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Luca Pisaroni: 'Soy un tenor atrapado en un cuerpo de bajo-barítono'

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Autor: Lorena Jiménez Alonso
15 de septiembre de 2014
Fotografía: Marco Borggreve

LUCA PISARONI: "SOY UN TENOR ATRAPADO EN UN CUERPO DE BAJO-BARÍTONO"

Una entrevista de Lorena Jiménez Alonso

La revista americana de música clásica Opera News le reconoció como uno de los artistas más interesantes de su generación. Su calidad musical y versatilidad dramática le han situado entre los grandes del panorama operístico internacional. El cantante italiano, nacido en Venezuela, que creció en la ciudad natal de Verdi, se enamoró de la ópera a los ocho años escuchando al bajo búlgaro Boris Christoff cantar "Ella giammai m' amò" (Don Carlo, Verdi), en una grabación de la colección de discos de su abuelo. A los once, ya había decidido  ser cantante de ópera, como su admirado Luciano Pavarotti. Pasó buena parte de sus tardes  acudiendo después de la escuela a  L’Accademia di Voci Verdiane en Busseto, para escuchar las masterclass de Carlo Bergonzi. Mientras sus compañeros de adolescencia dedicaban los fines de semana para ir al baile, Pisaroni disfrutaba de su tiempo libre con Amici di Verdi y viajaba en bus por toda Italia para ver ópera. Tras su exitoso debut en el Festival de Salzburgo a los 26 años, su presencia se ha convertido en habitual de los teatros y escenarios líricos más importantes del mundo. Aprovechando su paso por el Teatro Real de Madrid, que hoy a las 20:00 horas estrena temporada con Le nozze di Figaro, de Mozart, mantuvimos una extensa y coloquial entrevista con Luca Pisaroni: un hombre que gusta de la conversación y habla con entusiasmo de lo que hace; un artista con las ideas claras, que acoge con gran sencillez y humildad su gran éxito en un mundo que ama profundamente desde su infancia, el mundo de la lírica.

Vuelve al Teatro Real con Le nozze, pero no como Fígaro (papel con el que debutó profesionalmente y que ha cantado más de cien veces en diversos teatros y producciones), sino para cantar el aristócrata sevillano, el Conde de Almaviva.

Sí, efectivamente. He cantado Fígaro muchísimas veces…más de 150, y la verdad es que estoy muy contento de estar haciendo el Conde, porque este rol es mucho más bonito…Fígaro es un buen papel, y es un “bravo ragazzo”, pero desgraciadamente, los chicos buenos son un poco aburridos…así que cuando uno interpreta a los que son un poco más malos, se divierte mucho más (risas). Y desde el punto de vista dramático, encuentro mucho más interesante al Conde…Sinceramente, el segundo acto y el tercer acto del conde son mucho más interesantes que los de Fígaro. Debuté en ese papel hace tres años en América, y desde el principio dije a mi agente que quería cantar ese rol, porque me divertía mucho más.

¿Entonces, personalmente, el conde es su favorito?

Son dos roles diferentes, y a decir verdad, no podría decir quién de los dos es mi preferido…porque fíjese que hice el Conde en París, y luego meses más tarde canté Fígaro en Viena y, eso es algo estupendo. Yo creo que Le nozze es una de las óperas más perfectas que se han compuesto, y el final del segundo acto parece realmente un reloj, es decir, un mecanismo perfecto…así que, las satisfacciones de cantar Fígaro o el conde son iguales…Por ejemplo “Haigià vinta la causa” es una aria que tiene una energía que no tiene nada que ver con la de Fígaro, así que, en definitiva, el conde es un rol que me viene bien y que quiero cantar.

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Me imagino que, de todas formas, su larga experiencia como Fígaro le ha servido, de algún modo,  para interpretar al Conde…

Sí claro, seguramente aprendí muchas cosas con él…

Otro de los personajes mozartianos del que parece conocer todos los secretos es Leporello, rol con el que debutó en el MET con Fabio Luisi y con el que obtuvo un gran éxito en la aclamada producción de Glyndebourne y recientemente en Salzburgo en la nueva producción firmada por Sven-Eric Bechtolf.

Sí, Mozart siempre ha sido muy importante en mi repertorio y siempre querré cantar Mozart, porque me parece muy interesante dramáticamente, y dado que vocalmente es muy difícil, te obliga a ser siempre muy exigente. Seguramente Don Giovanni y Le nozze seguirán en mi repertorio, pero por ejemplo he decidido que no seguiré cantando  Guglielmo, porque es un rol muy difícil de cantar, que requiere mucho trabajo y al final el resultado no es muy gratificante, porque si de verdad lo quieres cantar tal y  como está escrito, es un rol realmente difícil, pero la gente no lo aprecia…quiero decir, que el público valora más la labor del tenor o a la soprano Fiordiligi, a pesar de que los roles de Dorabella y Guglielmo son realmente difíciles, desde mi punto de vista.

¿Mozart es la mejor medicina para no dañar el instrumento vocal?

Sí, seguramente…porque si cantas otro repertorio como por ejemplo puede ser el bel canto o cualquier otro repertorio puedes intentar hacer sonidos más grandes, agrandar la voz, es decir, tratar de cantar más alto,  pero en cuanto regresas a Mozart, tienes que volver al centro (risas)

Con otro personaje mozartiano, Masetto, hizo su debut en Salzburgo a los 26 años, de la mano de su mentor Harnoncourt y acompañado por la Filarmónica de Viena…¿Cómo recuerda ese momento? y ¿qué aprendió de un director  que se implica tanto en todo lo que hace como Nikolaus Harnoncourt?

Fue un momento que, sin duda, cambió mi vida musical por el nivel del reparto, por Harnoncourt, por el nivel musical, por Martin Kušej…De hecho, deseo siempre a la nueva generación que pueda tener la oportunidad de participar en una producción como en la que yo participé en Salzburgo en el 2002. Yo iba incluso a todos los ensayos, aunque no tuviera que hacerlo, simplemente iba para ver cómo trabajaban los colegas, y la verdad es que aprendí muchísimo...

¿Qué les dice Harnoncourt en los ensayos que todos los artistas que trabajan con él consideran sus ensayos como una auténtica masterclass?

La verdad es que es algo que no se puede entender hasta que no se trabaja con él, tienes que vivirlo… Es otro concepto de la música….Destacaría el modo tan teatral con que ve la música, su búsqueda de la verdad, su pasión, su disposición…No sé, son muchas cosas las que aprendes con él: el fraseo, la dirección de las frases, el modo en el que tienes que tratar los recitativos, el hecho de que si se repite muchas veces la misma palabra, tienes que buscar un modo distinto de decirla… Harnoncourt es otro mundo, realmente, otro mundo.

Supongo que  cantar en la Musikverein  las cantatas de Bach, también bajo la dirección de Harnoncourt, es otro momento inolvidable en su trayectoria profesional…

Sí,  para mí eso es algo de lo que me siento especialmente orgulloso, porque probablemente haya sido uno de los pocos italianos que ha cantado Bach en alemán en la Musikverein (risas). Con Harnoncourt canté también Haydn, mucho Haendel, he hecho muchas cosas con él…y para mí no deja de ser un mentor, que ha cambiado musicalmente mi vida…Le adoro, para mí Harnoncourt no se equivoca nunca... Y lo realmente genial de él es que aunque tengas la sensación de que los tempi son un poco extraños, o te pida hacer algo fuera de la norma, lo hace con tal convicción y pasión, que lo mínimo que puedes hacer es dar el máximo posible para hacerlo a su gusto.

¿Le veremos, de nuevo, en algún proyecto con él en un futuro cercano?

No, aunque me han llamado para hacer un Haendel con él en la Musikverein pero lamentablemente no estoy libre…así que lo último que hice con él fueron Le stagioni de Haydn en esa misma sala…una obra maestra…

Usted  no sólo canta ópera, sino que también hace conciertos, recitales… Lo que  implica métodos de trabajo aparentemente diferentes

Son completamente diferentes, pero hay cosas de la ópera que puedes aplicar en los conciertos, y a su vez, cosas de los conciertos y recitales que puedes aplicar en la ópera. Creo que la carrera de un cantante que se reduzca solo a ópera es una carrera muy limitada. Yo he tenido muchas satisfacciones cantando conciertos y recitales, y no podría imaginar mi carrera sin hacer esto, porque el hecho de ir solo de un proyecto operístico a otro no va con mi personalidad, así que estoy muy contento de poder hacer también conciertos y recitales. Además, hacer recitales y conciertos da muchas satisfacciones musicalmente hablando, porque en un recital estás tú y tu pianista, y, por lo tanto, es un ambiente mucho más íntimo…Y además, las selecciones musicales son principalmente las mías, así que si el programa no gusta, es culpa mía, pero si queda bonito, es mérito mío (risas). Lo bueno de cuando haces conciertos, es que puedes concentrarte en la música, porque cuando haces una ópera, entran en juego tantos factores que, aunque trates de hacer música, la acústica es la que tienes, la distancia con el director es la que tienes, hay una serie de compromisos…sin embargo, cuando haces un concierto puedes hacer todos los colores y todas las dinámicas que quieras porque estás allí delante sin preocuparte de nada … quiero decir, que no tienes que entrar desde una altura de 20 metros…

Por cierto, a la mayoría de los cantantes  italianos no les interesa el Lied, ¿qué es lo que atrae de este género a Luca Pisaroni?

Es una pasión que siempre he tenido, porque creo que los lieder son muy ricos desde el punto de vista musical. Siempre me ha fascinado el diálogo entre la voz y el piano. Los italianos tenemos una tradición de lieder que es muy simple, porque el piano acompaña la voz en un 97 %, pero en cambio en los lieder alemanes o incluso en el repertorio francés hay un verdadero diálogo. Es como si el piano y la voz trataran de pintar una escena, y no es fácil, porque estás totalmente solo y tienes que diseñar un mundo, y por un lado, da un poco de miedo, pero por otro lado, si eres capaz de hacerlo, es muy agradable, es decir, es una sensación muy bonita.

Supongo que no siempre es fácil conseguir esa buena comunicación, ese diálogo entre pianista acompañante y cantante. ¿Hasta qué punto es importante sentirse cómodo con el pianista, es decir, qué importancia tiene el pianista en ese sentido?

El pianista es importantísimo. Para mí es una relación igualitaria, es decir, no es que primero vaya la voz y luego el piano, sino que para mí el esfuerzo es común. En mi caso, tengo la suerte de trabajar con Wolfram Rieger, que es un pianista extraordinario y con una sensibilidad musical increíble. No hay nada mejor que cuando cantas  lied, y notas como el público parece que ha dejado de respirar…sentir eso es algo impresionante… En ese momento, es como si el tiempo se parase, debo decir que como músico es una de las cosas que me producen más satisfacción.

Con Harnoncourt

Un diálogo entre cantante y piano que me imagino le recuerde, en cierto sentido,  a cuando preparaba las arias con repertorista ante la atenta mirada de sus maestros de canto…He leído que con 13 y 14 años pasaba las tardes escuchando las clases magistrales de Carlo Bergonzi en la Accademia Verdiana de Busseto ¿Qué aprendió de Bergonzi? ¿Algún consejo que todavía tenga presente cada vez que se sube a un escenario?

Hay muchas cosas que Carlo me enseñaba pero hay tres cosas que siempre he tenido muy en cuenta: el fraseggio, es decir, la forma de porgere la voce (para mí, porgere es, además, una palabra bellísima), la dizione, porque para él entender lo que se decía significaba permitir también al público que entendiese las palabras y la tercera cosa era conseguir un sonido cubierto, noble y bello. Este sonido rotundo era también su gran obsesión, porque no olvidemos que él era un tenor verdiano, y ese tipo de sonido es muy importante en el repertorio verdiano. En Mozart, a veces, por cuestiones teatrales, no puedes hacerlo pero entiendo que lo quisiera así en el repertorio verdiano.  Son cosas que siempre he llevado conmigo, y de hecho la dicción es algo que nunca he tenido que trabajar, porque cada vez que cantaba siempre me aseguraba de que se entendieran las palabras (risas)

Sin embargo, no tuvo tanta suerte con su profesora de canto en el Conservatorio de Milán….

Sí, así fue. Tuve una maestra de canto en Milán con la que no me encontré nada a gusto. De hecho, la dejé porque yo no cantaba como  quería cantar, pero tuve mucha suerte porque conocí al tenor argentino Renato Sassola, y me fui un año a estudiar con él a Buenos Aires. El problema con mi profesora del Conservatorio de Milán era que me cansaba….Cantaba dos páginas de un recitativo y ya estaba cansado… cómo podía cantar una ópera si me cansaba enseguida…Y, sin embargo, Renato Sassola, me decía que cantar tiene que estar basado en la facilidad. La verdad es que fui muy afortunado, porque muchos colegas no tienen la suerte de encontrar un gran maestro que te enseña…  

La figura del  maestro de canto aconsejando a sus alumnos qué roles tienen que cantar en base a las características de su voz, parece estar hoy en día en peligro de extinción, ya que muchos cantantes pisan el acelerador para llegar a cantar los grandes roles y se olvidan del sabio proverbio italiano: chi va piano va sano e va lontano…

La cuestión es que si tú quieres correr un maratón, no haces 40 kilómetros el primer día. Para mí, a la hora de cantar es lo mismo, es decir, también te tienes que acostumbrar a correr poco a poco. En mi opinión, poquísimas personas, excepto algunas excepciones, están preparadas a los 28 años para cantar el gran repertorio. En italiano decimos también: ogni frutto ha la sua stagione, esto es, tienes que tener la paciencia de esperar porque no se puede hacer todo inmediatamente.

Hablando de roles, usted es un cantante al que le gusta cambiar de repertorio

Sí, digamos que siempre he sido un cantante muy curioso, y realmente sería duro para mí hacer los mismos tres papeles toda la vida. Me encanta cambiar, me encanta la variedad…quizá por el hecho de que soy géminis como signo del zodiaco (risas). Es por esa razón por la que también hago conciertos y recitales …Y es verdad, que ha habido veces en las que he hecho algo solo una vez…por ejemplo, he cantado solo una vez Il burbero di buon cuore, el Ercole amante en Ámsterdam, Alcina, Ariodante, Radamisto…He cantado muchas cosas una sola vez…

Por ejemplo, ha hecho mucho barroco, ¿le gusta el repertorio barroco?

Me gusta, me ha gustado mucho, y me ha servido muchísimo, pero ahora ya no la canto porque hay un momento en el que la voz evoluciona y es necesario seguirla. Así que, tienes que dejar algo… El problema del barroco es que aun teniendo esa tesitura, tienes que tener la voz siempre muy ligera, y no puedes cantar una frase legata, sobre todo, en el caso de los bajo-barítonos, porque no se desarrolla la voz. La voz se desarrolla con el legato, o sea, que para poder hacer bel canto o incluso Verdi, tienes que aprender a cantar en legato… por eso yo creo que tienes que abandonar ese repertorio en un determinado momento, si quieres que la voz vaya a algún lado…

Está claro que Verdi está entre sus próximos objetivos, pero ¿hay espacio también para Wagner en sus planes de futuro?

Mira, me gustaría mucho…Estaría bien, por ejemplo, crear un Holandés errante en italiano…(risas) En mi opinión, es una música genial…Y una cosa que aprendí al cantar Lieder en alemán es que el alemán no es un lenguaje duro…es verdad que tiene muchas consonantes, pero es un lenguaje muy musical, en el sentido que si pronuncias bien, ya está hecha la mitad de la expresión, porque muchas palabras tiene un sonido musical solo pronunciándolas…Así que de momento todavía no está, pero no estaría mal…

¿Los mejores roles de Luca Pisaroni están aún por venir? Algún debut inminente…

Sí, tengo muchos debuts…. Volveré a hacer Anna Bolena, Maometto II... Haré también Fausto y Sonnambula… Me gustaría mucho hacer un poco más de Rossini…por ejemplo, me gustaría hacer L’Italiana in Algeri, Il turco

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Usted ha trabajado con muchos y diferentes Regisseurs, y ha participado en propuestas escénicas de todo tipo…En la producción que hace estos días en el Real viste traje de época, pero recuerdo cuando hizo Ercole Amante de Cavalli con aquel traje de músculos de plástico y  plataformas… ¿qué tal se lleva con los directores de escena? ¿Qué opina de las actualizaciones  de los libretos?

La verdad es que me siento cómodo con todo, por ejemplo mi debut en Salzburgo fue con paneles en blanco que se movían solos…Así que tuve que ponerme las pilas muy pronto…Creo que sería banal generalizar y decir que todas las puestas en escena modernas son malas, y que las tradicionales funcionan bien…Siempre he dicho y sigo diciendo, que lo importante es que la puesta en escena sea inteligente, y después el hecho de modernizar o llevar una historia a nuestros días o cambiar el marco histórico, siempre y cuando se han tenido en cuenta las consecuencias, no deja de ser un modo de hacer la ópera accesible…porque no basta con tener a los cantantes vestidos con un traje de Hugo Boss o Prada, es decir, se necesitan también otras muchas cosas…Nunca he tenido problemas en ese sentido…

¿Le gusta trabajar dramáticamente los personajes  con los directores de escena en los ensayos?

Sí, me encantan los ensayos. Me pagan por las actuaciones y no por los ensayos. Pero para mí, el ensayo es uno de los momentos más bonitos, aunque también me gustaría que quitasen los ensayos, porque sería fantástico dejar un 25% de improvisación (risas). Me imagino que esto sería una pesadilla para muchos directores, pero a mí me gusta la improvisación…Para mí, tener compañeros distintos todas las tardes sería lo mejor…porque en mi opinión la ópera  es algo que está vivo, y, por tanto, es bonito ver que cambia, que no se repiten las mismas cosas…Por eso me gustan los ensayos, porque me gusta experimentar, y ver en qué dirección ir…

Por cierto, ¿sigue sintiendo los nervios habituales antes de salir al escenario el día del estreno, o es algo que ya  tiene más que superado?

Bueno, estás siempre un poco nervioso, pero vas aprendiendo…Un cantante tiene que aprender a saber lo que tiene que hacer para garantizar un cierto nivel de profesionalidad…sé perfectamente lo que debo hacer antes de llegar a un espectáculo, en términos de calentar la voz, prepararme mentalmente…Una cosa que siempre he querido es dar la sensación al público de que me estoy divirtiendo, es decir, no quiero que el público esté pensando “dios mío, ¿lo conseguirá?”(risas) Pero sí, me pongo nervioso, como todos…

Sus mayores fans son el público americano y el público austriaco. ¿Le molesta ser menos conocido en Italia?

Allí no me conocen, porque no crecí musicalmente en Italia y además, las programaciones no se hacen con tanta antelación. Solo he cantado una vez y fue un Così fan tutte en Turín …es una pena no actuar en Italia, y no es porque no quiera, sino porque simplemente no me llaman …quizás, porque muchos allí no me conocen, ya que siempre crecí fuera musicalmente hablando…

Y hablando de fans, ¿por qué son tan importantes Lenny y Tristan para usted?

(Risas) Son fundamentales para mí…aportan paz y ternura en mi vida…viajan siempre conmigo y con mi mujer…Me divierten, me sacan siempre una sonrisa…

Con tantas horas de ensayos y actuaciones, ¿todavía  le queda tiempo libre para estar con sus perros?

Siempre tengo tiempo, porque lo primero que hago cuando me levanto es dar un paseo con ellos. Antes de ir al teatro, salgo con ellos y una vez que termina la actuación, también  salgo con ellos. Están totalmente conectados con mi trabajo musical…Son una de las cosas que más disfruto cuando viajo…Gracias al cielo, vienen conmigo, y así puedo viajar tranquilo durante casi todo el año, y no sufro pensando que no estoy en casa…Siempre tengo a la familia conmigo y por eso me encuentro como en casa en cualquier sitio que esté…

Muchos artistas me cuentan que una de las cosas que más detestan de su trabajo es coger aviones y pasarse buena parte del año en  habitaciones de hotel…Por lo que me comenta, me da la sensación que usted no es de ese tipo de artistas….

Viajo  mucho durante el año, pero no soy uno de esos que dicen que echan de menos su casa…estoy bien en cualquier sitio que esté…es parte de mi personalidad también, es decir, me gusta cambiar de ciudad…y cuando estoy en una ciudad, me gusta acostumbrarme a su comida, a sus ritmos…Y en ese sentido, soy una persona que jamás ha tenido problemas para adaptarse…Así que tengo suerte, porque sé que muchas personas lo viven como un sacrificio…

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Al contrario de otros cantantes, usted también escucha ópera en su tiempo libre y acude con frecuencia a la ópera…¿le sirve también de aprendizaje?

Sí, siempre he ido a la ópera…Sí, claro, porque si no aprendes cosas positivas, al menos aprendes lo que no tienes que hacer…(risas) Cuando por ejemplo estás en Salzburgo, tienes que ir también a los conciertos sinfónicos, y escuchar a Barenboim que hace Bruckner o Pappano que hace War Requiem, o Harnoncourt que dirige sinfonías de Beethoven…porque, sin duda, te enriquecen muchísimo musicalmente.  En mi opinión, es algo necesario si uno quiere crecer como músico y como cantante…

Por cierto, una curiosidad: Creció admirando a Pavarotti, siempre quiso ser tenor y se preparó como tenor…¿cómo se sintió cuando fue consciente de que, en realidad, era bajo-barítono?

Fue horrible…porque fui tenor hasta que tuve 12 o 13 años, y después comencé a cambiar la voz…y recuerdo que me decían que tenía que estar callado hasta los 17 porque me podía hacer daño…Cuando descubrí que no podía llegar a los agudos, me quedé desolado…porque siempre soñé con ser tenor…De hecho, estos días con Zapata [se refiere al tenor granadino José Manuel Zapata]aquí nos moríamos de risa, porque le digo que soy un tenor atrapado en un cuerpo de bajo-barítono …(risas), pero es que también soy un tenor mentalmente...y él me decía “sí, efectivamente, eres un tenor, porque tenemos las mismas inseguridades, el mismo modo de pensar…es una cosa alucinante” (risas) Es una pena…Además, siempre me ha encantado el repertorio del tenor, sobre todo Verdi, así que me hubiese gustado….pero la voz es la que es…

A propósito de Verdi, ¿Según usted, qué necesita un cantante para afrontar con éxito sus óperas? ¿Por qué es necesario esperar un tiempo para cantar Verdi?

Verdi escribe muy bien para las voces, pero es difícil porque requiere una orquesta grande, y se necesita, por tanto,  un sonido más grande. Y, sobre todo, es difícil porque se necesita una madurez técnica y humana que no se tiene cuando uno es muy joven…Me refiero, sobre todo, al caso de los bajos-barítonos…porque si eres un tenor, cantas el Duque de Mantua y va muy bien, pero si hablamos de Attila, Filippo o Fiesco….tienes que haber vivido algunos años para entender ese conflicto entre la Iglesia y el Estado…el hecho de que, aunque sea el hombre más poderoso del mundo, en realidad, no tiene poder porque siempre tiene que responder a algún otro…el hecho de que se da cuenta de que la mujer no le ama…o frases del tipo “io la rivedoancor”...Quiero decir con esto,  que es difícil transmitir dramáticamente lo que está diciendo ese texto…Y Verdi es, sobre todo, difícil en ese sentido…Cuando hago conciertos, y canto con Thomas [se refiere a Thomas Hampson] el dúo entre Filippo y Rodrigo,  es  dificilísimo, independientemente de la cuestión técnica y vocal, sobre todo por la densidad de lo que estamos diciendo, los niveles de complejidad que eso supone mentalmente hablando…es que dices una frase que habla de la muerte y te quedas...sobre todo, en mi caso que sé lo que está diciendo [me canta para ponerme un ejemplo]… en ese sentido,  poder entender lo que dice el texto, ayuda porque añade un nivel de interpretación mucho más profundo…

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Ahora que ha mencionado a su suegro Thomas Hampson, ¿le gusta cantar con él? ¿Hay algún otro proyecto del tipo No tenor sallowed? ¿Teme las comparaciones?

Sí, claro, y seguro que tendremos más proyectos…Nos divertimos mucho y para mí es un placer compartir escenario con él. Y además, el público nota que nos lo pasamos muy bien cantando juntos. Me gusta mucho  Thomas porque, incluso haciendo un concierto, la gente tiene la sensación de que está viendo una pieza de ópera… En cuanto a ¿si temo las comparaciones?.No, en absoluto, no temo las comparaciones, porque somos dos voces totalmente diferentes: yo soy un bajo-barítono y Thomas siempre ha sido un barítono, y nuestro repertorio también es distinto. Excepto el Conde o Fígaro, tenemos roles diferentes…por ejemplo, yo nunca cantaría Rodrigo…el color es distinto, el temperamento es distinto también, porque yo soy un voz italiana, y Thomas tiene una voz muy centrada en el repertorio alemán…Wagner, Mahler, el repertorio liederístico…aunque haya cantado Verdi en los últimos diez años... Y te digo una cosa, todos hablan de la competición, etc, pero a eso respondo con  una metáfora deportiva: “eres mejor golfista si juegas con Tiger Woods que si juegas con otro que no es tan bueno”, la verdad es que si compartes el escenario con alguien así, te obliga a dar el máximo y a mejorarte a ti mismo….Cuando estoy en un cast de estrellas, por ejemplo, yo no siento la presión…por ejemplo, cuando canto con Joyce DiDonato, pienso que como es tan buena, tengo que conseguir un modo de hacerlo realmente bien para estar a su altura…Joyce es una colega que realmente mejora incluso la manera en como cantas…Por ejemplo, recuerdo también haber compartido escenario con Domingo, y para mí fue fantástico, porque siempre crecí con su voz…y  cuando venía a mí y me decía “aquí nos tenemos que mirar”…Es fantástica la pasión que tiene Domingo por este trabajo…y su carrera es una carrera de detalles…en ese sentido, recuerdo también cuando compartí escenario con Edita Gruberova, con quien hice mi debut de Enrique VIII…otra diva genial, cantando con 66 años todavía un mi bemol…Me encanta la forma en la que trabajan…Yo siempre pienso que cuando uno es así de grande, siempre hay una razón, no es nada casual…Y alguien así, te ayuda a dar el máximo, a mejorar como músico…

Con Thomas Hampson. Foto: Dario Acosta

Dice que creció escuchando a Domingo…¿sigue escuchando grabaciones del pasado cuando prepara nuevos roles?

Sí, siempre. Tendré unas veinte grabaciones de Don Giovanni, y otras tantas de Fígaro…Pero, nunca ha sido con la idea de copiar, sino para entender cómo otros cantantes resolvían determinados problemas técnicos o vocales. Pero lo que ves en escena, es mío, es decir, soy yo…nunca he hecho algo que yo no sintiera, solamente porque lo hacía otro, pero, es cierto, siempre he escuchado grabaciones…para ver, quizá, algunos fiati, tempi…por ejemplo recuerdo que  cuando canté por primera vez Semiramide,  el andante del aria es un andante sul lentino, y sin embargo, en la grabación, lo hacían más rápido…[Canta para explicar el ejemplo]

Para finalizar, además de esa atmósfera típica de una Sevilla dieciochesca, ¿qué destacaría de la propuesta escénica firmada por Sagi que veremos este lunes en el Teatro Real, y que es tan distinta de otras famosas producciones como la de Claus Guth,  por ejemplo?

Pues yo diría que es una puesta de escena muy bella desde el punto de vista visual. Y lo que me gusta de esta dirección escénica de Emilio es que es muy fresca, muy viva…Emilio ha entendido que los recitativos son lo más importante, porque es donde se mueve la acción, y por esa razón los ha trabajado cuidadosamente. Emilio tiene, además, la misma visión que yo respecto  a los recitativos, porque también los entiende como una conversación con notas, pero una conversación….Yo creo que los recitativos funcionan cuando el público tiene la sensación de que nacen en el momento, es decir, cuando te sientas y escuchas, y tienes la sensación de que esta obra parece que se está escribiendo mientras la estás haciendo…Hay muchos detalles que funcionan muy bien en esta producción, como por ejemplo, la clara división en clases que hace que se entiendan muy bien las relaciones entre los personajes…Hice con Emilio, además, el Fígaro en 2009, y fue amor a primera vista porque conoce muy bien la música, y está muy preparado.

¿Qué tal el trabajo musical  con Ivor Bolton, con quien ya ha trabajado en numerosas ocasiones?

Ivor Bolton es muy preciso, y me gusta mucho, porque normalmente cuando haces repertorio es como cuando planchas, es decir, siempre es la misma dinámica…pero con Ivor ocurre al contrario…si no le haces colores, y si no le haces dinámicas, se enfada muchísimo…(risas)

Fotografías: Marco Borggreve (1ª y 2ª) y Dario Acosta (3ª)

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