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Crítica: Michal Nesterowicz y Philippe Quint con la Sinfónica de Galicia

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Autor: Julián Carrillo Sanz
4 de abril de 2022

Michal Nesterowicz se pone el frente de la Orquesta Sinfónica de Galicia en el Palacio de la Ópera de La Coruña

Michal NESTEROWICZ

Un repente en la encrucijada


Por Julián Carrillo Sanz
La Coruña, 1-IV-2022, Palacio de la Ópera. Orquesta Sinfónica de Galicia. Philippe Quint, violín. Michal Nesterowicz, director. Programa: Eric Wolfgang Korngold, Concierto para violín y orquesta en mi menor, op. 35. Jan Sibelius, Sinfonía nº 1 en mi menor, op. 39.

   Se encuentra la Orquesta Sinfónica de Galicia en una encrucijada. Uno de esos momentos clave en la vida de una agrupación en los que se decide su futuro a corto y medio plazo, como es la elección de un director titular (¿también artístico?) para los próximos años. Una elección de la que dependerán aspectos tan importantes como la programación, con toda la influencia que la elección de repertorio conlleva en sonido y personalidad de una orquesta. Y habiendo de tener en cuenta que ya cumple sus primeros 30 años, en los que ha triunfado local, nacional e internacionalmente; por lo que ya no es «terra ignota» a colonizar, sino campo ubérrimo que hay que cuidar adecuadamente para que siga creciendo artísticamente y en rentabilidad social.

   Músicos y abonados de la OSG esperan con interés -y una cierta preocupación- el nombramiento de un nuevo director que suceda a Dima Slobodeniouk y conocer sus planes para la orquesta en los próximos años. No menos importante desde diversos puntos de vista -de los que no es el menos importante el afectivo- es saber cómo se articulará la anunciada estrecha relación Sinfónica/Slobodeniouk tras nueve temporadas de crecimiento de ambos en una relación que no podemos por menos de calificar como simbiótica.

   Vienen a cuento estas reflexiones porque muchos suponen -y unos cuantos más esperan- que la elección de nuevo titular se hará de forma más o menos consensuada entre músicos (representados por el Comité Artístico de la OSG) y gerencia. Por lo que es normal que quien sea objeto del nombramiento haya pisado ya el podio de la orquesta y que sus actuaciones hayan obtenido el éxito en sus conciertos y, punto de especial importancia, en los ensayos. 

   Thierry Fischer, que iba a dirigir esta semana pasada, canceló su compromiso y fue sustituido por Michal Nesterowicz, que ya ha dirigido a la OSG con buenos resultados en varias ocasiones. Suprimida la obra programada en primer lugar, Vents et Marées, de Tristan Murail, la velada empezó directamente con el Concierto para violín de Kornhold. Una obra llena de un espectacular color orquestal, que trasluce el buen oficio de su autor como compositor cinematográfico y en la que basta cerrar los ojos para imaginar la proyección de un filme en una gran pantalla. 

   Quint inició su parte del Moderato nobile inicial dejando una muestra de la búsqueda (y el hallazgo) del sonido como elemento mayor de su expresividad. Esto habría de perdurar durante toda su interpretación de la obra, aumentando a medida que esta avanzaba; destacaron el hondo lirismo del Romance central -con un acompañamiento bien cuidado en dinámicas por Nesterowicz- y la explosión de color del Allegro assai vivace final. Movimiento este último en el que las sugerencias visuales de la música me hicieron rememorar lo que en tiempos se llamaba «una de piratas». 

   Los temas de cada movimiento de este concierto son compartidos por los de algunas de sus partituras para cine y pienso que está claro que en la doble dedicación de Korngold a la música académica y a la cinematográfica, hay una ósmosis de doble sentido. Algunos desajustes con la orquesta parecen sugerir, bien una cierta escasez de ensayos previos, bien alguna discrepancia no resuelta en estos entre solista y director.

   La versión de la Sinfonía nº 1 de Sibelius no fue tampoco uno de los trabajos más brillantes de Nesterowicz con la Sinfónica de Galicia y el cuidadoso control de la potencia sonora del Romance de Korngold se diluyó como gotas de lluvia en el océano. Desde el inicio de la sinfonía, líneas y planos se fundieron, casi confundieron, en un bloque un tanto monolítico. De este se salvaron las individualidades solistas, comenzando por el clarinete de Juan Ferrer sobre el timbal de José Belmonte en la introducción, Andante ma non troppo, del primer movimiento -Allegro energico-. 

   El inicio del segundo -Andante ma non troppo lento- permitió escuchar el buen hacer de la solista de arpa, Celine Landelle; y, más adelante, unos solos de fagot realmente notables de Álex Salgueiro, en una de las poquísimas ocasiones en que su puesto como coprincipal de la sección se lo permite. Destacaron asimismo los solos de Claudia Walker Moore a la flauta y los de Casey Hill con el oboe. El Final (Quasi una fantasia) tuvo la mejor suerte de a sinfonía, salvo en su parte final, que resultó algo atropellada.

   Dima Slobodeniouk llegó a la Orquesta Sinfónica de Galicia tras el enamoramiento mutuo con los músicos en su «repente» con la orquesta en noviembre de 2012 sustituyendo al director previsto y su compromiso con la Sinfónica se anunció públicamente en febrero de 2013, casi siete meses antes de su debut oficial como titular. Aunque está claro que los emparejamientos exitosos -tanto humanos como artísticos- no siempre surgen tras un flechazo, dicen los neurocientíficos que las decisiones, también las más trascendentes, nacen con más frecuencia de la intuición que del razonamiento. 

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