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Crítica: «La novia vendida» en el Teatro Real de Madrid

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Autor: Raúl Chamorro Mena
20 de abril de 2026

Crítica de Raúl Chamorro Mena de la ópera La novia vendida en el Teatro Real de Madrid

«La novia vendida» en el Teatro Real de Madrid

Digno regreso de La novia vendida al Teatro Real

Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 17-IV-2026, Teatro Real. Prodaná nevêsta – La novia vendida (Bedrich Smetana). Svetlana Aksenova (Marenka), Pavel Cernoch (Jeník), Günther Groisböck (Kecal), Mikeldi Atxalandabaso (Vasek), Manel Esteve (Krusina), María Rey-Joly (Ludmila), Monica Bacelli (Háta), Rocío Pérez (Esmeralda). Orquesta y coro titulares del Teatro Real. Dirección musical: Gustavo Gimeno. Dirección de escena: Laurent Pelly

   Después de 102 años de ausencia en el Teatro Real y sólo una presencia madrileña posterior en el Teatro de la Zarzuela en 1973 –en ambos casos ofrecida por compañías foráneas en gira- retorna al coliseo de la Plaza de Oriente La novia vendida, ópera nacional checa por antonomasia. 

   Bedrich Smetana y su libretista Karel Sabina buscaban la reafirmación cultural de la nación checa, dispersa entre las diversas naciones encuadradas en el Imperio austrohúngaro y crear una música indudablemente checa, que abriera el camino a un teatro lírico nacional genuinamente propio cantado en su idioma. 

   El resultado fue La novia vendida (Praga, 1866), una hermosa comedia constumbrista llena de encanto y frescura, melodías inspiradas, orquestación depurada y elegante –de la que es perfecta muestra la espléndida obertura, habitual en las salas de conciertos - y la presencia del folklore checo como guía y horizonte, no como cita literal. No hay que soslayar, que bajo el manto de la comicidad y la alegría de vivir emerge una crítica social. La necesidad económica que lleva a los matrimonios acordados, en los que el amor y las personas son objeto de mercadeo y compraventa. 

   Hay que agradecer, cómo no, al Teatro Real la programación de esta magnífica ópera con el estreno, además, de esta coproducción con las óperas de Lyon, Colonia y Bruselas. 

«La novia vendida» en el Teatro Real de Madrid

   Correcta, pero no más, resultó la Marenka de Svetla Aksenova, soprano de timbre poco seductor y con un registro agudo ya abierto y desabrido. El buen gusto que guía su linea canora - bien delineada su bella romanza del tercer acto- y su implicación en escena salvaron su encarnación de la protagonista. En parecidas coordenadas se situó el Jeník del tenor Pavel Cernoch, desenvuelto en escena y que lució grato timbre y canto muy aseado, pero sin especiales sutilezas, ni variedad en cuanto a fraseo, además de una franja aguda atacada de gola y esforzada, sin remate técnico. Un irreconocible Gunther Groissböck, en el magnífico papel del casamentero Kecal, compensó con su destacada caracterización actoral sus deficiencias canoras de emisión. Entre ellas, agudos fijos y apretados, sonidos entubados y graves, muy requeridos, totalmente desguarnecidos. Mikeldi Atxalandabaso volvió a demostrar su gran categoría de tenor comprimario, capaz de brillar, especialmente en el aspecto caracterizador, en los más variados idiomas y escuelas operísticas, tanto en papeles cómicos como dramáticos. De libro su caracterización de un Vasek, que inspiró mucha ternura y siempre con una comicidad justa y comedida.

   Buen desempeño, vocal y escénico de los secundarios, entre los que se encuentran la veterana mezzo italiana Monica Bacelli y los españoles María Rey-Joly, Rocío Pérez, Manel Esteve y Toni Marsol, que merecen particular consideración por enfrentarse a un idioma tan complicado para nosotros como el checo. 

   La obertura resultó el impecable modelo de lo que fue la labor de Gustavo Gimeno. Una dirección musical enérgica, con brío, pero tendente al exceso de decibelios, además de avara en articulación, detalles y sutilezas. En definitiva, un discurso orquestal fundamentalmente plano, pero resultón y con cierta eficacia por vigor, pujanza y asegurar las mínimas dosis de teatralidad. Asimismo, es justo destacar, que la cuerda, especialmente la grave, sonó con mayor entidad de lo habitual en el foso del Teatro Real.  Muy exigido en escena, el coro completó una notable prestación en su personificación del pueblo llano, bondadoso, ingenuo y con plena alegría de vivir.

  La puesta en escena de Laurent Pelly carece de ideas, resulta demasiado oscura y no se puede afirmar que potencie la obra. Eso sí, tampoco la traiciona o adultera. Con un escenario fundamentalmente vacío y el mobiliario caóticamente colgado del techo - como si lo considerase superfluo para centrarse en la caracterización y relaciones entre los personajes - y un movimiento escénico suficientemente dinámico, Pelly saca adelante, insisto, un montaje eficaz. Su trabajo se integra en una propuesta musical, vocal y escénica que presenta dignamente La novia vendida en su esencia y permite su disfrute a un público que, en su gran mayoría, contempla por primera vez este emblema fundacional del teatro lírico checo.

Fotos: Javier del Real / Teatro Real

«La novia vendida» en el Teatro Real de Madrid
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