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Crítica: Matthias Goerne en el Ciclo de Lied del CNDM

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Autor: Óscar del Saz
7 de febrero de 2024

Crítica del recital ofrecido por Matthias Goerne en el Teatro de la Zarzuela dentro del Ciclo de Lied del Centro Nacional de Difusión Musical [CNDM]

Matthias Goerne  en el Ciclo de Lied del CNDM

De nuevo, el Goerne multifacético

Por Óscar del Saz | @oskargs
Madrid. 05-II-2024. Teatro de la Zarzuela. XXX Ciclo de Lied del Centro Nacional de Difusión Musical [CNDM]. Obras de Ludwig van Beethoven (1770-1827), Hugo Wolf (1860-1903), Max Reger (1873-1916), Franz Schubert (1797-1828) y Johannes Brahms (1833-1897). Matthias Goerne (barítono), Alexander Schmalcz (piano).

   Al menos una vez por temporada, asistimos al esperado recital de Matthias Goerne (1967) en el Ciclo de Lied, acompañado al piano esta vez por Alexander Schmalcz. A Goerne ya le hemos escuchado en muchas ocasiones en recitales variopintos, donde se ha enfrentado sin desmayo a la complejidad de interpretar a varios compositores en una misma velada, y también le hemos admirado desentrañando sublimes cimas compositivas como Winterreise, La bella molinera o El canto del cisne. En esta ocasión estaba previsto que únicamente Schubert estuviera presente con piezas singulares como Der Wanderer, Der Jüngling und der Tod, Grenzen der Menschheit, Der Winterabend y Der liebliche Stern.

   Pero según comentó sobre el escenario el mismísimo director del CNDM, Francisco Lorenzo, hubo que cambiarlo todo al recibir el viernes pasado el anuncio de que por enfermedad del pianista no habían podido ensayar el recital previsto y que, en hoja aparte, en el programa de mano, se daba la información sobre el programa sustituto. Sorprende un tanto la excusa, tratándose de preparar Schubert, pero como no tenemos más información no vamos a elucubrar con otras posibilidades de lo que pudo haber ocurrido.

   Afortunadamente, la dirección y el personal encargado del CNDM reaccionaron con presteza y dio tiempo a incluir en esa hoja -mediante código QR- los textos del recital, así como a poder ofrecer los subtítulos proyectados en la pantalla de encima del escenario. También se anunció que el artista sufría de cierto enfriamiento catarral… En realidad, eso le vino mejor al recital, porque observamos en Goerne -sobre todo al principio- un mucho menor abuso de los sonidos basados en la emisión de posición alta -falsete, falsettone- y, por tanto, un mayor apoyo y un verdadero y más broncíneo color baritonal. 

Matthias Goerne  en el Ciclo de Lied del CNDM

   De esta forma, es como el recital previsto se transmutó en otro de entidad variopinta -de unos 75 minutos de duración-, donde se dieron cita los Sechs Lieder von Gellert [Seis canciones de Gellert], op. 48, de 1802, del sensible y sobrio poeta y filósofo Christian Fürchtegott Gellert (1715-1769), musicados por Beethoven, si bien otros músicos como Haydn y Bach también acudieron a su poesía. Bitten [Súplica] y Von tode [Sobre la muerte], nos regalaron, como hemos comentado, la oscuridad cincelada de la verdadera voz de Goerne. Aun así, la más completa -por aunar canto esforzado y denuedo en el «cantábile»- fue la última, BussLied [Canción de penitencia], con un Schmalcz apropiadamente «instrumental».

   También disfrutamos de algunos -cuatro (números 1, 2, 5, 9), de la sección de Canciones Espirituales, de los 44 totales- de los Spanisches Liederbuch, de 1890, de Hugo Wolf, como homenaje muy sentido a textos de poetas españoles -Arcipreste de Hita (1284-1351) o Nicolás Núñez (siglo XV), del que se saben pocos datos-, y otros anónimos. Aunque el compositor fue ferviente admirador de la música de Richard Wagner, basó casi por completo su composición en el mundo del Lied, con obras escritas casi todas ellas también en tiempo de penurias y enfermedad -con frecuentes desequilibrios mentales y ataques psicóticos- del músico. Como se corresponde con su cometido espiritual, las canciones están evocadas por la Sagrada Familia -Jesús, María y José- y consecuentemente, tanto Goerne como Schmalcz, aplicaron recatado bálsamo de genuflexión -vocal y pianística- en sonoridades y dinámicas piano.

   Como todo el concierto se realizó sin solución de continuidad, el siguiente grupeto de dos canciones se debió al bávaro Max Reger, compositor bastante más infrecuente en este Ciclo de Lied, del que se ofrecieron sus Zwei geistliche Lieder [Dos canciones espirituales], op. 105, de 1907, en la misma línea de recato que lo comentado en Wolf, si bien con un punto mucho más encendido en la pasión interpretativa en nuestro barítono, y ya con la voz más caliente, con cierta tendencia a exagerar los sonidos atenorados -y un tanto afectados- en el canto de nuestro protagonista, sobre todo en la primera, Ich sehe dich in tausend Bildern [Te veo en mil imágenes], dedicada a la Virgen María.

Matthias Goerne  en el Ciclo de Lied del CNDM

   De Franz Schubert se interpretó la muy prolija Litanei auf das Fes taller Seelen [Letanía en la Fiesta de los Difuntos], canción muy bella, pausada y muy delicada, en la que Goerne -cumpliendo adecuadamente con estos cánones-, estuvo traspasando varias veces el puro -a nuestro juicio, indeseado- afectamiento y amaneramiento estilísticos.

   Y para terminar, Brahms, cuyas Vier ernste Gesänge [Cuatro cantos serios] fueron las seleccionadas. Es aquí donde nos reencontramos con el Goerne sublimador o quientaesenciador, en el sentido de todo aquello que hace falta para entender verdaderamente al compositor y, por tanto, desplegar ese dominio absoluto de todos los resortes necesarios, tanto vocales como expresivos, para vestir una modélica interpretación con tan vasta cantidad de matices presentes y en un estado de «trance» vocal y de baile -o expresión corporal- casi giróvaga. Lo demostró en la agitada primera, Denn es gehet dem Menschen [Porque al hombre le pasa como al animal] y en la última Wenn ich mit Menschen und mit Engelszungen redete [Si hablase con lenguas de hombres y de ángeles], donde el eficiencia comunicativa fue exquisita.

   Muy aplaudidos fueron Matthias Goerne y Alexander Schmalcz -éste un poco más apagado en intencionalidad que lo habitual-, y aunque se intentó haciéndoles salir a saludar hasta cinco veces, no hubo propinas por aquello de no romper esa alta densidad emotiva, sensitiva y artística de la última parte del recital, pensado para emocionar, con canciones no demasiado frecuentadas, nada fáciles, pero sí muy efectivas para transmitir sentimientos y salir del teatro más confortados de lo que entramos. ¿No es eso lo que ha de buscar un buen recital de Lied?

Fotos: Rafa Martín / CNDM

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