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Crítica: Recital de Juan Diego Flórez en el Auditorio de Oviedo

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Autor: Nuria Blanco Álvarez
22 de junio de 2019

Pletórico Flórez

Nuria Blanco Álvarez / @miladomusical
Oviedo. 16-VI-19. Jornadas de Piano. Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. Juan Diego Flórez, tenor. Cécile Rester, piano.

   Juan Diego Flórez acaba de poner el broche final a las Jornadas de Piano del Auditorio de Oviedo de la presente temporada. Nos deja perplejos que el mero hecho de estar acompañado de una pianista para su recital, sea suficiente motivo para ser incluído en unas Jornadas dedicadas al instrumento. Para más inri, la misma entidad organiza en el mismo lugar los Conciertos del Auditorio en cuya programación hubiera encajado perfectamente. También deberían esmerarse más en los programas de mano, que aún no han encontrado una imagen corporativa que los definan después de 20 años ya de conciertos en el Auditorio. Los de esta temporada son tan anodinos estéticamente como poco prácticos, al tener en su portada un tamaño ridículamente minúsculo de información tan básica como el nombre de los artistas, amén de una especie de solapa absolutamente incómoda.


   Afortunadamente, el nivel artístico del evento que ahora nos ocupa, nos hizo olvidar estos asuntos por unos momentos. Un exultante Juan Diego Flórez ofreció un recital muy vistoso de cara a un público general, que abarrotaba la sala, en el que interpretó un buen puñado de canciones, arias de ópera y fragmentos de opereta, casi todas muy conocidas, en cuatro idiomas diferentes. Sus intervenciones se veían interrumpidas de vez en cuando con escuetas ejecuciones solistas de su acompañante, la pianista Cécile Restier, obviamente para descanso del artista, pero el repertorio elegido, que tocó con partitura, no creemos que fuera el idóneo. Restier aún debe mejorar su compenetración con el cantante, costándole seguir la agógica del peruano y sus rubatos, teniendo éste que indicarle constantemente con la mano las inflexiones de tempo. Dada la gran capacidad artística del tenor, se nos quedó muy corto este acompañamiento. Fue una verdadera lástima que no hiciera lo honores la Oviedo Filarmonía, que sí hizo lo propio hace unas semanas para una Gala lírica con la SIAA Foundation, que preferimos olvidar y de la que dimos cuenta en CODALARIO.

   Flórez es un artista de los pies a la cabeza y su fama está plenamente justificada. Tras la cancelación de este recital previsto para finales de mayo, debido a una afección vocal, el tenor se encuentra plenamente recuperado. Su bellísima línea de canto e interminable fiato se pusieron de manifiesto a lo largo de toda la noche, como en la cavatina y cabaletta de Tibaldo, de I Capuleti e Montecchi, que remató con un contundente Do sobre agudo. Una furtiva lagrima, pieza harto conocida, fue interpretada con sumo mimo, largos fraseos y cuidados detalles, incluyendo un precioso final. Pudimos disfrutar de sus maravillosos agudos en el aria Tombe degli avi miei… Fra poco a me ricovero de Lucia de Lamermoor, nada afectados y ofrecidos con una naturalidad pasmosa. Una belleza su interpretación de La fleur que tu m´avais jetée de Carmen y, por el contrario, un poco lucido acompañamiento pianístico.

   Los cuidados finales, como en La mia leizia infindere… Come poteva un angelo de I lombardi, fueron una muestra más de la inteligencia con la que Flórez afronta cada una de sus intervenciones, plagadas de detalles de calidad y que sin duda marcan la diferencia de un gran artista. La salva de aplausos a la conclusión del espectáculo fue atronadora y Juan Diego Flórez, exultante, se animó a ofrecer como propina, guitarra en mano, «unas cancioncitas, como decimos en Perú»; un momento íntimo que comenzó con el tema El gallo camarón de la peruana Chabuca Granda, que reconoció nunca antes haberlo cantado en público y que hizo las delicias de la audiencia. Continuó con la famosa canción mejicana Cielito lindo y como colofón de este final en español, no podía faltar la popular Granada, acompañado al piano con muy poca gracia. El carismático tenor finalizó la velada con Nessun dorma de Turandot, un repertorio obviamente alejado de sus cualidades canoras, pero con el que se metió al público en el bolsillo.

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