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Crítica: La esperada ópera 'L'Amour de Loin' de Kaija Saariaho en el Metropolitan de Nueva York

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Autor: Pedro J. Lapeña Rey
8 de diciembre de 2016

"Si pueden, no se la pierdan". "En lo que no hubo ni dudas ni controversias fue en la estruendosa ovación que recibió la directora finlandesa Susanna Mälkki en los saludos finale".

ASÍ SE VIENE AL MET

   Por Pedro J. Lapeña Rey
Nueva York. Metropolitan Opera House1-XII-2016. L’Amour de Loin (Kaija Saariaho / Amin Maalouf). Eric Owens(Jaufré Rudel), Tamara Mumford (El peregrino), Susanna Phillips (Clémence). Dirección Musical: Susanna Mälkki. Dirección de escena: Robert Lepage.

   L’amour de loin, el tercer estreno de la temporada neoyorkina, es probablemente la ópera de más éxito de lo que llevamos de siglo. Compuesta en el año 2000 por la finlandesa Kaija Saariaho, con libreto del académico francés nacido en el Líbano Amin Maalouf, fue estrenadaese mismo verano en el Festival de Salzburgo, y desde entonces se ha visto por todo el mundo. Esta producción, la décima que se hace de la obra, se pudo ver hace un par de temporadas en su estreno absoluto en La Opera de Quebec, y el jueves se estrenó en la Opera Metropolitana de Nueva York. Es la segunda ópera compuesta por una mujer que sube a las tablas del MET desde que la compañía se fundó en 1880. La anterior fue hace más de 100 años, concretamente en 1903. Fue la obra Der WaldEl bosque, de la hoy olvidada compositora inglesa Ethel Smyth.

   La trayectoria de la interesantísima compositora finlandesa empezó en el Conservatorio Sibelius de Helsinki junto a importantes figuras de la música actual como Magnus Lindberg y Esa-PekkaSalonen. Posteriormente pasó por las capitales de la vanguardia musical como Friburgo y Darmstad, antes de recalar en el IRCAM parisino y de trasladar su residencia a Paris a primeros de los 80. En la capital francesa se empapó de técnicas relacionadas con la aplicación de los ordenadores a la música como el análisis espectral o factorial, o la música electroacústica, trabajando sobre todo para formaciones de cámara. También en la capital francesa tomo contacto con la música de Olivier Messiaen, y según nos comentó en la charla previa al concierto que recientemente reseñamos de Esa-Pekka Salonen con obras suyas en el Armory Park neoyorquino, ese contacto la llevó al Festival de Salzburgo en 1992 al estreno de la producción que Salonen y Peter Sellars hicieron del Saint-François d’Assise. Hasta ese momento ella pensaba que no podría escribir ópera, al menos tal y como se entiende dentro del repertorio tradicional. Pero tras asistir y colaborar con ellos, pensó que sí, que ella podía crear una ópera en ese estilo, y tras el éxito de Château de l’Âmey de Lonh, obras que compuso para la voz de Dawn Upshaw, el entonces intendente del Festival, Gerard Mortier, aceptó su propuesta de crear una ópera para el Festival del año 2000.

   La propuesta estaba basada en el poema La vida breve en el que juglares del S.XIII recrean poemas autobiográficos del trovador medieval Jaufré Rudel, Príncipe de la villa de Blaye en la región francesa de Aquitania. Rudel, caballero de la corte de Leonor de Aquitania, participó en la Segunda Cruzada y murió en los brazos su amada, la Princesa de Trípoli. Esta combinación de historia y leyenda también inspiró muchas obras de poetas románticos. Para escribir el libreto, la compositora finlandesa contactó a través de Peter Sellars con el escritor libanés AminMaalouf, quien por esos años ya había escrito ensayos y novelas donde la realidad mezclaba con la ficción y donde el Occidente se encontraba con el Oriente. Tras este trabajo inicial, Maalouf se convirtió en el libretista de cabecera de Saariaho habiendo colaborado en otras tres obras para la escena.

   El libreto entra de lleno en la idea del amor imposible. Una idea clave en el desarrollo de canciones y leyendas medievales, y al que los amantes a la ópera estamos acostumbrados. Unas veces porque alguno de los amantes está casado (Pelleas y Melisande o Don Carlos y Elisabetta de Valois), otras porque son hermanos (Sigmund y Sieglinde), las más porque pertenecen a mundos distintos o a familias enfrentadas (Romeo y Julieta, Lucia y Edgardo, Elsa y Lohengrin, o Alfredo y Violeta), y otras porque están separados por la distancia (Manrico y Leonora), el amor verdadero no puede ser fácil para un amante medieval o romántico. Un amor posible no es digno de un héroe. Debe ser un amor casi imposible, y solo la muerte de uno o de los dos amantes puede ser el final lógico del mismo.

   En la obra de Saariaho y Maalouf, es la gran distancia entre Aquitania y el Líbano la que separa a los amantes. Amantes que aún no saben que lo son.JufréRudel está harto de la vida de placer propia de un noble. Él anhela un amor puro y distante aunque está resignado a no encontrarlo nunca, ya que la mujer ideal no existe. El peregrino llegado del Líbano le convence de lo contrario. Esa mujer existe, él la conoce, es bella y tiene grandes virtudes, pero vive lejos, en Trípoli. Jaufré se enamora al instante de ella y le empieza a componercanciones.

   En su siguiente viaje a Oriente, el peregrino se encuentra con Clémence, la Condesa de Trípoli, quien de niña vivió en Toulouse a donde sueña con volver alguna vez, y le cuenta que en Occidente, un príncipe trovador le canta canciones. Tras la sorpresa inicial, empieza a soñar con ese “amante lejano”, aunque no se hace ilusiones ni quiere sufrir.

   A su vuelta a Blaye, El peregrino le dice a Jaufré que Clémence ya sabe que él la ama. Indignado primero porque hayan divulgado su amor, pero envalentonado después, decide visitarla en persona. En el barco, su angustia ante el encuentro le hace enfermar llegando a Trípoli moribundo. Entra en la ciudad en camilla y por fin se encuentra frente a “su amor lejano”, muriendo en sus brazos tras declararse, abrazarla y prometerse amor eterno.

   La última etapa de Kaijaa Sahariaho se caracteriza por un cuidado exquisito del sonido. En L’Amor de loin, en cinco breves actos de poco más de dos horas en total, crea un universo sonoro idílico, onírico, contemplativo, de gran belleza,que fluye continuamente de manera natural, con pocos cambios de ritmo, donde se encuentran pequeñas disonancias, una amplia paleta de colores, timbres y armonías sugerentes, contexturas orquestales donde hay polifonía medieval y arpegios de arpa que nos evocan la música de los trovadores medievales, y donde los instrumentos de percusión desarrollan un efecto tras otro, complementados por sonidos pregrabados, emitidos normalmente a bajo o muy bajo volumen, desde la parte posterior del espectador. Estos efectos se funden con el sonido que llega del foso y buscan la sorpresa continua del espectador. Es insólito por ejemplo, como cuando Rudel y El peregrino hablan de ruiseñores, al espectador le llegan sus cantos pregrabados de manera casi imperceptible y algo difusa.

   Otro elemento de enorme importancia es el Coro. Unas veces es un complemento de la orquesta para crear la sonoridad requerida por la compositora y otras, a la manera de un coro griego, declama la historia y acompaña a Clémence (el coro femenino) o a Jofré (el masculino).

   El controvertido aunque a veces genial director de escena canadiense Robert Lepage es el encargado de esta producción. Bastante criticado en el MET por su propuesta del Anillo del Nibelungo wagneriano que hace unos años reemplazó al clásico de Otto Schenk, se puede decir que en esta ocasión pintan oros. La producción es estática pero es un complemento perfecto a la música. El mar Mediterráneo, por donde El peregrino viaja de oeste a este y vuelta a empezar, es el protagonista principal. Lo crea con muchas  líneas elevadas de luces led, paralelas al escenario y entre sí, cada una de ellas algo más alta que la anterior, con lo que la visión que consigue desde las butacas es una perfecta simulación de las olas del mar.  Los colores cambian continuamente para unas veces –tonos azules- “ser el espejo del cielo”, y otras – tonos rojizos y ocres – para reflejar los estados de ánimo de los protagonistas. Una escalera móvil del tipo de las de acceso a los aviones, es la plataforma que sirve para los castillos de ambos amantes. Entre medias, la barca del peregrino que va y viene, y que en el cuarto acto lleva a Jofré de Occidente a Oriente, donde el trovador primero tiene dudas, luego en una preciosa escena ve a Clémence en sueños, y posteriormente la angustia termina por enfermarle.El coro emerge y se sumerge en las olas cuando acompaña a los protagonistas. La dirección de actores es precisa y refleja las emociones de todos. El espectáculo final, de una gran fuerza visual no deja indiferente y es de una gran calidad. Cuando el Sr. Lepage salió a saludar, se oyeron unos breves abucheos aunque la mayor parte del público ovacionó con calor el trabajo de todo el equipo escénico.

   El reparto, enteramente estadounidense, estuvo entre lo bueno y lo realmente soberbio. De menos a más tuvimos al barítono Eric Owens como Jaufré Raudel, quien estuvo irreprochable desde el punto de vista escénico. Fue un trovador triste, delicado y frágil, sobre todo inseguro ante la posibilidad de encontrar su “amor lejano”. El material es de calidad, noble y oscuro pero la emisión, casi continuamente en la gola, le penaliza. Su dicción francesa fue pobre al comenzar la obra pero fue mejorando según avanzó la partitura.

   Susanna Phillips fue una Clémencede alto nivel. Con voz de soprano lírico-ligera, correctamente emitida, su canto fue claro y brillante, y su dicción fue minuciosa y precisa. Dramáticamente dio con las claves del personaje en un papel donde la variedad en el canto es clave, ya que la acción es poca.  

   Por último, la mezzo-soprano Tamara Mumford, intérprete de El peregrino, fue sin duda la mejor del reparto. Su voz, de una enorme calidad y un color precioso, impactó de principio a fin. Con un francés excelente, recordaremos con el tiempo su soberbia actuación. Los tres cantantes, largamente ovacionados, enviaron cariñosas muestras de afecto al apuntador.

   En lo que no hubo ni dudas ni controversias fue en la estruendosa ovación que recibió la directora finlandesa Susanna Mälkki en los saludos finales. Conocíamos su gran calidad desde años atrás ya que ha actuado en España en alguna ocasión –en Nueva York no debutó hasta el año pasado – pero una actuación así, en su debut en el templo operístico de América, es sencillamente impresionante. Sin duda, sus años como directora del Ensemble Intercontemporain le ha ayudado en su conocimiento de la música de Kaija Saariaho. Su dominio de la sonoridad, su control de los “ostinatos”, sus gestos elegantes y precisos hacia la orquesta, y sus continuas entradas a cantantes y coro, consiguieron un resultado final realmente excepcional. Los taurinos, ante una gran actuación en Las Ventas, dicen lo de: “Así se viene a Madrid”. Parafraseándoles diremos que “Así se debuta en el MET”.

   A los saludos finales se sumaron también compositora y libretista, recibiendo durante varios minutos vítores y aclamaciones por doquier. La obra estará en cartel durante todo el mes de diciembre y desde aquí nuestra recomendación es clara: Si pueden, no se la pierdan.

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