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CD: Sinfónica de Barcelona: Massenet y Meyerbeer para Naxos

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21 de agosto de 2014

CALIDAD ARTÍSTICA, POBRE EDICIÓN

Por Albert Ferrer Flamarich

La OBC y Naxos (1ª parte): Massenet y Meyerbeer. Massenet: Ballet opera music (Bacchus, Hérodiade, Thaïs, Le Cid). OBC. Patrick Gallois, director. Naxos 8.573123 77:55 2012 1CD 2013 Meyerbeer: Ballet opera music (Les Huguenots, Robert le Diable, L’Étoile du Nord, Le Prophète, L’Africaine). OBC. Michael Nesterowicz. Naxos 8.573076 69:38 2012 1CD 2014

   Estos no son los primeros compactos que la OBC (Orquesta Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya) graba para Naxos o que Naxos edita (1) . Entre sus antecedentes pueden contarse los dedicados a Balada (Simfonia 4, Guernica, Homenatge a Sarasate, Homenatge a Casals), dirigida por Salvador Mas, y Granados (Danzas españolas), dirigida por Salvador Brotons, entre otros con música americana y judía. Ahora se añaden tres compactos que son cosecha de 2012 cuya captación sonora se realizó en la sala Pau Casals de l’Auditori de Barcelona, acústicamente tan deficiente. El disco de Massenet se grabó entre el 3 y el 6 de julio, el de Meyerbeer entre el 9 y el 11 de octubre y el de Montsalvatge (2)  entre el 9 y el 12 de julio. Todos responden a la asesoría como técnico de sonido, productor y editor de Sean Lewis que, en una labor muy profesional, ha sabido disimular los defectos de una formación que logra una estupenda versión de sí misma. Lo hace incluso encontrando la espacialidad idónea para la dialéctica entre fondo y señal del paisaje musical constituido por el off-tage de la Marcha indiana de L’ Africaine. Un aspecto que las notas de carpeta no comentan y que son un ejemplo significativo que Meyerbeer aprehendió tras su paso napolitano y los estrenos de títulos como Il crociato in Egitto que juegan con dos bandas sul palco.

   Los tres discos son fruto de la gestión de François Bou cuyos días en la gerencia de la orquesta pronto llegarán a su fin. Entre sus méritos cabe citar la programación de algunas giras, la inclusión de algunos conciertos en las temporadas del canal Medici TV así como la contratación de distintos directores franceses que han dirigido la orquesta como invitados las últimas temporadas. Ello justifica la elección de los directores, François Gallois para Massenet, y Michal Nesterowicz para Meyerbeer así como seguramente el repertorio. Acertada decisión dados los resultados artísticos aunque es curioso que ninguno de los tres lanzamientos esté asumido por el aún hoy (verano de 2014) titular Pablo González.

   Al margen del interés del repertorio prácticamente desconocido por el aficionado medio y de su dificultad relativa en la ejecución, se trata de una música amable, brillante y puntualmente excitante. La OBC logra un sonido nítido, equilibrado en los planos, colorido y con un idiomatismo fácilmente perceptible y adecuado al repertorio. Unos resultados que, dicho de pasada, no suelen darse en sus conciertos en la sala grande de l’Auditori salvo contadas ocasiones. Esa es la magia de la tecnología, amén de otras batutas. Gallois y Nesterowicz interpretan con tacto sin recurrir a efectismos ni preciosismos de una música que con mayor o menor eficacia recurre a tópicos del siglo XIX (desde los recursos en la orquestación hasta el uso de modalismo para simular ambientes exóticos). Como reza el tópico, demuestran una vez más que no hay música que sea arte menor en manos de un buen intérprete. Los directores, especialmente Nesterowicz, aprovechan la frescura, la garra y la fuerza melódico-rítmica para ofrecer unas lecturas con buenos solos en las maderas y un sonido estándar de conjunto que hará irreconocible a la formación a oídos de muchos de sus seguidores. Ambos discos, especialmente el de Meyerbeer, permiten ver procedimientos muy del gusto de los ballets de grand-opéra francesa pero también de los zarzuelistas y operistas españoles como Fernández Caballero y Chapí en huella también rastreable en páginas sinfónicas como la Fantasía morisca.

De lo pueblerino y lo pedestre

   Sobre estas cuestiones nada cuentan las notas de carpeta. Las de Massenet, firmadas por Keith Anderson, son de una esterilidad  preocupante para una edición de la pretendida proyección. Sólo ofrecen un resumen argumental de las obras sin detenerse en las características musicales ni el estilo balletístico de un repertorio tan particular. La línea parece la habitual de los irrisorios programas de mano de la orquesta en sus últimas tres temporadas –por supuesto, alguna excepción hay-. Por su parte, Robert Ignatius Letellier, especialista meyerbeeriano con distintos libros en francés, firma una guía de audición más sustancial que facilitará al oyente atender alguna particularidad musical.

   Lo peor llega con la vulgaridad incomprensible de hacer país con estos discos. Si se pretende la proyección hacia el extranjero de la orquesta no deberían imprimirse “Senyeritas” en grabaciones de repertorio internacional, como si lo ofrecido fuera una marca particular. Un sinfín de orquestras de nivel equivalente a lo largo de la geografía mundial han grabado repertorios no autóctonos y no han paseado su bandera nacional ni en la portada ni en la contraportada. Distinto es cuando se graba la obra de compositores nativos. Pero aceptemos y optemos por ello, ¿por qué en Meyerbeer sí aparece la Senyera y en Massenet no? Incluirla en el caso de Montsalvatge, insisto, como compositor catalán dentro de una posible serie dedicada a compositores catalanes, me parece tan adecuada como incluir el distinto pertinente en la serie que Naxos dedica a los compositores españoles.

   Al margen de esto, la edición es pedestre y paupérrima como todas las de Naxos. Si cabe, peor aún. El firmante, que en una ocasión escribió las notas “naxenses” de un disco del que todavía espera los honorarios y un ejemplar de muestra, no esperaba encontrar el rigor que sí muestran muchos sellos independientes (3)  españoles (desde Glossa o Verso a Columna Música o Tritó). ¿Porqué las notas massenetianas aparecen en inglés y francés y las de Meyerbeer sólo en inglés? No esperaba hallar el catalán en las notas al programa, pero el castellano sí. Sin duda, todo ello menoscaba la ambición de la orquesta en su producto discográfico. Algo bastante grave cuando tales iniciativas vienen gestionadas desde formaciones como la OBC, una empresa tan extendida como Naxos y una entidad como l’Auditori.

   Es una lástima que debido a las gestiones tomadas desde las altas esferas de la sede barcelonesa se descarten los distintos sellos independientes que buenos frutos han dado y que la crítica musical ha avalado a menudo. El argumento de una mayor proyección dentro del mercado internacional gracias a Naxos es falsa. La compañía es el principal distribuidor internacional y propietario de muchos sellos pequeños con los que ha acabado siendo el amo del mercado que hace décadas empezó a reventar. Sus beneficios en distribución sorprenderían al lector (4) . De hecho, Naxos distribuye la mayoría de los sellos que antaño editaron grabaciones de la orquesta. Quizá Lebrecht o algún otro brillante y sagaz comentarista dedicará a Naxos una segunda parte de ¿Quién mató a la música clásica?. Miga, la hay. En resumen, son dos discos de buena factura artística y de repertorio infrecuente a los que, al margen de esto, no puede valorarse en positivo nada más.  

 NOTAS

(1) El matiz es significativo por el tipo de relaciones comerciales y logísticas que implican tanto la gestión del sello y sus terribles consecuencias en el mercado discográfico internacional como de la orquesta y su proyección internacional. No es este el lugar de abordar este complejo tema socioeconómico más allá de la pincelada que el lector adivinará a lo largo de la reseña.

(2)  Éste disco será comentado en la reseña La OBC y Naxos (2): Montsalvatge de próxima publicación en Codalario.

(3) Curioso término para empresas culturales verdaderamente dependientes de aquellos que dicen ser independientes.

 (4) Datos que el firmante pudo observar antaño pero que no dispone físicamente para justificar con cifras.

Autor:Albert Ferrer Flamarich
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