Çrítica de Raúl Chamorro Mena de Jugar con fuego de Barbieri en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, bajo la dirección musical de Álvaro Albiach y escénica de Marina Bollaín
¿Quo vadis Teatro de la Zarzuela?
Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 26-III-2026, Teatro de la Zarzuela. Versión de Marina Bolláin de la Zarzuela grande Jugar con fuego (Francisco Asenjo Barbieri). Berna Perles (Duquesa de Medina), Luis Cansino (Marqués de Caravaca), Antonio Gandía (Félix), Javier Castañeda (Duque de Alburquerque), Emmanuel Faraldo (Antonio), Zaira Montes (Condesa de Bornos). Coro titular del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección musical: Álvaro Albiach. Dirección de escena: Marina Bollaín.
Resulta sorprendente, que en el Teatro que lleva el nombre de nuestro género lírico por antonomasia y guardián de sus esencias, cada vez se programe menos Zarzuela y en su caso, lo sean “adaptaciones de” o “versiones de”. Ese mismo teatro en el que el busto del insigne tenor Alfredo Kraus parece que molesta, pues es constantemente cambiado de lugar, quizás hasta que nos lo encontremos tirado en algún cuarto de baño.
En fin, entre otras consideraciones de hondo calado, la referida circunstancia de la “versión de” no consta o aparece en letra pequeña en la programación de la temporada, con lo que conlleva de confusión, por no utilizar palabras mayores, del público que a la hora de comprar su entrada cree que va a ver una obra y luego es una “versión” de un señor, que altera todo el libreto, sustituye los diálogos, y “acomoda” los cantables.
«Resulta sorprendente, que en el Teatro que lleva el nombre de nuestro género lírico por antonomasia y guardián de sus esencias, cada vez se programe menos Zarzuela y en su caso, lo sean “adaptaciones de” o “versiones de”»
Con ocasión de El potosí submarino de Arrieta de esta misma atribulada temporada, aludí al ego de estos directores de escena convertidos en conspicuos literatos. Pues bien, una obra, prototipo de la Zarzuela grande, de tanta importancia en la consolidación de la llamada Zarzuela moderna o restaurada. como es Jugar con fuego de Barbieri - uno de los grandes músicos españoles de la historia- sobre libreto de Ventura de la Vega, no se ha salvado de tal circunstancia. Marina Bollaín realiza una enmienda a la totalidad al texto de Ventura de la Vega, ojo, miembro de la Real Academia española, no es un mindundi, y con una osadía colosal convierte un libreto de lenguaje selecto y de altos vuelos, en algo zafio y vulgar, además de “acomodar” los cantables, pues no se compadece el texto con lo que uno ve sobre el escenario, al ambientarse la obra en un Estadio de fútbol, concretamente el Santiago Bernabéu, aunque no se nombre expresamente.
Como bien expresa Victor Sánchez Sánchez en su magnífico artículo del programa de mano, Jugar con fuego es una piedra angular de ese género inspirado en la Opéra comique francesa, que un grupo de músicos españoles pretendieron, con gran éxito, instaurar a mediados del XIX en un panorama del teatro lírico hispano dominado totalmente por la ópera italiana. El genial Barbieri decidió con acierto denominar Zarzuelas a estas obras para conectarlas con la tradición de teatro musical español que surgió en el Siglo de oro. Si esas representaciones que se daban en el Palacio de la Zarzuela en el siglo XVII no tuvieron continuidad, la Zarzuela moderna o restaurada, de la que Jugar con fuego es pieza clave, sí tuvo un clamoroso éxito que se prolongó durante décadas consolidándose como la manifestación de teatro lírico nacional español por antonomasia.
«Dada la sociedad actual, que se enorgullece en su incultura y es incapaz de realizar ningún esfuerzo para acercarse, entender o imbuirse en lo que vaya más allá de videos de tik tok, videojuegos, pseudo música y pantallas táctiles, ¿debemos bajar el nivel de las altas manifestaciones culturales para intentar captar su atención, en lugar de hacer justamente lo contrario?»
Esta comedia en la que una aristócrata se disfraza de camarera para desplegar sus devaneos amorosos con un hombre de estatus social inferior, mientras sortea el acoso del fatuo y petulante Marqués de Caravaca cuenta con una hermosísima música de Barbieri, tributaria del melodrama romántico italiano, pero con importantes matices personales que la confieren factura autóctona.
“Los textos hablados son una creación completamente nueva y los cantados tienen algunas adaptaciones” reza en el libreto-programa editado por el Teatro de la Zarzuela, que cuenta también con un argumento redactado por la propia Marina Bollaín para adaptarlo, obviamente, a su “versión” y consiguiente puesta en escena. En fin, no me imagino, que en la Opéra-comique de París se ofrezca Le domino noir de Auber con todos los textos hablados alterados o en Viena, Fidelio con los diálogos cercenados y sustituidos por los de otro señor.
El caso es, que la verbena de San Juan a orillas del Manzanares o el Palacio del Buen retiro que marca el libreto, son sustituidos por el interior y pasillos de un estadio al comienzo del partido y en la sala de trofeos -con las Copas de Europa ganadas por el Real Madrid, aunque no se le nombre- durante el descanso con los invitados Vips agasajados con bebida y condumio. Largos y pesadísimos videos de los aficionados entrando al estadio enmarcan cada acto y los locos de la genial escena del último acto con el Marqués de Caravaca, en este caso son fanáticos hooligans o ultras. Jugar con fuego no se programa con asiduidad, la última vez en el Teatro de la Zarzuela fue hace 26 años con una bella producción de Miguel Narros conforme a libreto.
Los que vimos dos o tres de aquellas funciones, quizás nos pueda indignar menos algún experimento, pero la mayoría del público no ha visto la obra de forma íntegra y genuina. Además, vista la puesta en escena, no aprecio que la obra gane nada con esta versión. Ni se potencia la fina comicidad de la misma, al contrario, se vulgariza. Como ya he subrayado, el español selecto y patricio de Ventura de la Vega se sustituye por un lenguaje zafio y grosero, en el que no faltan exabruptos, tacos y expresiones ordinarias. Se acentúa el carácter de pazguato de Félix, todo un lechuguino en este montaje. Ni versión ni ocurrencia, lo visto me ha resultado más bien ridículo. Una memez. Con estas cosas ¿se moderniza y atrae público “joven” o “nuevo” a la Zarzuela? Lo dudo, se suma cero a cambio de echar a los amantes del género.
Dada la sociedad actual, que se enorgullece en su incultura y es incapaz de realizar ningún esfuerzo para acercarse, entender o imbuirse en lo que vaya más allá de videos de tik tok, videojuegos, pseudo música y pantallas táctiles, ¿debemos bajar el nivel de las altas manifestaciones culturales para intentar captar su atención, en lugar de hacer justamente lo contrario?. ¿Lo próximo será realizar una versión de El Quijote de Cervantes por parte de un youtuber para ver si “atraemos” a “jóvenes” y “nuevos lectores” a la inmortal creación?
«Ni se potencia la fina comicidad de la misma, al contrario, se vulgariza... el español selecto y patricio de Ventura de la Vega se sustituye por un lenguaje zafio y grosero, en el que no faltan exabruptos, tacos y expresiones ordinarias»
Pasando al aspecto musical, la dirección de Álvaro Albiach supo huir de la rudeza y vulgaridad, absolutamente fuera de lugar en la música de Barbieri, y dirigió con competencia y buena factura musical. Bien balanceado y con progresión en la stretta resultó el fabuloso concertante del final del segundo acto, una pieza de clara filiación Donizettiana. Albiach acompañó adecuadamente a las voces y, en definitiva, firmó una labor un tanto impersonal si se quiere y sin particular fantasía, pero pulcra y solvente. Bien el coro por su sonido pulido, dúctil y bien empastado.
Dominó el elenco vocal el barítono Luis Cansino, comediante ideal que bordó el Marqués de Caravaca, por la intención en los diálogos y su exuberancia cómica culminando con una hilarante escena con los locos, en este caso aficionados radicales ultras. Su canto no será el más refinado, pero su voz sonora, la dicción nítida y el sentido y expresión de cada palabra resultaron ideales para el personaje y la obra. La emisión de cogote de la soprano Berna Perles penaliza todo su canto, a pesar de algunas buenas intenciones particularmente en la espléndida romanza del último acto. Mejor se hubiera evitado el sobreagudo del dúo de la carta con el Marqués. Frente a la desenvoltura y extrovesión de Cansino, el tenor Antono Gandía resultó sosote como intérprete, insulso en los díalogos en un Félix particularmente cándido y sin carácter, pero cantando fue el mejor, sin duda. Gandía lució su intachable colocación, impecable pasaje de registro y canto de escuela pleno de gusto y cuidada línea, que engalanaron cantables tan hermosos como “La vi por vez primera”. Un tanto cavernoso, aunque con cierto empaste y sonoridad, el bajo Javier Castañeda.
Fotos: Elena del Real / Teatro de la Zarzuela
«La dirección de Álvaro Albiach supo huir de la rudeza y vulgaridad, absolutamente fuera de lugar en la música de Barbieri, y dirigió con competencia y buena factura musical»
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