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Crítica: «Katiuska» en el Teatro Campoamor de Oviedo

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Autor: Aurelio M. Seco
26 de mayo de 2022

Jaume Santonja y Emilio Sagi dirigen Katiuska de Pablo Sorozábal en el Festival de Teatro Lírico Español del Teatro Campoamor de Oviedo

«Katiuska» en el Teatro Campoamor de Oviedo

Katiuska, por Ucrania

Por Aurelio M. Seco | @AurelioSeco
Oviedo, 12-V-2022. Teatro Campoamor. Festival de Teatro Lírico Español. Katiuska, Pablo Sorozábal. Ainhoa Arteta, Ángel Ódena, Martín Nusspaumer, David Rubiera, Milagros Martín, Juan Moval-Moro, Enrique Baquerizo y Amelia Font. Dirección de escena: Emilio Sagi. Dirección musical: Jaume Santonja. Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo. Oviedo Filarmonía.

   La carrera lírico teatral del genial Pablo Sorozábal comenzó un 27 de enero de 1931, cuando el Teatro Victoria de Barcelona vio el estreno de Katiuska, «opereta en dos actos» con libreto de Emilio González del Castillo y Manuel Martín Alonso, que curiosamente no tuvo un gran éxito el día de su estreno. Lo cuenta el propio Sorozábal de forma entrañable en la preciosa entrevista que en su día le hizo Joaquín Soler Serrano en el programa A Fondo.

   Efectivamente, la obra se iba a llamar Katiuska, «pero unos autorzuelos», cuenta Sorozábal, se enteraron de que iba a tener ese nombre y lo registraron, así que en realidad comenzó llamándose Katiuska, la mujer rusa. «Pero los empresarios del Victoria, como estábamos en la dictablanda y en una efervescencia política, pensaron que sería mejor llamarla Katiuska o la Rusia roja». El día del estreno, tras el primer acto, Sorozábal subió ilusionado al escenario para recibir muchos aplausos pero, el segundo, que transcurría en un cabaret de París, no gustó.

   Parece que la idea inicial de los libretistas era la de hablar del éxodo de la aristocracia que tuvo que acabar huyendo tras la revolución bolchevique, para dedicarse a trabajar «de camareros, de chóferes…», un argumento que, según el compositor, fue el que no satisfizo al público. Como en una zarzuela, fue un limpiabotas el que dio la solución. El libretista Manuel Martí Alonso y el propio Sorozábal se habían citado en una cafetería de la rambla para ver qué hacían con la obra tras el fiasco. «Un limpiabotas se me queda mirando y dice, vaya partitura más buena que ha escrito usted, pero el libro es una m…». ¿Y por qué no le ha gustado el libro?, le pregunta Sorozábal. «Me ha gustado el pimer acto, pero hubiese querido saber qué le pasa a Marcos», es decir, el barítono Marcos Redondo, que interpretaba a Pedro Stakof, el comisario, en su estreno. «Cuando terminó el limpiabotas, yo le dije a Manolo: este tiene razón. Tenemos que hacer un acto nuevo a partir de los disparos». Y así fue. El 11 de mayo de 1932 se estrenó la segunda versión de la obra con el nuevo segundo acto y con gran éxito en el Teatro Rialto de Madrid.

Ainhoa Arteta en «Katiuska» en el Teatro Campoamor de Oviedo

   De esta forma, Katiuska se convirtió en uno de los grandes éxitos de la trayectoria de Pablo Sorozábal. «Yo he vivido como los chulos, de tres mujeres», explicaba. «Tres mujeres son las que me mantienen a mí y a mi familia: una princesa rusa, una florista madrileña y una tabernera del puerto».

   Katiuska volvió al Teatro Campoamor de Oviedo en la conocida y bonita producción que Emilio Sagi realizó en su día para el Teatro Arriaga de Bilbao, en coproducción con el Campoamor, el Calderón de Valladolid y el Español de Madrid, bajo la dirección musical del joven Jaume Santonja y con un reparto atractivo que volvía a ver sobre un escenario lírico teatral a la gran soprano española Ainhoa Arteta, un dato importante para medir el nivel y naturaleza la función, ya que su presencia aportó altas dosis de interés, indeterminación y suspense desde su llegada a la capital del Principado, durante el ensayo general, en el que tuvo muchos problemas para cantar, y en el propio estreno, en el que se pudo ver a una Ainhoa Arteta interesante pero vacilante y en recuperación. Arteta aglutinó el principal interés de la velada pero el grado de incertidumbre casi terminó con la salud de los organizadores, a los que hay que felicitar por su discreta e inteligente manera de actuar, y lastró un poco la parte cómica, por cierta sensación de inquietud. Sobre la escena, la mezcla entre la soprano y la propia Katiuska fue emocionante y especialmente dramática, artística y vibrante. Arteta dejó destellos preciosos. Esperamos que esta función, histórica en buena parte por ella, sea la antesala de otra época dulce en su carrera. Ángel Ódena estuvo soberbio como Pedro Stakof. Pleno de voz, su imponente presencia en el escenario es siempre  atractiva y magnética. Qué fuerza adquiere la música cuando canta Ódena. Volvió Martín Nusspaumer al Teatro Campoamor para interpretar un papel, el de príncipe, que únicamente aparece dos veces en escena. Se lució Nusspaumer, con un canto pulcro, elegante y cálido. Estamos ante un artista sofisticado, para paladares exquisitos, de matices sutiles, inteligentes y acogedores. Ojalá podamos verlo pronto en papeles de mayor lucimiento. David Rubiera fue un solvente Bruno Brunovich y Milagros Martín, un privilegio sobre el escenario. Muy apropiados y desenvueltos Juan Noval-Moro, Enrique Baquerizo y Amelia Font, y con necesidad de mejora el Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo. En el foso estuvo el joven Jaume Santonja, que se estrenó ante el género con soltura y talento pero con cosas que aprender del difícil arte de llevar las riendas de toda una producción lírica. Santonja dejó refinamiento y un carisma compartido con los artistas. La Oviedo Filarmonía sonó bien, como es costumbre desde la llegada de Lucas Macías. No parece lógico, tanto a nivel artístico como gestor, que con este elenco y tan preciosa producción sólo se hayan ofrecido dos funciones del título. Sería bueno que el Ayuntamiento apostase más decididamente por este festival, que hace brillar a Oviedo en el contexto nacional e internacional.

   «Todo es camino lleno de tristeza para el campesino que su tierra va a dejar.... No hay pesar mayor que dejar la tierra que fue nuestro amor». Oír al coro cantar así en el contexto del actual éxodo ucraniano por la guerra resultó tan sorprendente, por el actualismo del libreto, como profundamente emotivo y triste.

 

Fotos: Alfonso Suárez

«Katiuska» en el Teatro Campoamor de Oviedo
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