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Crítica: 'Lorenzín o el camarero del cine' en la Fundación Juan March

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9 de octubre de 2017

HISTORIA PURA DE NUESTRO GÉNERO CHICO

   Por Pedro J. Lapeña Rey
Madrid. Fundación Juan March. 30-IX-2017. Lorenzín o el camarero del cine (Luis Arnedo/ Salvador Granés, zarzuela parodia de Lohengrin de Richard Wagner).Emilio Sánchez (Lorenzín), Irene Palazón (Celsa), Gerardo Bullón (Tío Pavero), Jorge Merino (Telemondo), Beatriz de Urbina (La oruga), Ángel Piñero (Pregonero/heraldo). Maestro Concertador: Laurence Verna. Director de escena: Francisco Matilla. Imagen: Carlos Lapeña. Figurinista: Alicia G. Alegre. Coordinador artístico: Fernando Poblete.

   La Fundación Juan March es uno de los tesoros de Madrid, sobre todo para los amantes del arte y de la música. Programa anualmente cerca de 150 conciertos, y entre ellos, siempre encontramos alguna joya. Esta temporada, los ciclos de los sábados arrancan con uno dedicado a las “Parodias y homenajes”. En concreto, su primer programa se ha dedicado a parodiar a Wagner.

   La parodia es la imitación burlesca de algo que ya existía. Una desviación que mediante una leve transformación, muta en algo nuevo que, de alguna manera, contiene el elemento parodiado. Como género literario tiene una larga historia a sus espaldas, ya que surgió en la antigua Grecia, con poemas que imitaban de forma irrespetuosa a otros poemas. Pero si hablamos del idioma castellano, su momento cumbre es mucho más cercano. Hablamos del último tercio del S.XIX y las dos primeras décadas del S.XX.

   Hablamos del género chico, del cual la parodia era una de sus modalidades. Fue el entretenimiento principal de la sociedad madrileña de la época. Las obras tenían un acto, duraban en torno a una hora, y se programaban cuatro sesiones cada tarde, que apenas costaban un real. Con esos precios, la ocupación del teatro era muy alta y los empresarios vieron un filón de oro.

   Salvador María Granés, libretista inagotable y periodista satírico,fue el autor más destacado de parodias de las que podemos destacar La golfemia (La bohéme), La fosca (Tosca), Lorenzín, el camarero del cine  (Lohengrin), La farolita (Favorita) o Dolores de cabeza (La dolores).Desde la década de los 70, Granés había colaborado con algunos de los mejores músicos del momento: Bretón, Fernández Caballero, Chueca o Chapí. Pero su mayor éxito le llega en colaboración con el Maestro Arnedoen 1900:La Golfemia, estrenada en el Teatro de la Zarzuela, tuvo un éxito enorme en España y Portugal. El éxito se repitió en sus siguientes colaboraciones:La Fosca en 1904 también en el Teatro de la Zarzuela, y Lorenzín en el Teatro Apolo en 1910, que fue el canto del cisne de ambos autores.

   La obra, en un acto y en verso, dividido en cuatro cuadros y precedido de un prólogo, nos traslada de Brabante a “Escalza-perros”. El tremendo drama wagneriano, se condensa aquí en uno “mas de andar por casa”. Telamondo (Telramund), el matón del pueblo, acusa a Celsa la tonta (Elsa), heredera de un estanco - será la recompensa para el caballero que la defienda - del “niñicidio” de su hermano “Sandalio el bobo”. El jurado popular debe decidir si es culpable.El alcalde de Escalza-perros, el Tío Pavero (el Rey Heinrich) ordena el iniciodel juicio, y Celsa se escuda en la llegada de un caballero que vendrá a salvarla. El jinete, enfundado en una armadura de hojalata y montando un corcel de cartón blanco, esLorenzín (Lohengrin), de quien al final de la obra sabremos que en vez de caballero del Santo Grial e hijo de Parsifal, es un caballero del Pimiento Oval e hijo de Don Pascual. A pesar de que muchos de los personajes mencionados en la obra – Canalejas, Moret o Romanones – le pueden sonar extraños a parte del público de nuestros días, la obra es desternillante.

   Desde el punto de vista musical, hay referencias a La traviata, a La africana, a La Bruja, a El trovador, a La bohème o a La corte de faraón, y por supuesto al propio Lohengrin. Sin llegar quizás al nivel que Arnedo consigue en La golfemia, varios de los pasajes de la obra son de una calidad incuestionable. Hay continuas llamadas a “la trompetería” wagneriana. El famoso raconto “In ferneland…” se da aquí prácticamente igual al original de Wagner, aunque con frases intercaladas del coro.

   La obra fue presentada por la veterana Compañía Ópera Cómica de Madrid. El escenario es muy simple. Sobre una pantalla se proyectan las imágenes surrealistas y muy divertidas preparadas por Carlos Lapeña que nos permiten dar una segunda lectura, más irónica si cabe, a lo que sucede en el escenario. Alicia G. Alegre viste de manera inequívoca a todos los personajes – Elsa blanca y pura, Lorenzín con su lata de pimientos, el Tío Pavero con chaqué y boina, resaltando la importancia del cargo de alcalde y los ocho miembros del coro son habitantes rústicos de Escalza-perros –. Con estas bases, el veterano director de escena Francisco Matilla, crea una dirección de actores básica pero efectiva, buscando siempre la complicidad de un público que se lo pasó en grande.

   El tenor Emilio Sánchez aún mantiene su potente voz en condiciones. Como actor nos hizo un Lorenzín intenso, con los versos bien declamados, consiguiendo destacar la ridícula solemnidad del personaje. En el Raconto, cantado a tono, fraseado con vehemencia, subió al La3 de manera directa, y aunque la voz sonó algo tirante, ya nos gustaría ver a muchos de sus colegas de elevado caché, haciéndolo como él.

   Genuina y divertida, Irene Palazón hizo una Celsa de primer nivel, sacando un lirismo intenso de un papel de soprano cómica, donde combinó gracia y algo de histrionismo en un rol bastante agradecido. Gerardo Bullón hizo un alcalde perfectamente declamado, con la voz bien emitida de siempre y con la musicalidad a flor de piel en su breve parte cantada.

   Jorge Merino fue un Telemondo convincente, un auténtico matón de pueblo en el arranque de la obra para posteriormente, envainársela tras perder el duelo. La oruga (Ortrud) y el Pregonero tuvieron intérpretes acertados en Beatriz de Urbina y Ángel Piñero respectivamente.  

   El público se lo pasó en grande y las ovaciones duraron varios minutos. Fue una ocasión única de descubrir y ver representada una obra que es historia del Género chico, y por tanto de nuestro Teatro Lírico.  

Autor:Pedro J. Lapeña Rey
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