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Crítica: Midori y 'El castillo de Barbazul' con la Sinfónica de RTVE bajo la dirección de Miguel Ángel Gómez Martínez

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Autor: Raúl Chamorro Mena
13 de febrero de 2018

El arte de Midori da entrada al Castillo de Barbazul

   Por Raúl Chamorro Mena
Madrid. 8-II-2018. Mira Teatro Pozuelo de Alarcón. Temporada coro y Orquesta de RTVE. Concierto para violín Op. 47 (Jean Sibelius);  A kékszakállú herceg vára – El Castillo de Barbazul Op 11, Sz 48, Ópera en un acto (Bela Bartok). Midori, violín. Ana Ibarra (mezzo soprano), Vladimir Chernov (barítono). Orquesta Sinfónica de RTVE. Dirección. Miguel Ángel Gómez Martínez.

  La titularidad de un músico tan ligado al teatro como Miguel Ángel Gómez Martínez ha conllevado una importante presencia de la ópera en la programación de la ORTVE. Si la temporada pasada pudieron escucharse Edgar y Le Villi, las primeras dos óperas de Giacomo Puccini, en la presente y después de Il segreto di Susanna de Ermanno Wolf Ferrari ofrecida el mes pasado, llegaba el turno a una obra de gran importancia en la creación lírica del pasado siglo, El castillo de Barbazul de Bela Bartok. El músico húngaro coincidía en este concierto con el finlandés Jean Sibelius, totalmente contemporáneo, aunque vivió mucho más. Como indica Arturo Reverter en las notas del programa de mano, dos músicos bien distintos, pero que compartían la importante presencia en sus composiciones de la música popular de sus respectivos países.

   La primera parte del concierto la ocupó el fabuloso concierto para violín de Sibelius, cumbre de los destinados a dicho instrumento y que pone a prueba a cualquier violinista virtuoso que se precie. En esta ocasión, una artista de acreditada trayectoria como la japonesa Midori Goto se presentaba como toda una garantía. Efectivamente y a pesar de alguna leve inseguridad al comienzo, la magnífica violinista se fue asentando y acompañada en algunos momentos de unacompasado zapateo, fue desgranando el concierto con indudables elegancia y musicalidad, así como un sonido caudaloso y pulidísimo, manteniendo en todo lo alto ese duelo con la orquesta que plantea Sibelius, aunque se echara en falta un punto de mayor carga expresiva y dramática. Primorosa la manera en que Midori escanció la bellísima melodía de la romanza del segundo movimiento con un fraseo aquilatado y unas esmeradas gradaciones dinámicas. Asimismo, la japonesa cumplimentó brillantemente todo el virtuosismo que exige el complicadísimo tercer movimiento con ritmo de danza (polonesa en este caso), en el que desplegó todo su dominio técnico para acometer las dobles (e incluso triples) cuerdas, staccati, arpegios, escalas vertiginosas… y asegurar la precisión rítmica exigida. El acompañamiento de Gómez Martínez y la orquesta resultó delicado y perfectamente adecuado en el segundo movimiento y algo brusco en el tercero con una fanfarria final un tanto excesivamente aparatosa.

   El libreto de Béla Bálasz sobre el que Bartok compuso su única ópera El castillo del duque Barbazul se basa en un cuento de Perrault, Barbe bleue, que ha dado lugar a variadas creaciones en los más diversos campos artísticos. La breve ópera, apenas una hora de duración, plantea un dúo entre dos personajes (mezzo y barítono), que en inexorable progresión dramática camina hacia la tragedia final. La mujer que ha huido con el Duque Barbazul en contra del parecer de su familia y consciente del relato que asegura ha asesinado a sus anteriores esposas. Tenemos por un lado ese mito de la redención femenina del hombre misterioso y marginal y por otro, el de la mujer, que curiosa, rebelde y desconfiada, interroga e investiga a pesar de que se le ha prohibido expresamente. Al aficionado avezado le vendrán a la cabeza enseguida títulos operísticos en que encontramos ambos elementos. Resulta realmente fascinante el mundo de tímbricas, subyugantes colores y sonoridades que contiene la riquísima orquestación de Bela Bartok. Todo ello resultó bien expuesto por Gómez Martínez y la orquesta de RTVE a buen nivel en todas las secciones, con momentos de gran refinamiento y una impecable solidez musical, si bien faltaron atmósferas y no se percibió adecuadamente esa progresión de la tensión dramático-teatral que prevé la obra. El prólogo fue narrado de forma apropiada por Carmen Ávila, soprano miembro del coro de RTVE. El timbre carnoso de Ana Ibarra dotó de la adecuada sensualidad a Judit y aunque los muy puntuales ascensos de su parte resultaron abiertos y atacados de cualquier manera, la tesitura del papel permitió lucir a la valenciana la riqueza de su zona centro-grave. Correcta musicalmente su prestación, si bien faltaron acentos y e incisividad a su fraseo. Más autoridad tuvo el del veterano barítono ruso Vladimir Chernov (hace años presente en los teatros más importantes, especialmente el MET de Nueva York), aunque su timbre ajado denotó un Duque demasiado mayor, si bien la tesitura totalmente central del papel le consintió escanciar con comodidad la buena línea de canto y sentido del legato, que aún conserva.

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