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Crítica: Juraj Valčuha dirige «El castillo de Barbazul» de Bartok en Bolonia

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Autor: Magda Ruggeri Marchetti
11 de junio de 2021
El castillo de Barbazul en Bolonia

El secreto del castillo

Por Magda Ruggeri Marchetti
Bolonia. Auditorium Manzoni 8-VI-2021. El castillo de Barbazul [Béla Bartók / Béla Balázs]. Atala Schöck [Judith], Karoly Szemerédy [Barbablù]. Orquesta del Teatro Comunale de Bolonia. Director musical: Juraj Valčuha.

   El castillo de Barbazul fue compuesto en 1911, con algunas modificaciones en 1912 y un nuevo final en 1917, pero no se representó hasta el 24 de mayo de 1918 en el Teatro de la Ópera de Budapest. El libreto, escrito en lengua húngara por Béla Balázs, poeta y director amigo del compositor, y como él amante de la música folclórica húngara, está tomado libremente de la fábula de Charles Perrault y de Ariane et Barbebleu de M. Maeterlinck. Bartók la escribió en 1911 para participar en el concurso al premio «Ferenc Erkel» convocado por la Academia de Bellas Artes para una ópera en un acto. En Italia se representó en el Maggio Musicale Fiorentino en 1938. Dirige la orquesta Juraj Valčuha que, nacido en Bratislava en 1976, ha comenzado la colaboración con el Comunale de Bolonia en 2006 con La bohème y desde entonces ha subido asiduamente a ese podio. De 2009 a 2016 ha sido director principal de la orquesta sinfónica nacional de la Radio Televisión Italiana RAI. Distinguido con el Premio Abbiati como mejor director de orquesta en 2018, es actualmente director musical del Teatro San Carlo de Nápoles y Primer Director Invitado de la Konzerthausorchester de Berlín. 


   En esta velada Valčuha estrena en Italia la versión para mezzosoprano, barítono y pequeña orquesta elaborada en 2019 por el compositor alemán Eberhard Kloke. Esta versión tiene un orgánico orquestal reducido en comparación con el original, pero muy adecuado en este momento por las reglas de distanciamiento impuestas por la pandemia. Pero, a pesar de esta reducción, la extraordinaria batuta del maestro, especialista del repertorio decimonónico, consigue ofrecernos una música llena de contrastes, que van de los pianissimo a la gran potencia sonora, integrando modalidades diversas como las melodías de los siglos pasados con las invenciones rítmicas del canto popular húngaro. Es una lectura expresiva que subraya el carácter experimental casi vanguardista de la partitura, punto de encuentro entre simbolismo y expresionismo. Se trata sin duda de una de las partituras más ricas del siglo XX con estructuras armónicas multiformes y diferentes dinámicas: desde los pianisssimo casi susurrados hasta apoteosis sonoras donde los acordes paralelos de la orquesta en fortissimo, exaltados por los metales, ofrecen una extraordinaria tensión dramática. Perfecta es la adhesión de la música al clima psicológico correspondiente a la apertura de las siete puertas, que, incluso teniendo cada una su tonalidad, comparten un motivo indicado como el «motivo de la sangre». 

   Diferentes han sido las interpretaciones de esta ópera que puede considerarse la cumbre del primer periodo del compositor. En la fuerza de los contrases podría representarse el choque entre los mundos femenino y masculino, y en la soledad de Barbazul la del artista que se ve expuesto en su intimidad. Sin duda en esta partittura se nota la influencia de Strauss y Debussy, pero en especial de las músicas populares de la Europa oriental. La ópera empieza con una melodía que evoca el clima de la balada que volverá al final.

   Las partes vocales son de gran dificultad, inspiradas en los antiguos cantos magiares, pero los dos cantantes húngaros superan perfectamente la prueba con óptima dicción. Interpreta a Barbazul el barítono Karoly Szemerédy, experto del papel con voz de gran volumen y actitud severa y fría. Debutó en 2007 en el Teatro Real de Madrid, donde había estudiado desde 2005. Atala Schöck es una Judith con amplitud vocal y gran emisión que sabe subrayar el estupor y maravilla, y al mismo tiempo el terror, y todo ello solo con la expresividad de su rostro, ya que los dos cantantes permanecen inmóviles durante toda la función.

   Una magnífica velada donde el entusiasmo del público ha premiado al director, cantantes y orquesta con repetidos aplausos y ovaciones.

Foto: Andrea Ranzi / Teatro Comunale de Bolonia

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