Artículo de la musicóloga y crítico musical de CODALARIO, la Doctora Nuria Blanco Álvarez, sobre la Zarzuela bufa de gran espectáculo.
La Zarzuela bufa de gran espectáculo
Por Nuria Blanco Álvarez | @miladomusical
Cuando en nuestra serie de artículos sobre el mundo de la zarzuela explicábamos el origen del Género bufo, hablamos de obras breves, sencillas, de alocado argumento mitológico y con un coro de suripantas que hacían las delicias del público masculino, tomado como referencia la primera obra bufa española de la historia, El joven Telémaco con música de José Rogel y libreto de Eusebio Blasco, realizada por encargo del empresario Francisco Arderíus, impulsor del nuevo género en España en 1866 en el Teatro de Variedades con su compañía de los «Bufos madrileños» tras los pasos de Offenbach en Francia con los «Bufos parisinos». Este exitoso género enseguida fue imitado por otras compañías, lo que llevó al empresario a cambiar el nombre de la suya por el de «Bufos Arderíus» para identificar al original, pasando al Teatro del Circo (Teatro de los Bufos Arderíus) desde 1869 hasta 1872.
Una vez superada la crisis provocada por la «Revolución Gloriosa» se estrena en el mencionado coliseo la «zarzuela cómico-fantástica de gran espectáculo» en tres actos, El potosí submarino de Emilio Arrieta con libreto de Rafael García Santisteban (pseudo recuperada por el Teatro de la Zarzuela en 2025, lamentablemente con un libreto versionado, de lo que dio buena cuenta Codalario) quien ese mismo año, 1870, también escribe el texto de la zarzuela bufa en tres actos Robinson, con música de Francisco Asenjo Barbieri, que alcanzó un enorme éxito, también en el Teatro del Circo. Estas nuevas zarzuelas bufas cuentan con características que las diferencian de las primigenias, en primer lugar, por ser de gran espectáculo, mucho más sofisticadas, donde la escenografía y los elementos visuales se convierten en algo sustancial. Transcurren en varios actos (hasta cuatro), con numerosos cuadros de espectaculares decorados y multitud de personajes (se busca la presencia continua de masas en escena), algunos de ellos madrileños y otros insólitos, que viven apasionantes aventuras basadas en historias fantásticas y exóticas alejadas de las tradicionales tramas que transcurren en el Madrid de los Sainetes.
«Las Zarzuelas bufas de gran espectáculo son mucho más sofisticadas que las primigenias donde la escenografía y los elementos visuales se convierten en algo sustancial»
Estas zarzuelas mantienen la comicidad de las primeras obras bufas e incluso los momentos surrealistas, aunque la temática ya no es mitológica sino, como decimos, de alguna manera exótica con increíbles aventuras de por medio, habitualmente basadas en conocidas obras literarias. El mítico Robinson Crusoe de Daniel Defoe es convertido en bufo, por tanto caricaturizado, como protagonista de la mencionada zarzuela de Barbieri, ambientada en una isla remota en su segundo acto. Aquí Robinson es un jugador lleno de deudas, dominado por una mujer, Leona, de quien huye, yéndose a una isla tropical de la que se siente el rey. Pero allí se presentará su esposa disfrazada de reina india. A lo largo de los 20 cuadros en los que transcurre la acción, el asunto es tratado con numerosos recursos bufos: el protagonista es un antihéroe, los personajes son hilarantes, el argumento transcurre entre múltiples escenas pintorescas y divertidas trasladando al espectador a un mundo lejano e irreal, potenciado por la música.
«El protagonista es un antihéroe, los personajes son hilarantes y la divertida trama transcurre entre disparatadas aventuras, en un mundo lejano y exótico»
El libretista Miguel Ramos Carrión (de pie) y el compositor Manuel Fernández Caballero (sentado al piano)
«Los sobrinos del capitán Grant de Manuel Fernández Caballero y Miguel Ramos Carrión es una zarzuela paradigmática del género bufo»
Emilio Casares explica que cuando llega la Restauración borbónica en 1875, la aventura bufa ya había terminado, de hecho, establece su final en 1872, pues Arderíus abandonará el género pasando al Teatro de la Zarzuela con una compañía de zarzuela «seria». Sin embargo, nosotros encontramos zarzuelas bufas más allá de esas fechas, incluso con el propio Arderíus participando en ellas como actor. Tal es el caso, por ejemplo, de una de las obras paradigmáticas del género: Los sobrinos del capitán Grant de Manuel Fernández Caballero con libreto de Miguel Ramos Carrión, estrenada con clamoroso éxito en 1877, que toma como referencia la conocida novela de Julio Verne Los hijos del capitán Grant (el escritor francés será una inagotable fuente para estos espectáculos) y donde Arderíus hace el papel del despistado Doctor Mirabel. En la zarzuela, el subteniente Mochila (arquetipo de antihéroe) y un puñado de personajes más, van a recorrer el mundo en un bergantín para rescatar al capitán Grant, que ha naufragado en un lugar remoto, y así recibir un gran tesoro como recompensa, sucediéndoles en su periplo incontables aventuras, algunas de ellas de lo más disparatadas e increíbles: sufren una tormenta con una gran inundación, un terremoto, la erupción de un volcán, tienen que ascender por los Andes, un cóndor atrapa a uno de los expedicionarios, deben enfrentarse a un pelotón de fusilamiento y también a unos maoríes antropófagos e incluso al descarrilamiento de un tren, además de una batalla submarina en la que un pulpo gigante ayuda al protagonista a luchar contra un malvado forajido, una escena surrealista muy propia del género bufo, y uno de los momentos más bellos que jamás se han producido en el mundo de la zarzuela, gracias a una producción del Teatro de la Zarzuela dirigida por Paco Mir en 2001, acompañada de una idílica música descriptiva de Caballero (véase nuestro artículo «El universo Tintín de Paco Mir en Los sobrinos del Capitán Grant»).
«Las partituras son amplísimas y muy variadas, con ricas orquestaciones, uso de instrumentos pintorescos o folklóricos, presencia de una gran masa coral y algún momento provocativo»
En el transcurso de la zarzuela los protagonistas van a recorrer el mundo: Chile, Argentina, Australia, Nueva Zelanda, …, una excusa estupenda para hacernos oír una música tan variada como las propias historias que se suceden: desde una zamacueca típica de los Andes, a una habanera o un coro de caníbales, pero también una mazurka, un vals, un pasodoble y unas seguidillas, en una amplísima y variada partitura que cuenta con 22 números musicales. Entre los recursos musicales utilizados en las Zarzuelas bufas de gran espectáculo, encontramos el uso de una gran orquesta con ricas instrumentaciones. También se recurre al uso de instrumentos pintorescos o folklóricos, sobre todo en la sección de percusión, como el güiro, cencerro o tam-tam. También se da relevancia al coro -más por elevar el número de personas sobre el escenario, que por la complejidad de sus intervenciones vocales- incluyendo algún número para la parte femenina del mismo en recuerdo a las famosas suripantas con un número un tanto provocador; en la zarzuela que nos ocupa está el sensual Coro de fumadoras a ritmo de habanera, un antecedente de los cuplés sobre la mujer y el tabaco. En otra ocasión les explicaré el motivo de la inclusión de este número en la zarzuela, que en realidad está descontextualizado dentro del devenir de la obra.
«El sensual Coro de fumadoras a ritmo de habanera en Los sobrinos del capitán Grant es un antecedente de los cuplés sobre la mujer y el tabaco»
En los libretos de este tipo de obras aparecen frecuentemente juegos de palabras y aliteraciones, retruécanos, cacofonías, onomatopeyas y palabras inventadas. Un claro ejemplo es el número de Los sobrinos del capitán Grant en el que el coro trata de leer un mensaje aparecido en la tripa de un pez que se encontraba emborronado por el agua del mar resultando incomprensible: «Sin… esp…. arroj… est… doc… al ma… tres siete y…» o el Coro de antropófagos de la misma zarzuela en la que cantan en un supuesto idioma maorí: «Karateté ratarabaka…degolliquí, degolliquí» -nótese la gracia de las últimas palabras al ser pronunciadas justo antes de intentar degollar a los prisioneros-, tan inventado como el texto en pseudo griego de las suripantas de El joven Telémaco con el que empezó la aventura bufa española.
«En los libretos abundan los juegos de palabras, retruécanos, aliteraciones, cacofonías, onomatopeyas y palabras inventadas, además del uso de diferentes acentos e incluso idiomas entremezclados»
A lo largo de la historia aparecen multitud de personajes (27 en nuestro caso), tales como bandidos, pescadores, antropófagos, militares y gauchos, en una insólita mezcla. Además, dos de los personajes principales son unos ricos escoceses y su acento extranjero también añade exotismo a la zarzuela, contrastando con los personajes castizos que aparecen en la sencilla corrala madrileña del cuadro inicial. También se juega en lo bufo con los acentos de los personajes (andaluz, gallego, …) o la incorrección en el uso de determinadas palabras. El sumun se produce en la zarzuela de Caballero con la mezcla de dos idiomas en un mismo número musical, en el dúo bilingüe entre Soledad y Miss Ketty, donde no solo coexisten los idiomas español e inglés, sino que, en una genialidad del maestro murciano, cada una retrata su idiosincrasia al interpretar una pasional seguidilla frente a un elegante vals-mazurka, incluso simultaneándose, en un mismo número musical, ejemplo perfecto de dúo bufo.
«El dúo bilingüe incluido en Los sobrinos del capitán Grant, una genialidad del maestro Caballero, es un ejemplo perfecto de dúo bufo»
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