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Crítica: Juan A. Ferriol interpreta el 'Concierto para oboe en do mayor' de Haydn en la temporada de la OSPA, bajo la dirección de Perry So

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Autor: Aurelio M. Seco
6 de febrero de 2016

EL OBOE BIEN TEMPERADO

Por Aurelio M. Seco
Oviedo. 5/II/16. 6º Concierto de abono de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA). Juan A. Ferriol, oboe. Dirección musical: Perry So. Obras de Rameau, Haydn y Beethoven.

   El oboe es uno de esos instrumentos fundamentales para la sonoridad de una orquesta; para templarla y endulzarla con el azúcar de su caña, pieza clave del instrumento como el propio oboe lo es para templar una sinfónica desde su propio temperamento. Sólo los que tocan y trabajan desde y para este instrumento pueden valorar del todo la dificultad de afinar sus agudos y obtener de él un sonido bello y dulce, pues así es el oboe cuando se toca bien. La Sinfónica del Principado de Asturias tiene suerte en este sentido, al contar no sólo con un gran oboísta en su plantilla sino con dos: Juan A. Ferriol y Juan P. romero , pero fue el primero y principal de la OSPA quien se convirtió en uno de los grandes protagonistas de la cita del viernes al interpretar brillantemente el Concierto para oboe en do mayor, Ho. VIIg:C1 de Haydn. Fue una lectura tocada desde la serenidad y buen gusto de un notable intérprete, elegante desde un estilo clásico y certero, que cuida el sonido desde la redondez y plenitud de cada nota. Ferriol nos pareció un oboísta de sonoridad cálida, distinguida y gentil, cualidades que sentaron bien al concierto de Haydn. La propina estuvo elegida con mano maestra, Oblivion de Piazzolla, pieza escrita por el argentino de manera sencilla pero profundamente emotiva. La versión fue personal y, una vez más, volvió a preferir la elegancia del ornamento depurado y bien definido a subrayar el puro sabor argentino de esta música, que también existe y que tampoco habría estado mal encontrar más auténtico en el acompañamiento orquestal, que encontramos algo falto de ritmo y color. 

   El concierto se hizo un poco largo, debido a la inclusión de una suite de Les boréades de Rameu, obra interesante pero, a veces, aun siendo del gran Jean-Phillippe, un tanto repetitiva. La versión dejó momentos de singular belleza, que también los tiene, en la cuerda de la OSPA, muy bien llevada por la mano generosa de Perry So, director sonriente, de gesto atento, plástico y agradable, cargado además de la energía e ilusión que tienen los jóvenes de talento.

   Dirigir la Tercera sinfonía de Beethoven se nos antoja un trago difícil para cualquier director. No encontramos el estilo tan profundo como querríamos. Esto lo echamos en falta en el segundo movimiento, por ejemplo, donde mantener los fraseos con la sonoridad apropiada y la intencionalidad dramática resulta complicado. No es ésta una obra para andarse con ligerezas ni rapideces, pero tenemos que decir que So la dibujó desde la pasión y entrega total y sincera, cosa que nos gustó y que ofreció la oportunidad de disfrutarla desde el primer al último compás. La fuerza expresiva de Beethoven, tan difícil de subrayar en su justa medida y dramatismo, estuvo aquí llevada por el temperamento ágil, contagioso y risueño de un director ilusionado e ilusionante, que movió a los músicos desde el altruismo gestual y el desprendimiento expresivo. Cuando la versión de un director invitado desprende tal pasión, profesionalidad y generosidad, poco cabe objetar.

Fotografía: Facebook de la OSPA

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