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[C]rítica: La Sinfónica de Castilla y León y BandArt bajo la dirección de Gordan Nikolic

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Autor: Agustín Achúcarro
7 de noviembre de 2018

Entre logros e interrogantes

 Por Agustín Achúcarro
Valladolid. 2-XI-2018. Auditorio de Valladolid, Sala sinfónica Jesús López Cobos. Orquesta Sinfónica de Castilla y León y BandArt. Director y concertino: Gordan Nikolic. Obras: La pregunta sin respuesta de Ives, Sinfonía nº7 en si menor, D.759, «Inacabada» de Schubert y Sinfonía nº9 en re menor de Bruckner.

   La Orquesta Sinfónica de Castilla y León y BandArt estuvieron dirigidos desde su puesto de concertino por Gordan Nikolic, director artístico de la última de las formaciones citadas. En puridad en la primera parte intervino, a excepción de unos pocos instrumentistas, BandArt y en la segunda se juntaron ambas.

   La versión de La pregunta sin respuesta de Ives no defraudó, con una cuerda que mantuvo la melodía como sustrato de apoyo con esa sensación neblinosa que le proporciona el empleo de la sordina, mientras las maderas, en particular las flautas, respondían nerviosas, frenéticas, en una gama sonora distante de la pregunta que dejaba bien claro la incomunicación y la ausencia de respuesta. Mientras, fuera del escenario la trompeta se afanaba en repetir su interpelación. Roberto Bodí estuvo espléndido y la última pregunta consiguió formularla en base a una indefinición que remarcaba la imposibilidad de hallar contestación, e incluso al difuminarse cuestionaba el propio interrogante en sí. Un efecto nada fácil de conseguir a través del sonido.

   En la Sinfonía inacabada de Schubert Nikolic mantuvo una propuesta que, al margen de la claridad del sonido, alcanzó su mayor atractivo a la hora de plantear la personalidad individual de los instrumentos, no entendida como la propia del virtuosismo, y la suma de los mismos. Una fórmula que se desarrolló mejor en el primer movimiento, con una claridad sonora reseñable, como por ejemplo en el dibujo del oboe y el clarinete. En todo caso la propuesta no estuvo exenta de uniformidad, lo que dificultó alcanzar con eficacia ciertos clímax y contrastes determinados por la melodía. En el segundo tiempo esta práctica dejó demasiado desnuda la estructura interna de la obra, desestructurando el movimiento en sus aspectos cantables y de diálogo.

   Con las dos orquestas en el escenario éstas acometieron la Sinfonía Nº9 de Bruckner. Aquí funcionó la conjunción de las dos formaciones, con una flauta, Júlia Gállego, que estuvo magnífica durante todo el concierto. Hubo cierta libertad expresiva, que asumieron los músicos, que se volcaron en los pasajes efectistas, propios de los momentos en fortísimo, entendidos como bloques sonoros, y tal vez quedó pendiente un ambiente más inestable entre los pasajes melodiosos, rotundos o dubitantes y una sensación más palpable de la tensión armónica. En el Scherzo alcanzaron una creativa libertad formal y una buena relación entre las secciones y sus instrumentos, con atención especial al Trío; más difícil sería concretar cómo expresaron valores como la espiritualidad. Y en el último movimiento no faltó espectacularidad.

   En todo caso, Gordan Nikolic mantuvo una laboriosa búsqueda a la hora de plantear enfoques de alguna forma diferentes, que partían de ciertos rasgos creativos de las partituras, lo que tuvo sus pros y sus contras, al margen de que pudiera quebrarse la idea general que se tiene o tienen las obras interpretadas.

   En el plano de la anécdota reseñar que formaron parte de la BandArt José Miguel Asensi, trompa solista de la OSCyL que este curso está trabajando en proyectos diferentes, y el clarinete Sacha Rattle, hijo del insigne director.

Foto: OSCyL

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