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Crítica: Martha Argerich, Ricardo Castro y Federico Gad Crema en Bolonia

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Autor: Magda Ruggeri Marchetti
10 de septiembre de 2023

Crítica del concierto de Martha Argerich, Ricardo Castro, Federico Gad Crema y la Peace Orchestra Project en el Festival de Bolonia

Martha Argerich

El retorno de Martha Argerich

Por Magda Ruggeri Marchetti
Bolonia, 4-IX-2023. Auditorium Manzoni. XLII Bologna Festival. Concerto straordinario. Sinfonia n.2 «Un mundo nuevo», Nicola Campogrande. Concierto nº 1 para piano, Beethoven. Concierto nº 2 en fa mayor, Dmitri Shostakovich. El pájaro de fuego, suite. (versión 1919), Stavinski. Pianistas: Martha Argerich y Federico Gad Crema. Director: Ricardo Castro.

   Por fin ha vuelto a Bolonia la famosa pianista Marta Argerich, universalmente conocida tanto por sus dotes artísticas como por su enérgico apoyo a los jóvenes músicos. En efecto ha venido de nuevo con una orquesta de intérpretes entre los 18 y 25 años provenientes de todo el mundo, reunidos en una experiencia formativa. Fundada por el joven pianista Federico Gad Crema, la Peace Orchestra Project utiliza la música para transmitir un mensaje de paz y solidaridad, y ha comenzado en Bolonia su primera gira debutando con Martha Argerich, madrina del proyecto.

   La mítica pianista argentina se exhibía con el Concierto para piano y orquesta en do mayor de Beethoven con el director brasileño Ricardo Castro, con quien trabaja a menudo. Con la absoluta seguridad de su interpretación nos transmitió la alegría del primer movimiento (Allegro con brio), expresada a través de una alternancia de pasajes rápidos y lentos que se mezclaban con el sonido de los instrumentistas en animado contraste, realzado con su poderosa técnica, resultado de su rara sensibilidad musical. El Largo central está en la tonalidad de La bemol mayor y la coloración con que Martha Argerich nos tramsmitió sus evoluciones fue estupenda. El tema se desarrolla entre los instrumentistas y la pianista, con la orquesta que sostiene y acompaña este diálogo hasta un crescendo para retornar después a la melodía. Concluyó el concierto un Rondó seguido de un Allegro scherzando. El tema de andadura briosa dio ocasión a la pianista de lucir su virtuosismo y gran temperamento. Ante esta extraordinaria actuación el público en pie estalló en aplausos y ovaciones hasta obtener la concesión de un bis.

  La velada había comenzado con la Sinfonia n.2 «Un mondo nuovo», y el propio Campogrande declara que con este trabajo quería «intentar dar una respuesta musical a la angustia que atravesaba en estos meses nuestro continente». Escrita en un mes y medio, para que su idea quedase clara solicitó a Piero Bodrato un texto para el último movimiento que cantó con bella voz la mezzosoprano Alexandra Achillea Pouta. Es un himno a la vida y a la belleza, melódico y lírico, y celebra el canto como actividad humana común a todo pueblo y época, y el propio título se ha escrito con la esperanza del mundo nuevo que la música nos promete. El mismo compositor compareció para recibir los aplausos del público. 

   La segunda parte comenzó con Federico Gad Crema, de veinticuatro años, uno de los pianistas más interesantes de su generación. Ganador de numerosos concursos internacionales, ha debutado en el Teatro alla Scala como solista. Se exhibió en el Concerto per pianofore e orchestra que Shostakovich escribió en 1957 tras la muerte de Stalin, cuando comenzó el deshielo también para los artistas. En el Allegro del primer movimiento, piano y orquesta transmitieron conjuntamente una melodía ligera tras la que el pianista solista pudo lucir su virtuosismo. El segundo movimiento, Andante, tiene un carácter sentimental. Las cuerdas, el piano y una trompa nos ofrecieron un dulce lirismo. En el final, Allegro, toda la orquesta creó un clímax de gran júbilo: Gad Crema superó brillantemente las dificultades de la partitura y el público le premió con numerosos aplausos. En lugar de un bis, el joven pianista, Martha Argerich y Ricardo Castro se sentaron juntos al piano para interpretar a seis manos una breve página muy aplaudida.

   La Suite del ballet El pájaro de fuego concluyó el concierto. Stravinsky, tras el gran éxito del balet estrenado en la Ópera de París el 25 de enero de 1910, en 1911 decidió extraer una Suite para la ejecución concertística, y en 1919 preparó una segunda para una plantilla instrumental más limitada. La Introducción tiene un aire grave y solemne que consigue transportar al oyente a un mundo fantástico a través del refinado sonido de las cuerdas que subrayan el despertar del pájaro. Magnífica también la Ronda de las princesas, pero en la Danza infernal del rey Kotscej el ritmo se hace obsesivo con el estruendo de los vientos y los repentinos pizzicati de las cuerdas. La Berceuse trae de nuevo un aire lento, lírico, pero el Finale es una página alegre, veloz, que recuerda el tradicional repertorio ruso de finales del siglo diecinueve.

   La primera salva de aplausos se vió interrumpida por Ricardo Castro que pidió el uso de la palabra para expresar la satisfacción propia y de la Peace Orchestra Project de actuar ante el público boloñés, y ofreció a modo de bis espontáneo la ejecución de una breve composición de Leonard Bernstein. El entusiasmo de la audiencia se manifestó en larguísimos aplausos y ovaciones.

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