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JUAN JESÚS RODRÍGUEZ, barítono: "LOS CANTANTES HISPANOS TENEMOS QUE DEFENDER NUESTRO GÉNERO"

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21 de marzo de 2013
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El barítono español Juan Jesús Rodríguez participa en el reparto de Marina que hasta el 21 de abril se puede ver en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Rodríguez  habla para CODALARIO sobre su experiencia en el terreno lírico y sobre la situación artística por la que atraviesan actualmente los teatros españoles.

 

Vuelve al Teatro de la Zarzuela, donde debutó en el año 1994 con la ópera Eugene Oneguin. ¿Cómo valora su trayectoria y experiencia en este teatro?
Me siento como en casa. Ese año debuté como solista, pero dos años antes había ingresado en el coro, tanto en el titular como en el de RTVE. Entonces tenía unos 20 años. Es un teatro en el que me cuesta mantenerme, porque la dirección artística va cambiando. Después de muchos años cosechando éxitos y defendiendo nuestro repertorio, no facilitan desde producción mi deseo de seguir entregando lo mejor artísticamente. Mi voluntad es la de, precisamente, seguir ofreciendo lo mejor, para elevar nuestra música al lugar que se merece, independientemente de los responsables artísticos. Los cantantes hispanos tenemos que defender nuestro género lírico, de lo contrario nadie lo hará. Eso sí, hay que hacerlo con calidad para dignificarlo, porque es un repertorio apasionante.

¿Cúales fueron los primeros papeles que afrontó como protagonista?
Yo antes cantaba papeles como Schaunard o Sharpless, aunque para mi el primer papel importante fue el de Enrico en una Lucia di Lammemoor que hice en Oviedo en el 2000.

Todavía dicen de usted que es una futura promesa del canto...
De mi y de muchos cantantes españoles. Yo he cantado más en Italia que aquí. He colaborado con el Maggio Musicale Fiorentino, en Palermo, o en Turín con papeles como el Conde de Luna, Rigoletto o Enrico. Aquí no será porque no he hecho, aunque en menor medida, otros títulos como Le nozze di Figaro y Divinas Palabras en el Teatro Real, o Il Trovatore en el Liceu de Barcelona, entre otros. Muchas veces han venido a saludarme después de una actuación y me han dicho "no te conocíamos". Creo que es un problema de la difusión que se da en la prensa y, sobre todo, de las agencias.

Siempre ha dicho que uno de los cantantes que más le habían influido era Vicente Sardinero. ¿Qué otros cantantes toma de referencia a la hora de cantar?
Sobre todo me interesan los barítonos del pasado.  Ettore Bastianini, Robert Merrill, Leonard Warren, Carlo Tagliabue, Riccardo Stracciari, Mario Sereni o Cornell MacNeill Cuando he sentido curiosidad por algún cantante en particular, he inspeccionado y me he metido de lleno a conocerles. También he ido mucho al teatro en mis comienzos artísticos, y he pedido muchos consejos en los camerinos después de las funciones.

Los grandes papeles de zarzuela se han confiado siempre a los barítonos, ¿con cuáles se queda?
Vidal de Luisa Fernanda es un personaje exquisito. Juan de Eguía es un papel muy dramático, que evoluciona desde su primera romanza, de escritura casi rossiniana, a un Verdi puro. La del soto del parral y Germán son fascinantes. El dúo es una de las piezas más complicadas que he cantado de todo mi repertorio. Como experiencia, mi incursión en el Felipe de La Revoltosa me satisfizo mucho por lo mucho que crecí a nivel actoral.

Está de nuevo en Madrid para dar vida a Roque en Marina, una obra que ha cantado en varias ocasiones. ¿Qué diferencia percibe en esta nueva producción de Ignacio García con respecto a las anteriores?
Si hablamos de Roque, he hecho cuatro producciones. No obstante, en el año 94 hice el papel de Alberto junto a Alfredo Kraus y Vicente Sardinero. Ignacio es muy verista y eso me encanta. Mi caracterización tiene que ser verdadera. Necesito creérmelo y hacerlo de verdad. Ha sabido coger la esencia de mi papel, un lobo solitario, un cascarrabias que no quiere saber nada del ser humano. Está cómodo en la soledad del mar. Es un hombre al que le gusta malmeter, como cuando a su amigo Jorge le dice que no es bueno irse con las mujeres. Luego tiene unas seguidillas muy simpáticas y el "Dichoso aquel que tiene", que es magnífico.

¿Alguna vez se ha encontrado con diferencias respecto a un director escénico?
Muchas veces. Lo que no me gusta son aquellos directores que aprovechan su poder para abusar del cantante, siempre me he rebelado contra ello.

¿Han llegado a renunciar de usted por alguna discrepancia?
Estando en la producción no. Sí se ha dado el caso de que, conocedor de que yo sería el cantante, han decidido prescindir porque saben que no consentiría ciertas cosas. La única vez que me he ido por propia voluntad fue en un Rigoletto en Mallorca, pero por culpa del director musical, que no consiguió dominar la orquesta en toda la semana de ensayos. No volvería a hacerlo.

 

En esta versión de Arrieta, el barítono tiene un dúo con la soprano en el II acto bastante complicado, ¿qué exigencias le plantea?
Las máximas. Exige desde el si o el do grave, hasta un la bemol. Lo complicado sobre todo es la zona de paso, donde insiste constantemente, en torno al mi bemol y el mi. En parte nos beneficia porque permite demostrar nuestro virtuosismo, hay tres repartos excelentes en esta producción.

Precisamente es esa zona de paso la que muchos cantantes son incapaces de resolver.
Yo lo he logrado escuchando mucho a los grandes cantantes y probando y descubriendo mi instrumento. Sin ese control de la zona no hay nada que hacer. Hace muchos años decían que yo era bajo. A día de hoy hay muchos barítonos que cantan papeles de bajo sin serlo propiamente. Hoy en día una voz oscura, grande y que resuelva arriba, es la excepción de la regla. Antes era lo normal.

¿Cuál es el problema?
A los cantantes jóvenes les meten miedo. En España tenemos una de las mejores potencias vocales del mundo. He podido asistir a muchos concursos del canto y el nivel es altísimo. Pero enseguida les dicen que Verdi hay que cantarlo a los 50 años. Es una locura. Los barítonos pasados ya probaban con Verdi a los 20 años. Realmente cuando tienes una técnica resuelta, puedes cantar todo. Otra cosa es que tengas un estilo o acento adecuado.

En más de una ocasión hemos hablado de las claves para acercar al público joven a la zarzuela, ¿cree que cosas como las de publicar por twitter el transcurso de los ensayos como hizo el Campoamor con las funciones de Don Carlo es un paso?
O el streaming. Parece que las retransmisiones en los cines funcionan muy bien. En Alemania hay iniciativas desde que son niños. Precisamente en la Marina que hice con Kraus había una serie de funciones matinales que se destinaban a enseñar didácticamente los personajes a los jóvenes. La gente piensa que los cantantes de ópera se limitan a dar gritos. Hay una representación teatral, una creación del personaje. En el norte de Europa hay funciones teatrales casi a diario, con lleno absoluto todos los días.

En las últimas temporadas ha interpretado con asiduidad el papel titular de Rigoletto. ¿Cómo enfoca este personaje y qué demanda Verdi para el papel?
Necesitas tener una potencia vocal y una tesitura determinada, además de un buen fraseo. Verdi es muy exigente, pero también lo es Mozart o el belcanto. Yo me oigo en la grabación que hice cuando me presenté con una romanza en la Escuela de Canto y perfectamente podía haber hecho el Verdi más belcantista, como el Germont. Querían que hiciera Mozart porque me enseñaba a cantar. La Favorita que debuté muy joven, fue una gran exigencia. Sobre Rigoletto, a nivel técnico todo es complicado. Dramáticamente es personaje es complejo, sobre todo cuando se es padre. La maldición final, que además acaba en un la bemol, que yo subo hasta el la natural, es un momento emocionantísimo. Tienes a tu hija muríendose en tus brazos. El papel es una carrera de fondo. En Trovatore tienes momentos estelares,  mientras que aquí tienes que rendir en todo momento. Cuando hago este papel, está tan bien escrito que no me hace falta vocalizar.

Ha evolucionado a hacia un repertorio más dramático, como Iago o Posa, que acaba de debutar, ¿cuál es su límite?
Iago lo cantaré además en Oviedo la próxima temporada y en Bilbao en 2015. Macbeth ahora mismo no lo haría porque no lo siento, al igual que Scarpia, que me han ofrecido en varias ocasiones. Prefiero el Verdi belcantista, por ejemplo Ezio, que estuve a punto de debutar,  o Battaglia di Legnano.

¿Qué es lo primero que estudia cuando prepara un nuevo papel?
No suelo estudiar por grabaciones, sino con la partitura. Siempre voy cantando al lado de la orquesta. El libretto después, profundizando en cada frase del personaje. Cuando tienes un mes de ensayo el director de escena te va enseñando su visión del papel y en esos casos, sobre todo cuando debuto un papel, prefiero ir abierto a todo. La madurez se va adquiriendo.

Ya ha dicho que no se ve cantando Scarpia, ¿y otros papeles veristas?
Tonio lo debuto el año que viene aquí en la Zarzuela y en Las Palmas. Este repertorio no lo he hecho porque no me lo han ofrecido. Sí he hecho el aria de Chénier en concierto y Alfio puede llegar en cualquier momento.

¿La media voz en los barítonos existe, o es una leyenda urbana?
En mi caso lo que busco es cubrir mucho el sonido. En Verdi entiendo la voz así, porque tiene mucha orquestación y se te tiene que oir en la sala. Hay gente que recurre al falsete, pero se pierde el sonido. Por ejemplo el "Dichoso aquel" de Roque se podría vociferar, pero a mi me gusta hacerlo así.

¿Qué futuros compromisos le aguardan?
Además de lo citado antes, Falstaff en Málaga, varios conciertos con Ainhoa Arteta, conciertos en el Liceu y un Rigoletto fuera de España.

Autor:Arian Ortega
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