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Lucas Macías dirige obras de Schoenberg y Chaikovski en su debut al frente de la Sinfónica de Castilla y León

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Autor: Agustín Achúcarro
19 de abril de 2018

Lucas Macías dirige obras de Schoenberg y Chaikovski en su debut al frente de la Sinfónica de Castilla y León

   Un reportaje de Agustín Achúcarro
Aunque disfruta como director en París siente que su alma musical es germana.“La forma de tocar y la filosofía francesa es muy diferente a la alemana y yo me formé en Berlín, y aunque estoy aprendiendo muchísimo en Francia mi corazón me pide más sonido, más dinámica y mayor empaque”, quien así se expresa es Lucas Macías, que dirige a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León en el Auditorio de Valladolid los días 19 y 20 de abril.

   Su historia podría ser común a otros muchos directores: afamado instrumentista se pasa a la dirección. Pero él no reniega de esa parte de su vida. “El oboe me ha aportado todo en la música, ha sido el camino, me ha hecho como músico, y gracias a él he podido aprender con directores como Claudio Abbado, Bernard Haiting o Harnoncourt, y he sido miembro de grandes orquestas”, hace valer Macías, aunque en la balanza pesen más las razones para inclinarse por la dirección. “Me parece raro, me suena casi arrogante, el decir que un miembro del Concertgebouw de Amsterdam sentía la rutina muy próxima; cuando hacia proyectos con la Orquesta del Festival de Lucerna, o con la Orquesta Mozart eran momentos inolvidables y no había nada rutinario, pero llegó un momento en el que compaginaba ambas cosas y me empezaba a faltar esa motivación, ese entusiasmo por la música”. Así que visto lo que le estaba pasando el director pone una fecha más simbólica que real para datar su cambio de parecer. “Claudio Abbado murió y sentí no poder hacer cosas como por ejemplo Noche transfigurada, pues el oboe tiene un repertorio corto, sí, está el concierto de Mozart, pero no es el de clarinete, y está el de Richard Strauss, y yo no quiero pasarme toda la vida interpretando lo mismo, porque a mí me gusta mucho más la música que mi instrumento”.

   Una aseveración que Lucas Macías sostiene en el hecho de que “su momento preferido como director es cuando estudia la partitura, antes de llegar a los ensayos” y eso, que vive en su casa en soledad, afirma taxativamente que “lo disfruta al 100%”. He ahí su primera razón para ser director aunque no sea la única: “Además como instrumentista se tiene la presión del instrumento, fundamentalmente desde un punto de vista técnico, pues también existe como director pero es diferente porque sabes que al final el momento de producción del sonido no depende de ti, aunque tengas que ser claro en cuanto al concepto que ofreces de la obra”.

   Lucas Macías afronta con la OSCyL dos obras de Schoenberg diferentes en su génesis. “La Sinfonía de cámara Nº2 me encanta, tiene un gran nivel, y normalmente nadie la quiere hacer, y con la OSCyL se me ha presentado la posibilidad de dirigirla, pues lo propuse y me dijeron que sin ningún problema, mientras que en otros sitios me han dicho que no”. La fascinación que el director siente por esta obra es grande pues considera que “aunque se le atragantó al autor” y por tanto “la empezó, la dejó y tardó más de treinta años en acabarla” es de una lógica palmaria. “Cuando logró terminarla dijo que había evolucionado demasiado su estilo desde que la comenzó hasta que la concluyó, pero a mí me da la sensación que es un periplo de su vida, que vuelve al lugar de origen”, valora el director.

   En cuanto a Noche transfigurada Macías advierte que “no tiene nada que ver con la sinfonía” y recuerda que “incluso Schoenberg la compuso sin ningún problema”. “Lo que me vuelve loco de esta composición es su romanticismo, que no es el café con azúcar y miel, que no hay ningún momento en el que se pase y encima la obra se ciñe tan bien al texto que parece que la ha compuesto siguiendo a cada sílaba una nota, y si tuviera que elegir cinco obras maestras de la historia de la música ésta sería una de ellas”, afirma rotundamente.

   Surge una pregunta en relación a la interpretación del Concierto para piano nº1 de Chaikovski: ¿Cómo se plantea dirigir una composición como ésta que se ha escuchado tantas veces y que creemos que sabemos todo sobre ella? Y la respuesta no se hace esperar: “Cuando me dijeron que tenía que dirigir esta obra pensé que la gente la silba hasta por la calle, yo mismo la he tocado mucho y he escuchado muchas versiones, con lo que no quiero imitar a nadie sino aprender, y en este sentido me ha marcado un poco la versión de Van Cliburn, el que fuera el primer ganador del concurso Chaikovski, precisamente porque era a la vez espartano y muy expresivo, pero desde dentro, con profundidad, no para la galería". Por lo que Macías tiene claro que “no hay que hacerla todavía más romántica, sino someterse a lo que el compositor escribió”. A este respecto el director tararea su famosa melodía dos veces de forma diferente y afirma a modo de ejemplo que “no se necesita hacer un ritardando para que suene aun más pomposa”. “Mi meta-aduce Macías- es hacerla lo más clara y transparente posible, y ha sido muy fácil con un pianista tan increíble como Denis Kozhukhin, una orquesta que trabaja serio y un Auditorio con una acústica excelente”.

   Para este director la clave está en seguir una pauta muy clara: “Abbado, Haitink o Boulez son músicos de verdad, de los que hacen música al más alto nivel, pues se colocan ellos en un segundo plano ante la música y ahora vivimos en una época en la que abusamos de lo contrario y nos servimos de ello para demostrar lo buenos que somos”. Y lo curioso de esta actitud, se admira Macías, es que “lo hacen grandes músicos que no lo necesitan”. Así que su credo artístico se basa “en comprender que el músico está ahí para hacer lo mejor posible las cosas pero siempre en segundo plano con respecto al primero, que debe ocuparlo la música”.

   Lucas Macías no vive ajeno a la vorágine de viajes y estancias en lugares diferentes y proclama que lo que más ilusión le hace “es trabajar en julio con la Joven Orquesta de Andalucía”. Lógicamente tiene sus razones: “Se creó en 1994 cuando yo tenía entonces 15 años y ahora 24 años después me han dado la oportunidad de dirigirla y voy a hacer con ellos la Sinfonía Nº5 de Mahler”. De aquella época de su vida recuerda especialmente el que “se acababan de formar las cuatro orquestas de Andalucía y que no había casi músicos españoles", mientras que "ahora gracias a esta joven orquesta las cosas han cambiado”. Y Macías aporta un dato para él revelador. “Este año a la Joven Orquesta Gustav Mahler han acudido entre 8 y 10 músicos andaluces, lo que es magnífico y es una barbaridad, pues están tocando a un nivel altísimo”. A esto suma el que para él dirigir a jóvenes es algo especial. “Pues aún no son conscientes de lo que supone trabajar profesionalmente y mantienen ese entusiasmo puro, sin otras circunstancias”. También recuerda que el 28 de este mes irá a Asturias para dirigir a la Oviedo Filarmonía.

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