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Crítica: Misha Kiria sorprende en el segundo reparto de «Falstaff» de Verdi en el Teatro Real

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5 de mayo de 2019

¿Es «Falstaff» una «comedia negra»?

Por Pedro J. Lapeña Rey
Madrid. Teatro Real  01-V-2019. Falstaff (Giuseppe Verdi/Arrigo Boito). MishaKiria (Sir John Falstaff), Albert Casals(Fenton), ChristopheMortagne(Dr. Caius), MikeldiAtxalandabaso(Bardolfo), Valeriano Lanchas (Pistola), Raquel Lojendio(Mrs. Alice Ford), Àngel Òdena(Ford), Rocío Pérez (Nannetta), Teresa Iervolino(MistressQuickly), Gemma Coma-Alabert(Mrs. Meg Page). Coro y Orquesta titulares del Teatro Real. Dirección musical: DanieleRustioni. Dirección de escena: Laurent Pelly.

Falstaff, el canto del cisne de Verdi, es una obra maestra, una de esas joyas que marcan una carrera. En la crítica del primer reparto, mi compañero Raúl Chamorro buscaba entre otras cosas varias explicaciones al por qué incluso hoy, a muchos aficionados verdianos y a mucho público en general, le sigue costando el entrar en este Verdi postrero, absolutamente genial. Al estar de acuerdo con él, no buscaremos tres pies al gato, y nos quedaremos en lo que hace grande a esta obra. Se dan en ella la conjunción de tres fuoriclassi que no necesitan presentación: Verdi, Boito y Shakespeare. El resultado es una grandísima comedia musical, alegre, puntillosa y divertida, aunque obviamente, no está exenta de una cierta melancolía y de crítica ácida.

   A la vista de lo que vemos en el escenario, podríamos pensar que el director de escena parisino Laurent Pelly busca ahondar más en esta parte oscura y melancólica, que disfrutar de la comedia. Y no, no es que no te lo pases bien con su propuesta, sino que los tonos oscuros predominan en ella. Es una producción lúgubre, sombría, casi tenebrosa. ¿Es una «comedia negra»? Conocemos muchas producciones suyas vibrantes, coloridas y de una atracción inmediata –sin ir más lejos su preciosa puesta en escena de «La hora española» de Ravel que vimos hace poco menos de un año en la Ópera Bastilla que rezumaba humor por los cuatro costados–. Aquí, por un lado nos traslada la acción a la actualidad, y por otro nos presenta un Falstaff basto, sucio, casi rastrero que más que un noble venido a menos parece el jefe de una banda criminal de medio pelo, donde Bardolfo y Pistola son sus primos de Zumosol. La iluminación de Joël Adam ahonda en el problema en vez de resolverlo. La taberna de «La jarretera» es un agujero oscuro y pequeño –a través de unos paneles queda reducida a un mínimo cubículo– que difícilmente se ve desde el patio de butacas. Varios espectadores me comentaron que desde el anfiteatro no vieron absolutamente nada. Incluso la casa de los Ford, escaleras aparte, no tiene el atractivo de un caserón inglés.


   Por el contrario, el genio de Pelly deslumbra en una dirección teatral ágil, con cierta chispa y con grandes cuadros como el del aria «È sogno o realtà?» de Ford, cuando consumido por los celos, Pelly abre el escenario y todos los parroquianos le observan y se mofan de él, o ese gran espejo distorsionado mirando al patio de butacas, en el que todo el público nos reflejamos en la fuga final mientras escuchamos eso de «Tutto nel mondo é burla».

   Uno de los alicientes de este segundo reparto era que el cast estaba casi copado por cantantes nacionales. Además, tras la cancelación del Sr. Alaimo y del consecuente ascenso al primer reparto de Roberto de Candia, el Teatro Real encomendó el rol protagonista de este segundo al desconocido y joven barítono georgiano Misha Kiria. En realidad no es tan desconocido. Me habían hablado muy positivamente de él a raíz de su excelente prestación como Lord Sydney en el Viaje a Reims de la temporada pasada en la DeustcheOper de Berlin, que le ha abierto las puertas a dos nuevos compromisos en esta próxima temporada. Y el resultado fue muy positivo, no solo por lo que demostró sino por lo que apuntó. En una época en que las voces graves tienen un nivel paupérrimo, quizás nos ilusionamos en exceso cuando oímos un material realmente interesante. El tiempo dirá si concretamos en un cantante de enjundia o no, pero al menos, su presencia ha sido ilusionante. Voz de bajo barítono rotunda, algo impersonal, con un buen registro grave, que va bien por arriba y que tiene los papeles en regla. Parece que aprovechó muy bien sus dos temporadas en la Academia de La Scala donde preparó varios papeles con el mítico Renato Bruson. Su italiano es bastante bueno, y a pesar de su corta carrera, ya ha cantado Falstaff en el Regio de Parma y en otros pequeños teatros italianos. En la escena inicial, en el «agujero» de La Jarretera, comenzó algo agarrotado, más preocupado de colocar las notas y de que se le oyera que de cantar. Pero una vez asentado,la voz empezó a fluir de manera natural. La línea de canto se relajóy fue creciendo con el personaje. Su manera de recitar, de frasear, de darle sentido al texto fue mejorando según avanzaba la obra. Su escena del segundo acto con Ford, la gracia que puso en la escena de la casa de los Ford, o la forma de actuar todo el tercer acto nos indican que estamos ante un cantante a seguir. Si continúa por el buen camino, puede hacer una carrera mas que interesante.


   La pareja de Ford y su esposa Alice estuvo bien servida por Ángel Ódena y Raquel Lojendio. El veterano barítono tarraconense volvió a exhibir medios, con su torrente de voz intacto, su canto muscular, y su capacidad para asumir el personaje como propio. Sigue asombrando su implicación escénica y lo redonda y recia que sigue siendo la voz. En el debe, el haber sido algo más refinado en el canto, ya que bastantes acentos y matices se quedaron por el camino. Por su parte, la soprano canaria fue quizás el reflejo opuesto. A pesar de que su material es mas pobre y de que su timbre no tiene un atractivo ni un impacto inmediata, la Lojendio impuso su musicalidad, su facilidad para frasear y para ligar frases, y su saber estar en escena.

   A un nivel algo inferior estuvieron Nanetta y Fenton, la pareja de enamorados, interpretada por Rocío Pérez y Albert Casals. La madrileña tiene una voz atractiva y de cierta calidad, que corre con facilidad por el teatro. Desplegó gracia y encanto, cantó con gusto y dejó unos agudos en pianísimo de bastante nivel. Lástima que el tamaño de la voz sea tan pequeño. En cualquier caso una Nanetta de buen nivel. Por su parte, el tenor catalán se implicó también en su parte con un fraseo intenso y un canto natural expresado con gusto, aunque algo tirante en el registro agudo. El material tiene cierta calidad, pero sin embargo no terminó de concretar y desperdició su breve parte del acto final. Si te dejas ir un personaje como éste, no es buena señal.  


   También una sorpresa positiva la Mistress Quickly de Teresa Iervolino, plena de gracia, acentuando en cada frase, y con unos «Reverenza» con chispa, que sin duda mejorarán en el futuro. Poco más que cumplidora la Meg Page de Gemma Coma-Alabert. En el lado masculino sin embargo, tanto el Pistola de Valeriano Lanchas, con su voz grande y ampulosa, como el Bardolfo de Mikeldi Atxalandabaso, metido hasta los huesos en el personaje y con su timbre penetrante tan característico, fueron un par de estupendos bandidos, siempre al servicio de Sir John Falstaff. También cumplidor el Dr. Caius de Christophe Mortagne.

   La dirección musical del joven director milanés Daniele Rustioni, de fulgurante carrera y que recientemente ha sido nombrado director musical de la Opéra National de Lyon, tuvo sus luces y sus sombras. De gestos grandilocuentes y sin parar de bailar sobre el podio, cumplió en lo básico. Hubo brío y pulso verdiano, concertó de manera adecuada y cuidó con mimo a los cantantes. Sin embargo, su lectura fue un tanto superficial, y por el camino, sobre todo en el acto inicial,se perdieron muchas de las bellezas orquestales de la partitura. La orquesta y el coro estuvieron entonados y eficaces. Al término de la obra, el público se entregó. Sin ser una gran noche, al menos tuvimos una velada que en líneas generales tuvo más aspectos positivos que negativos, con un claro triunfador, Misha Kiria.

Autor:Pedro J. Lapeña Rey
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