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Crítica:'Nabucco' de Verdi en el Teatro Campoamor de Oviedo

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10 de agosto de 2015

NABUCCO DE CORO 

Por Aurelio M. Seco
Oviedo. 8/10/2015. Ópera de Oviedo. Verdi, Nabucco. Vladimir Stoyanov, Sergio Escobar, Mikhail Ryssov, Ekaterina Metlova, Alessandra Volpe, Miguel Ángel Zapater, Jorge Rodríguez Norton, Sara Rossini. Dirección musical: Gianluca Marcianò. Dirección de escena: Emilio Sagi. Coro de la Ópera de Oviedo. Oviedo Filarmonía.

   ¿Es buena señal que el Coro de la Ópera de Oviedo haya sido lo más sobresaliente que ha aportado este Nabucco a nivel lírico? Así fue. Y si es cierto que para Il trovatore se necesitan los mejores cantantes del mundo, para Nabucco se precisa una soprano extraordinaria, un barítono de gran personalidad y voz y un bajo que dé sobrado los registros de Zaccaria. Sin esto, que no se programe la obra, por mucho que apetezca, porque siempre dejará que desear. El segundo título de la temporada del Teatro Campoamor de Oviedo coincidió con el Teatro del Liceo de Barcelona en poner en escena el primer gran éxito de Verdi, en la capital del Principado con una nueva producción realizada por cinco teatros diferentes. Son tiempos de crisis y Emilio Sagi, que siempre ha sido consciente de las virtudes del reciclaje, debutó el título del célebre "Va pensiero" con una propuesta alejada del lujo y oropel babilónicos pero de gran fondo simbólico.

   Parece mentira que con lo popular e importante que fue el "Va pensiero" en Italia, símbolo del Risorgimento y de su lucha por la unidad y contra el austríaco, haya pasado a nuestro país en el siglo XIX por la puerta de Barcelona del todo desapercibido. Nos lo cuenta Víctor Sánchez en su libro Verdi y España y a nosotros nos sorprende. Nadie se fijó en la belleza del "Va pensiero" cuando se estrenó en la Ciudad Condal, el 2 de mayo de 1844, en el Teatro Principal, llamado entonces de la Santa Cruz. Los españoles nunca hemos entendido bien este fragmento sublime, nacido del dolor de Verdi y de toda una nación ansiosa por entenderse consigo misma.

   La dirección musical se puso en manos de Gianluca Marcianó, director italiano que ofreció una lectura entusiasta y enérgica que no estuvo mal pero que  a veces se llevó hasta el exceso, en decibelios y tempo. Sí fue agradable observar su interés por el contraste dinámico, que en Verdi siempre atrae. Marcianò hizo bien en buscar los extremos en la teatralidad de esta música, aunque sin el orden requerido. En su trabajo encontramos cosas positivas y otras por perfilar. El arte debe asumirse desde el riesgo, eso sí, aunque no siempre se acierte del todo. El tono amable, optimista y vivo de su versión resultó atractivo y estimulante, pero también inestable. La obertura estuvo bien dirigida, por concepto y sonoridad. No sucedió lo mismo con el "Va pensiero", que nos pareció endeble, contemplativo, de ritmo caído, sin apenas tensión y, lo menos entendible, sin aprovechar en absoluto las magníficas posibilidades vocales del Coro de la Ópera de Oviedo que, ya lo hemos dicho, estuvo espléndido durante toda la función, cantando y actuando. Marcianò estiró con holgura los finales, dando una sensación algo exhibicionista que restó elegancia a su propuesta. Estamos ante un director inquieto sobre la tarima y que sin duda sabe ilusionar a la orquesta, pero cuya manera de estar genera cierta inestabilidad de fondo. La sonoridad de la Oviedo Filarmonía resultó notable y mejor en la primera que en la segunda parte, donde la afinación se resintió algo.

   Emilio Sagi, que es hombre de cultura y de mundo, encontró el toque asirio de la época reproduciendo las cacerías de la corte de Asurnasirpal y las esbeltas figuras del Palacio de Sargón II, a las que dio paso con un precioso telón de diseño que enmarcó con notable carisma la velada. Fue una versión elegante, sin duda. Los caracteres del idioma hebreo sirvieron para engalanar algunas situaciones. El director de escena asturiano prefirió renunciar al período en el que se desarrolla la historia, inspirado en una lectura de fondo que interpreta la ópera de Verdi como una metáfora de la lucha contra la opresión intemporal del poder sobre los pueblos. No se dio cuenta el director que vistiendo a los hebreos con ropa del siglo XX el espectador no podía renunciar a situarlos en el gueto de Varsovia, por ejemplo. Quién nos iba a decir que íbamos a encontrar más barbas entre el público que sobre el escenario. Es la moda que siempre vuelve y las cosas de este siglo XXI tan peculiar que nos está tocando. El choque dramatúrgico temporal existió, debido a las numerosas licencias tomadas, pero no fue suficiente para emborronar la propuesta, que se tornó más interesante a medida que avanzó la producción. Durante el "Va pensiero" se incluyó una gran tela roja a modo de telón. Encontramos más interesante el símbolo cuando se hizo caer y, al final del fragmento, fue recogido por los cantores y mostrado con dignidad torera. 

   Del reparto,  estuvo a la altura de Zaccaria el bajo Mikhail Ryssov, a veces un tanto destemplado de afinación, pero de voz grave y profunda cuando fue necesario. Fue algo fría su interpretación escénica, pero dejó momentos vocales de interés (“Sul mio labbro favella il Signor!”).

  La soprano Ekaterina Metlova no encontró el tono lírico y dramático que precisa el personaje. Es cierto que estamos ante un papel dificilísimo, pero creemos que la artista podría haber mejorado mucho su manera de afrontar su línea de canto, en afinación y naturalidad. Tampoco ayudó a entender el papel el tipo de vestuario, muy alejado del fundamento dramatúrgico de la historia. Con frecuencia su registro agudo nos pareció brusco, y su fraseo forzado. Con todo, la artista recorrió con generosidad todo el espectro expresivo de una partitura endiablada.

   Las cualidades líricas y dramáticas de Vladimir Stoyanov no estuvieron a la altura del personaje de Nabucco. Echamos en falta una mayor implicación del artista a la hora de declamar su línea de canto con mayor carácter. Al contrario, nos pareció plana, fría y lejana. No se acertó con su elección. Sergio Escobar fue un Ismaele apropiado, que lució su voz de tenor en el registro medio agudo y nos dejó con ganas de escucharle en otras obras.

Alessandra Volpe, Miguel Ángel Zapater, Jorge Rodríguez-Norton y Sara Rossini estuvieron acertados en sus respectivos papeles de Fenena, El Gran Sacerdote de Baal, Abdallo y Anna.

Fotografía: Facebook Ópera de Oviedo

Autor:Aurelio M. Seco
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1 Comentario
1 ekaterina metlova
11/10/2015 13:07:09
respuesta a la critica de Aurelio M. Seco
Hola Aurelio , pienso que has confundido el papel de Abigaille con aquello de la Mimi. Allí es todo dulce y fino...Abigaille no es casi nunca fina , así esta escrita su linea de canto ( mira la partitura , lo que esta escrito nunca se puede cantar dulcemente ) hay que cantar muy fuerte sus intervenciones , los agudos tampoco tienen nada de soft , con tale masa de orquesta y con intencion y el caracter del personaje que quiere vegarse , hay que muestrar toda la fuerza en agudos y en bajos , en toda la voz in general. No es verdad tampoco de lo vestido , todos han notado que es magnifico y muy simbólico porque rojo es color de poder y del sangre. .Piensa bien de todo eso y la próxima vez escribe bien mi apellido ...no es Metrlova , suficiente es Metlova , como pero' has escrito otras veses , pues solo por eso muchas gracias por tu critica.
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