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Crítica: Óliver Díaz dirige el Concierto de Navidad 2017 del Teatro de la Zarzuela

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30 de diciembre de 2018

LA PLURALIDAD DE ESPAÑA Y SU ZARZUELA

   Por Raúl Chamorro Mena
Madrid, 28-XII-2017, Teatro de la Zarzuela. Zarzuela en plural, concierto de Navidad. Obras de Chapí, Fernández Caballero, Giménez, Alonso, Martínez Valls, Guridi, Oudrid, Moreno Torroba, Vives, Barbieri, Serrano, Soutullo-Vert, Bretón, Berlin y Reading. Lucero Tena, castañuelas. Svetla Krasteva (soprano), Carol García (mezzosoprano), Enrique Ferrer (tenor), José Antonio López (barítono). Rondalla lírica de Madrid “Manuel Gil”. Coro Titular del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Director: Óliver Díaz.

   El concierto de Navidad del Teatro de la Zarzuela, que se ha convertido ya en tradicional, se dedicaba en esta ocasión a la representación plural de todas las zonas geográficas españolas que plasma nuestro género lírico. Efectivamente, toda esa maravillosa diversidad que enriquece y refuerza un gran país y que algunos, de forma tan torpe como torticera e indocumentada pretenden usar para desintegrarlo, está perfectamente reflejada en la zarzuela, no sólo con obras emblemáticas y genuinas de cada región, sino con presencia de fragmentos musicales, localizaciones y personajes de la más variada procedencia dentro de una misma creación.

   El largo y variadísimo programa confeccionado para el concierto reprodujo bien toda esta pluralidad y sólo faltó la presencia de la zarzuela cubana (obras como El cafetal y María la O de Ernesto Lecuona o Cecilia Valdés de Gonzalo Roig) para redondearla.

   Andalucía tuvo más representación que el fragmento atribuido de “La tempranica”, ya que habría que sumar los intermedios de El Baile y La Boda de Luis Alonso, también de Giménez y el fandango de Doña Francisquita de Vives, una pieza de origen andaluz en una zarzuela madrileña donde las haya y compuesta por un catalán, lo que subraya lo anteriormente expuesto. Óliver Díaz hizo honor al que probablemente sea el mejor orquestador de nuestra zarzuela, el sevillano Gerónimo Gíménez, con unas magníficas interpretaciones de los dos espléndidos intermedios citados, en los que la solidez musical y su gesto amplio y firme se combinó con esa intensidad y apasionamiento consustancial a estas piezas y por extensión a toda la música española. Y qué decir de las intervenciones de la ya mítica Lucero Tena en ambos intermedios de El Baile y la Boda de Luis Alonso, en el fandango de Francisquita y en la jota de La Dolores, realmente deslumbrantes. No se sabe qué admirar más en esta veterana y singular artista,si su impecable sincronización e instinto musical, el sonido, matices y gradaciones dinámicas que obtiene de las canstañuelas o el sensacional virtuosismo con el que se exhibe con las mismas. Las más atronadoras ovaciones de la noche fueron para ella. Madrid, cómo no, también tuvo más representación de la que le atribuía ese monumento al casticismo de pura cepa que encarnan los majos madrileños en “El sombrero hasta las cejas” de la inmortal El barberillo de Lavapiés de Barbieri con la que concluía la primera parte. También representa a la capital y con todas las letras esa joya del sainete madrileño, La revoltosa, con cuyo preludio comenzó el evento en una interpretación muy bien organizada por Díaz, aunque no le respondiera la orquesta todo lo adecuadamente que hubiera deseado.

   Otro gran aliciente de este tipo de conciertos y labor fundamental del teatro que lleva el nombre del género es la oportunidad de escuchar fragmentos de obras poco conocidas. En esta ocasión pudieron escucharse la romanza “Dice el mundo que estoy loca” de El salto del pasiego de Fernández Caballero que contiene ecos de la romanza de Rosario de El cabo primero y del vals de Chateaux Margaux, además de claras influencias del belcanto italiano. Las vocalizaciones y abundante coloratura de la pieza no fueron obstáculo para la experiencia, sólida preparación musical y solvencia técnica de la soprano Svetla Krasteva, que posteriormente, en la segunda parte, fue capaz, asismimo, de traducir todo el lirismo de la bellísima canción veneciana de El carro del Sol del Maestro de Sueca (Valencia), José Serrano, en una bella interpretación labrada en largas frases legato y sustentada en una innata elegancia. Krasteva junto al tenor Enrique Ferrer participó en el momento de mayor contraste y voltaje teatral de toda la velada, el incandescendente dúo de Aurora y Miguel “Mintió su cariño” de La del soto del parral, fabulosa composición de inspiración verista-naturalista, que constituye una especie de Cavalleria rusticana en tierra segoviana. La entrega y química entre ambos cantantes y la dramática, muy vibrante dirección de Díaz sellaron una flamígera interpretaciónde un fragmento alejado del tono a priori festivo y ligero de un concierto navideño, pero que, es preciso insistir, proporcionó un sugestivo contraste. El referido tenor madrileño Enrique Ferrer, que pudo lucir en esta pieza sus mejores armas, extroversión, expresión ardorosa, timbre viril, a despecho de un vibrato descontrolado y escaso remate técnico, ya había expuesto en la primera parte con más fuerza y pasión que compostura y musicalidad, esa especie de himno catalán que es la canción al Pirineo de Cançó d’amor i de guerra de Martinez Valls, emblema del repertorio zarzuelístico en catalán. Asimismo, Ferrer protagonizó otro de esas piezas desconocidas que nos ofreció el evento, “Yo soy postillón Riojano” de El postillón de La Rioja de Cristóbal Oudrid inspirada en Le postillon de Lonjumeau de Adam, emblema de la Opera Comique, en una interpretación en la que el entusiasmo, la vitalidad y el brío se impusieron claramente a la clase y la delicadeza. Igualmente puede decirse de su versión de la magnífica jota de La bruja de Chapí.

   Por su parte, la mezzo barcelonesa Carol García, después de afrontar “Al bailar del tajaraste” de Las Leandras de Alonso, en la que pudieron apreciarse destellos de indudable buen gusto, pero sobretodo un material vocal muy limitado, sordo y mate en el centro, desguarnecido en grave y muy justo de presencia y proyección sonora, se enfrentó a otro fragmento de una obra poco habitual como “canta el ruiseñor” de la comedia musical ¡24 horas mintiendo! de Alonso, que podrá verse representada en esta temporada en el recinto de la Calle Jovellanos. Un poco de salero le faltó, asimismo, a García en el famoso zapateado de La tempranica “La tarántula é un bicho mu malo”. Además del brindis de Xuanón de Moreno Torroba, zarzuela poco habitual que representó perfectamente a Asturias, el barítono José Antonio López, de emisión y línea de canto irregulares y agudos de filiación tenoril, en que el sonido se clarea, tuvo a su cargo momentos solistas de popularidad imperecedera, auténticos hits, como “En una dehesa de la Extremadura” de Luisa Fernanda y el "Canto a Murcia" de La parranda, en el que destacó la tan brillante como aquilatada, sin excesos, dirección de Óliver Díaz y la estupenda prestación del coro. En la primera parte, López abordó la fabulosa romanza del tío Shanti “Sasibil mi caserío” en la que no se le puede negar la presencia vocal e implicación expresiva, pero faltó ese punto de suprema nobleza y de empaque en el fraseo.

   Como brillante punto final del programa todos los solistas, el coro, la orquesta, la rondalla y Lucero Tena ofrecieron una vibrante interpretación de la monumental jota de La Dolores para dar paso a continuación a las felicitaciones Navideñas y del año que está a punto de llegar por parte de Óliver Díaz, director musical del teatro, que ofrecióa modo de propina dos villancicos tan populares como “Blanca Navidad” de Irving Berlin y “Adeste Fideles” en dos magníficos arreglos suyos y con el coro a notable nivel como toda la noche. El público disfrutó y ovacionó con entusiasmo a todos los intervinientes, pero con especial fuerza a Lucero Tena.

Foto: Fernando Frade/Codalario

Autor:Raúl Chamorro Mena
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