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Crítica: Lisa Batiashvili interpreta obras de Mendelssohn y Arenskij en Bolonia

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Autor: Magda Ruggeri Marchetti
30 de septiembre de 2021
Lisa Batiashvili

Un magnífico concierto

Por Magda Ruggeri Marchetti
Bolonia, 23-IX-2021, Auditorio Manzoni. Bologna Festival XL edición. Sección Grandes Intérpretes. Sonata para piano y violín de Felix Mendelssohn-Bartholdy. Trio n.1 en re menor para piano, violín y chelo de Anton Arenskij. Lisa Batiashvili, violín. Sebastian Klinger, piano

   Bologna Festival ha conseguido traer a Bolonia por primera vez a la conocida violinista Lisa Batiashvili, muy apreciada por su virtuosismo y gran sensibilidad. De origen georgiano, es una de las grandes violinistas de nuestro tiempo. Ya conocida internacionalmente por haber participado con solo dieciséis años en el concurso Sibelius de Helsinki, en 2015 fue nombrada instrumentista del año por Musical America, toca con las principales orquestas sinfónicas y colabora con los directores más importantes. Ha sido artista residente en la Royal Concertgebouw de Amsterdam y en la Accademia Nazionale di Santa Cecilia de Roma. Es directora artística del festival Audi Sommerkonzerte de Ingolstadt. Por medio de la Lisa Batiashvili Foundation sostiene además la educación musical de los jóvenes talentos de su país. 

   En esta ocasión se exhibe con Sebastian Klinger que, nacido en Munich y crecido en España donde empezó a tocar con seis años, es uno de los más apreciados violonchelistas de su generación. Ganador de numerosos concursos internacionales, hoy actúa con los directores más conocidos en Europa, Asia y Estados Unidos.

   Los acompaña al piano Milana Chernyavska, que debutó con siete años. Tras los estudios en el conservatorio de Moscú, perfeccionados en Munich, ha frecuentado importantes masterclass. Solista presente en los principales festivales europeos, ha creado el Quartetto Milander y colabora con los más conocidos artistas.

   La Sonata en fa mayor de Felix Mendelssohn fue compuesta en junio de 1838, pero se dió a conocer solo en 1953 por el interés de Yehudi Menuhin, publicándose el mismo año. Es una composición que muestra la plena madurez técnica y expresiva del autor por su calidad, equilibrio, serena elegancia clásica y fascinante belleza melódica. Lisa Batiashvili, intérprete versátil y de fuerte personalidad, con su Guarneri del Gesù de 1739 ha sabido subrayar ya en el primer movimiento (Allegro vivace) el ritmo y la cantabilidad en una relación dialéctica con el piano. En el segundo (Adagio) se nota la melodía nostálgica y melancólica así como el intenso tono lírico mutable en la forma. El tercer movimiento (Assai vivace) resalta con su rondó final el vertiginoso motivo de gran emoción, subrayado también por el piano. La georgiana, con su extraordinaria sensibilidad, ha sabido interpretar aquella brillante escritura violinística que en 1844 encontraría su ápice en el famoso Concierto en mi menor.

   A continuación hemos disfrutado de la belleza del Trío en re menor que el compositor ruso Anton Arenskij publicó en 1894 dedicándolo a la memoria del violonchelista y pedagogo Karl Davidov (1838-1889), director del conservatorio de San Petersburgo y fundador de la escuela violonchelista rusa. Arenskij fue director de la Capilla de canto de la corte imperial de aquella ciudad y en su música se nota el recuerdo del folclore ruso. El Trio in re minore es la obra maestra de su producción camerística, donde encontramos una síntesis entre su típico lirismo y la influencia de Tchaikovsky. En el primer movimiento (Allegro moderato) los tres instrumentos consiguen transmitirnos la alegría que se intensifica en el segundo (Scherzo – Allegro molto), donde triunfa el vals en un diálogo virtuoso entre el violín y el violonchelo. En el magnífico tercer movimiento (Elegia. Adagio) dominan las cuerdas en una melodía de intenso lirismo sobre un tenue acompañamiento del piano, donde también el motivo del vals se hace lento. Una vez más emergen la sensibilidad y el virtuosismo de Lisa Batiashvili, pero tampoco podemos olvidar el magnífico asolo del violonchelista. El final (Allegro non troppo) retoma el tema del comienzo sin olvidar totalmente el lirismo romántico.

   El público apreció entusiasmado el virtuosismo de los tres intérpretes, obligados a conceder un bis para que los espectadores abandonaran la sala.

Foto: Bologna festival / Roberto Serra

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