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Crítica: Juraj Valčuha y Valeriy Sokolov reabren la temporada del Comunale de Bolonia con páginas de Prokofiev y Tchaikovsky

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Autor: Magda Ruggeri Marchetti
28 de septiembre de 2020

Una música interior

Por Magda Ruggeri Marchetti
Bolonia. PalaDozza 21-IX-2020. Temporada Sinfónica del Teatro Comunale. Concerto per violino e orchestra n.2 in Sol minore op.63 de Sergej Sergeevič Prokof’ev. Sinfonia n.5 in Mi minore op.64 de Petr Ilič Tchaikovsky. Orquesta del Teatro Comunale. Violinista: Valeriy Sokolov. Director: Juraj Valčuha.

  La reanudación de la Temporada Sinfónica del Teatro Comunale en la nueva sede del PalaDozza despertaba grandes expectativas porque además era la primera vez que un palacio de deportes albergaba una manifestación tan poco afín como un concierto sinfónico. El recurso a una cámara acústica ha hecho posible la realización del proyecto, mientras la amplitud del espacio ha permitido la presencia de numeroso público respetando las normas de distanciamiento antiCovid. La decisión, no fácil ni carente de incógnitas, adoptada por el Director General del teatro Fulvio Macciardi ha demostrado ser óptima. La solución técnica de colocar difusores acústicos en el entramado metálico de la gran bóveda ha logrado una perfecta difusión espacial homogénea de la música en todo el ambiente, garantizando la calidad sonora original de la orquesta.

  Ha dirigido la Orquesta del Teatro Comunale el maestro eslovaco Juraj Valčuha, distinguido con el Premio Abbiati en 2018, director musical del Teatro San Carlo de Nápoles y Primer Director Invitado de la Konzerthausorchester de Berlín, que colabora con el Teatro Comunale también en campo operístico desde hace años.

   El programa ha comenzado con el Concierto para violín y orquesta, encargado a Prokofiev por algunos valedores del violinista Robert Soëtens y ejecutado por primera vez en Madrid en 1935, haciéndose pronto famoso en todo el mundo. El solista ha sido el violinista ruso Valeriy Sokolov, ganador en 2005 del primer premio del Concurso Internacional George Enescu de Bucarest, y huésped y colaborador de prestigiosas orquestas internacionales. Ha sabido comunicar con gran sensibilidad el carácter de la composición que se resiente de la índole migratoria del músico ruso en la contínua búsqueda de un lenguaje adecuado a la música, melódico y comprensible, moderno y racional al mismo tiempo. Sokolov, con gran dominio de su violín, ha comenzado como solista el primer movimiento (Andante moderato), dialogando acto seguido con los diversos instrumentos sobre el fondo orquestal. A continuación la alternancia del violín y de la flauta ha llevado al segundo movimiento (Andante assai), de carácter melódico y delicado. Sugestivo y de gran efecto el pizzicato, iniciado por el solista y retomado principalmente por los violoncelos y los contrabajos, que han caracterizado la ejecución. Mientras los dos primeros movimientos invitan a la reflexión, el último (Allegro ben marcato), gracias también a las castañuelas añadidas por el compositor en homenaje a la ciudad que le acogía, invita a la acción con un ritmo cada vez más alegre y desenfrenado. El público ha aplaudido repetidamente al violinista pidiendo un bis que no fue concedido.

   En la seguda parte Valčuha ha dirigido la Sinfonia n.5 que Tchaikovsky compuso en brevísimo tiempo en 1888, diez años después de la Cuarta, tras haberse encontrado en Hamburgo con el anciano maestro Theodor Avé-Lallemant a quien está dedicada. La escribió espoleado por la crítica, en parte negativa, del maestro, y deseoso de demostrar, sobre todo a sí mismo, haber sido capaz de iniciar un recorrido musical original y totalmente ruso, independiente de los desarrollos de la música occidental. Por ello se la puede considerar una biografía interior en cuanto refleja el drama vivido por el autor en primera persona: el Hado/Destino pende sobre el hombre, dejándole sin embargo un atisbo de esperanza que le induce a querer alcanzar esa Fe, largamente invocada pero probablemente nunca conseguida. Con gran maestría y firme pulso, Valčuha ha guiado la orquesta a través del entrelazamiento y la alternancia de los tres temas del primer movimiento, confiados al clarinete y al fagot primero, a las cuerdas y a los timbales después. Las cuerdas han introducido a continuación el famoso solo de la trompa en el segundo movimiento, de marcada melancolía, mientras la elegancia y el lirismo del tercer movimiento recuerdan la perfección musical del balet. Alegre y majestuoso el cuarto movimiento, en el que se representa también una fiesta rusa, y donde el tema recurrente se confía a los metales en una orgía sonora.

  El público entusiamado y emocionado, quizá también por el resultado acústico logrado frente a las comprensibles dudas, ha aplaudido y ovacionado a la orquesta llamando numerosas veces al podio al director Juraj Valčuha.

Foto: Andrea Ranzi (Casaluci-Ranzi)

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