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Crítica: Lorenzo Meseguer y Virginia Martínez con la Sinfónica de la Región de Murcia

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Autor: José Antonio Cantón
21 de mayo de 2021

Destellos musicales del Settecento

Por José Antonio Cantón
Murcia, 19-V-2021, Auditorio y Centro de Congresos 'Víctor Villegas'. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (ÖSRM). Solista: Lorenzo Meseguer (violonchelo). Directora: Virginia Martínez. Obras de Carl Philipp Emanuel Bach, Georg Friedrich Händel y Marianne von Martínez.

   Una obra de marcado estilo galante como es la Sinfonía en do de la austriaca Marianne von Martínez abría el antepenúltimo programa de la presente temporada de la ÖSRM. Escenificando su interpretación con toda la orquesta puesta en pie, que recordaban viejos modos, Virginia Martínez ha planteado su dirección desde una llamativa economía de gesto que le ha permitido adentrarse con mayor claridad y definición en su discurso pre-romántico, naturalmente bien resuelto armónicamente por la compositora de origen hispano napolitano, que fue admirada como niña prodigio por personalidades tan relevantes como Franz Joseph Haydn que la  llamaba cariñosamente «la pequeña española». Transmitiendo un marcado sentido cortesano, dirigió el primer movimiento desde una elegancia que favorecía la intención de este complaciente pasaje para el oyente. Reflejó con cuidado candor el encanto del Andante central, realzando el sutil rasgo meditativo que contiene, para terminar reafirmando el destino cortesano de la pieza destacando ciertas peculiaridades humorísticas de su Allegro spiritoso final.


   La segunda pieza del programa propiciaba la vuelta al escenario del auditorio murciano del violonchelista de la tierra, Lorenzo Meseguer -actualmente desarrolla su actividad como miembro de la City of Birmingham Symphony Orchestra- con una obra singular del repertorio para su instrumento como es el Concierto en la mayor, H439- Wq172  de Carl Ph. E. Bach, segundo de los hijos supervivientes del primer matrimonio de J.S.Bach con su prima María Bárbara. Los intentos del violonchelo de lograr un lirismo sostenido se vieron repetidamente inquietados por las interjecciones medio juguetonas y medio nerviosas de la orquesta, que sólo eran contrastadas por la intervención de la clavecinista Silvia Márquez, situada en el centro geométrico de la  disposición de la orquesta en el escenario, dulcificando tensiones. El solista, moviéndose con clarificada respuesta en sus penetrantes registros superiores, dialogó en el pesaroso Largo central frente a la asordinada orquesta apuntando un horizonte retórico a la vez que apasionado. Sin duda, junto a las dos exigentes cadencias de la obra, fue el movimiento en el que este temperamental violonchelista determinó mejor su musicalidad y capacidad técnica.

   En el Allegro assai final se repitieron las tensiones habidas en el primer movimiento, apreciándose una elevación en la claridad de afinación ante las complicadas y hasta clavecinísticas articulaciones que pide el compositor que, acaso, pudo llegar a imaginar el mástil (diapasón) del instrumento como si de un teclado se tratara. Calurosos aplausos llevaron a que se ofreciera un bis conjunto del solista y la orquesta con una pequeña pieza titulada Inferno del violonchelista siciliano Giovanni Sollima (1962) dedicado a un episodio de la Divina Comedia de Dante Alighieri, del que el próximo septiembre se cumplirá el séptimo centenario de su muerte. Los estilemas hebraicos de su canto transmitieron serenidad dejando una sensación meditativa en el público.


   El concierto concluyó con una alborozada interpretación de la Música para los reales fuegos artificiales, HWV 351 de Georg Friedrich Händel. Todavía más, si cabe, se apreció el gesto esencial de Virginia Martínez en la conducción de esta popular pieza barroca, sin que se perdiera en momento alguno el esplendor de sus episodios más brillantes, la obertura y el titulado El Júbilo, en los que los clarines brillaron con especial prestancia. En contrastado sentido hay que entender el sosiego y la serenidad empleados en la exposición del Largo alla siciliana tratado con reflexivo enfoque, queriendo realzar su nuclear razón de ser en la obra. Se cerraba el ciclo planteado en este concierto volviendo al estilo galante con una muy cuidada y detallista interpretación de los dos minuetos finales, como últimos destellos de este programa dedicado a tan sugestiva música del «settecento».

Foto: Sinfónica de la Región de Murcia

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