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MARÍA DUEÑAS, violinista: «Es un honor muy grande representar a España por todo el mundo»

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Autor: David Santana
1 de enero de 2021

MARÍA DUEÑAS, violinista: «Es un honor muy grande representar a España por todo el mundo»

Una entrevista de David Santana / @DSantanaHL | Fotos: Fernando Frade / CODALARIO
María Dueñas: joven violinista granadina que, a su corta edad –tan solo diecisiete años– ha conseguido provocar suspiros en salas de conciertos por todo el mundo, desde la Sala Dorada de la Musikverein de Viena hasta la sala Chaikovski de Moscú, donde tocó junto a Vladimir Spivakov y la Orquesta Nacional Rusa. Actualmente se sigue formando en la Universidad de Música y Artes de Viena con Boris Kuschnir como maestro, mientras, además del violín, desarrolla sus otras facetas artísticas en el campo de la composición y la música de cámara. Tanto talento para la música a tan corta edad no puede sino maravillarnos. María nos recibe en el Teatro Monumental de Madrid, sede de la Orquesta de Radio-Televisión Española, con la que interpretó, junto al maestro Josep Caballé el concierto para violín de Beethoven el pasado día seis de noviembre. Un concierto que supone todo un reto para cualquier violinista.

¿Cómo se siente respecto al concierto de Beethoven?

El concierto de Beethoven es una obra clave del repertorio para violín. No es, quizás tan virtuosa como otras, pero sí requiere mucha madurez musical. Hay que entenderlo teniendo en cuenta que Beethoven la compuso desde la perspectiva de la música de cámara y, por eso, el solista y la orquesta tienen la misma importancia. Creo que es una obra muy difícil que te pide escuchar y comunicarte con la orquesta de forma muy precisa y, a la vez, saber extraer lo mejor de tu instrumento.


¿Lo considera un reto?

Bueno, yo me tomo todas las obras como un reto, pero sí, al concierto de Beethoven le tengo mucho respeto. Y, la verdad, es que es un honor poder tocarlo con orquesta.

Vayamos al principio, ¿cuándo comenzó su relación con la música?

La música siempre ha estado presente en mi día a día gracias a mis padres que son músicos profesionales. Recuerdo ir en el coche al colegio escuchando música clásica, asistir a varios conciertos en Granada, mi ciudad natal,...

¿Se puede decir que fue un «amor a primera vista»?

Sí, claro, desde niña supe que la música era mi pasión, que era lo que más me gustaba hacer. Siempre pensé en dar lo mejor de mí misma y en superarme cada día un poco más, y gracias al esfuerzo estoy donde estoy, estudiando en Viena... Eso sí que es algo que no me hubiera imaginado.

¿Desde el primer momento se fijó en el violín?

Sí, enseguida me llamó la atención la paleta tan amplia de colores que tiene mi instrumento, la cual permite expresar los sentimientos de la mejor manera posible para mí.

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¿Recuerda su primer concierto?

La verdad es que no, era muy pequeñita, tendría como cuatro o cinco años. Es verdad que desde siempre me ha gustado mucho tocar conciertos y también presentarme a concursos. Poco a poco, gracias a eso, me han ido conociendo cada vez más, me fueron llegando solicitudes de directores que querían tocar conmigo y... bueno, se puede decir que ahí empezó a despegar mi carrera.

¿Y el concierto o concurso más especial para usted?

Creo que no podría escoger uno. Cada concierto es especial y te aporta algo inesperado. Nunca puedes prever quién te va a escuchar ni cuán lejos te puede llegar a llevar. La verdad que no creo que haya habido un único concierto, digamos «clave», en mi carrera, sino una multitud de proyectos que la han ido formando, forjando, en cada uno de ellos, relaciones con otros músicos.

Enseguida tuvo la oportunidad de tocar en el extranjero.

Sí, toqué, por ejemplo con la Filarmónica de Berlín de muy pequeña, con once años, pero la verdad que para mí fue algo muy natural el tocar en el extranjero, ya que con esa edad me mudé con mi familia a Alemania y dos años después a Viena, donde resido actualmente.

¿Qué le motivó a salir de España?

Pues, por un lado, siempre he sido muy curiosa y tenía muchas ganas de conocer otras culturas, otra forma de vida, otros métodos de enseñanza diferentes a los de España... Por otro lado, tuve también la oportunidad de contar con la beca de Juventudes Musicales para ir a estudiar dos años a Alemania, así que ni me lo pensé.

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María Dueñas


Teniendo aún diecisiete años, me imagino que estará aún estudiando en el instituto.

Sí, así es, ahora mismo estoy cursando el último año de instituto en Viena y a la vez estudio violín en las universidades de Viena y de Graz.

¿Y qué tal lleva el compatibilizarlo?

Pues a veces es difícil y más si sumamos que muchas veces tengo viajes de por medio. No te voy a negar que sea todo un reto, pero me gustan los retos y, de momento, gracias a Dios, lo llevo todo bien y con buenas notas.

¿Cree que su paso por el instituto ha sido igual que el de cualquier otro estudiante o, por el contrario, se ha visto afectado por su carrera como violinista?

No, yo creo que llevo una vida muy normal. Me gusta hacer lo mismo que a cualquier otro adolescente: salir con mis amigos, ir a la ópera, al teatro... Una vida muy normal, como la de cualquier otra persona.

No sabría decir si ir a la ópera y al teatro es muy común entre adolescentes...

Bueno, allí en Viena sí, hay mucha tradición. De hecho, también es muy común ir, por ejemplo, a clases de baile de salón, que a mí personalmente es algo que me encanta.

Vamos, que se puede decir que está encantada con Viena.

Sí, es un lujo poder disfrutar de la amplísima oferta cultural de esta ciudad, la Universidad es también increíble y estoy aprendiendo mucho.


Pero... ¿echa de menos España?

Claro. Yo es como que tengo dos sitios en los que me siento como en casa: en Granada y en Viena. Entonces, aunque viva en Austria, cada vez que vuelvo a Granada siento una alegría inmensa por volver a mi hogar, a mi país y, para mí, es también un honor muy grande representar de alguna manera a España por todo el mundo.

¿Cómo está llevando la situación de pandemia que vivimos actualmente?

En estos momentos tan difíciles, se están posponiendo o cancelando muchos conciertos y he podido aprovechar para ampliar mi repertorio, experimentar con otras obras e incluso me he atrevido a adentrarme en el mundo de la composición.

¿La composición?

Sí, ya he compuesto alguna obra y ahora mismo estoy también embarcada en otros proyectos.

¿Y de dónde viene ese interés por la composición?

Pues, no sé muy bien de dónde [se ríe], yo solo soy una persona creativa y muy curiosa y, bueno, empecé a componer porque quería aportar un toque de personalidad a las obras, por ejemplo, escribiendo las cadencias de los conciertos de Mozart, y también las del de Beethoven que voy a interpretar junto a la Orquesta de Radio-Televisión Española.

He compuesto también una obra para piano solo, Farewell que, por ejemplo, surgió cuando empecé a tocar el piano, con unos seis-siete años. Empecé a experimentar con la armonía y así surgió esa obra, porque ten en cuenta que no he asistido a clases de composición ni nada así, sino que es, simplemente, lo que me sale del alma, del corazón.


E imagino que tiene pensado continuar explorando este campo.

Sí, la verdad que me gusta mucho. De momento sigo componiendo mis cadencias para los conciertos, que eso lo hago siempre y a ver si sale algún otro proyecto para violín o para piano.

¿En qué repertorio ha estado trabajando últimamente?

He estado tocando mucho Bach. Para mí Bach es un compositor muy necesario. De hecho, intento tocarlo todos los días porque su música es muy pura y me aporta muchísima tranquilidad al alma. También he estado tocando mucho a Paganini, para mejorar la técnica.

¿Se ha atrevido ya con el repertorio contemporáneo?

Pues sí, he tenido la suerte de tocar la música de un compositor español que aún está vivo que es Jordi Cervelló, un compositor excelente que ha compuesto dos caprichos para violín solo para mí y, además, tiene un concierto para violín y orquesta que estoy deseando poder tocar. En parte me siento también responsable de seguir con ese legado de grandes músicos españoles, como Pablo Sarasate, y sí, me intereso mucho por conocer y difundir la música contemporánea española.


Destacan entre su repertorio obras de gran virtuosismo como la Sinfonía española de Lalo o el Concierto para violín de Paganini. ¿Cómo se siente al tocarlas?

Son obras con las que me siento muy identificada. En el caso de Paganini, por ejemplo, no sólo tiene esa parte virtuosa, que si es verdad que es la que hace ese concierto tan característico pero, por otra parte, tiene también partes muy líricas, muy propias de la ópera italiana del momento. Me parece muy interesante combinar esas partes virtuosísticas con las otras más dolces. Supone todo un reto saber destacar esas dos naturalezas de un mismo concierto y es por eso que me encantan. El virtuosismo, para mí, no consiste solamente en dar todas las notas, sino en tocar cada nota con el alma, que te salga del corazón.

Y, ¿cómo se prepara para esos conciertos?

A la hora de preparar un concierto, lo primero que hago es investigar sobre los orígenes de la obra y la razón por la que el compositor compuso tal obra, ya que es muy importante conocer el estado mental y físico del compositor en esos momentos para poder interpretar la obra de forma fiel. Después intento plasmar en mi interpretación la forma en la que yo entiendo la obra, analizando la partitura y desarrollando mis propias ideas sin dejarme influenciar por otras interpretaciones. También es importante saber en cada momento lo que toca la orquesta. Cuando el concierto ya ha adquirido un cierto nivel de madurez es cuando me gusta escuchar grabaciones de algunos músicos célebres para comparar mi interpretación con la de otros y para tener un abanico de ideas aún más amplio.

¿Hace también entonces un poco de investigación musicológica?

Sí, me parece también algo muy interesante. Durante la cuarentena aproveché para leerme varias biografías de compositores y ahora mismo estoy escribiendo un trabajo sobre las obras de Bach y su vida, centrándome especialmente en sus chaconas.

 

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¿Y en qué medida le ayuda a mejorar su interpretación?

Me ayuda a entender cómo pensaban cuando escribieron esa obra en concreto que voy a tocar. Por ejemplo en el caso de Bach, saber por qué eligió esa tonalidad, ese tempo... Conocer el contexto histórico que rodea la obra no es sólo muy interesante, sino también muy útil.

¿Y quiénes son esos músicos célebres de los que me hablaba antes? ¿Cuáles son los violinistas profesionales que más le han inspirado?

Los violinistas que, sin duda, más me han inspirado desde pequeña son Heifetz y Oistrakh, sobre todo porque el sonido de ambos es extremadamente cálido y lleno de emoción, algo que, sin embargo, no dejan traslucir mediante su expresión facial. Recientemente vi un documental acerca de la vida de Isaac Stern que me impactó mucho, porque me di cuenta de la maravillosa persona que hay detrás de tan excelente músico. Otro violinista que también me cautiva es Szeryng, sobre todo a raíz de haber escuchado su inigualable interpretación del concierto de Beethoven o de la Chaconna de Bach. Con Nathan Milstein siento una conexión especial porque la maravillosa persona y aún mejor compositor Jordi Cervelló me ha dedicado una obra para violín solo titulada "Milstein Caprice". Él dice que la primera vez que escuchó una grabación mía, mi sonido le recordó al sonido de Milstein, palabras que no olvidaré jamás.

¿Cree que ha cambiado con el tiempo la forma de tocar el violín? ¿Hemos ido a mejor o a peor?

Yo no podría decir que la forma de interpretación de antes fuera mejor que la de ahora o viceversa. Simplemente creo que el entendimiento de la música ha ido variando mucho de generación en generación y los puntos fuertes de hoy en día no son los mismos que hace un siglo. Antes, sobre todo en la escuela rusa, el sonido era el pilar fundamental de la interpretación y todo giraba en torno a su calidad y su producción, por supuesto a partir de una sólida base técnica. Por eso resulta tan fácil reconocer qué violinista está tocando al escuchar una grabación antigua, ya que cada músico tenía un sonido personal y único. Sin embargo, en la actualidad se le da mucha más importancia a la técnica, al virtuosismo y a la puesta en escena.

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¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Pues tengo varios proyectos próximos que me hacen mucha ilusión y me motivan a seguir esforzándome: en diciembre estaré en Dresde con el maestro Marek Janowski y daré el concierto de Año Nuevo en Lucerna con el maestro Michael Sanderling y algún otro concierto con otros grandes directores como Vladimir Spivakov y Manfred Honeck. También tengo varios concursos, que para mí son una debilidad, me gustan mucho porque me hacen esforzarme cada día y buscar dar lo mejor de mí misma.

¿Y en cuanto a la música de cámara?

Desde hace poco estoy tocando también en cuarteto. Para mí es muy interesante porque me ayuda a escuchar con más exactitud. Como sabrás, para hacer música de cámara se requiere de mucha precisión, de escuchar a los demás... Una no se puede concentrar sólo en el violín.

Además, recientemente he llevado a cabo un proyecto con otros dos músicos españoles: Pablo Ferrández (violonchelo) y Pablo Sáinz Villegas (guitarra). Hemos hecho una producción de piezas de compositores españoles y de Bach y, la verdad que nos entendimos muy bien. Fue muy bonito hacer música española con músicos españoles, es como que llevamos esa música en el alma. A mí casi me sale sola, digamos que tengo ese temperamento.

¿Qué consejo daría a otros jóvenes de su misma edad que, quizás, le tengan como referente?

Hacer lo que a uno le gusta, con lo que uno se siente identificado. Porque creo que, de esa forma, nunca se van a perder esas ganas de ser mejor y esa motivación para seguir adelante. Para eso es importante también dar a los jóvenes la oportunidad de que se formen en la cultura y en el arte.  A veces, en esta sociedad, sobre todo entre los jóvenes, no se le da a la cultura la importancia que merece y, sin embargo, yo creo que es muy importante porque si no estás expuesto a esa música, nunca vas a desarrollar las ganas de ir a conciertos, de descubrir nueva música...

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