Crítica de Nuria Blanco Álvarez de la ópera Maria Stuarda de Donizetti en el Teatro Campoamor de Oviedo
María Estuardo de Haider y Auyanet
Por Nuria Blanco Álvarez | @miladomusical
Oviedo. Teatro Campoamor. 14-X-2026. Maria Stuarda (Gaetano Donizetti). Yolanda Auyanet (Maria Stuarda, reina de Inglaterra), Paola Gardina (Elisabetta, reina de Escocia), Jihoon Son (Roberto, conde de Leicester), David Lagares (Giorgio Talbot, conde de Shrewsbury), Carlos Daza (Lord Guglielmo Cecil), Irina Avramenko (Anna Kennedy). Coro titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo). Oviedo Filarmonía.Dirección musical: Friedrich Haider. Dirección de escena: Emilio López.
La Ópera de Oviedo en coproducción con la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera [ABAO] acaba de presentar Maria Stuarda, la segunda de la «trilogía Tudor» de Donizetti tras Anna Bolena -que vimos hace dos años en el Teatro Campoamor- y Roberto Deveraux, que suponemos se verá próximamente. Las dos ya representadas han estado a cargo del director de escena Emilio López que continúa con la estética de su Anna Bolena, muy sencilla, solo adereza por elementos simbólicos como alguna figura del ajedrez y ahora también con cuerpos celestes, la Tierra y un par de planetas suspendidos. El valenciano no ha sacado partido a su idea con una dirección escénica paupérrima. Personajes y coro se presentaron prácticamente todo el tiempo de cara al público, con demasiado estatismo, distribuidos de forma equidistante a lo largo del proscenio y con apenas interacción entre ellos, por lo que nada de dramatismo se apreció en la representación escénica, más allá de la interpretación vocal de los cantantes.
Yolanda Auyanet asumió el rol protagonista dando muestras de su bello timbre y facilidad para la coloratura. Ya en su aria inicial «Oh! nube che lieve per l'aria» se pudo apreciar su elegancia canora y gran fiato, además de una cuidada afinación. Muy sentida su versión de «Ah! se un giorno da queste ritorte» y de nuevo lucimiento de su eterno fiato y elegancia en el último aliento ante el cadalso.
Paola Gardina fue una reina de Inglaterra de carácter, con una voz de mezzo con facilidad para la coloratura, aunque con un vibrato demasiado notorio que afeaba ocasionalmente su fraseo. David Lagares, por su parte, fue un adecuado Giorgio Talbot y Carlos Daza, en su papel de Lord Guglielmo Cecil, mostró una bonita voz, muy natural y bien proyectada. Correcta Irina Avramenko en su breve intervención como Anna, la nodriza de la reina María.
Jihoon Son por su parte, interpretó a un conde de Leicester muy artificial en lo dramático, pero con una voz muy limpia y de frescos agudos además de una cuidada dicción, si bien no siempre pudo imponerse al volumen de la Oviedo Filarmonía, dirigida por el que fue su titular durante siete temporadas (2004-2011), Friedrich Haider. A pesar de los años transcurridos desde entonces, quedó patente la buena sintonía entre director y orquesta, quien supo sacar lo mejor de la agrupación ovetense, luciéndose en los momentos puramente instrumentales y cuidando, en general, con mimo las intervenciones de los cantantes, en un repertorio que seguramente le traería recuerdos de las maravillosas interpretaciones de su esposa, la legendaria Edita Gruberova, con él mismo a la batuta. El Coro Intermezzo actuó a buen nivel, especialmente en su número final.
Fotos: Iván Martínez
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