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Crítica: 'Los sobrinos del capitán Grant' del Teatro de la Zarzuela de Madrid

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Autor: Aurelio M. Seco
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Lugar: Teatro de la Zarzuela; Fecha: 5 de diciembre

OBRA MAESTRA

El Teatro de la Zarzuela de Madrid programa, desde el 4 de diciembre hasta el 3 de enero, una de las zarzuelas más conocidas del género: Los sobrinos del capitán Grant de Manuel Fernández Caballero. El montaje es antiguo, del 2001, producido por el propio teatro. La dirección de escena es de Paco Mir, conocido componente de Tricicle que realiza una versión realmente maravillosa de la obra, una verdadera obra maestra que hace que el público se divierta como pocas veces hemos visto en un teatro. Mir convierte el popular  género lírico en un aluvión de color, fantasía y, sobre todo, humor, del bueno e inteligente, que tan poco abunda. El resultado no puede ser más rotundo. La versión ideada por el director de escena se ha convertido, a ocho años de su estreno, en un auténtico clásico del género lírico teatral más genuinamente español, una soberbia interpretación escénica que nadie en su sano juicio se debería perder. Son tantos los detalles de buen gusto y acusada comicidad a lo largo de toda la obra, que casi resulta absurdo comentarlos. Valga la recomendación más encarecida de que nadie que tenga la oportunidad deje de verla. Son tres horas de risas y sonrisas continuas, de lo bien que se lo pasa uno, sin exagerar.

Es sabido que, aunque Caballero es el compositor más prolífico del género (compuso más de doscientas zarzuelas, a juzgar por el catálogo elaborado por Nuria Blanco Álvarez, investigadora de referencia en lo que se refiere al compositor murciano), Los sobrinos del capitán Grant no es una obra en la que la música, aunque de gran calidad, se convierta en la única y mayor protagonista. Lo es junto al apartado teatral, que es más extenso y, por descontado, de comicidad tan acusada que no se puede más que adorar el trabajo de Miguel Ramos Carrión. Del reparto sobresalen varios artistas, entre ellos el genial Millán Salcedo. Tan acostumbrados estamos a que sea tan buen cómico que casi nos olvidamos de que estamos ante un actor realmente genial, capaz de hacer graciosa de no sé cuántas maneras diferentes una frase cualquiera. Su participación en la obra fue monumental. Realmente inspirado, improvisó magistralmente al hilo de la función (Cuando un niño gritó respondiendo a una  de sus preguntas, o cuando se dirigió a Alberto Ruíz Gallardón, presente en la sala) Millán Salcedo fue un Mochila antológico, a la altura del Cherubini de Luis Álvarez, por poner otro ejemplo de feliz coincidencia entre artista y personaje.

Tampoco se quedó atrás María Rey-Joly, que dibujó una maravillosa Miss Ketty, realmente sorprendente en escena. La soprano deleitó por todo, cantando y actuando, con una vis cómica realmente admirable, que no sólo no desentonó, sino que la convirtió en auténtica protagonista de la función. Era raro observar la escena y que todas las miradas no se dirigieran hacia su actuación. Pero es que también estuvieron muy bien Richard Collins-Moore como Sir Clyron, Fernando Conde como el doctor Mirabel y Ana Santamarina y Maribel Lara como Portera y Señora Encarna Respectivamente. Milagros Martín interpretó a Soledad como notable gusto escénico y habitual desparpajo. Cantando ya fue otra cosa, porque la soprano oscurece cada vez más su voz, habida cuenta de su falta de volumen. Inma Ochoa fue una Señora Trinidad que todavía podría haber resultado más convincente, y Xavi Mira un Escolástico que no sólo no desentonó, sino que acompañó con notable gusto al resto del reparto. Musicalmente dirigió la velada Miguel Roa, gran profesional que obtuvo un buen e inspirado sonido de la Orquesta de la Comunidad de Madrid. La función fue interesantísima y diferente, aun con las numerosas inseguridades que presentó, porque parecía que incluso las circunstancias propias de esa función la volvieron especial. Paradogicamente, mientras la producción de Mir conquista el corazón del público sin apenas repercusión mediática, no demasiado lejos, en el Teatro Real, se ha celebrado un tanto exageradamente  una interesante producción escénica de Jenufa que, con todos los méritos que se le quieran poner, no está ni de lejos tan bien concebida. Después de Madrid, la producción de Los sobrinos del capitán Grant viajará al Teatro de la Maestranza de Sevilla y al Teatro Campoamor de Oviedo el próximo febrero, al Festival de Zarzuela de la ciudad.

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Paco Mir
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