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Artículo: «La caramba, de la tonadilla escénica a los cuadros de Goya». Por Nuria Blanco Álvarez

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Autor: Nuria Blanco Álvarez
16 de mayo de 2026

Artículo de Nuria Blanco Álvarez sobre la historia de La caramba y la tonadilla escénica

Caramba

Mª Antonia Vallejo Fernández “La Caramba” (Juan de la Cruz, 1788)

   La caramba, de la tonadilla escénica a los cuadros de Goya

Un artículo de Nuria Blanco Álvarez | @miladomusical
En la España de finales del siglo XVIII la tonadilla escénica reinaba en los escenarios y eran sus protagonistas, las tonadilleras, artistas muy reconocidas. Tal y como explica Nicolás González Ruiz «La tonadilla era la actriz, […] hasta el extremo de que ella es el punto central, y lo que cante y lo que diga tiene valor por ser ella quien lo canta y quien lo dice […] Y en una época dominada por los sentimientos populares, habían de triunfar estrepitosamente las mujeres que llenasen las aspiraciones del gusto popular, y fuesen primarias, bravías, espontáneas y tremendas, tan florecitas, tan pimpantes y tan borrascosas como la naturaleza madre».  Este fue el caso de María Antonia Vallejo Fernández (Motril, Granada, 1750-Madrid, 1787) conocida como «La Caramba», sobrenombre que se le puso por el estribillo de una de sus coplas más famosas en las que decía varias veces la palabra «¡Caramba!»:

Un señorito muy petimetre

Se entró en mi casa cierta mañana

Y así me dijo al primer envite:

“Oiga usted: ¿quiere ser mi pareja?”


Yo le respondí con mi sonete,

Con ni canto, ni baile y soflama:

¡Que chusco es usted, señorito!

Usted quiere… ¡Caramba! ¡Caramba!

¡Que si quieres, quieres, ea!

Vaya, vaya, vaya!

 

Me volvió a decir muy tierno y fino:

María Antonia, no seas tirana

Mira niña, que te amo y te adoro,

Y tendrás las pesetas a manta.

 

Yo, le respondí con mi sonete,

Con mi canto, mi baile y soflama:

¡Que porfiado es usted, señorito!

Usted quiere… ¡Caramba! ¡Caramba!

   Cuando empezó a actuar invirtió el orden de sus apellidos, de ahí que a veces aparezca citada como Mª Antonia Fernádez. Según Emilio Cotarelo y Mori, supo conquistar a los espectadores gracias a «su belleza, su canto desgarrado y gitanesco, donde acumulaba toda la voluptuosidad andaluza, su alegre conducta y su extravagancia en el vestir». Solía ponerse como tocado en su pelo una moña de seda o terciopelo, de vistosos colores sobre la cofia, que cada día iba cambiando de color, adorno que se hizo tan popular que la gente empezó a llamarlo «caramba», como a ella. 

«La caramba era entonces algo más que un adorno de moda, era un símbolo de lo español frente a lo extranjero»

Caramba

Mª Antonia Vallejo Fernández “La Caramba”

   Eran las tonadilleras las mujeres de moda del momento, y como tales, imitadas. Las mujeres empiezan a ponerse carambas en sus cofias de maja, reminiscencia que aún se conserva en el traje tradicional madrileño, en su versión goyesca.

Traje regional madrileño, en versión goyesca

   También las aristócratas sucumbieron a la moda de las carambas, emulando el atuendo de esta artista haciendo incluso que el mismo Goya las inmortalizara con el tocado de la tonadillera en sus cuadros. Es el caso de los retratos de la decimotercera Duquesa de Alba, Mª del Pilar Cayetana de Silva Álvarez de Toledo, vestida de blanco con su perrito (propiedad de la Casa de Alba que luce en las paredes del Palacio de Liria) y de luto un par de años después (pertenece a la Hispanic Society of America de Nueva York); la V Marquesa de La Solana y I Condesa del Carpio -Rita Barrenechea y Morante, dramaturga amiga de Jovellanos, Moratín y la Duquesa de Alba- cuyo retrato está en poder el Museo del Louvre- o la Marquesa viuda de Villafranca, Mª Antonia de Gonzaga  y Caracciolo, suegra de la mencionada XIII Duquesa de Alba, y que se puede ver en el  Museo del Prado.

La XIII Duquesa de Alba de blanco (Goya, 1795. Casade Alba, Palacio de Liria, Madrid)

La XIII Duquesa de Alba de negro.  (Goya, 1897. Hispanic Society of America, Nueva York)

Condesa del Carpio, Marquesa de la Solana. (Goya, 1794-95. Museo del Louvre, París)

Marquesa viuda de Villafranca. (Goya, ca. 1795. Museo del Prado, Madrid)

   Todas las mencionadas adornan sus cabellos con la tradicional caramba por la que parece sentir predilección la Casa de Alba y con la que aun hoy día se identifica a las mujeres de la familia en los momentos importantes, como fue el caso de la boda de Cayetano Martínez de Irujo y Genoveva Casanova (2005) donde la entonces Duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart, lució una a modo de tocado en su papel de madrina y más recientemente su nieta, Cayetana Rivera Martínez de Irujo, hizo lo propio también como madrina pero de la tradicional Exhibición de Enganches de Sevilla en 2022.

Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII Duquesa de Alba (2005)

Cayetana Rivera Martínez de Irujo como madrina de la Exhibición de Enganches de Sevilla en 2022. (Foto: Gtres)

   Pero no todo fue admiración para la Caramba, tampoco por parte de la Casa de Alba. Las tonadillas escénicas eran obras de carácter costumbrista y humorístico, con historias de actualidad relacionados con el movimiento del majismo y casticismo de finales del siglo XVIII, donde además de poner de manifiesto las debilidades humanas, se criticaban las modas extranjeras, personificadas en los currutacos y petrimetres, personajes burgueses afrancesados cursis y ridículos. La caramba era entonces algo más que un adorno de moda, era un símbolo de lo español frente a lo extranjero. Los textos solían tener un carácter pícaro, malicioso y burlesco, y ahí entraba en juego la gracia de la tonadillera. La interacción con el público era algo importante y se daba tanto en el entable (una introducción hablada, a modo de prólogo, a veces precedido de un preludio musical), como en las seguidillas epilogales. La censura, siempre al acecho, provocaba que en ocasiones los autores no firmaran sus textos. Parece ser que “La Caramba” ofendió en una de sus intervenciones a las Duquesas de Alba y de Benavente e hizo responsable al autor Pablo Esteve quien tuvo que pasar una temporada en la cárcel.

    Recientemente, tal y como informa Aragón Noticias, los investigadores Arturo Ansón y Javier Molina han certificado la autoría de Goya del retrato de otra mujer aderezada con una caramba, en este caso Narcisa Barañana de Goicoechea, que ha vuelto a colgarse en las paredes del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, a cuyos almacenes fue desterrada en 2016 por las dudas sobre su autenticidad.

«Parece ser que “La Caramba” ofendió en una de sus intervenciones a las Duquesas de Alba y de Benavente e hizo responsable al autor Pablo Esteve quien tuvo que pasar una temporada en la cárcel»

Narcisa Barañana de Goicoechea  (Goya, ca. 1805. Metropolitan Museum of Art, Nueva York).

   En su Capricho 55 «Hasta la muerte», conservado en el Museo del Prado, Goya vuelve a hacer uso de este ornamento, en esta ocasión en tono crítico como muestra de la vanidad de una anciana decrépita que con este aderezo parece verse bien ante el espejo, mientras los jóvenes a su alrededor se ríen de lo grotesco del momento. Según la Fundación Goya en Aragón podría tratarse de una sátira de la Duquesa de Osuna sobre la que un manuscrito de Goya conservado en la Biblioteca Nacional dice: «esta es cierta Duquesa [la de Osuna] que se llena la cabeza de moños y carambas, y por mal que le caigan no falta quitones de los que vienen a atrapar las criadas, que asegura a Su Excelencia que está divina».

“Hasta la muerte”, Capricho 55. (Goya, 1797-99. Museo del Prado, Madrid)

   Tampoco el final de “La Caramba” fue el esperado. Cotarelo y Mori cuenta que paseando un tarde de 1784 por el Paseo del Prado, se refugió de una fuerte tormenta en la iglesia del Convento de capuchinos, donde quedó tan impresionada por el sermón de un fraile y por el cuadro de Jordán de Magdalena penitente que allí había, que se convirtió, inmediatamente abandonó su estilo de vida y no volvió a pisar un teatro: «Veíasela pobrísimamente vestida, el rosario en las manos, la frente siempre inclinada al suelo, seca de carnes, arrugada y sin ninguna de aquellas gracias de que había hecho escandaloso alarde, salir de una iglesia sólo para entrar en otra, causando la admiración de cuantos la conocían, que era todo Madrid, ante cambio tan radical de existencia»,  falleciendo apenas tres años más tarde.

Retrato de Mª Antonia Vallejo Fernández. (Biblioteca Nacional de España, Madrid)

   La de Mª Antonia Vallejo fue una vida de película y así se llevó a la gran pantalla en el bicentenario de su nacimiento con Mª Antonia, La Caramba, dirigida por Arturo Ruiz Casillo y protagonizada por Antoñita Colomé y ya antes, en 1942, se estrenó en el Teatro de la Zarzuela una zarzuela homónima, con libreto de Luis Fernández Ardavín y música de Federico Moreno Torroba.

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Portada de la zarzuela “La Caramba” de Federico Moreno Torroba (1942)

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