Primer artículo de Nuria Blanco Álvarez sobre La zarzuela y los viajes y en el tiempo
La zarzuela y los viajes en el tiempo [I]
Por Nuria Blanco Álvarez | @miladomusical
Como es bien sabido, Madrid es la cuna de la zarzuela, no solo por ser la ciudad que vio nacer al género y el lugar donde se produjeron la práctica totalidad de los estrenos, sino por estar presente de una u otra forma en buena parte de ellas, recreando su ambiente, costumbres, lenguaje y tipos populares que inundaban la escena especialmente de los sainetes líricos de las dos últimas décadas del siglo XIX. Sin embargo, existe todo un repertorio, hoy día olvidado, en el que el chotis y el mantón de Manila dejan paso a obras que abogan por un mundo moderno, con experimentos, inventos y avances del mundo científico y tecnológico que se incorporan en las tramas, aun teniendo a Madrid como telón de fondo.
Fue hasta cierto punto recurrente en las zarzuelas el tema del viaje en el tiempo, ya utilizado en cierta manera en las revistas del año en las que precisamente se pasa revista a los acontecimientos más relevantes transcurridos en los últimos doce meses. Este hecho, unido a la fascinación que este tipo de obras mostraba por las máquinas y los avances técnicos, hacen que sea común que en ellas aparezcan adelantos como el telégrafo, el teléfono o el ferrocarril, un medio usado para hacer ese recorrido temporal por Salvador Mª Granés en el libreto de la revista “bastante real y algo fantástica” El año del diablo, con música de Manuel Fernández Caballero en colaboración con Manuel Nieto, estrenada en el teatro de la Zarzuela en 1875, donde aparece una locomotora en la que el diablo y el personaje alegórico del año 1874 pasean por Madrid en distintos momentos de ese año cual Cuento de Navidad de Dickens, repasando los acontecimientos más relevantes que tuvieron lugar entonces, añadiendo al interés tecnológico del medio de transporte, la fantasía del viaje en el tiempo.
Esta idea del viaje en el tiempo, rozando ya la ciencia ficción, se evidencia en otro tipo de zarzuelas de gran espectáculo como El siglo que viene, obra en tres actos de Miguel Ramos Carrión y Carlos Coello con música de Manuel Fernández Caballero estrenada en 1876 en el teatro Príncipe Alfonso. La escenografía contaba con llamativos adelantos técnicos que destacaban en La Ópera Española: “el doble juego de luces, formado por el resplandor de la luna y la iluminación de los edificios, es nuevo y de sorprendente efecto”. Y en la propia trama, señalan en la misma revista, ocurren hechos aparentemente inexplicables como en la escena del Bazar de la Unión “en que todos los juguetes de niños adquieren vida como por arte mágico”.
«Es el uso de tecnología especulativa el que permite adscribir la zarzuela El siglo que viene a la ciencia ficción»
Portada de la partitura de la zarzuela El siglo que viene (1876)
En esta zarzuela, ambientada en Madrid, aparecen dos matrimonios que leen en el periódico La Correspondencia que el Doctor Farándula está buscando voluntarios para un maravilloso experimento pues, tal y como reza el anuncio que aparece en el libreto: “ha descubierto la manera de conservar las personas en un sopor especial, garantizándolas que volverán a la vida dentro de cien años”. Para ello, tendrán que oler un álcali descubierto por él y durante un siglo estarán guardados en unos armarios como “conservas humanas” y sus bisnietos se encargarán de ellos en 1976. Álvaro Ceballos concede a este hecho una gran importancia, pues afirma que el empleo de latas de conserva en el experimento excede sus aplicaciones posibles y que “es este elemento de tecnología especulativa el que permite adscribir El siglo que viene a la ciencia ficción”. Tras algunos chistes, como el de pedirle al doctor que les eche alcanfor para que no se apolillen, se producen varias escenas en el futuro, y no como las mencionadas revistas del año que viajan hacia el pasado reciente.
«Resulta muy curioso observar cómo se imaginaban los libretistas el futuro siglo y sus avances tecnológicos y científicos, inventándose unas cuantas máquinas, algunas de las cuales se hicieron realidad; se trata por tanto de una literatura de anticipación»
Resulta muy curioso observar cómo se imaginaban los libretistas el futuro siglo y sus avances tecnológicos y científicos, inventándose unas cuantas máquinas, algunas de las cuales se hicieron realidad; se trata por tanto de una literatura de anticipación: hay un sol eléctrico que alumbra por las noches; una máquina que corta el pelo, que riza y afeita por poco dinero; además, para oír música ya “no necesita la gente venir al concierto, la oye desde su casa y le sale más barato”; la gente viaja en globo, porque las distancias son enormes; se habla de “la foto-electro-galva-zing-grafía [que] hará que muera la pintura al óleo”. Respecto a las pinturas, explican Miguel Ramos Carrión y Carlos Coello en el libreto, que los cuadros para las exposiciones consisten en unos pocos borrones porque “el pintor hace el cuadro y el que lo ve se lo imagina a su gusto”, haciendo referencia al impresionismo, pues dos años antes del estreno Monet expuso en París su cuadro Impresión, sol naciente. Aseguran que la gente decente no toma cafés ni refrescos, sino cervezas y también se describe cómo será la moda futura asegurando que las mujeres visten con aspecto varonil y “la moda para el pelo es teñírselo de azul”.
«Tiene similitudes con la obra temprana de Julio Verne Paris au XXe siècle de 1863, manuscrito perdido hasta que su bisnieto lo encontró y al fin en 1994 fue publicado por primera vez»
En el último cuadro, aparece la decoración de la Puerta del Sol convertida en puerto de mar, con barquitos de vapor y un tranvía marítimo, una situación similar a la de la obra temprana de Julio Verne Paris au XXe siècle de 1863, manuscrito perdido (su editor se negó a publicarlo tras el éxito de Cinco semanas en globo) hasta que su bisnieto lo encontró y al fin en 1994 fue publicado por primera vez. La acción se sitúa también en el siglo futuro, concretamente en 1960, donde impera la economía y el mundo industrial, contrastando con los intereses del protagonista, el joven poeta Michel Dufrénoy, un apasionado de la literatura clásica, que en su recorrido por París ve con pesimismo esa sociedad del futuro y sus avances técnicos, se trata por tanto de una distopía. En esta novela también se convertía a la capital francesa en una ciudad costera gracias a una serie de canales que lo abrían al mar. Un proyecto similar ya se había ideado en España en tiempos de Felipe II, tal y como relata Álvaro Ceballos, con la primera propuesta de comunicación fluvial a través del Jarama entre Madrid y Lisboa, tema recurrente en diferentes periodos que también se plasmó en otras zarzuelas como Madrid puerto de mar, pieza bufa en un acto de Eduardo Navarro Gonzalvo con música de Ángel Rubio, estrenada en el teatro Recoletos en 1892 y calificada por sus autores en la portada del libreto como “chifladura cómico-lírica”. En la obra se prepara un gran acontecimiento: el mar va a llegar a Madrid, pues va a unirse con el Mediterráneo mediante una boda con el río Manzanares. Los personajes alegóricos inundan esta pieza: la diosa Cibeles como fuente madrileña, la Villa de Madrid, el Manzanares, la mar y todo tipo de peces que, en realidad, representan a diferentes políticos y militares del momento. La decoración del último cuadro es precisamente una vista del puerto que es descrito así en el libreto: “En el fondo la Puerta de Alcalá. A la derecha el palacio de Murga. A la izquierda la verja de los Jardines del Retito. Un puente colgante atraviesa la escena en toda su extensión. Varias embarcaciones cruzan por debajo del puente. Figura que la bahía ocupa todo el escenario”.
«El siglo que viene también se basó en el libro Le monde tel qu’il será de Émile Souvestre, publicado por fascículos en París en 1845 y precursora del género distópico»
El libreto de El siglo que viene bebió de varias fuentes, pues también se basó en el libro Le monde tel qu’il será de Émile Souvestre, publicado por fascículos en París en 1845 con una reedición del libro en 1871. En la obra, la joven pareja formada por Mauricio y Marta desean visitar el tiempo futuro para lo que van a contar con la ayuda de Mesieur John Progrès que, montado en una locomotora inglesa, se ofrece para enseñarles el futuro, haciéndoles caer en un sueño cataléptico, del que sólo se despiertan en el año 3000, donde verán todos los avances tecnológicos que se han producido pero que no hacen más felices a los hombres, siendo precursora del género distópico del que hemos hablado.
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