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Crítica: Matthias Goerne y Víctor Pablo Pérez en la temporada de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid

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30 de noviembre de 2017

ESPERÁBAMOS MÁS

   Por Pedro J. Lapeña Rey
Madrid. Auditorio Nacional. 27-XI-2017. Temporada de abono de la Orquesta de la Comunidad de Madrid (ORCAM). Matthias Goerne, barítono. Director musical, Víctor Pablo Pérez. Canciones de los niños muertos "Kindertotenlieder" de Gustav Mahler. Sinfonía nº 9 en re menor de Anton Bruckner.

   El cuarto concierto del ciclo de la ORCAM tenía varios atractivos. El primero era el programa en sí. Dos obras maestras de sus respectivos autores. En el caso de Gustav Mahler, poniendo música a cinco de los más de cuatrocientos poemas que el poeta romántico alemán Friedrich Rückert había compuesto tras la muerte de dos de sus hijos. La obra, compuesta entre 1901 y 1904,se antoja premonitoria, ya que en el verano de 1907, Anna y Maria, las dos hijas de Gustav y Alma Mahler, enfermaron de escarlatina falleciendo la segunda de ellas. La obra, llena de solemnidad y resignación, toca el corazón de cualquier oyente sensible. A pesar de no contar con unos efectivos “mahlerianos”, la orquestación es precisa con abundancia de frases en las maderas y los metales que remarcan las frases del texto.

   Nos visitaba el renombrado barítono alemán Matthias Goerne, artista de gran talento, de fraseo variado y musicalmente emotivo para sus muchos seguidores;y de voz y emisión problemática para sus detractores. Tras su interpretación podemos decir que “ambos bandos tienen razón”. El barítono alemán desmenuzó todos los poemas, desgranando frase a frase, con canto variado y matizando casi cada sílaba. Cuando no cantaba, seguía la música sin parar de moverse, “disfrutando” de cada compás. Sin embargo su voz, que nunca fue atractiva ni de gran calidad, está a estas alturas de su carrera a un nivel paupérrimo. El registro grave es totalmente inexistente, el central es cavernoso y gutural, y ni siquiera es capaz de proyectar el agudo en frases comprometidas - aunque a priori fáciles para un intérprete de su nivel, como pudimos constatar por ejemplo en el “Nunseh' ichwohl”-, donde en cuanto la escritura asciende, se va a un falsete ensanchado. Con la voz así y con una emisión pobre, carente de sonidos plenos e intensos, el resultado final fue decepcionante.

   Por su parte, la orquesta y su director, Víctor Pablo Pérez, hicieron un acompañamiento meticuloso, bien definido y acorde a la obra. Destacaron positivamente varios solistas de madera con frases muy bien perfiladas y conseguidas – preciosas las intervenciones del corno inglés y del oboe en el “WenndeinMütterlein…”- aunque la cuerda estuvo en general bastante destemplada.

   En la segunda parte tampoco mejoraron mucho las cosas. En el programa, el testamento musical de Anton Bruckner, su Novena sinfonía: una obra excepcional, grandiosa, de un lirismo arrollador, con las armonías más ricas que el de Ansfelden llegó a componer. Pero también una obra que “anticipa” su propio final. Las disonancias que encontramos en el movimiento inicial y en el Adagio conclusivo, apuntan al final de una época.  La sacrosanta tonalidad estaba llegando a su límite. Tuvo tiempo e intención de terminarla, pero entre sus eternas dudas y “la maldición de la Novena” no fue capaz.

   En el programa de mano se indicaba que era la primera vez que la obra subía a los atriles de la Orquesta. No así en el caso del maestro burgalés de quien el que suscribe recuerda con cariño varias interpretaciones pretéritas de obras de Anton Bruckner. Entre ellas brillaba con luz propia la gran versión que hizo hace quince años de la propia Novena sinfonía en la Semana de Música Religiosa de Cuenca junto a su “entonces” Orquesta Sinfónica de Tenerife.

   En esta ocasión, las cosas no han ido tan bien. La diferencia de nivel entre “aquella” OST y “ésta” ORCAM es evidente, y lo que el maestro Víctor Pablo conseguía de ella fue también bastante más de lo que ha conseguido con ésta.

   El comienzo del movimiento inicial, Solemne, Misterioso ya evidenció “problemas”. Ni las cuerdas ni las trompas tuvieron su mejor día, y solo las maderas estuvieron en su sitio en la construcción del gran crescendo inicial. En el segundo tema, la cuerda sonó algo pobre y con poca brillantez. El Sr. Pérez buscaba claridad y algo de luz pero no siempre se la daban. En el gran clímax de la parte final, de nuevo hubo desajustes evidentes de cuerdas y metales, pero afortunadamente, el resultado mejoró en la construcción de la coda donde perfilaron bien los juegos de armonías y disonancias.

   En el Scherzo, Victor Pablo mantuvo un ritmo preciso en la imponente danzallena de “ostinatos” de las cuerdas y controló con eficacia los planos sonoros. La versión ganó expresividad y fue el mejor momento de la obra. En el segundo tema, bastante más lírico que el inicial, cuerdas y maderasestuvieron a buen nivel así como en la repetición posterior del tema inicial.

   En el adagio conclusivo, Victor Pablo arriesgó y trató de estirar los tiempos. Si es una decisión compleja incluso cuando tienes una orquesta excelente que te garantiza el poder mantener la tensión a nivel adecuado, lo es más aún cuando no es el caso. La versión perdió intensidad y lirismo, el fraseo se tornó lánguido y cuando en la parte final del movimiento, extremó las dinámicas y buscó resaltar las disonancias finales, se volvieron a evidenciar muchas de las carencias de la orquesta.

Autor:Pedro J. Lapeña Rey
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