placer de la vida, pero a la vez con un volcán que nadie intuyó: hizo estallar una Primera Guerra Mundial y -al cabo de poco tiempo- una Segunda...

Por lo tanto, la pregunta es: ¿es el mundo de hoy el mundo de ayer? O sea, ¿qué sucede en el mundo de hoy? Y, claro, esto me permite abordar multitud de obras que sugieren preguntas y respuestas. Imagínese: la Primera Escuela Vienesa, la Segunda Escuela Vienesa que reflejan en este momento del estallido, tantas y tantas cosas. 

O también las músicas en las cortes europeas, donde propongo El burgués gentilhombre, de Molière, pero con la música para el ballet de Lully, y para la segunda parte, lo mismo pero con música de Strauss - Der Burger als Edelmann, Op. 60-. En cuanto a los pilares de Europa, son varios: Grecia, Roma y toda la mitología grecorromana, la democracia, el teatro… De ahí que hagamos Dafnis y Cloe… En esto que se cruza el Cristianismo, el monoteísmo, el Pecado Original, el concepto de “culpa” y también el del “perdón”… El compositor Josep Solé decía que la música clásica es el lamento de lo que pudo haber sido y no fue, considerando que hubiera seguido Grecia y Roma, sin el Cristianismo… No se sabe dónde habríamos llegado. 

Obviamente, el Cristianismo es otro de los pilares esenciales... Con Jesucristo podríamos hacer tres y cuatro temporadas completas… Después están Dante, Goethe, Shakespeare, Cervantes…, que también son pilares de Europa. Pero además imbricamos todo con música de jazz y damos pinceladas del mejor Wagner y su concepción sobre la mitología germana (Lohengrin, Parsifal)… Aquí la radio ayuda mucho, como decía, y de ahí la creación del “Fórum Europa” comentado.

«Hildegard von Vingen describe por primera vez el orgasmo femenino siendo monja, porque también era médico…, y es la primera mujer que firma una obra musical monódica»

Como curiosidad, ¿Ud entonces es el autor de todas estas ideas de la creación de las esferas o hay una especie de comité de creación que trabaja con Ud?

No, yo en esto trabajo -ideo- solo.

¿Cómo hace para pensar todo esto tan creativo? ¿Piensa más como músico, como público, como un arquitecto de ideas que va uniendo?

Aprovecho un día lúcido que tenga y escribo lo que quiero hacer. Lo del “día lúcido” es broma, pero escribo lo que quiero hacer, lo dejo escrito y avanzo más o menos en el desarrollo… Así lo hice en la Orquesta Ciudad de Granada y en la OCNE… Es análogo a pensar en por qué Brahms eligió como inspiración el canto de las parcas (obra para coro mixto y orquesta)… Después de mucho reflexionar llegaría a la conclusión de que valdría la pena esa obra para que nos concentráramos en ella…

La espiritualidad también es un buen tema, ¿verdad?

Sí, está considerado en una esfera que denomino “Lamentos y Pasión” porque en Alemania en Semana Santa todo el mundo atiende a este repertorio tan maravilloso… Y siendo Bach el mejor, se pueden hacer también La pasión secundum Lucam, de Penderetsky, o La pasión de Tomás Luis de Victoria, o La pasión de Buda, de Tandun, o la Pasión según San Marcos, de Osvaldo Golijov. La Octava de Shostakovich, por ejemplo, es un gran lamento, es el lamento del pueblo después de loar en la Séptima la resistencia de Stalingrado.

Qué opina de la dificultad en la música…

Todo lo que yo comento, cuando hablo, cuando ensayo, es muy pedagógico… Pero no debe notarse, no hay que ofender porque si no creerán que voy como aquellos que sólo quieren educar, y no es el caso… Yo sólo sé que no sé a quién tengo delante… Hoy en el ensayo con la orquesta les decía -era una frase muy articulada- “si lo tocamos así, sólo un “ultra-músico” se dará cuenta del qué, pero los otros -todo el resto- si lo tocamos así de bien -pero sin saber por qué-, también notarán que esto es diferente”. Si yo sólo transmito dificultad, en el fondo estoy angustiando, y ése no es el camino, porque casi ninguna partitura lo muestra como el camino mejor.

«Aprovecho un día lúcido que tenga y escribo lo que quiero hacer»

¿Cuántas veces se replantea sus “enfoques esféricos” para conseguir un refinamiento sucesivo y llegar a la solución final?

Hay un momento en que debo decidirme. Pero debo confesarte que las visiones de Europa y lo relativo a Hildegard von Bingen vinieron por una reflexión de mi esposa que me dijo “oye, ¿tú te has dado cuenta de que en la zona donde mueves, de Sarbridgen, Mannheim, Kaiserslautern, es el corazón de Europa? Estás pegado a Luxemburgo, estás pegado a Francia... 

Con Hildegard tuve que convencerles a ellos [a la radio] porque pensaban que no daba de sí para tres semanas… Normalmente no erramos el tiro. Evidentemente que necesito colaboradores… Por ejemplo recuerdo a Félix Palomero que es un 10 sobre 10 a la hora de contrastar y aportar en las ideas…

Usted tiene fama de ser un buen líder y también por saber remangarse en el momento que haga falta, ¿es así?

Absolutamente definitorio, forma parte de mi filosofía. Yo creo que en las instituciones hay que ser muy leal a la institución, que no significa a la persona que te haya nombrado. A veces, para ser leal a la institución deberás no estar de acuerdo con la persona que te ha nombrado. Sí, las dos cosas que menciona me definen.

¿Y en ese sentido, ha tenido que ser políticamente incorrecto alguna vez para conseguirlo o normalmente tiende a ser políticamente correcto?

Me he peleado, me he peleado muchísimo con todos mis superiores, duramente. Sí yo si un día publico las cartas, sean las que sean, con los de arriba, con directores generales del INAEM, todas son cartas incendiarias…

Yo creo que hay que tener una máxima…, es esta que te decía que hay que ser leal a la institución, y la otra es que debes tener la carta de dimisión redactada y en el bolsillo, no decir “te la mandaré mañana”, sino, “toma mi carta de dimisión”… 

Cuidado, yo no soy el guardián de la ética, pero lo que yo creo que no es ético, debo decirlo, y por eso alguna vez he tenido que hablar con mi esposa y decirle “mañana puede que esté en la calle”. Y siempre ella me ha dicho... "Claro, si no estás dispuesto a pasar por ahí, no eres libre". A mí me concedieron 40 nuevas plazas, 40 en la OCNE y en el Liceo otras 40… 

«Recuerdo a Félix Palomero que es un 10 sobre 10 a la hora de contrastar y aportar en las ideas…»

Creo que somos muchos los convencidos de que deben existir unos mínimos de plazas fijas para que la maquinaria pueda seguir funcionando como tal maquinaria pública…

Totalmente de acuerdo… De hecho, siempre digo que si yo algo he aportado a la música española, de entrada son 80 plazas nuevas. Cada una acompañada con su sangre, sudor y lágrimas.

Una pregunta un poco distópica sobre el tema de la inteligencia artificial, que no sé si usted la maneja… ¿Cree que será una enemiga o una aliada de la música? ¿Por dónde cree que irá la inteligencia artificial relacionada con la música?

No tengo ni idea, pero no me da miedo. O sea, en absoluto. A ver, llevado a la ciencia ficción parece que alguna se ha revelado y ha hackeado cosas… Pero no te escribirá El Quijote, no inventará El Quijote. Para mí un modelo de creatividad fue Ferrán Adriá y elBulli… 

Esto de las esferas que te digo que he creado, pues si ahora alguien dice, mira qué idea más genial, yo lo voy a hacer también, a mí no me importará, soy más del XVIII que del XIX… Si a Mozart a alguien le copiaba un tema, no se enfadaba, estaba orgulloso… Los pleitos por copia son más del XIX… Yo pienso que los humanos debemos ser creativos, y respecto de la inteligencia artificial, evidentemente hay que legislar ciertas cosas porque si no puede ser tremendo.

«Me he peleado muchísimo con todos mis superiores, duramente»

¿Qué sueño profesional conserva intacto, aun con su experiencia, desde que era un joven director?

Pues mi sueño sigue siendo el seguir ilusionando al público como si fuera una criatura. O sea, yo me digo muchas veces: uno debe hacer conectar con el niño o la niña que decidió ser músico…, debemos de conectar con esta figura y pensar por qué decidió ser músico.

En mi despedida, la Orquesta del Liceo me regaló un cuadro muy bonito de mi perfil, y que tiene un texto muy hermoso que dice, resumido: 

“Querido maestro, en nombre de la Orquesta te queremos hacer entrega de este regalo que hemos encargado a la artista Sandra Mondrego [...]. El cuadro que hoy te regalamos, admite diferentes lecturas. Por un lado, se puede intuir tu silueta y del otro, visto con una cierta distancia, evoca un camino. Quizá esta es la imagen que mejor resume estos años, el camino recorrido juntos. […] Cuando llegaste, lo hiciste con una idea muy clara, con un sueño ambicioso para la orquesta. 

Muchos recordamos en aquellos primeros años la intensidad de una mirada, muchas veces severa, y la exigencia de quien persigue un ideal sonoro que todavía le parece lejano […], pero el tiempo transforma a las personas y también transforma las relaciones. El maestro que hoy acompañamos no es exactamente el mismo que llegó. Si al principio parecía que nos mostrabas el camino, hoy tenemos la sensación de que nos miras con una satisfacción serena de quien ve caminar con paso propio aquello que ayudó a hacer crecer […]”. 

Y es aquí, en ese texto, donde se responde a su pregunta: “no obstante, hay una cosa que no ha cambiado nunca: tu entusiasmo incombustible por la música. Todos nosotros hemos estado, hemos sido testigos de esa energía inagotable, esa capacidad de continuar trabajando durante horas sin perder nunca la curiosidad ni la ilusión. En eso siempre nos has recordado a un niño, alguien capaz de maravillarse una vez y otra delante del milagro de la música”. 

Por tanto, y remato mi sueño: que yo no pierda la maravilla, la música, y que ésta no deje de apasionarme, que no deje nunca de buscar, de buscar, de buscar…

«Mi sueño: que yo no pierda la maravilla, la música, y que ésta no deje de apasionarme, que no deje nunca de buscar, de buscar, de buscar…»

¿Existe alguna partitura que le intimide o que le imponga respeto y que no se haya acercado a ella? ¿Puede explicar la razón?

Le diré que hay una obra que no he hecho, pues porque no la entiendo. Es de Mahler, y eso que Mahler me es muy cercano: es alguien que me entra por todos los poros y que enseguida lo noto en mi piel… Pero hay una sinfonía que se me resiste: la Séptima. No sé cómo hincarle el diente porque no la entiendo. Entiendo el primer movimiento, pero los adagios que vienen después… Es que necesito saber por qué ha hecho lo que ha hecho el compositor… Y no la he hecho, no por dificultad técnica, yo puedo hacerla, puedo…, pero entonces -al no entenderla- yo no seré un buen transmisor, o sea, expresaría dudas. Cuando la ensayara, lo primero que tendría que hacer es decir a la orquesta: “a ver si alguien me lo aclara”.

¿qué le otorga a usted más enseñanzas, una música que ama o una música que le plantea dudas? ¿Qué le qué le enseña más?

Es que las dos cosas me atraen… O sea, lo que amo, lo amo, y en lo que me plantea dudas me crea un una angustia y un trabajo por resolver las dudas. De todas maneras, yo creo que el arte no está para darnos respuestas. El arte está para hacernos preguntas. Las respuestas son nuestras, son tuyas, son mías de cada cual…, pero el arte debe generarnos preguntas y después la respuesta ya será la tuya.

Ahora me recogen los trombonistas de la orquesta del Capitolio de Toulouse porque me hacen una cena. Y la habrán cocinado ellos… como ya le he dicho: Este es mi mundo, estar con los músicos.

Foto: Web Liceu

«No sé cómo hincarle el diente a la Séptima sinfonía de Mahler porque no la entiendo»

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