Crítica de Raúl Chamorro Mena de la ópera La bella salvaje de Salieri en el Teatro Calderón de Valladolid, bajo la dirección musical de Ernesto Monsalve y escénica de Alberto Trijueque
Meritoria y entusiasta recuperación
Por Raúl Chamorro Mena
Valladolid, 2-V-2026, Teatro Calderón. La bella selvaggia - La bella salvaje (Antonio Salieri). Tanja Weiss (Zeda, la bella salvaje), Katharina Rothen (Doña Leonor), Erica Alberini (Dina), Mathias Crazzolara (Don Alfonso, capitán español), Simon Helm (Don García), Moritz Merten (Don Parafonio, comandante), Aaron Bauer (Azaib). Coro de la escuela de arte de Valladolid. Directora: Eva Helena García. Joven Orquesta Sinfónica de Valladolid. Dirección musical: Ernesto Monsalve. Dirección de escena: Alberto Trijueque.
Tan llamativa como injusta resulta la figura y consideración actual del compositor Antonio Salieri (Legnago 1850 – Viena 1825). Un magnífico músico, maestro de capilla imperial austríaco durante más de tres décadas y enseñante de grandes compositores, su obra quedó en el olvido oscurecida por el fascinante genio de Wolfgang Amadeus Mozart. Por si no fuera suficiente la marginación de su obra, la figura de Salieri fue «rescatada» por el texto teatral de Peter Schafer – a su vez inspirado en el poema de Pushkin Mozart y Salieri - y posterior película Amadeus de Milos Forman, de manera poco venerable. Efectivamente, Salieri volvió a la actualidad como un músico mediocre, profundamente envidioso y celoso del inmenso talento de Mozart y como protagonista de la leyenda que lo convierte en responsable de su asesinato.
La realidad es que ambos músicos se respetaron y que Antonio Salieri fue un compositor destacado, con una creación extensa, en la que brillan más de 40 óperas y que disfrutó de una gran posición e influencia en su época.
Su última creación para el teatro, la ópera cómica La bella selvaggia sobre libreto de Giovanni Bertati nunca llegó a estrenarse pues lo impidió la tormentosa situación política y militar en la Europa de 1802 en pleno fragor de las guerras napoleónicas. La obra es una muestra de completa madurez de Salieri con una construcción musical sabia, fresca y de gran refinamiento, así como unas melodías delicadas y elegantes en la escritura para la voz.
La trama transcurre en una isla caribeña y se basa en el choque entre los nativos y los conquistadores españoles, en la que no faltan enredos, pasiones contrapuestas y celos. Todo ello tratado con ligereza y humor no exento de dosis de sátira en este contraste entre civilizaciones, que lleva a la conclusión de que los sentimientos y pasiones humanas son iguales en todas las latitudes.
Esta meritoria y muy significativa recuperación y consiguiente estreno mundial de La bella salvaje se basa en la edición crítica de la partitura comandada por Ernesto Monsalve en el marco investigador de la Universidad Internacional de La Rioja. El estreno se ha llevado a cabo por músicos y cantantes de extraordinaria juventud en un contexto netamente amateur. Por tanto, sería enormemente injusto aplicar los criterios de exigencia habituales en quien esto firma en otras circunstancias muy distintas.
Por ello, corresponde alabar el entusiasmo y fervor juvenil de todos los implicados, que posibilitaron el disfrute de la música de Salieri y algo tan valioso, como dar a conocer una creación metida en un cajón durante más de dos siglos. Los chavales de la joven orquesta sinfónica de Valladolid sonaron muy dignamente bajo la dirección del propio Ernesto Monsalve. Igualmente, el coro, dirigido por Eva Helena García, muy entregado escénicamente y que viajará a Viena para presentar la obra, pero necesitado de ayuda económica para afrontar el viaje, como así constaba en unas hojas depositadas en las butacas pidiendo colaboración. Una pena que las autoridades político-administrativas no arrimen el hombro en algo que va a colocar a Valladolid culturalmente en una alta posición. Nada menos que en una ciudad de tanta importancia musical como Viena.
En cuanto al reparto vocal, compuesto por chicos muy jóvenes procedentes de distintas instituciones académicas, no resulta apropiado realizar meticulosas valoraciones cuando no se escucharon voces hechas, ni impostadas, ni con registro, ni mínimos rudimentos técnicos. Resaltar su entusiasmo juvenil, cierta intención en los recitativos y su compenetración e implicación en escena en el ámbito de la puesta en escena de Alberto Trijueque. Un trabajo eficaz, que combina, de manera algo caótica, elementos de la época del libreto con la actualidad. El oro ansiado por los conquistadores se convierte en petróleo, combustible, con la presencia de un surtidor de gasolina y el movimiento escénico desarrolla la trama con cierto dinamismo y eficiencia.
El público, con abundante presencia de familiares de los miembros del elenco, se lo pasó en grande y ovacionó con aún mayor entusiasmo, si cabe, que el demostrado por el mismo.
Fotos: Facebook Joven Orquesta de Valladolid
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