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Crítica: Recital de Juan Diego Flórez en Zaragoza

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Autor: Juan Carlos Galtier
20 de febrero de 2017

FLÓREZ Y LA VERDAD

   Por Juan Carlos Galtier | @jcgaltier
Zaragoza. 17-II-2017. Sala Mozart del Auditorio. Recital de Juan Diego Flórez, tenor. Vincezo Scalera, piano. Piezas de Rossini, Mozart, Leoncavallo, Puccini, Massenet y Verdi. 

   En un mundo tan cargado de productos que son mas fruto de un buen marketing que del talento y el profundo trabajo artístico son necesarias más figuras como la de Juan Diego Flórez. En su recital en Zaragoza, el tenor peruano se reivindicó como legítimo heredero (muy bien actualizado, eso si) de la estirpe de grandes tenores que recorrieron el mundo en tiempos pretéritos y que se dejaban la piel en cada aparición pública con una profesionalidad tal que solo puede ser sostenida en una fuerte personalidad artística apoyada en una técnica canora impecable. Seamos francos, un tenor como Flórez no se jugaba nada en un recital como el de Zaragoza y perfectamente podría haber estado reservón tanto en repertorio como en medios, pero nada mas lejos de la realidad, el peruano se presentó en la sala Mozart con un programa de aupa, mas complicado, según sus propias palabras, que cualquier función de ópera en un gran teatro y lo hizo sin dejarse nada en el tintero.

   Las primeras canciones de Rossini sirvieron de toma de contacto para un programa que recogía hasta ocho exigentes arias (aparte de las canciones) de compositores tan diferentes estilisticamente como Mozart o Puccini. Precisamente las arias de Mozart nos demostraron la gran técnica y elegancia de Flórez. Su Belmonte fue canónico en los adornos y con un fiato impresionante puesto al servicio de esta elegante aria que contrastaba mucho con la otra aria mozartiana de Mirtridate, un aria “di bravura” cuyos escollos el peruano superó con aparente facilidad. Como era lógico la primera parte se cerró con un aria de Rossini, la primera de Idreno en Semiramide, y Flórez aquí demostró que a pesar de haberse abierto a otros repertorios sigue siendo un rossiniano dificilmente superable, cómodo en las coloraturas, acertadísimo en el fraseo y brillante en el agudo.

   La segunda parte, tras las canciones de Leoncavallo, estaba mas centrada en arias de lo que podríamos llamar su nuevo repertorio, más enfocado en papeles propiamente líricos. Tras derrochar elegancia en las citadas canciones llegó una de las cumbres de la noche con una interpretación maravillosa de la famosa aria de Wherter "Pourquoi me réveiller"; aquí Flórez encaja perfectamente tanto en la tradición de los grandes tenores líricos que han abordado el papel como con las tradición francesa que la expone con un sonido mas claro y de cabeza y todo puesto al servicio, con total humildad, de la música de Massenet; podemos decir que desde Kraus nadie había cantado esta aria así. En Puccini sabíamos que su Rinuccio iba a ser canónico y lo fue pero nos sorprendió gratamente su “Gelida manina” con un centro cálido y un fraseo maravilloso que unido a un canto portentosamente ligado tejieron una versión tan bella como sentida. Su Verdi tampoco defraudó, no en vano lo está defendiendo ya en importantes teatros.

   En los bises todos esperábamos a Flórez con su guitarra pero antes el peruano tuvo la deferencia de dejarnos claro como la jota es importante en la zarzuela que forma parte de su acerbo cultural y cantó con emoción la Jota del Trust de los Tenorios, no incluida en el resto de su gira en lo que fue un bonito detalle para con la capital aragonesa. Después llegaron los momentos con la guitarra y me parece portentoso que quien tan solo una hora antes estaba cantando Rossini o Mozart ahora cantara así a Gardel o a José Alfredo: la voz se plegó con total naturalidad pero sin perder un ápice de proyección y fue realmente emocionante sentir la complicidad de casi 2000 personas delante de una voz y una guitarra, recordemos, sin ningún tipo de amplificación y que en los sutiles pianísimos llenaba a la perfección cada rincón de la enorme sala Mozart.

   Flórez a pesar del clima seco de la ciudad pareció estar especialmente cómodo en Zaragoza, de modo que, cuando casi nadie esperábamos ya mas bises, aun oímos nada mas y nada menos que esa “espécialité maison” que es el aria de la Hija del Regimiento con sus dos de pecho que sonaron como soles dejándonos a los asistentes con la sensación de haber vivido una noche histórica para la memoria de los melómanos zaragozanos.

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