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LISETTE OROPESA, soprano: 'Montserrat Caballé es divina, una diosa'.

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16 de diciembre de 2015

LISETTE OROPESA, soprano: ´Montserrat Caballé es divina, una diosa´.

Una entrevista de Aurelio M. Seco
Fotografías: Fernando Frade
Lisette Oropesa es una de las grandes triunfadoras del Rigoletto que, a lo largo de este mes, se puede ver en el Teatro Real de Madrid. La soprano estadounidense está en un momento dulce de su carrera. Tras debutar el papel protagonista de La traviata en Filadelfia y encarnar a Gilda en el Real, viajará a Italia para debutar en la Accademia Nazionale di Santa Cecilia con el Réquiem de Fauré. Hemos hablado con ella de lo fundamental de su trayectoria, su familia, el papel de Gilda y el siempre complejo mundo del canto, del que habla con seguridad y una inusual y agradable franqueza.

Habla perfectamente español, pero usted es estadounidense

Sí, nací en Lusiana, Nueva Orleans, aunque soy de padres cubanos. Mi madre llegó a EEUU en el 68 y mi padre en 1980. Ambos se conocieron en Estados Unidos. Hablo español porque ambos me hablaron siempre en este idioma. Mi madre era cantante de ópera. Empezó a hacer una carrera lírica pero al final tuvo que elegir entre desarrollarla o trabajar en casa y pesó más lo segundo. Desgraciadamente, mi padre falleció hace unos años. Tenía distrofia muscular y padecía cáncer de pulmón, porque fumaba demasiado. Siempre estaba enfermo hasta que un día dejó de caminar y tuvo que moverse en silla de ruedas. Falleció cuando yo tenía 26 años. Por esta razón, para mí el papel de Gilda es muy especial y profundo a nivel dramático, porque de alguna forma mi propio padre también pensaba, como Rigoletto, que el mundo había sido injusto con él y que le había tratado de una manera cruel.

¿Es usted hija única?

No, somos tres hermanas, más otra que mi padre tuvo de otra relación en Cuba.

Otro paralelismo con Rigoletto, una hija secreta…

Mi padre era nueve años mayor que mi madre y en Cuba tenía otra hija, así que tengo una hermana cubana que todavía no he podido conocer. Espero poder hacerlo algún día, ya que hasta la fecha las relaciones con Estados Unidos no permitían viajar fácilmente entre ambos países. Ahora empieza a ser algo más sencillo.

¿Cuándo comenzó usted a cantar?

Desde mi niñez, en Luisiana. Gracias a Dios siempre he tenido el regalo de la bendición de la voz –mira al cielo-, aunque tengo que decir que mi mamá cantaba mucho mejor que yo. Tenía una voz natural. Yo le decía, mami haz esto o lo otro, y ella lo cantaba perfecto. Es una lírica de coloratura, exactamente como yo. En los primeros años yo cantaba en la iglesia e incluso música pop, pero pronto me introduje en lo lírico. Cuando mi madre practicaba a mí me gustaba imitarla.

¿Cuándo decidió dar el salto a la ópera?

Tenía 17 años y ya cantaba mucho en la iglesia, donde mi madre ejercía como directora de música. Yo ya tenía la voz y sabía cómo usarla. Además tocaba la flauta. Yo quería entrar a formar parte de una orquesta, pero mi madre me dijo: “Tú tienes que cantar para que te oigan, porque tienes algo especial y deberías estudiar. Te va a encantar el mundo de la ópera. Tocas bien la flauta, pero cantas mejor”. Y tenía razón.

Me llevó a que me escuchase su maestro, Robert Grayson, que me recomendó que dejase la flauta: “Vas a tener mucho más éxito como cantante que como flautista”, me dijo; así que decidí probar. Al principio lo compaginé con la flauta, pero tras el primer semestre de estudios elegí la voz. Me había enamorado del canto y me fascinaban los diferentes idiomas en que se interpretaba la ópera.

¿Cuántos idiomas habla?

Cinco: inglés, francés, italiano, alemán y español. El entrenamiento que tenemos que hacer los cantantes con los idiomas es increíble.

¿Qué idioma prefiere?

Me encanta el francés, porque no es tan abierto como el español y te ayuda a cantar, quizás porque posee más vocales y te permite realizar más colores con la voz. Al principio también me ayudó el hecho de escuchar a varios cantantes importantes. En mi casa, mi madre tenía la costumbre de oír muchos discos. Estaba enamorada de Anna Moffo, Montserrat Caballé o Renata Scotto, con quien más tarde pude estudiar en Nueva York.

¿Quiénes eran sus favoritas?

Montserrat Caballé es divina, una diosa. Es increíble las cosas que ha sido capaz de hacer con la voz y cómo usa la respiración. No hay nadie más que pueda hacerlo. Me parece una de las mejores cantantes de todos los tiempos, aunque tengo que reconocer que mi favorita es Maria Callas, una soprano que, cuando canta, siempre me hace llorar. Su interpretación me llena de excitación porque canta siempre con un motivo que podríamos denominar activo. Siempre da la impresión de que te quiere decir algo importante en cada momento, con cada nota. Todo es importante en su interpretación y  a cada paso te descubre algo nuevo. Callas sentía la música dentro de ella, sin ningún atisbo de pose. Todo en ella resultaba sincero y sencillo.

Una vida difícil…

Sí, y muy triste por momentos. Una de sus grandes tragedias tuvo que ver con su relación con Aristóteles Onassis. Se sintió destruida por dentro y eso hizo que su voz se resintiese. A veces el público no se da cuenta de que la voz es un elemento que está muy vinculado con el cuerpo y sus circunstancias. Si te sientes cansada, tensa o nerviosa, se resiente. Puede que en cierta forma seamos como atletas, pero no somos máquinas.

Hablemos de técnica. ¿Por qué cada maestro tiene la suya?

Bueno, hay una forma de cantar correctamente.

Pero no hay consenso cuando se explican.

Porque todo el mundo es diferente. Los barítonos emiten la columna de aire de forma diferente y luego está la fisonomía de cada uno, pero lo que es el apoyo al cantar y la manera de colocar la voz es algo que se conoce perfectamente. Después está una manera de cantar que puede atenerse a una escuela, la alemana o la italiana.

No la española

No, la española es la italiana. Los latinos podemos tener un color especial en nuestra voz, pero la escuela es la de Italia.

¿Por qué tantos artistas pierden la perspectiva ante sus defectos?

Porque es difícil ver los errores en uno mismo. Es natural tener fallos. La técnica te ayuda a esconderlos

Hay defectos horrorosos, como el engolamiento, que ya casi es una moda en algún caso.

Sí, algunos cantantes lo buscan a propósito.

Pero no es bonito

Depende de a quién se lo pregunten. Hay a quien le gusta cantar cubierto. Yo elijo cantar limpio y brillante, pero hay artistas que no piensan lo mismo. Por ejemplo, si yo fuese un barítono que quisiera cantar un repertorio pesante, cubro el sonido, me lo trago, y produzco una emisión que hace que algunas personas consideren que crece la voz. Esto no es cierto. La voz no es más grande. Es sólo una sensación. Personalmente prefiero la emisión limpia.

Hemos hablado de Maria Callas, Montserrat Caballé. ¿Qué otros cantantes admira?

Me encanta José Carreras. Los tres tenores son fantásticos y completamente diferentes. Pavarotti tenía la voz perfecta, y qué puedo decir de Plácido Domingo, un artista tan grande. Sin embargo, en mi opinión, Carreras es como los dos a la vez. No es tan famoso como ellos, pero a mí me encanta. También quiero nombrar a Giuseppe Di Stefano. Poseía unos agudos límpidos que era capaz de ofrecer incluso haciendo pianísimos. Su control de la dinámica era increíble. Cada artista tiene sus méritos y cosas que le hacen especial. Hoy en día hay muchos cantantes que me gustan, pero a veces hay artistas que poseen unas virtudes y no otras.

¿Qué virtudes son las más importantes?

Algunas son más importantes que otras. Por ejemplo, si una persona canta en el escenario y es un actor tremendo pero no tiene voz, le falta algo. Y a la inversa, yo he visto cantantes con voces increíbles que, cuando interpretan, te dejan frío. Para cantar se necesita transmitir sentimiento y pasión.

Hábleme de su trabajo en el Metropolitan de Nueva York

En 2005 gané la National Council Grand Finals, lo que me permitió estudiar en el Met durante tres años, como si fuera un conservatorio, asistiendo a clases con grandes maestros, entre los que estaban Renata Scotto.

¿Qué aprendió de ella?

Todo lo que tiene que ver con bel canto lo sé por ella. Por ejemplo, en La sonnambula, el recitativo que se canta antes del “Ah, non credea mirarti” lo estuvimos trabajando durante semanas, intentando buscar el color y el sentimiento de cada una de esas palabras. Buscábamos decir algo profundo, porque para Scotto siempre era importante cantar de la forma más sencilla. En lugar de rubato o con muchos adornos, ella defendía un canto limpio, exactamente como fue escrito por el compositor. Si el compositor dice forte, lo haces, si dice piano, lo haces, y en lo que respecta al resto, se trata de ir poco a poco buscando colores, pero sin alejarte mucho de lo que dice la partitura. Tiene que ser un canto limpio y, si el compositor escribe una determinada coloratura o un ornamento, hay que hacer perfectamente todas y cada una de sus notas. Todas son importantes y deben oírse.

¿Y la pronunciación?

Obviamente hay que pronunciar bien, pero en italiano es casi más importante el color y que se entienda la frase en general que perfectamente todas sus palabras.

¿Cómo estudia?

Hace tiempo que estudio por mi cuenta, aunque tengo un maestro de canto en Nueva York que se llama Bill Schumann, con el que he ido a clases durante diez años y que suele escucharme unas dos veces por temporada. Precisamente ha venido a ver el Rigoletto que me encuentro cantando en el Teatro Real. Schumann también enseña a Stephen Costello, el tenor que interpreta al Duque de Mantua en el primer reparto. Vino a Madrid para ver la actuación de Costello y para escucharme a mí. Es un profesor que si oye algo que cree que estoy haciendo mal, me lo dice, aunque tengo que decir que hace años que mi forma de cantar no varía. La técnica no me ha cambiado. Otra cosa es el aspecto interpretativo, con el que a veces incluso tenemos diferentes opiniones. Por ejemplo, en “Caro nome” me dijo que en su opinión no tenía por qué hacer la cadencia tan larga. Hay una nota en la cadencia, un si, que yo quiero cantar pianísimo para después hacer un crescendo hasta el final. Es un recurso técnico difícil que me parece valioso mostrar a la gente. Él dice que no es necesario hacerlo, pero para mí es importante. ¿Por qué no se va a enseñar a la gente la dificultad técnica que entraña realizar bien esa dinámica?

La mayoría del público no percibe ese mérito.

No importa. Es importante darles la oportunidad de aprender. La ópera no es como algunos deportes, en los que un comentarista puede anticipar a la gente la dificultad del gesto técnico que van a ver a continuación, pero si los intérpretes no hacemos estas cosas, el público nunca se dará cuenta de qué es lo que tiene mérito y lo que no.

Parace usted una mujer muy sincera expresando sus opiniones, un rasgo de carácter muy arriesgado para una artista.

Yo no tengo miedo de decir lo que pienso. Si alguien me pregunta algo, le doy mi opinión. Mi abuela me dice que no podemos ser monedita de oro para caerle bien a todos.

Me ha llamado la atención que no hay demasiados videos suyos en Youtube

En EEUU no es fácil que las entidades te permitan usar sus videos. Hay muchas restricciones en este aspecto, algo que no sucede en Europa. En el Met no sería posible realizar las fotos que tan amablemente nos han permitido hacer para esta entrevista hace unos minutos en el Teatro Real.

Sí encontré un video suyo probando La traviata, un tanto informal.

Sí, era una fiesta y simplemente estaba probando el papel mientras nos divertíamos. Precisamente vengo de debutar el papel en Filadelfia, bajo la dirección de Corrado Rovaris. No pude obtener una copia del video por el tipo de restricciones de las que le he hablado.

¿Se sintió cómoda cantando Traviata?

Sí, a mis 32 años tenía un poco de miedo, porque mucha gente considera que es necesaria una voz de mayor peso, pero yo di todo lo que tenía y canté con el corazón, y al final las críticas fueron muy positivas.

Nunca se sabe cómo va a evolucionar una voz

No, yo soy una soprano lírica de coloratura. Es posible que me quede así toda mi vida. Depende de mis hormonas, mi cuerpo… No soy una coloratura pura, no vivo cómoda en el registro más agudo. Tengo buenos agudos, pero no canto Lakmé o Zerbinetta porque no tengo el mi. Sí tengo el mi bemol, que es una nota que está en Rigoletto, al final de “La Vendetta”, y también en La traviata o La hija del regimiento.

¿Qué parte del papel de Gilda es el más difícil de cantar?

La más difícil es el duetto “Ah! veglia, o donna”. La parte en la que digo “Oh, quanto affetto!....” es larguísima y muy complicada de hacer, porque no hay donde respirar. Debo mantener apoyado todo el fragmento en el si bemol. Si le hacemos la pregunta al barítono estará de acuerdo. Es algo que he comentado con el propio Juan Jesús Rodríguez y Luca Salsi. Todos pensamos que es la parte más difícil.

Su pareja es su representante. ¿Es complicado compaginar lo profesional con lo personal?

Para mí, contar con la compañía de mi pareja es lo más importante. Yo soy una criatura de amor, una romántica. Me encanta mi carrera, pero hay mucha gente que se enamora de su trabajo y parece que está casada con él. Yo no. Quiero ser una mujer que tenga una vida normal. En este trabajo puedes llegar a obsesionarte y pensar que no hay nada más. Puedes ser feliz así, pero a veces pienso “qué pasa si un día me levanto y ya no tengo voz”. Mi padre tuvo distrofia muscular. Un día se levantó y nunca más pudo andar. Qué pasaría si me llega a suceder algo así, Dios mío. A mí me encanta salir a correr, hacer deporte y disfrutar de la naturaleza, estudiar idiomas y cocinar. Cocinamos mucho. Tanto mi pareja como yo somos vegetarianos veganos.

¿Siendo vegano no se pierde algo importante de lo que disfrutar?

He tenido que cambiar mis hábitos alimentarios por una cuestión de salud. En Europa se come mejor que en EEUU pero cuando era más joven yo tenía problemas de sobrepeso. Además, me sentaban mal ciertos productos como el queso o los huevos, así que decidí cambiar mis hábitos. Adelgacé alrededor de 40 kilos. Realizar una vida más sana me ha ayudado mucho en mi carrera lírica. Y me siento fuerte porque hago mucho ejercicio. Muchos cantantes no toman leche porque produce mucosidades incómodas. Yo no tomo leche, sino leche de soja y café negro. Mucha gente no me cree cuando le enseño fotos de cómo era antes.

Fotografías: Fernando Frade

Autor:Aurelio M. Seco
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