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Crítica: Recital de Juan Diego Flórez en el Teatro Real

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Autor: Raúl Chamorro Mena
15 de septiembre de 2021
Juan Diego Flórez

Cita con el éxito

Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 12-IX-2021. Teatro Real. Recital de Juan Diego Flórez, tenor. Vincenzo Scalera, piano. Obras de Franz Schubert, Vincenzo Bellini, Gioachino Rossini, Paolo Tosti, Gaetano Donizetti, Giuseppe Verdi, Giacomo Puccini, Salvatore Cardillo, Chabuca Granda, Tomás Méndez y Jules Massenet.

   Previamente al comienzo de las representaciones operísticas con La cenerentola de Rossini, el Teatro Real tenía previsto un potente inicio de la temporada 2021-2022 con sendos recitales consecutivos de dos de las mayores estrellas de la lírica actual, Juan Diego Flórez y Anna Netrebko. La cancelación de esta última por enfermedad y fallecimiento de su padre, ha dejado el asunto en un nuevo recital de Juan Diego Flórez en el Teatro Real, donde sólo ha interpretado una ópera representada -El barbero de Sevilla en 2005-. De todos modos, los variados recitales y obras en concierto abordadas por el tenor peruano en el coliseo de la Plaza de Oriente han forjado un infalible idilio con su público.

   A la espera de la nueva normativa que entrará en vigor en la Comunidad de Madrid el próximo día 20 y que ya permitirá el 100% de ocupación en los cines, teatros y auditorios, se mantuvieron las restricciones de aforo y, por supuesto, la obligatoriedad de mascarilla.

   El recital comenzó con el lied romántico de Franz Schubert que nos mostró a un Flórez aún frío, sin brillo y sin terminar de afianzar la emisión en las dos primeras canciones “An Sylvia” y “An die Musik” con pasajes demasiado graves que provocaron incomodidad al tenor. Destacó la tercera y última página, la serenata, que se benefició de una colocación más asentada y un mayor brillo y soltura vocal. Continuó el romanticismo con las composiciones de cámara de Vincenzo Bellini, en las que el tenor peruano se movió con mayor comodidad y dominio estilístico, destacando también la tercera de ellas, “La ricordanza” que contiene la melodía que luego el genial músico de Catania usó para la escena de la locura de Elvira en su última ópera, I Puritani. Con sentida expresión, Flórez transmitió adecuadamente ese vuelo y abandono lírico-patético de la melodía Belliniana. Para finalizar la primera parte, dos arias de Rossini, el compositor fetiche del tenor peruano y que, supongo y espero, nunca abandonará. En primer lugar, una bien delineada “Deh! Tu m’assisti amore”, que canta Florville en Il signor Bruschino para sellar, a continuación de forma brillante la primera parte con la espléndida aria de Idreno “La speranza più soave” de Semiramide. Flórez demostró tener “in gola” esta pieza, pues la interpretó también magníficamente, como pude comprobar in situ, el pasado día 22 de agosto en la Gala Rossini celebrada en la Piazza del Popolo de Pesaro y que celebraba sus 25 años ligado al Rossini Opera Festival. Ni que decir tiene que el legato y cuidado fraseo del cantabile en la voz de Flórez, dieron paso a la brillantez de los agudos y la vertiginosa coloratura de las volate en la cabaletta “E con me giubilerai”.

   El postromanticismo de la canzone de Paolo Tosti abrió la segunda parte con otras tres piezas, todas bien cantadas, aunque son páginas que lucen más en una voz con más cuerpo y color que la del peruano. Cabe destacar “Seconda mattinata”, fraseada por Flórez con tanto gusto como efusión lírica.

   Acto seguido, una muestra del repertorio propio de tenor lírico pleno que está abordando Flórez en los últimos años con tres arias consecutivas. “IL Duca d’Alba” es una ópera que Donizetti dejó inacabada y no se estrenó hasta 34 años después de su muerte. Entre varios músicos concluyeron la ópera y Matteo Salvi un alumno del genio de Bergamo compuso el aria “Angelo casto e bel”, pues Donizetti había utilizado el aria compuesta para el tenor, “Spirto gentil” o “Ange si pur”, para La favorita. Después de una magnífica introducción pianística por parte de Vincenzo Scalera, resultó espléndida la interpretación la que ofreció Flórez de esta bellísima aria con legato de factura, fiato generoso, dicción impoluta y un canto que ha perdido franqueza y naturalidad, más controlado, pero también más expresivo y menos sacaroso que antaño. Flórez culminó la página con un espléndido ascenso final, no tan afilado y luminoso como en el pasado, pero firme y timbrado. En su primera colaboración con un teatro no peninsular, Giuseppe Verdi estrena en la Opera de París Jerusalem basada en I Lombardi alla prima crociata, a la que añade una buena porción de música para convertir lo que era un melodrama italiano en Grand Opera. Flórez interpretó el aria “Je veux encore” que corresponde a “La mia letizia infondere” de la referida I Lombardi, pieza que el peruano interpretó en uno de sus recitales anteriores en el Teatro Real. Flórez tradujo la pieza con la mayor mesura que pide el canto francés y solventó los ascensos que requiere el fragmento con seguridad y firmeza.

   La vocalidad de Juan Diego Flórez se encuentra en las antípodas del tenor pucciniano, aunque sea el de su primera composición para el teatro, Le Villi. A falta de mayor robustez y cuerpo en el centro para la pieza y que el acompañamiento del piano le permite sortear la copiosa orquestación de Puccini, Flórez expresó con sensibilidad en el fraseo y apoyado en la nitidez de su articulación, el lamento de Roberto “Torna ai felici dì”     

   Magnífica la prestación del experimentado pianista Vincenzo Scalera, ideal como acompañante, con plena complicidad con el solista y ofreciendo un sonido limpio y bien calibrado. Asimismo, Scalera se lució en dos fragmentos solistas muy distintos. Variedad y pulso rítmico en la “Danse Sibérienne” de Gioachino Rossini y fraseo reposado en el Largo en Fa menor de Vincenzo Bellini

   El capítulo propinas se inició, como es habitual, con Flórez guitarra en ristre, y comenzó con la canción napolitana “Core’ngrato, Catarì” de Salvatore Cardillo, continuó con un potpourri de temas de su compatriota Chabuca Granda –“María Sueños”, “Fina Estampa” y “La flor de la canela”- para terminar con la ineludible “Currucucú paloma”, canción de Tomás Méndez que inmortalizó la gran Lola Beltrán. El tenor peruano ofreció la canción a “los que se la piden siempre”, no sin antes manifestar “que se aguanten” los que están hartos de la misma, y mantuvo ad libitum, como siempre, el falsete de desgarro hacia el final de la pieza.

Juan Diego Flórez

   Ya con Scalera otra vez frente al teclado, un generoso Flórez ofreció otros cuatro regalos. “Porquoi me réveiller” de Werther, en la que se puso de relieve la falta de peso vocal a pesar de la irreprochable musicalidad y línea canora. A continuación, “La donna è mobile” de Rigoletto, en este caso con un buen si natural conclusivo bien mantenido. Aunque los medios vocales de Juan Diego Flórez se encuentran en las antípodas del tenor protagonista de Turandot, ha querido darse el capricho últimamente de incluir en sus recitales la famosísima aria “Nessun dorma”, lo cual se puede permitir, claro está, con 25 años de carrera en la cumbre a sus espaldas. Un larguísimo “Vincerò”, con la nota aguda sostenida a placer provocó un alboroto en el público, que elevó aún más los vítores hacia el tenor, que se vio obligado a ofrecer otra pieza más, que, a solicitud de parte de la audiencia, fue “Una furtiva lagrima” de L’elisir d’amore de Donizetti, que Flórez delineó con impecable legato y fraseo bien torneado, aunque ayuno de un punto de fantasía.

   Triunfo clamoroso, uno más -cotidiano cabría calificar-, de Juan Diego Flórez en el Teatro Real de Madrid.

Fotos: Javier del Real / Teatro Real

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