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Crítica: Marc Soustrot y Camilla Tilling con la Sinfónica de Sevilla

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Autor: Álvaro Cabezas
19 de noviembre de 2021

Marc Soustrot y Camilla Tilling protagonizan un concierto de temporada de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, con obras de Beethoven, Strauss y Mahler en el programa. «La velada resultó maravillosa, nos reconcilió –una vez más–, con los horarios tardíos y las dificultades de acceso al Paseo de Colón y dio sentido al paciente esfuerzo del melómano que asiste a los conciertos».

Marc Soustrot

Mahler para la minoría cualificada

Por Álvaro Cabezas | @AlvaroCabezasG
Sevilla, 12-XI-2021. Teatro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla; Camilla Tilling, soprano; Marc Soustrot, director de orquesta. Programa: Obertura Coriolano en do menor, op. 62, de Ludwig van Beethoven; Lieder op. 27 Trv 170 de Richard Strauss y Sinfonía nº 4 en sol mayor, de Gustav Mahler. 

   Aunque había comparecido unos días antes en el Teatro Lope de Vega –en un nuevo ciclo sinfónico que la orquesta sevillana ha titulado «Las noches del Lope»–, en el Teatro de la Maestranza era la primera vez que el maestro francés Marc Soustrot (Lyon, 1949) aparecía como flamante director titular y artístico de la formación hispalense. Por ello, se comprende aún menos que la semana anterior la existencia de zonas vacías en el coliseo sevillano, máxime cuando el programa era «de campanillas» y la artista invitada –la sueca Camilla Tilling (Linköping, 1971)–, era de renombre internacional. Para colmo, los profesores de la orquesta volvieron a lucir el reivindicativo lazo verde con el que suelen poner de manifiesto sus deseos y carencias, en esta ocasión concernientes a las frustradas esperanzas de, para ellos, una gerencia que, tras el relumbrón propagandístico inicial, no ha satisfecho, de momento, el programa de máximos de la plantilla orquestal: mejora de las condiciones laborales, vigencia de la comisión artística actual, mayor presencia de la orquesta en festivales y circuitos internacionales, la reposición de plazas, mayor transparencia en la gestión económica, mayor audiencia en los conciertos con el aliciente de los grandes programas sinfónicos [apartados por las circunstancias pandémicas de buena parte de la programación], y una mayor coordinación con la dirección del Teatro de la Maestranza en relación con las fechas del calendario anual.

   Si nos atenemos estrictamente a lo musical, diremos que quizá lo menos interesante fue una floja interpretación de la Obertura Coriolano de Beethoven –aquello más bien parecía haber sido compuesto por uno de los hijos de Bach–, ayuna de fuerza y significado literario y que, más bien, actuó como un calentamiento instrumental para lo que vino después.

Camilla Tilling

   Los cuatro lieder de Richard Strauss fueron una auténtica delicia en la voz, ya no joven, pero encantadora, de Camilla Tilling. El concierto entre su instrumento y la orquesta probó la sensibilidad e importantes dotes del director, atento a cada pasaje. El mejor fue Cäcilie. En ese momento se pararon todos los relojes del Maestranza, el público fue elevado a las alturas del amor y la compasión y la Sinfónica demostró, una vez más, que es el mejor de los vehículos a nuestro alcance para realizar ese viaje de suplantación artística de la realidad. Qué bello sonaba el dolor, el lamento y la desdicha en cada una de las vocalizaciones de la cantante, qué parsimonia se tomaba la orquesta cuando la partitura lo pedía subrepticiamente...

   En ese mismo estado de ánimo llegamos al Mahler más conocido –con permiso del de la Sinfonía Titán y los distintos ciclos de canciones–, por los melómanos sevillanos. El anuncio realizado por el gerente en la charla preconcierto de que en la próxima temporada se ofrecerán varios programas de Mahler parece prometedor a tenor de cómo sonó la orquesta el pasado viernes. Nos felicitamos de que se reedite la fórmula de éxito ya ensayada por Pedro Halffter y sea el compositor bohemio uno de los pilares fundamentales de la actividad de la orquesta. La Cuarta sinfonía es un trabajo capital, y aunque no es de las obras más extensas del catálogo sinfónico de su autor, tiene un peso e influencia innegable en las prácticas compositivas posteriores. El primer movimiento se ejecutó sin demasiadas aportaciones, casi como si la orquesta deambulase sonámbula entre los lieder straussianos de la primera parte. Sin embargo, los siguientes fueron excelsos, desde el segundo –donde la concertino, Alexa Farré se intercambiaba su violín por otro sin afinar–, hasta el último, donde de nuevo Tilling evocaba las esencias, preocupaciones, anhelos y circunstancias del compositor con una dicción exquisita, un tono adecuado y una latente expresividad, casi teatral, pasando por un tercero que puso el vello de punta por su profundidad y sentido de la trascendencia. No se puede hacer más que agradecer al maestro Soustrot su sensibilidad y mahlerianismo, su generosidad con Sevilla y su buen hacer con la solista y la orquesta. La velada resultó maravillosa, nos reconcilió –una vez más–, con los horarios tardíos y las dificultades de acceso al Paseo de Colón y dio sentido al paciente esfuerzo del melómano que asiste a los conciertos. Aunque fuera una minoría, el público que apoya en cada ocasión a su orquesta, supo corresponder con sus aplausos y cariño tanta hermosura contenida en un par de horas. Memorable, tanto que han sido necesarios algunos días para escribir estas líneas que, aún así, no pueden reflejar los mágicos y trascendentales momentos que vivimos los que allí estuvimos. 

Fotos: Sinfónica de Sevilla

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