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Crítica: Jukka-Pekka Saraste con la Orquesta Nacional de España

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Autor: Raúl Chamorro Mena
25 de abril de 2022

El director Jukka-Pekka Saraste debuta con la Orquesta y Coro Nacionales de España con obras de Sibelius y Wennäkoski

Jukka-Pekka Saraste

Brillante y genuino Sibelius

Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 22-IV-2022, Auditorio Nacional. Ciclo Orquesta y Coro Nacionales de España. Flounce (Lotta Wennäkoski). Pelléas et Mélisande, op. 46 (Jean Sibelius). Sinfonía núm. 1, op. 39 (Jean Sibelius). Orquesta Nacional de España. Dirección: Jukka-Pekka Saraste. 

   Atractivísimo programa, centrado en el excelso músico finlandés Jean Sibelius (1865-1957), el que presentaba este fin de semana la Orquesta Nacional de España, a lo que se añadía una apropiada elección para llevar a buen puerto el mismo, la del director de orquesta de la misma nacionalidad Jukka-Pekka Saraste. Otro de los ilustres alumnos -junto a Esa-Pekka Salonen, Mikko Franck, Osmo Vänskä…- de Jorma Panula.

   Una breve obra contemporánea, estrenada en «la última noche» de los PROMS de 2017, de la también finesa Lotta Wennäkoski abrió el concierto. Un «caprichoso y centelleante divertimento tímbrico» -como subraya Juan Manuel Viana en su artículo del programa de mano- que combina intensa fogosidad con interesantes hallazgos tímbricos y que fue impecablemente expuesto por Saraste al frente de una Orquesta Nacional, que ya acreditó el magnífico nivel que alcanzó durante todo el concierto. 

   Pélleas et Mélisande, drama del belga Maurice Maeterlinck estrenado en 1893, se convirtió en paradigma de movimiento simbolista, que alcanzó importante notoriedad entre finales del siglo XIX y principios del XX. Esta obra cautivó a un buen número de compositores. Se pueden citar, entre muchas otras composiciones, desde la ópera de Claude Debussy al poema sinfónico de Arnold Schoenberg, pasando por la música incidental compuesta por Sibelius para una representación en 1905 del drama de Maeterlinck en el Teatro Sueco de Helsinki. La suite orquestal de esta composición contiene 9 piezas -en lugar de las 10 originales- y abre con «En la puerta del castillo» en la que la atmósfera de gravedad y misterio fue adecuadamente traducida por Saraste y la orquesta. Claridad expositiva, limpieza de articulación y de texturas orquestales con un sonido aquilatado y el indispensable fondo teatral presidieron toda la interpretación. Cabe destacar la hermosa exposición del tema de Mélisande por el corno inglés de José María Ferrero. Igualmente, la orquesta describió con fuerza las olas y el huracán en el impresionista A la orilla del mar, así como el arrebato del Entreacto y la emoción de La muerte de Mélisande

   Dada la habitual presencia en las salas de concierto de sus Sinfonías núm 2 y 5, se agradece poder escuchar la primera de ellas, con la que Jean Sibelius ya muestra su honda afirmación nacionalista - apartándose de las esperables influencias de sus contemporáneos Mahler y Strauss- en plena situación de opresión rusa sobre Finlandia, lo que no impide la clara influencia tchaikovskiana. 

  Notable interpretación, bien construida y con el aroma de lo genuino, la ofrecida por Saraste al frente de una orquesta Nacional a magnífico nivel. Las maderas culminaron el gran nivel ofrecido en la primera parte y se combinaron con una cuerda tan empastada como arrebatada comandada por la impetuosa y plena de garra Barennie Moon, la concertino invitada en este concierto, que también se lució en su solo del primer movimiento. 

   La melancólica melodía del clarinete introdujo de manera pertinente el primer capítulo, apropiadamente organizado por Saraste, con una posterior radiante y fogosa entrada de las cuerdas. Cierta caída de tensión pudo apreciarse en el Andante del segundo movimiento, expuesto, sin embargo, con impecable finura y pulcritud y una buena prestación de los fagots. Enérgico el scherzo, con una cuerda entregadísima, que echó humo, de manera que pudo apreciarse el contraste entre el brío rítmico general de este tercer movimiento y la reposada sección central -trío-con intervención de la trompa y las maderas. La melancolía del solo de clarinete retorna al principio del último movimiento para afianzar la unidad de la obra, en un último capítulo de acentuados contrastes, que fueron convenientemente subrayados por la batuta y una Orquesta Nacional investida de una combinación de calidad sonora, apasionamiento y entrega en todas sus secciones. 

Foto: Facebook OCNE

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