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Crítica: Mark Guiliana y su trío inauguran el Festival Internacional de Jazz de Madrid 2017

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Autor: Juan Carlos Justiniano
8 de noviembre de 2017

UN TRÍO EN LA ENCRUCIJADA

   Por Juan Carlos Justiniano
Madrid. 2-11-17. Festival Internacional de Jazz de Madrid. JAZZMAD 17. Mark Guiliana Jazz Trio. Shai Maestro (piano), Chris Morrisey(contrabajo) y Mark Guiliana (batería).Centro Cultural Conde Duque. Auditorio.

   Casi habíamos perdido la costumbre cuando, afortunadamente, ha llegado el otoño y con él un mes de noviembre cargado de música. Ha vuelto a echar a andar una nueva edición del Festival Internacional de Jazz de Madrid y, una vez más, lo hace con una programación que asusta en número de conciertos y que sigue expandiendo sus actividades por toda la ciudad. Desde su dirección se han propuesto convertir esta cita anual en una referencia a nivel internacional y, desde luego, no pierden la ocasión para exhibir una enorme ambición. Eso sí, siempre dentro de los propósitos de un festival inclusivo que se proyecta con vocación de servicio público, que apuesta por ofrecer una panorámica representativa de los diversos géneros y sensibilidades de la escena actual y que apela a todo tipo de públicos. Y a priori esto no debería suponer una dificultad porque el jazz, a día de hoy, es un paraguas en el que  fácilmente pueden convivir todo tipo de alientos, escuelas y voluntades.

   Así lo vimos con el Mark Guiliana Jazz Trio, la formación encargada de ejercer de anfitrión a treinta días de música. Junto a Shai Maestro al piano y Chris Morrisey al contrabajo, el baterista estadounidense visitó Madrid el pasado jueves para descubrir las composiciones de su último trabajo, Jersey (Motéma Music, 2017). Y lo hizo ante una sala abarrotada. Porque la música del baterista demuestra precisamente eso: que el jazz en 2017 está camino de convertirse en una música pública que abraza cada vez a más audiencias y cada vez más jóvenes. En esta ocasión sin el componente eléctrico tan habitual de casi todos los proyectos de Guiliana, el trío presentó composiciones como «Big Rig Jones» o «Jersey», una lenta balada con la suficiente distinción como para ceder su título al disco y de clara inspiración en el lirismo de un Brad Mehldau o un Esbjörnn Svensson. Por su parte, «Where are wenow?», el particular homenaje del trío a David Bowie, constituyó el cénit de la noche y  se mostró como carta de presentación de la música de Guiliana: una propuesta que no teme a la regularidad rítmica ni a las armonías cómodas pero que tampoco renuncia al ruidismo o la oscuridad de origen electrónico.

   Guiliana no quiso captar toda la atención del concierto desde su batería compuesta por el mínimo imprescindible. Al contrario, en más de una ocasión cedió el espacio a sus compañeros. «September», un adagio cargado de emoción, corrió a cargo únicamente del dúo de Morrisey y Maestro. El primero, un contrabajista de ambientes no sólo jazzísticos, disfruta de unas altas capacidades expresivas, es pura actitud y posee la intuición necesaria para moverse en contextos donde es difícil caminar. Por su parte, Shai Maestro es un pianista temperamental, con mucho voltaje, que complementa a la perfección el ideal estético de Guiliana y que pese a su juventud colecciona una larga lista de colaboraciones con músicos como Avishai Cohen (también mentor de Guiliana) sin renunciar por ello a una aventura propia junto a su compatriota Ziv Ravitz a la batería y el contrabajista peruano Jorge Roeder

   El pasado jueves con motivo de la presentación de Jersey el trío rindió homenaje durante hora y media a todo aquello que los ha inspirado como melómanos. No cabe duda de que los tres han crecido escuchando rock, pop, funk o hip hop y encuentran su espacio en la encrucijada del jazz con todas estas músicas. Ellos son una muestra representativa de uno de los derroteros del jazz actual que, imbuido también en la dinámica de la globalización, ha ido encontrando nuevas vías de adaptación al medio en los primeros compases del siglo XXI. En este sentido, la fórmula de Guiliana, como la de otros muchos, pasa por ofrecer una música frenética, atractiva y, sobre todo,«popularizante». Consigan o no llevar a término lo segundo, al menos pueden mostrarse satisfechos por llenar cada sala que visitan.

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